13
Ene

La sociedad colonial

Publicado por Hilda el 13 de Enero de 2007 a las 08:42 am

La sociedad colonialLa población aborigen luego de la conquista de América, era de aproximadamente 11.000.000 de personas, a principios del siglo XVI. Los españoles que llegaron a América en esa época, eran casi 5.000 en el territorio argentino-paraguayo, de los cuales una cuarta parte eran andaluces, un 20 % castellanos y un 5% vascongados, y el resto de otras regiones españolas. Los españoles eran la población blanca con mayores privilegios pues poseían todos los derechos, incluyendo los políticos.

Los extranjeros que querían instalarse lo hacían generalmente en forma ilegal, ya que se necesitaban permisos especiales, sobre todo si procedían de Francia o Gran Bretaña.

La mayoría de la población iberoamericana eran los criollos, hijos de españoles nacidos en América, que no poseían derechos políticos, o sea la posibilidad de ejercer cargos de gobierno, salvo los de menor jerarquía, dedicados preferentemente a actividades militares, religiosas y al comercio.

El mestizaje en Paraguay representó la gran mayoría de la población, ya que desde Ayolas e Irala, las hijas de los jefes indios se unieron por concubinato a los conquistadores, como símbolo de integración cultural como había sucedido en España entre cristianos y moros.

Recién en 1556 llegó la población femenina con la expedición de doña Mencía Calderón, esposa del adelantado Don Juan de Sanabria, que llevó a cabo la misión encomendada a su marido (ya que éste falleció) de arribar al Río de la Plata con 600 hombres y 100 mujeres.

En otras zonas como Tucumán el mestizaje fue menor porque los indígenas se resistían al trato amigable con los conquistadores.

La población autóctona fue disminuyendo, no sólo por el mestizaje sino por su muerte temprana en la lucha con los blancos, y por el trabajo duro, los que aceptaron la dominación blanca.

En el siglo XVII, si bien los aborígenes eran aún el 75 % de la población, comenzaron a llegar más españoles, sobre todo andaluces, gallegos, asturianos y vascos, agregándose además portugueses. El traslado de españoles hacia América, debía ser autorizado por la Casa de Contratación de Sevilla, para lo cual debía probarse que se descendía de cristianos, y no de herejes moros o judíos, ni habían sufrido penas impuestas por el Santo Oficio de la Inquisición. También arribaron miembros del clero con fines de evangelización de los naturales.

Los españoles una vez que arribaban a América se establecían en las ciudades, o en las zonas rurales aledañas, con el fin de adquirir la propiedad de la tierra.

En el siglo XVII el mestizaje continuó pero los blancos prefirieron casarse entre sí, ya que había aumentado la cantidad de mujeres blancas, y muchos mestizos de la primera época, luego de sucesivas uniones con blancos ya eran considerados como tales.

En el siglo XVIII las uniones con aborígenes comenzaron a ser mal vistas, reservándose a las clases más humildes, o los hijos de estas uniones mestizas, eran concebidos fuera de una pareja estable y no reconocidos por sus padres blancos.

Los negros, reducidos a la esclavitud, que nunca fueron abundantes, al contrario de lo que ocurrió en la colonización portuguesa, se ubicaron en las zonas del norte, ocupándose de tareas domésticas o rurales. El producto del mestizaje entre blancos y africanos fue el mulato, de número poco considerable, y socialmente relegados.

En el último escalón del mestizaje, tanto por su número como por su posición social, estaban los zambos que contaban con sangre india y negra.

Los mestizos, si bien eran hombres libres se dedicaban a tareas poco rentables, como vendedores ambulantes, aguateros o panaderos. Se les prohibió integrar las milicias u órdenes religiosas, así como realizar estudios universitarios.

La población india comenzó a asentarse en las reducciones, y al comenzar a desaparecer las encomiendas, comenzaron a ser trabajadores asalariados de condición económica pobre. Se los consideraba vasallos del rey de España, y se dictaron leyes en defensa de sus derechos, pero debían como súbditos, pagar tributos.

Entre los blancos, el poder comenzó a estar determinado por el dinero, obtenido por el comercio, o por ser propietario de tierras. Los criollos van a ir adquiriendo así poder económico, que unido al militar, prepararía las bases para convertirlos en protagonistas de la Revolución emancipadora.

12
Ene

El Siglo de Oro español

Publicado por Hilda el 12 de Enero de 2007 a las 08:08 am

El Siglo de Oro españolSe conoce con este nombre al período de apogeo español, desarrollado en el siglo XVI, durante el reinado de Carlos I y Felipe II, que había comenzado a gestarse durante el siglo XV, y que a mediados del siglo XVII, se eclipsa hasta desaparecer.

Comienza con el reinado de los Reyes católicos, en 1492, donde se había producido la conquista de América, que amplió el mundo conocido, y la toma de Granada que implicó el punto decisivo de la Reconquista y la consolidación de la monarquía española, que luego de casi ocho siglos de guerra contra los musulmanes, quería lograr un estado fuerte y pacificado, alcanzando España la categoría de modelo a imitar por el resto de los países europeos.

Este período concluye a mediados del siglo XVII, culminando con Pedro Calderón de la Barca, en literatura y Bartolomé Esteban Murillo, en pintura, luego de lo cual se produce una gran decadencia cultural.

Con los aportes del Humanismo y del Renacimiento, las ciencias y las artes llegaron a su esplendor, durante el siglo XVI, para recibir la influencia Barroca en el siglo XVII, durante las monarquías de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, como consecuencia de la Contrarreforma, que obligó a la Iglesia a luchar contra el avance del protestantismo. El barroco supone un estilo más recargado, menos sobrio, con abundante uso de metáforas en la literatura y mayor exageración en las artes plásticas y arquitectónicas, expresión de la nueva época, frívola y extravagante.

Entre los humanistas sobresalieron Francisco de Vitoria, con obras de hondo contenido moral, que incluso alcanzaron a la economía, Juan Luis Vives, filósofo moralista, seguidor de Aristóteles, judío converso que siguió practicando junto a su familia su religión en forma clandestina, lo que le costó la vida a muchos de sus familiares, incluso su padre, y San Juan de Ávila, quien sufrió la cárcel y el proceso del Tribunal de la Inquisición por sus críticas a ciertos aspectos de la religión de la época, como la inquisición o la prioridad de satisfacer las demandas de los necesitados, antes de fundar capellanías.

La educación, a cargo del clero y los municipios cobró gran importancia, fundándose varios colegios, como el de Santa Cruz, en Valladolid, o el de San Gregorio, en Burgos.

En 1508 se fundó la Universidad de Alcalá de Henares, por el cardenal Cisneros, siendo la primera de una serie de 32 instituciones. En Medicina se destacaron las Universidades de Valencia, Salamanca y Barcelona. El teólogo y científico Miguel Servet (1511-1553) descubrió la circulación de la sangre, que publicó en un libro de teología “Christianismi Restitutio” en 1553, donde describe el recorrido de la sangre desde el corazón a los pulmones. Murió en la hoguera, víctima de la Inquisición.

El dominico Francisco de Vitoria (1486-1546) consagró su obra a la regulación jurídica de la vida en las colonias, poniendo de manifiesto su preocupación por la población autóctona, a través de sus obras “De Indis” y “De Iure belli”.

Francisco Suárez, perteneciente a la orden de los jesuitas (1548-1617) reinterpretó en su obra “Disputaciones Metafísicas”, el pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

En literatura el máximo exponente fue Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), llamado el manco de Lepanto, ya que participó en esa batalla en la que perdió la movilidad de su brazo izquierdo. Sin dudas su obra más destacada fue “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

Surgió el género picaresco, como “El Lazarillo de Tormes”, obra anónima, donde se critica al clero y a la nobleza o “la Vida del pícaro Guzmán de Alfarache” perteneciente a Mateo Alemán, donde se cuestiona el destino de la humanidad y su sentido.

En poesía, se destacaron Garcilaso de la Vega (1501-1536), Juan de Boscán (1495-1542), Cristóbal de Castillejo (1490-1540), Fray Luis de León (1527-1591), Juan Rulfo (1547-1620), Alonso de Ercilla (1533-1596) y Fernando de Herrera (1534-1597). Los dos primeros, introdujeron el verso endecasílabo en reemplazo del dodecasílabo.

En teatro descolló Félix Lope de Vega Carpio (1562-1635), con una obra frondosa entre las cuáles cabe citar “Fuenteovejuna”, “El alcalde de Zalamea” y “El mejor alcalde el rey”, donde se analizan con sentido crítico las relaciones entre el pueblo y los que detentan el poder.

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) marcó el fin de las letras del Siglo de Oro español. Escribió dramas de diversos temas, pero el más destacado fue el drama filosófico “La vida es sueño”, publicado en 1636, donde enfrenta al hombre con su destino, en un texto de hondo contenido moral, político y religioso.

La pintura llegó a su máxima expresión con el Greco (1541-1614), autor, por ejemplo de: “San Mauricio y la legión tebana”, “El entierro del conde de Orgaz”, y “Crucifixión”. Otros pintores fueron: Rivera, Zurbarán, Cano, Murillo y Velázquez, quien fue nombrado en 1623 pintor de cámara por el soberano Felipe IV. Su discípulo, Bartolomé Murillo cierra el ciclo de pintores del Siglo de Oro Español, con excelentes ilustraciones bíblicas.

En arquitectura se destacaron los modelos grecorromano y gótico, como el Palacio de Carlos I, en Granada y el colegio de Santa Cruz. Se construyeron importantes catedrales, como las de Salamanca y Granada.

Surgió un nuevo estilo arquitectónico, conocido como herreniano, por deberse a la obra de Juan Herrera, creador del monasterio del Escorial.

Alonso Berruguete (1490-1561), es también un exponente de la arquitectura, que trajo a España sus conocimientos forjados en Italia. Como escultor trabajó en Valladolid a partir de 1523, donde realizó con la colaboración de Vasco de la Zarza “El retablo de la Mejorada de Olmedo” y en 1526, “El retablo mayor de San Benito el Real de Valladolid”.

11
Ene

La independencia de México

Publicado por Hilda el 11 de Enero de 2007 a las 07:38 am

Independencia de MéxicoLas nuevas ideas de la ilustración, plasmadas en la Revolución francesa y la independencia de los Estados Unidos, habían germinado en las colonias americanas.

En 1808, se había producido la invasión napoleónica a España, y entonces, 1810, se presentaba como el año adecuado para que surjan en las colonias dependientes de España el deseo de independencia de una madre patria cuyo gobierno estaba ahora en manos del francés José Bonaparte. Esta posibilidad de emancipación se concretó en primer término en los virreinatos de Nueva España (México) y del Río de la Plata.

El virreinato de Nueva España era sumamente próspero, por sus riquezas agrícolas y mineras, con abundancia de nativos que representaban mano de obra barata y sometida. Esta población indígena, representaba alrededor de 3.000.000 de personas, la mitad de la población total, que unidos a los mestizos (nacidos de uniones entre blancos e indias), eran una fuerza importante, que pretendía reivindicar sus derechos derrocando a un gobierno que no los protegía.

Los criollos, o sea, los hijos de españoles nacidos en América habían adquirido gran importancia en el desarrollo de las principales actividades económicas, pero encontraban limitaciones en su pleno desarrollo ciudadano por el monopolio comercial impuesto desde la metrópoli (España) y la imposibilidad de ejercer cargos políticos que sólo eran ocupados por españoles, a los que llamaban gachupines.

Con el rey español preso de los franceses, las colonias americanas decidieron formar para gobernarse, sintiéndose acéfalas, Juntas, al igual que se había hecho en España, que gobernaría en nombre del rey cautivo. Ya el Ayuntamiento de México había intentado constituir este sistema de Juntas, que si bien no proponían una separación definitiva de España, querían lograr que la soberanía recayera en la nación, apelando a la idea del Contrato Social, pero recibieron el rechazo de la Real Audiencia y otros partidarios del gobierno español. El virrey fue destituido y reemplazado por Pedro de Garibay, que respondía a los intereses de la metrópoli.

Los primeros en alzarse contra la autoridad española fueron los aborígenes, liderados por Miguel Hidalgo, cura de la ciudad de Dolores, el 16 de septiembre de 1810, conocido como “El grito de Dolores”, usando como bandera la imagen de la virgen de Guadalupe.

El 20 de septiembre de 1810, obtuvieron un triunfo en Celaya, tras lo cual saquearon la ciudad, siendo proclamado Hidalgo, Generalísimo de América. Ocuparon Guanajuato y luego Valladolid, Toluca y llegaron a Sierra de las Cruces pero no entraron en la ciudad de México y al no conseguirlo se establecieron en Guadalajara, donde dictaron varios decretos que beneficiaban a los más necesitados, como la abolición de la esclavitud, de los tributos y el reparto de tierras entre los más cadenciados. La insurrección de Hidalgo, se extendió por otras ciudades y logró varios triunfos, pero cerca de Monclova, cayeron en manos de Ignacio Elizondo, y muchos rebeldes fueron fusilados entre ellos Hidalgo el 30 de julio. El Grito de Dolores sirvió como antecedente a la emancipación mexicana.

Las tropas rebeldes quedaron a cargo de López Rayón, quien se dirigió con sus hombres a la villa de Zitácuaro, donde se constituyó la Suprema Junta Nacional Americana, que gobernaría en nombre de Fernando VII.

El sacerdote José María Morelos, quien lideraba a los rebeldes ubicados en la Sierra Madre del Sur, prestó apoyo a la Junta, aunque era partidario de una total separación de España. La Junta fue disuelta en 1813 por disputas en torno al mando. Morelos armó sus fuerzas con la totalidad de los opositores al gobierno español. Por un lado, agrupó a indígenas y mestizos, y por otro, los criollos organizados en tropas regulares.

Logró tomar gran parte del territorio mexicano, y convocó a un Congreso en Chipalcingo, que declaró la independencia en 1813. En 1814, sancionaron una constitución, que al poco tiempo fue derogada, al avanzar las tropas realistas, quienes derrotaron a Morelos en 1815, al mando de Iturbe, un general criollo, transformándose la lucha por la liberación de México en una lucha de guerrillas, que fueron fácilmente reprimidas, quedando en 1820, radicados sólo en las zonas de Sierra Madre del Sur y Veracruz, liderados por Vicente Guerrero.

La independencia de México fue definitivamente lograda, el 21 de septiembre de 1821, tras derrotar a los españoles con las fuerzas constituidas por los partidarios de las ideas más moderadas, el alto clero y criollos ilustrados bajo el mando de Agustín Iturbide, quien firmó una alianza con Guerrero, uniendo sus tropas. En febrero de 1821, había proclamado el “Plan de Iguala” o “de las Tres Garantías”, que establecían que el ejército se consagraría como el brazo armado del gobierno, que estaría a cargo de un monarca español, reconocían al catolicismo como religión oficial y proclamaban la igualdad entre españoles y mexicanos.

La primera forma de gobierno de este nuevo estado fue una Junta de 38 miembros cuyo presidente era Agustín de Iturbide.

Sin embargo los poderes locales, de quienes dependía el gobierno, por no tener recursos económicos ni militares propios, no aceptaron esta Junta que pretendía imponer un gobierno centralizado.

Iturbide trató de obtener el apoyo de España, y para ello pactó con don Juan O´Donojú, teniente general español que había arribado a México, para conciliar los intereses de ambas Españas (la metrópoli y Nueva España o México) el Tratado de Córdoba, el 24 de agosto de 1821, para lograr el reconocimiento de España al nuevo estado. La idea era desatar, pero sin romper, los vínculos entre ambos territorios. De tal modo, se resolvió reconocer a México como nación soberana e independiente, llamándose Imperio Mexicano, adoptando como forma de gobierno la monarquía constitucional moderada.

En 1822, Iturbide recibió el título de emperador, asumiendo como Agustín I, logrando que dicho nombramiento fuera ratificado por el Congreso, organismo que fue disuelto. El nuevo emperador, abdicó en 1823, luego del alzamiento encabezado por el general Antonio López de Santa Ana. México pasó a ser una República federal.

Recién el 28 de abril de 1836, España reconoció oficialmente a México como estado independiente.

10
Ene

Instituciones políticas españolas en América

Publicado por Hilda el 10 de Enero de 2007 a las 11:35 am

VirreyCon la conquista española de un vasto sector del continente americano, la Corona española, a cuyo dominio fueron anexadas, debió establecer órganos de gobierno que regularan la vida colonial, y que fueran capaces de aplicar en un territorio distante de la Metrópoli, las órdenes y normas que emanaran de la misma.

Existían instituciones que gobernaban desde España, que eran el Rey, el Consejo de Indias y la Casa de Contratación y otras que residían en América, y que eran los Virreyes, los Adelantados, los Capitanes Generales, los Gobernadores, las Audiencias, los Cabildos y los Consulados.

Entre las españolas, el Rey era la máxima autoridad, tanto en España como en América, detentando el gobierno de un estado absolutista, o sea, que reunía en su persona, todos los poderes del estado. Hasta el año 1700, gobernó la dinastía de los Austrias y luego la de los Borbones.

Sin embargo, sólo en los primeros años posteriores a la conquista, el rey tuvo a su cargo directo los asuntos de las colonias, luego la mayoría de las tareas pasaron a ser desempeñadas por la Casa de Contratación de Sevilla, que también fue delegando atribuciones al Consejo de Indias, que finalmente, hacia el siglo XVII era la institución española con más poderes en América.

El Consejo de Indias proponía los candidatos a ocupar los cargos de virreyes, gobernadores u otros cargos importantes. Presentaba las propuestas de ley que luego eran evaluadas por el monarca quien decidía sobe la conveniencia de su aprobación.

Tenía además, funciones judiciales, interviniendo en grado e apelación, sobre las sentencias de montos elevados dictadas por las Audiencias. Tenía a su cargo el juicio de residencia que se aplicaba a virreyes, gobernadores, capitanes generales y otros funcionarios importantes, acusados ante el juez de residencia, comisionado que se trasladaba a las distintas ciudades de América con este fin, por abusos de poder o corrupción entre otras cuestiones, y también cuando finalizaban su mandato. El funcionario acusado debía permanecer en su puesto mientras duraba el proceso. Las penas a aplicar podían consistir en multas, confiscación de bienes o prisión.

Enviaba igualmente visitadores generales con funciones de supervisión y control. También le incumbía el ejercicio del Real Patronato, por concesión otorgada a los Reyes Católicos por el Papa Julio II, para ejercer en América funciones eclesiásticas.

La Casa de Contratación, tenía fines comerciales, regulando la actividad mercantil de las colonias. Regulaba el sistema de flotas y galeones, cobraba impuestos y actuaba como tribunal de comercio. A partir de 1583, el tribunal de comercio se independizó de la Casa de Contratación, y ésta compartió sus actividades con un nuevo organismo, el Consulado, ente gremial que conformaban poderosos comerciantes que regulaban el comercio con las Indias, de manera monopólica.

En América, la máxima autoridad eran los virreyes, representantes del rey, con poderes políticos, religiosos, militares y judiciales. En general, duraban tres años en sus funciones.

Los Capitanes Generales, ejercían todos los poderes pero en territorios de menores dimensiones, en los que se dividía el virreinato, llamados capitanías generales.

Los gobernadores, ejercían sus funciones en territorios aún más pequeños, las gobernaciones. Intervenían en grado de apelación en las decisiones de los Cabildos, que luego podían apelarse nuevamente ante la Audiencia. Reemplazaron a los Adelantados, durante el reinado de Felipe II.

Los Adelantados eran aquellos que habían conquistado las tierras para España, y que habían firmado con el rey una capitulación, acuerdo por el cual los gastos de la expedición quedaba a cargo de los conquistadores, recibiendo a cambio poderes políticos, militares y judiciales sobre los territorios conquistados.

Los gobernadores designaban como sus asistentes a los tenientes generales y a los tenientes de gobernador que se desempeñaban en ciudades que no eran cabeza de provincia.

Las Audiencias tenían funciones judiciales y estaban integradas por los oidores, prestigiosos hombres del Derecho, cuyas decisiones sólo podían ser apeladas ante el Consejo de Indias cuando se tratara de asuntos de importancia económica considerable. Entre otras funciones asesoraban y vigilaban a los virreyes en el cumplimiento de sus funciones. Las Audiencias se instalaban en las provincias mayores, que contaban con un gobernador-presidente, que presidía la Audiencia. Las provincias menores contaban sólo con un gobernador.

Existían las Audiencias virreinales, ubicadas en las capitales de los virreinatos, que eran presididas por el virrey. Las pretoriales, presididas por el gobernador y situadas en la ciudad cabecera de provincia y las subordinadas en otras ciudades.

Los Cabildos, gobernaban las más pequeñas unidades administrativas, las ciudades, y el ámbito rural que las rodeaba. Las ciudades sin Cabildo no tenían existencia política. Eran instituciones integradas por vecinos, considerándose como tales, los que tenían casa poblada en la ciudad. La formaban los alcaldes, uno o dos, con funciones judiciales, los regidores con atribuciones militares, el alférez real, que representaba a la ciudad en las ceremonias públicas y el alguacil mayor con poder de policía.

Entre las autoridades residentes en América no había una jerarquía, sino un equilibrio de funciones que eran autónomas pero a su vez interdependientes entre sí.

8
Ene

La Masonería

Publicado por Hilda el 8 de Enero de 2007 a las 05:03 pm

La masoneríaTuvo su origen, supuestamente en la Edad Media, en algunas asociaciones profesionales francesas de constructores de edificios (maçons). Éstos se reunían en gremios, regulados por normas que los instruían en los secretos del oficio.

En el año 1717, surgió una nueva etapa ya no ligada a la actividad de la construcción, con la creación de la Gran Logia de Londres. Las Constituciones donde se establecen los estatutos sobre cuyas bases van a desarrollar su acción fueron redactados en 1721, por el Gran Maestre, James Anderson, un pastor protestante.

Las logias son fragmentaciones formadas por grupos de personas miembros, que se reúnen en secreto con fines de ayuda mutua, celebrando rituales esotéricos. Varias Logias pueden agruparse en asociaciones mayores que reciben el nombre de Gran Logia, Gran Oriente o Gran Priorato. Comprende 33 grados, en una escala de jerarquías en las que se ubican “los hermanos” que la integran. Los tres primeros grados, en los cuales se encuentran la mayoría de los miembros, son los de aprendiz, oficial y maestro. El grado supremo es el de Soberano gran inspector general. Poseen símbolos que los identifican como la escuadra, el compás o el mandil.

Bajo las ideas del liberalismo individualista, propugnaron como lema, la libertad, la igualdad y la fraternidad, los mismos que en 1789, impulsaron a los revolucionarios franceses, sobre quienes influyeron, a través de la Gran Logia de Francia creada en 1743. Este movimiento luego se extendió a varios países europeos como Holanda, Italia, España, Alemania y Bélgica. En Inglaterra tuvo gran influencia en las revoluciones de 1648 y 1688. En el continente americano se impusieron en Estados Unidos, México, Venezuela, Colombia y Argentina, teniendo importancia en la gestación de las ideas de independencia de las colonias europeas en América.

Entre algunos masones destacados pueden nombrarse a Voltaire, George Washington, Winston Churchill, Simón Bolívar y José de San Martín, quien integró la Logia Lautaro, cuyo fin era lograr la independencia americana.

Desde 1738, fueron condenados por la Iglesia, desde el Papa Clemente XII, en 1738, y sobre todo, por el Papa León XIII, en su encíclica “Humanum genus” de 1884. La crítica se basa en que se aceptan como miembros o hermanos a personas de cualquier religión, ya que la idea es establecer una religión común universal, poniendo a todas en un plano de igualdad. Esto se denomina indiferentismo cultural. Además, confían en la razón y en la fuerza de voluntad del hombre, independiente de la de Dios, para alcanzar el fin de una vida recta y honrada. Dios cumple el papel de creador del mundo y el hombre es el creador de su propio destino. Los masones, al igual que el filósofo iluminista Rousseau, adoptan la idea de un hombre naturalmente bueno. El cristianismo lo considera una criatura caída y redimida, que necesita para cumplir su fin último a Dios.

Se trata además de borrar los límites entre los estados, uniendo a todos los hombres del planeta sin distinción de banderas, lo que se conoce con el nombre de internacionalismo. Esto también es puesto en tela de juicio por la iglesia ya que se destruiría el concepto de patria.

Durante el siglo XIX, adquirieron posturas más conservadoras, distinguiéndose las Logias lideradas por Inglaterra, de estricta observancia a la moral y a las costumbres y la francesa, con mayor compromiso político y liberal, que se desvincularon a partir de 1877 en que el Gran Oriente de Francia, quitó la obligación de la creencia en un ser supremo.

Así, a partir de entonces, se distinguieron una Logia conocida como Regular, bajo la preeminencia de la Gran Logia Unida de Inglaterra, basada en el reconocimiento de un ser superior, no importa la religión a la que se pertenezca, no aceptándose mujeres entre sus miembros.

Por otro lado, liderados por el Gran Oriente de Francia, surge la liberal o adogmática, que admite entre sus miembros también a los ateos, y a las mujeres, tomando ingerencia en la vida religiosa y política, al contrario de la anterior.

Luego de varios intentos frustrados se logró la unificación de las Logias, en 1961, basados en la mutua tolerancia y en la libertad de conciencia.

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