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José María Urbina

Publicado por Hilda

José María UrbinaNació en Quillán de Píllaro, el 19 de marzo de 1808, y fue bautizado en Quito, con el nombre de José María Mariano Segundo de Urbina y Viteri. Era hijo del matrimonio formado por el contador Gabriel Femández de Urbina y Olarte, de origen español, y de la ambateña, Rosa Viteri.

Cursó en Quillán de Píllaro su escuela primaria, y luego complementó sus estudios en Guayaquil, en la Escuela de Marina. A la edad de 16 años, ocupando el puesto de Guardia de Marina, participó en el bloqueo de El Callao, y a los 20 años, ya era Alférez de Navío.

Combatió heroicamente contra el ejército peruano al mando de José de La Mar, en el combate naval de Punta Malpelo, el 31 de agosto de 1828, y luego contra el mismo enemigo, en la batalla terrestre de Tarqui (27 de febrero de 1829).

Luego del pacto entre Flores y Rocafuerte, en 1834, se logró pacificar el país definitivamente, el 19 de enero de 1835, en la batalla de Miñarica, donde Urbina tuvo participación del lado oficialista.

En 1836, siendo ya Coronel, Rocafuerte en ejercicio de la presidencia, lo nombró encargado de negocios en Bogotá, cargo que le fue revocado al poco tiempo, por supuesto mal desempeño.

Apoyó el Triunvirato que derrocó a Flores, en 1845, mientras se desempeñaba como gobernador de Manabí. En este nuevo gobierno ejerció como Ministro del Interior y Relaciones Exteriores.

La Asamblea Nacional Constituyente, que inició sus sesiones en 1846, lo nombró Secretario General. Fue Secretario del presidente Roca y ocupó cargos legislativos como Diputado y Senador, siendo, además Jefe de Estado Civil y Militar en Guayaquil.

Entre el 17 de julio de 1851 y el 17 de julio de 1852, fue designado Jefe Supremo de Guayaquil, En esta época, fue precursor en la abolición de la esclavitud, con indemnización a los amos, el 25 de julio de 1851, fecha en que dictó el Decreto de Manumisión, por ser contraria la esclavitud, a las instituciones republicanas.

Asumió la Presidencia, primero interina, hasta el 6 de septiembre de 1852, y luego definitiva, tras convocar una Asamblea Nacional presidida por el Dr. Pedro Moncayo, que legitimó su poder, hasta el 15 de octubre de 1856.

Protegió y realizó concesiones a la población aborigen, entre las cuales los eximía del pago de tributos. Durante su interinato, debió afrontar que Flores planeara una invasión con apoyo peruano, y la oposición de los grupos conservadores, a su gobierno netamente liberal.

Durante su gestión se produjo la expulsión de los jesuitas. Puso a cargo del estado la instrucción primaria, privatizando el resto de los niveles..La educación superior y universitaria, se convirtió casi en informal, y sin requisitos de asistencia, pudiendo rendirse los exámenes en forma libre.

Impulsó las exportaciones mediante exenciones arancelarias, sobre todo de cacao y cascarilla, imprescindibles para elaborar quinina, remedio utilizado contra el paludismo.

Declaró la navegabilidad libre del río Amazonas, consolidó los intereses de la deuda externa con Inglaterra, a través de la emisión de bonos públicos y concesión de tierras para colonizar.

Para sostener sus reformas revolucionarias, realizó inversiones en el ejército, contando principalmente con el apoyo de los “tauras” (así se llamaba el lugar donde recibían instrucción militar) los negros a quienes había concedido la libertad, que se convirtieron en sus más fieles defensores.

Durante el mandato de Robles, le brindó apoyo durante la crisis que le tocó atravesar en 1858. Debió exiliarse en Perú un año más tarde, cuando Robles fue derrocado por García Moreno. Se opuso al gobierno de este último, apoyando a Juan Montalvo y a Eloy Alfaro. El 26 de junio de 1865, las tropas al mando de García Moreno, lo vencieron en la batalla de Jambelí.

En el año 1875, fue asesinado García Moreno, y ante ese hecho encabezó un alzamiento por el cual asumió el mando Ignacio de Veintimilla, reservándose para sí la presidencia de la Asamblea Constituyente, entre los años 1878 y 1882. Ese último año, Veintimilla, cometió un hecho que lo distanció de Urbina: se proclamó Jefe Supremo, lo que lo convirtió a los ojos de su antiguo aliado político, en un anti-republicano. Ese fue el fin de la vida pública de Urbina.

Su deceso se produjo en Guayaquil, en el año 1891, cuando contaba con 83 años.