18
Jun

Ataque de Israel a la Central Nuclear iraquí de Osirak

Publicado por Joaquín el 18 de Junio de 2007

Ataque a OsirakUno de los momentos más tensos en las tumultuosas relaciones entre Israel y los países árabes se vivió el 1981, cuando el reactor nuclear iraquí de Osirak fue destruido por la aviación israelí en un ataque preventivo.

Antecedentes

Desde su llegada al poder, Saddam Hussein se mostró interesado por conseguir que Irak entrara en el club nuclear, sobre todo ante las sospechas de que Israel ya había conseguido fabricar sus propias bombas atómicas.

Los iraquíes habían intentado ya comprar un reactor nuclear a los franceses en 1974. En principio, el Irak de Saddam había firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear cuatro años antes y siempre había señalado que sus intenciones eran la de utilizar la energía nuclear con fines pacíficos.

Sin embargo los israelíes nunca se quedaron tranquilos con esta explicación. Su intranquilidad creció aún más cuando, en 1977, se creó un Centro de Investigación Nuclear a unos pocos kilómetros de Bagdad. El reactor con el que estaba equipado, de 40 megavatios, era igualmente de origen francés y fue llamado Osirak.

Los franceses también proporcionaron uranio enriquecido para el reactor, así como la asistencia técnica necesaria para ponerlo en marcha.

A pesar de que Irak siempre autorizó las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y de la supervisión permanente de los ingenieros franceses, Israel nunca confió en un reactor que estaba muy cerca de sus fronteras y en posesión de un Estado que nunca había llegado a firmar la paz con ellos.

Además, según Israel, ese tipo de reactor no era nada útil para los usos que los iraquíes declaraban. Según ellos, la compra del mismo solo podía significar que Irak pretendía transformar el uranio en plutonio-239, con el fin de fabricar bombas,

Frente a la postura de Israel, lo cierto es que los científicos franceses negaban que se estuviera haciendo esto. De hecho, certificaron que el uso del material vendido a Irak estaba restringido a fines pacíficos y que cualquier desviación significaba que cesarían de suministrarlo.

Por otra parte el contexto internacional era muy diferente al actual. En ese momento Irak estaba en plena guerra con su vecino iraní. En esa ocasión, Estados Unidos apoyaba a Saddam en el intento de que la revolución islámica iraní no siguiera ganando poder. Por esto, ante el ataque de Bagdad a los iraníes, todo el apoyo logístico se lo quedó el régimen baasista iraquí.

El problema era que Israel, a pesar de esto, no confiaba para nada en Saddam Hussein y, aunque preocupado por la situación en Teherán, las ansias expansionistas de Bagdad aún lo tenían más preocupado.

El ataque

Por esto, y a pesar de que las posibles armas nucleares iraquíes estaban muy lejos de ser construidas, ni iraníes ni israelíes estaban dispuestos a darle mucho tiempo.

Ambos coincidían en la necesidad de destruir las instalaciones antes de que el reactor estuviese en funcionamiento, con el fin de que no hubiera ningún tipo de contaminación nuclear.

De esta forma, el primero que intentó acabar con la planta fue Irán. El 30 de Septiembre de 1980, poco después del comienzo de la guerra, dos cazabombarderos intentaron destruir el reactor, pero con escaso éxito.

Israel, mientras tanto, mantenía un serio debate acerca de la oportunidad de lanzar su propio ataque. El Primer Ministro Begin era partidario de hacerlo cuanto antes, pero contaba con opositores dentro del gabinete.

Sin embargo, en el mes de junio de 1981, la Inteligencia hebrea declaró que el reactor estaría operativo y funcionando en apenas unas semanas y dijo nuevamente que sería utilizado para crear bombas nucleares. Esta gota final rebalsó el vaso y convenció a Begin.

Finalmente entonces, el 7 de Junio fue el día en que Israel comienza el ataque. 14 aviones sobrevolaron Jordania y Arabia Saudí, para poder llegar a territorio iraquí. Con el ataque se destruyó el reactor rápidamente, provocando simultáneamente el deceso de un técnico de origen galo.

Reacciones

El ataque preventivo israelí concitó las críticas de numerosos países, incluyendo las de su tradicional aliado estadounidense. El Consejo de Seguridad de la ONU emitió una resolución condenando el ataque, aprobando una “fuerte condena del ataque militar por parte de Israel en una clara violación de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas de conducta internacional”. (S/RES/487).

Dentro de Israel también fue criticada por los partidos más a la izquierda, que apuntaron que las elecciones generales que se iban a celebrar muy pronto eran las verdaderas causas de la operación militar, aunque admitía que el reactor era un peligro para el país.

Uno de los lideres tradicionales de la izquierda israelí, Simon Peres, recientemente elegido presidente del país ha sido también crítico con el ataque hasta el día de hoy. Peres apunta que, pese a la efectividad de la misión, esta contribuyó a que Irak se volviera más cauto con sus planes, provocando que las armas que desarrollaría después fueran más difíciles de localizar.

Lo cierto es que la destrucción de las instalaciones supuso un paso atrás muy serio para los planes de Saddam. Francia no quiso volver a reconstruir el reactor y, finalmente, toda la planta fue cerrada por la OIEA, que se encargó de su supervisión.

18
Jun

El Partido Socialista Francés

Publicado por Pablo el 18 de Junio de 2007

Parti SocialisteFormado en 1905, se llamó originalmente SFIO (Section Française de l’Internationale Ouvrière, o Sección Francesa de la Internacional Obrera), y consiguió la proeza de unir en una fuerza común a todos los grupos socialistas, hasta ese momento fuertemente fragmentados: los marxistas de J. Guesde, los socialistas revolucionarios y los socialistas pragmáticos liderados por Jean Jaurès.

A pesar de ese éxito inicial, a través del cual ganaron 104 asientos en la Cámara de los Diputados en 1914, el principio marxita de no participación en el gobierno burgués –adoptado por los seguidores de J. Guesde dentro del partido- mantuvo al SFIO fuera de todos los gobiernos durante treinta años.

En 1920, muchos lo abandonaron para formar el Partido Comunista Francés, pero el SFIO se recuperó pronto para volver a ser la segunda fuerza parlamentaria. Bajo su líder, Blum, consiguió aliarse con el Partido Comunista en 1935, alianza que obtuvo el triunfo en las elecciones generales. Se formó entonces en Frete Popular, gobernado por Blum sólo desde 1936 a 1937. Tras la marcha del líder, sin embargo, los partidos que sustentaban el pacto continuaron apoyaron a los sucesivos gobernantes, al menos, hasta que el Acuerdo de Munich –por el que Hitler se anexionaba Checoslovaquia- dividió a los partidarios.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos socialistas tomaron parte activa dentro de la Resistencia Francesa. El partido participó en varios gobiernos de la posguerra, durante la Cuarta República, y apoyó el retorno del General De Gaulle en 1958. A partir de entonces, sin embargo, se convirtió en una fuerza marginal dentro del espectro político francés, hasta que en 1965 se reagrupó con otros partidos de izquierda formando la Federación de la Izquierda Socialdemócrata.

En 1969, la Federación se convirtió en el actual Partido Socialista (PS), cuyo primer líder fue el posterior presidente François Mitterrand. A lo largo de los setenta, la fortuna del Partido Socialista no dejó de mejorar, llevando a Mitterrand a perder las elecciones de 1974, ante Giscard d’Estaing, por un estrechísimo margen.

En 1981, finalmente, el partido volvió a obtener una amplia mayoría, y Mitterrand fue elegido Presidente. Sin embargo, el entonces Primer Ministro Laurent Fabius fue incapaz de reconducir las innovadoras pero desastrosas políticas de Mauroy, y el PS perdió su mayoría en 1986, cayendo en manos de los gaullistas del UDF. Consiguieron formar gobierno de nuevo en 1988, cuando Mitterrand nombró Primer Ministro a Michael Rocard.

Sin embargo, pronto el partido hubo de hacer frente a sucesivas crisis de liderazgo: sobre todo el de Cresson, que entre 1991 y 1992 llevó la credibilidad del partido a la ruina, haciendo imposibles los intentos de reconducir la situación de su sucesor, Pierre Bérégevoy. Incapaces de recuperar el terreno perdido, y con una sociedad francesa cada vez más hastiada del largo reinado de Mitterrand, el Partido Socialista recibió un varapalo histórico en las legislativas de 1993, pasando de 260 a 54 escaños en la Asamblea Nacional.

Lionel Jospin fue el hombre elegido para solucionar la situación tan lamentable, y en 1997 consiguió recuperar la situación, obtenido 241 asientos. Jospin fue capaz de liderar una alianza de izquierdas que, sin embargo, no obtuvo la corroboración de la confianza de los franceses, por lo que, en 2002, por primera vez en mucho tiempo, el Partido Socialista ni siquiera fue capaz de pasar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ocupando su lugar el ultraderechista Le Pen. La consiguiente crisis de liderazgo aupó finalmente al liderazgo a la primera mujer en presentarse a unas elecciones, Segolène Royal. Aunque mejoró ostensiblemente, en 2007, los resultados de Jospin, no consiguió superar al carismático líder de la derecha Nicolás Sarkozy.

18
Jun

La conquista cristiana de Mallorca

Publicado por Raquel el 18 de Junio de 2007

Jaime I el ConquistadorLa isla de Mallorca fue tomada por los musulmanes en el siglo X, después de un amplio período de dominación bizantina. Desde siempre, el conjunto balear ha tenido una importancia estratégica de primera magnitud. Desde los tiempos de los fenicios, su situación cercana al Levante peninsular le ha hecho ser codiciada por todos los pueblos que han pasado por ella.

La Corona de Aragón, en el siglo XIII, no fue ajena a esta circunstancia. Y de esta manera, en 1229 se ponía en marcha una expedición aragonesa para la conquista de la isla de Mallorca, que se debe enmarcar dentro del amplio proceso de expansión territorial cristiana frente a los musulmanes. En el caso de Aragón, pocas décadas atrás se había consolidado la anexión con los Condados Catalanes, a través del matrimonio de la reina Petronila con el conde Ramón Berenguer IV. A partir de esos momentos, las miras aragonesas estarán puestas en otros territorios, entonces en manos musulmanas, como era el caso de la isla de Mallorca.

Fue el rey Jaime I quien llevaría a cabo esa campaña de conquista. Este monarca ha pasado a la Historia con el sobrenombre de “El Conquistador”, debido a la anexión territorial, tanto de Mallorca como del reino de Valencia. Con él se iniciaría un imparable avance catalán por el Mediterráneo, que les llevaría, siglos más tardes, incluso hasta la lejana Grecia.

Cuenta la leyenda que fue un navegante, llamado Pere Martell, quien convenció a Jaime I para llevar a cabo la conquista de Mallorca. El monarca se encontraba en Tarragona, donde se estaban celebrando las Cortes, y el encuentro con Martell le llevó a tal empeño. Este navegante, que solía viajar a Mallorca, le contó a Jaime I las ventajas que supondría tener a la isla bajo control aragonés, pues se elminaban trabas que imponían los musulmanes. El monarca aragonés pareció convencido y puso todo su empeño en la campaña.

La convocatoria de nuevas Cortes, en esta ocasión en Barcelona, tuvo como objetivo recaudar dinero y conseguir tropas para la conquista de Mallorca. Una vez conseguidos gracias a las aportaciones de la nobleza, en 1229 embarcaba la flota desde el puerto de Salou (Tarragona) con dirección a la isla. En un principio, la intención era llegar a Pollensa, al norte, pero el mal tiempo les obligó a desembarcar en Santa Ponça, al sur.

En Mallorca reinaba por entonces Abu Yahya, que sufría constantes ataques cristianos en sus costas. Por ello, la lucha con las tropas de Jaime I fue brutal. De hecho, la conquista aragonesa de Mallorca se caracterizó por una gran agresividad. La ciudad de Palma, capital del reino insular, fue asediada durante algunos días, tras los cuales estuvo sometida a un saqueo sistemático y a la reducción de sus habitantes.

A partir de entonces, el control aragonés sobre la isla se hará de manera efectiva. Las instituciones musulmanas fueron sustituidas por las aragonesas, hasta tal punto que, en algún momento del siglo XIV, volvía a nacer un reino independiente de Mallorca. Liderado por miembros de la familia real de la Corona de Aragón, llegarían incluso a declarar la guerra a Barcelona, aunque la vigencia de este reino será escasa. Se borraba de esta manera, definitivamente, la huella musulmana en la isla.

Una vez ejecutada la conquista de Mallorca, Jaime I pondrá sus ojos en el vecino reino de Valencia. Esta nueva anexión territorial no tardaría en llevarse a cabo, consolidando la presencia aragonesa y catalana en el Levante peninsular. Esta política expansionista, como dijimos, darían al monarca el sobrenombre del “Conquistador”.

Pero no fue el único monarca aragonés que llevaría a cabo campañas de anexión de nuevos territorios. Jaime I sólo sería el precursor, ya que sus sucesores llevarían tropas a Italia (concretamente, a las islas y Nápoles) e incluso a Grecia. La participación catalana en las Cruzadas le llevó a anexionarse los condados de Atenas y Neopatria. Sería en el reinado de Alfonso V el Magnánimo cuando el expansionismo catalán llegó a su máximo esplendor. Corría el siglo XV y la primitiva Corona de Aragón se había convertido en un auténtico Imperio Mediterráneo.

18
Jun

El reinado de Isabel II

Publicado por Raquel el 18 de Junio de 2007

Isabel IIIsabel II subió al trono de España en el año 1843, justo cuando acababa de cumplir dieciséis años. La precipitación de su adelantada mayoría de edad se debió a la inestabilidad de la Regencia, que en primer lugar había ocupado su madre, María Cristina de Borbón, y posteriormente, el general Baldomero Espartero. Su reinado se prolongará hasta 1868, cuando la revolución denominada “Gloriosa” la destronó, obligándola al exilio en Francia.

En su mayor parte, los gobiernos de Isabel II se van a caracterizar por su talante moderador. Eran estos unos tiempos en los que lo liberales querían hacerse oír, ya desde los años de las Cortes de Cádiz (1812) y del reinado de Fernando VII. Las diferentes intentonas habían fracasado, y las esperanzas puestas en la joven reina pronto se frustraron. Los diez primeros años de su reinado se han venido en denominar la “Década Moderada”, debido al color político predominante en ella.

Uno de los personajes más destacados de estos años fue el general Ramón María Narváez, que impuso un fuerte régimen militar al frente del gobierno. Uno de sus logros fue la redacción de la Constitución de 1845, una de las más conservadoras de la Historia de España. En ella, se recoge la soberanía compartida entre la reina y las Cortes. Sobre la soberana recaía el poder ejecutivo y parte del legislativo, compartida con los parlamentarios, que eran elegidos por sufragio censitario o restringido. En este sentido, únicamente los ciudadanos varones con un determinado nivel de rentas podían ejercer el derecho al voto.

La política interior del reinado de Isabel II se caracterizó por un suave proceso de industrialización, que dio sus frutos con la inauguración de la primera línea de ferrocarril, entre Barcelona y Mataró. Sucedió durante el gobierno de Bravo Murillo, con quien también se llevó a cabo un arreglo de la deuda pública y una nueva política monetaria. Igualmente, se realizaron las obras del canal de Isabel II, en Madrid, para el abastecimiento de agua en la capital.

En política exterior, Isabel II no perdió la oportunidad de intervenir en varios escenarios, muchas veces a favor de la vecina Francia. Ocurrió con la expedición española a Indochina, en apoyo a las tropas de Napoleón III. E igualmente con la fallida campaña de Maximiliano de Habsburgo como emperador de México, avalada por el propio jefe del Estado francés. En ambos casos, los resultados para España fueron nulos. Precisamente, Francia sería el país que acogería el exilio de la reina hasta el momento de su fallecimiento.

La mano dura de Narváez en el gobierno provocó el cada vez mayor desencanto de los liberales e incluso republicanos, ávidos de reformas y aperturas. A pesar de algunos intentos fracasados, en 1854 sí triunfó el pronunciamiento de Leopoldo O’Donnell, que durante unos años consiguió imponer principios liberales en el país. Pero fue sólo un breve espejismo, ya que Narváez volvió a imponer su espada hasta el final de su vida; a pesar de ello, la política conservadora siguió predominando bajo la batuta de otros políticos.

Los constantes cambios en la presidencia de gobierno provocaron una gran inestabilidad que se plasmó en la economía y el descontento social. A todo ello, se unía la escandalosa vida personal de Isabel II. Casada a la fuerza con su primo Francisco de Asís, a quien muchos contemporáneos consideraban de tendencia homosexual, no faltaron en torno a la reina numerosos amantes, entre ellos el general Serrano.

El malestar se plasmó con la firma de un pacto, entre unionistas, progresistas y liberales, en la ciudad holandesa de Ostende. El objetivo era destronar a Isabel II. Corría el año 1868 y González Bravo dirigía el gobierno. La acción militar para ello nació en Cádiz, con el pronunciamiento del brigadier Topete. Pronto, la sublevación se extendió a toda la Península, y vivió su punto culminante en la batalla del Puente de Alcolea, en Córdoba. La derrota de las tropas isabelinas precipitó su huída y exilio en Francia.

A partir de estos momentos, España vivirá un período liberal, donde se vivirá el reinado de Amadeo I de Saboya y la Primera República. Mientras, Isabel II abdicaba en 1870 en su hijo mayor, el futuro Alfonso XII, que unos años después restauraría la dinastía Borbónica en España.

18
Jun

La Argentina Agroexportadora

Publicado por Hilda el 18 de Junio de 2007

La argentina agroexportadoraEl comienzo de esta etapa puede ubicase cronológicamente en el año 1880, con un gobierno conservador, sostenido en base al fraude y al principio de autoridad, sobre la estructura política del Partido Autonomista Nacional (PAN).

Si bien la exportación había comenzado ya desde la etapa virreinal, luego del inicio de la vida independiente, con el desmembramiento del virreinato del Río de La Plata, se perdieron las exportaciones provenientes de las minas de Potosí, pasando a ocupar el primer lugar como materias exportables, los cueros, la carne salada y el sebo. Se importaba harina de Estados Unidos, vinos de Europa Mediterránea, y textiles de Gran Bretaña.

La argentina ruralEl crecimiento de la economía fue notable a partir de 1870. Las mejoras técnicas hicieron posible un transporte más ágil y a menor costo. El comercio exterior ofrecía cifras contundentes. En 1870 el ingreso por exportaciones en argentina, era de treinta millones de pesos oro. En 1914, se había incrementado a trescientos cincuenta millones. Las importaciones tuvieron un ritmo similar. De cuarenta y nueve millones, en 1870 a doscientos setenta y dos millones, en 1914. En el mismo período se pasó de medio millón de hectáreas cultivadas, a veinticuatro millones. La Revolución industrial que se había desplegado principalmente en Inglaterra, convirtieron a Argentina en proveedora de la materia prima para sus manufacturas.

Los principales productos exportables eran en 1880, cuero, carne salada y lana. En 1890, comenzaron a exportarse cereales, especialmente, trigo, maíz y lino, dato especialmente relevante si tenemos en cuenta que hasta 1870, la Argentina debía importar trigo. Esto se vio favorecido por la ampliación de la frontera, con tierras quitadas a los aborígenes.

La necesidad de contar con esas tierras era un común denominador en el pensamiento de los hombres destacados de la época, aunque con variantes. Así José Hernández, en “Instrucción del Estanciero” (1882) afirmaba que “no hay derecho para expulsar a los aborígenes de sus tierras y mucho menos de exterminarlos”, Alberdi, por el contrario, sostenía que era mucho más eficaz que esas tierras estuvieran en manos de alemanes, franceses y suizos, en vez de que las posean los indios salvajes. La adquisición e incorporación de esas tierras a la producción era un requisito de la nueva argentina agroexportadora. La llegada de mano de obra proveniente de la inmigración europea (Ver artículo sobre “la inmigración en la Argentina”) concurrió a favorecer el proyecto.

La discusión se centraba en si convenía que Argentina fuera productor de materias primas o se iniciara en ese país el proceso de industrialización. Se optó por elegir la teoría inglesa sobre la división internacional del trabajo. En Argentina se proveería materia prima para ser manufacturada en Europa, ya que establecer industrias tenía una gran inversión, y necesitaba de mucha experiencia, que no se tenía en el país. Se consideró que la ganadería se reproducía por sí sola y no había diferencias en las ganancias, ya que la industria, al principio ocasionaba pérdidas por los altos costos de producción.

Convencidos que la agricultura y la ganadería serían fuente de la eterna riqueza argentina, Sarmiento promovió una educación especializada en agricultura y minería, y no la educación técnica. Para Sarmiento no estaban dadas las condiciones para industrializar el país, por la falta de carbón, de leña e incluso tradición industrial. Aseguró que podrían instalarse fábricas en el futuro, con personal extranjero capacitado.

Entre las opiniones minoritarias en favor de la industrialización se contó la de Pizarro, ministro de Roca, quien expuso que no fabricar en el país era crear una dependencia vasallática con el extranjero. El tiempo le otorgó la razón a este visionario, pero en el momento, sus contemporáneos no lo escucharon, estableciéndose una alianza con Inglaterra, donde Argentina producía la materia prima y se la vendía a Inglaterra, y ésta, a su vez, vendía a Argentina productos de consumo.

En 1876, se exportaron siete mil seiscientas cuarenta y dos toneladas de maíz a Gran Bretaña y la primera exportación de trigo fue efectuada en 1878. Los estados extranjeros, sobre todo Gran Bretaña, apoyaron esta expansión mediante empréstitos, que fundamentalmente fueron invertidos en ferrocarriles y en el sector financiero, otorgando préstamos para inversiones. Los ingleses también invirtieron en tranvías, agua corriente y frigoríficos. A los cereales se le añadió la exportación de carne congelada, al avanzar las técnicas de refrigeración. Luego se exportó carne enfriada.

En el despegue de Argentina como “el primer granero del mundo” tuvo un papel destacado el ferrocarril, cuyo primer exponente se inauguró en Buenos Aires en 1857. Éste permitió la comunicación entre zonas productoras del interior y los centros urbanos.

La red ferroviaria se extendía desde los puertos, sobre todo el de Buenos Aires, hacia el interior de la República. El crecimiento fue destacable. En 1880, había dos mil quinientos kilómetros de líneas férreas. Al ferrocarril de oeste que pertenecía a la provincia de Buenos Aires, se le añadieron, con capital británico, el Sur y el Central Argentino, que unió Rosario con Córdoba, y más tarde, con Tucumán. En 1914 el recorrido se había elevado a treinta y tres mil quinientos kilómetros.

Paralelamente al despegue económico, hubo un gran crecimiento urbano, sobre todo en Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Córdoba y San Miguel de Tucumán, que obligó a la realización de una gran obra pública de servicios.

El sector industrial no tuvo el mismo desarrollo, concordantemente con las ideas planteadas. Surgieron algunas industrias locales, para satisfacer la demanda concreta de esas localidades, comprendiendo el rubro alimentario, de bebidas y la industria textil, algunas mueblerías y talleres mecánicos. Las que mayor ímpetu cobraron fueron las destinadas a satisfacer la demanda exterior, como los frigoríficos y los molinos harineros. Durante el gobierno de Sarmiento prosperaron la industria vitivinícola y azucarera, las jabonerías y las fábricas de ropa. En 1875, se creó el Club Industrial, para proteger la industria local.

El sector ganadero también cambió. Los vacunos dejaron paso a los ovinos, como principal ganado de exportación.

Pero este período de bonanza no duró demasiado. En 1890, ya apareció el problema de no poder asumir los compromisos contraídos en el pago de la deuda externa. Esto fue superado, pero la dependencia con Europa era demasiado estrecha y los vaivenes en ese continente afectaban demasiado la economía local. Esto se demostró con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Entre 1914 y 1919, la mayoría de los estados buscaron volver a la situación económica anterior a la guerra. Se alcanzó el objetivo, pero entre los años 1929 y 1930, sobrevino una crisis mundial, que trajo como consecuencia una gran depresión. La Segunda Guerra Mundial, hizo cambiar nuevamente la mirada hacia la economía. La iniciativa privada y liberal fue reemplazada por una intervención estatal reguladora, creándose además instituciones financieras que actuaran a nivel internacional.

Los países desarrollados se beneficiaron ampliamente, creando una gran brecha con los países pobres. Argentina, al verse privada de la demanda de sus materias primas y de la importación de productos industriales, por la crisis europea, hizo nacer una industria local destinada a la “sustitución de importaciones”, pero con gran dependencia del exterior, con respecto a los bienes de capital, como por ejemplo, las maquinarias. Los comerciantes exportadores, que habían acumulado cierta riqueza, los terratenientes de La Pampa y capitales ingleses, estadounidenses y alemanes favorecieron la aparición de estas industrias, con fuerte intervención estatal.

Gestionado con WordPress

Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este blog

La Guía 2000 forma parte de la red InicioGlobalPrivacidadContactoPublicidad