21
May

La crisis de los misiles

Publicado por Pablo el 21 de Mayo de 2007

Barcos soviéticos durante la crisis de los misilesCuba, un pequeño país caribeño, provocó uno de los episodios más importantes y peligrosos de toda la Guerra Fría, y rompió la correlación de fuerzas existente hasta ese momento al poner en duda el dominio norteamericano en su propio continente. El movimiento castrista había nacido con una ideología nacionalista, ante la total dependencia económica, cultural y política del país con respecto a los Estados Unidos. Era, en principio, totalmente ajeno a las tensiones internacionales entre potencias y la política de bloques, en la que finalmente terminó entrando.

Una vez nacionalizados sus recursos económicos, Cuba hubo de sufrir la fuerte hostilidad que pronto le manifestaron los norteamericanos, que le declararon un boicot económico dejaron de comprar el azúcar cubano, el principal producto de sus exportaciones. De la misma manera, Estados Unidos comenzó a prestar apoyo a los exiliados políticos cubanos, tanto acogiéndolos en su territorio como prestándoles ayuda para luchar contra el régimen cubano. Por el contrario, la Unión Soviética percibió rápidamente la ventaja que podría suponerle contar con un aliado tan cercano su enemigo americano, y empezó a ofrecer ayuda económica y militar a los cubanos. En 1960 se establecieron relaciones comerciales y se firmó un tratado de cooperación militar entre ambos países, convirtiendo ya en algo oficial la aproximación de Cuba al bloque del Este.

La situación se agravó cuando, en 1961, se produjo un intento de invasión en la bahía de Cochinos por parte de cubanos exiliados que, como se demostró, fueron preparados, apoyados y financiados por los Estados Unidos de América, con el entrenamiento de la CIA y el consentimiento del presidente, John F. Kennedy. El ataque no tuvo éxito, pero generó en las autoridades cubanas una sensación de inseguridad que motivó un acercamiento más grave hacia el lado soviético, al que requirió protección. La URSS, ante esto, propuso la posibilidad de instalar misiles nucleares en la isla, que apuntaran hacia Estados Unidos. Cuando los americanos conocieron la operación, gracias a las fotografías realizadas por sus aviones U-2, Kennedy decretó el bloque naval de la isla, en 1962, para impedir la llegada de las piezas armamentísticas que transportaban los barcos cubanos. No son pocos los que han argumentado que los trece días transcurridos entre el conocimiento americano de los misiles, y si arreglo final, fueron los momentos de mayor tensión –y por lo tanto, de amenaza y peligro- de toda la Guerra Fría. Durante esos días, para aumentar la gravedad, un avión U-2 que espiaba la instalación de misiles en la isla fue derribado por las fuerzas soviéticas.

Finalmente, el problema pudo solucionarse por la vía diplomática. Kennedy y Kruschev llegaron a un acuerdo: la URSS acepaba retirar su armamento nuclear de Cuba a cambio de que los Estados Unidos prometieran no invadirla, ni apoyar ninguna invasión, además de que –y quizá esto fuera lo más importante- retiraran sus misiles nucleares de Turquía. La Guerra Fría vio así como uno de sus episodios más tensos pudo solucionarse sin llegar al conflicto directo.

20
May

Batalla de Cepeda

Publicado por Hilda el 20 de Mayo de 2007

Estanislao LópezCon este nombre se designan dos enfrentamientos bélicos que recibieron igual denominación por ser el escenario de los hechos, la cañada de Cepeda, en la provincia de Santa Fe, República Argentina. Nos referiremos separadamente a cada uno de ellos.

LA BATALLA DE CEPEDA DE 1820

ANTECEDENTES

En 1819, la lucha contra el dominio español, estaba ya casi prácticamente terminada, y los problemas que se acentuaban eran los internos. En 1819, se había dictado una constitución de carácter unitario que originó el rechazo de las provincias, particularmente las del litoral.

El gobierno nacional quedó en manos del general Rondeau, como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en el mes de junio de 1819, y en octubre, nuevamente surgieron los enfrentamientos con la provincia de Santa Fe, que estaba al mando de su caudillo, Estanislao López. Para enfrentarla, Rondeau utilizó las fuerzas del Ejército de los Andes, hasta ese momento dedicado a la lucha contra España.

Sin embargo el Ejército del Norte, también convocado, no deseaba participar en luchas entre hermanos, y el 8 de enero de 1820, se sublevó en Arequito, quitándole al gobierno central la posibilidad de enfrentar a los federales. El Ejército de los Andes, se sublevó en San Juan. La solicitud de ayuda al general Lecor, que ocupaba Montevideo por parte del gobierno porteño, no hizo más que agravar el resentimiento de los federales.

Francisco RamírezDe este modo, ante la oposición de las milicias, López de Santa Fe y Ramírez, de Entre Ríos, estaban cómodos para enfrentar a Buenos Aires.

EL ENCUENTRO

En Buenos Aires, la autoridad había quedado en poder del Cabildo. El 30 de enero, el alcalde de primer voto, Juan Pedro Aguirre fue designado Director sustituto.

Los federales enfrentaron a los 3.000 hombres porteños, que bajo el mando de Soler, fueron derrotados.

CONSECUENCIAS

Estanislao López, el 5 de febrero, ofreció al Cabildo de Buenos Aires, la opción entre sellar la paz o continuar con la lucha. Como condición para el cese de hostilidades se exigió la disolución del Directorio y del Congreso de Tucumán.

Soler, a cargo del ejército apoyó a los federales, y también exigió la disolución del Congreso y del Directorio.

Sin apoyo de sus propias fuerzas, el Director Rondeau cesó en su cargo al igual que el Congreso. Buenos Aires pasó a constituirse en una provincia autónoma, a cargo de un gobernador, cargo para el que fue designado, Manuel de Sarratea, firmándose el 23 de febrero, el Tratado del Pilar, por el cual se debería organizar el país bajo el sistema federal.

LA BATALLA DE CEPEDA DE 1859

ANTECEDENTES

Justo José de UrquizaLuego de sancionada la Constitución Nacional de 1853, de carácter federal, que con modificaciones se mantiene vigente, no quedó aún concluida la rivalidad entre Buenos Aires y la Confederación. Esta última, ante la separación de los porteños, estableció su capital en Paraná (provincia de Entre Ríos). En 1854, asumió el primer presidente constitucional de la confederación: Justo José de Urquiza.

Buenos Aires sufrió restricciones, comerciales, al gravarse sus productos en forma más perjudicial que los que operaban a través del puerto de Rosario, pero aún así se mantenía en una situación económicamente pujante.

La discordia entre unitarios y federales se agravó cuando el gobierno porteño prestó ayuda al líder del partido Colorado, de la República Oriental del Uruguay, que se había refugiado en Buenos Aires, y desde allí planeó una invasión a su país para reconquistar el mando en manos del Partido Blanco, que obtuvo el apoyo de la Confederación.

Otro problema surgió tras el asesinato del ex gobernador sanjuanino, el caudillo, general Benavides, por parte de quien estaba a cargo del gobierno de esa provincia, Gómez Rufino, acto que fue apoyado por el gobierno porteño, lo que les valió ser acusados por la Confederación de planear el crimen.

Santiago Derqui, ministro del Interior de la Confederación viajó a San Juan donde detuvo y trajo prisionero a Paraná, a Gómez Rufino.

La suerte de las relaciones entre porteños y provincianos estaba sellada: la guerra era inminente.

El problema intentó ser mediado por Benjamín Yancey, ministro plenipotenciario de Estados Unidos, y por el hijo del presidente paraguayo, Francisco Solano López, con resultado negativo, ante la posición intransigente de las partes, sobre todo la del gobernador de Buenos Aires, Valentín Alsina que exigía que Urquiza fuera depuesto.

El 1 de abril de 1859, por ley del Congreso se ordenó a Urquiza incorporar a Buenos Aires al resto del país, ya sea en forma pacífica, o, en caso necesario, por medio de la fuerza.

EL ENCUENTRO

Era principios de octubre cuando la ciudad de Rosario recibió en sus cercanías, a Justo José de Urquiza, al mando de 14.000 hombres. En San Nicolás, se apostó Mitre al mando de las fuerzas porteñas, reuniendo 10.000 hombres. Los federales superaban a los unitarios, sobre todo en la caballería.

El encuentro se produjo en la cañada de Cepeda, el 23 de octubre de 1859, y la caballería federal se impuso, obligando a Mitre a retirarse a San Nicolás y desde allí a Buenos Aires.

CONSECUENCIAS

El triunfo federal, significó que estos se sintieran fuertes, y Urquiza, que se había asentado en San José de Flores, exigió la destitución de Alsina, para aceptar negociar. El 8 de noviembre, Alsina renunció, asumiendo en forma provisoria Felipe Lavallol. La negociación se realizó con la mediación del general Francisco Solano López

El Pacto de San José de Flores, celebrado el 10 de noviembre de1859, significó que Buenos Aires y la Confederación, se integrarían bajo un gobierno y una constitución común. Esta Constitución, sancionada en 1853, podía ser revisada por los porteños, ya que no habían participado en su redacción.

19
May

La Generación del 37

Publicado por Hilda el 19 de Mayo de 2007

Estéban-EcheverriaTambién llamada Generación de Mayo, Generación de 1837, o Generación de los Románticos o de los Proscriptos, pues muchos debieron abandonar su patria por la persecución ideológica.

CONTEXTO

El siglo XIX en Europa, estaba impregnado de ideas racionalistas y de derechos naturales, de movimientos nacionalistas tendientes a lograr la unidad política. Las ideas del romanticismo comenzaron a reclamar una nueva organización social acorde a los principios liberales surgidos de la Revolución Francesa. Rousseau con su idea del contrato social, estableció un pacto entre gobernantes y gobernados, donde el poder residía en la mayoría del pueblo. La Joven Italia, en 1831, fue fundada por Giuseppe Mazzini, de ideas democráticas y unitarias.

En Buenos Aires, el año 1837 estaba signado por la dictadura de Juan Manuel de Rosas, pero esto no impidió que el romanticismo europeo se hiciera presentes en las jóvenes generaciones, sobre todo en las manifestaciones literarias y artísticas, inspiradas primordialmente en la naturaleza.

Muchos de los integrantes de este movimiento sufrieron el exilio, al ser perseguidos por el régimen rosista. Entre ellos sobresalió Esteban Echeverría, que había arribado al país, luego de cinco años de permanencia en París, en 1830, trayendo las ideas que allí se habían gestado. Sostuvo que la poesía debía retratar la naturaleza pero a su vez por intermedio de ella, expresar las costumbres, los sentimientos, las ideologías y los distintos y contrapuestos intereses sociales.

Echeverría y los demás miembros del grupo, querían un país sumado al progreso donde las corrientes científicas, literarias y artísticas se adaptaran a la realidad nacional, a fin de enriquecerla.

SURGIMIENTO DEL “SALÓN LITERARIO”

Primero estos jóvenes, cuyas edades oscilaban entre los 25 y 30 años, se reunieron en la casa de Miguel Cané, y luego, en la librería de Marcos Sastre. Prosiguieron sus actividades, en junio de 1837, agrupándose bajo el nombre de “Salón Literario”. Junto a Echeverría, Sastre y Cané debatían sobre literatura, arte y política, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Carlos Tejedor y Vicente Fidel López, entre otros.

El 28 de marzo de 1838, se produjo el bloqueo francés, y la toma de la isla Martín García, cuando ese estado solicitó a Argentina la liberación de un ciudadano de aquella nacionalidad acusado de conspiración. Además, pidió que los franceses residentes en territorio argentino no realizaran el servicio militar.

El periódico “La Moda” que expresaba las ideas de los jóvenes románticos, no se manifestó en forma crítica contra el bloqueo francés, por lo cual Rosas los calificó como aliados de ese país extranjero, de quien se habían nutrido en sus ideas.

“LA JOVEN ARGENTINA”

La desconfianza hacia el grupo, hizo que el “Salón Literario” dejara de funcionar abiertamente, y pasara a desarrollar sus actividades en forma clandestina, a partir del 23 de junio de 1838, bajo el nombre de la “Asociación de la Joven Generación Argentina”

SUS IDEAS

Sin embrago, los jóvenes idealistas, al principio, en 1837, no eran opositores del gobierno de Rosas. Alberdi había dicho que Rosas no era un déspota, sino que su representación política estaba sustentada en la buena fe. Más tarde, cambiarían de opinión. Así, Echevarría, lo calificó de imbécil y malvado, de ser el minotauro de la nación y el escándalo del mundo.

Las personas que nos ocupan, no podían coincidir con Rosas, ya que sus sueños liberales y progresistas, de un pueblo ilustrado y capacitado para asumir compromisos políticos, contrastaban con el paternalismo del gobernante.

Rosas, representaba para ellos, la oposición a la Revolución de Mayo, ya que creían que su gobierno implicaba volver al sistema colonial. La Revolución de Mayo, significaba para el grupo, la liberación a las restricciones de la colonia, que consideraban un logro, al que no se debía renunciar.

La lucha contra Rosas, era solo una consecuencia de la búsqueda de sus ideales, ya que no podía lograrse un gobierno democrático, organizado sobre la base de una constitución, con un dictador en el poder.

Querían dar por concluida la rivalidad entre unitarios y federales, buscando una posición de equilibrio.

Trataban de aniquilar las facciones, representativas solo de intereses personales, para que surgieran partidos políticos, orgánicos, que tendieran a un fin de bien común. Ellos no adherían ni al federalismo de Dorrego ni al de Rosas, pero tampoco al unitarismo. Los primeros eran considerados déspotas, los unitarios, de no poseer criterio social

La Asociación de la Joven Generación Argentina, encargó a Echeverría la redacción de las Palabras Simbólicas que resumirían sus pensamientos, cuyo conjunto constituyó el Dogma Socialista.

Ante la continua persecución gubernamental, los románticos argentinos buscaron destinos más tranquilos para desarrollar su ideario. Así, Echeverría se dirigió al campo, Alberdi a Montevideo, lugar donde un joven de menos de veinte años, Bartolomé Mitre, se sumó al grupo, siendo un miembro destacado de la generación. Pronto ese lugar se constituyó en el centro neurálgico de la comunidad del 37. Quiroga Rosas optó por emigrar a San Juan, donde captó numerosos adeptos, como Sarmiento y Villafañe. Así, las ideas fueron diseminándose por todo el territorio, de la mano de sus líderes y de los discípulos de estos que una vez imbuidos del mismo espíritu, lo conducían hacia otros puntos de la patria. Villafañe, por ejemplo, desde San Juan se dirigió a Tucumán, llevando su doctrina. En Córdoba, el porteño, Vicente F. López fue el encargado de conducir el movimiento.

“EL DOGMA SOCIALISTA”

Como dijimos, Montevideo, se transformó en el principal lugar de concentración del grupo, hacia donde se trasladó Esteban Echeverría, quien publicó allí, en el periódico “El Iniciador” el 1 de mayo de1839, el Dogma Socialista, que contenía un llamado a los jóvenes, una corta introducción y las Palabras Simbólicas, que se erigieron en el código de pensamiento y acción del movimiento.

Entre las palabras, basadas en varias fuentes, pero especialmente en las contenidas en “La Joven Europa” de Mazzini, se incluían:

1. “Asociación”, que se establecería en una comunidad de iguales, considerándola, como requisito ineludible del progreso, que es, justamente el segundo concepto.
2. “Progreso”, considerando que este había comenzado con la emancipación de España, y debía continuar, ya que es una ley natural, la realización de la esencia, en obras que tiendan a su bien.
3. “Fraternidad”, ideal emulado de la Revolución Francesa como hermandad y pérdida de mezquindades personales.
4. “Igualdad” también comprendido entre los ideales de la Revolución francesa, y sin el cual es imposible lograr ningún objetivo, ya que la desigualdad origina odios y resentimientos. Para lograr la igualdad se necesita que cada uno conozca sus derechos y sus obligaciones, y que todos se sometan por igual a la ley que se les impone. El reconocimiento social se basará en las obras, que serán apreciadas por su mérito.
5. “Libertad”, con éste, se completan los tres ideales franceses, considerando que consiste en el pleno desarrollo personal, pero sin perjudicar a terceros.
6. “Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa”, si bien coloca al cristianismo como símbolo de progreso y civilización, propugna la libertad y el respeto para todos los cultos, que no atenten contra el orden social.
7. “El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social” Distingue la moral, como propia de la conciencia individual, regulando el accionar de los individuos, del honor que se estructura sobre la base de la conciencia social, entendiendo que no todas las conductas aprobadas por la moral, deben serlo por el honor.
8. “Adopción de todas las glorias legítimas tanto individuales como colectivas de la revolución; menosprecio de toda reputación usurpada e ilegítima”. Considera glorias legítimas las que se lograron con honor, sacrificio y justicia. Destaca como glorias de la nación a las luchas de los patriotas de mayo y de julio.
9. “Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de mayo”, se consideran a sí mismos herederos del ideario de los revolucionarios de mayo.
10. “Independencia de las tradiciones retrógradas que nos subordinan al antiguo régimen”, cosa que aún consideran un objetivo no logrado, ya que el progreso y la libertad que aspiraba la revolución aún estaba en vías de consecución.

En “La ojeada retrospectiva” publicada en la segunda edición del Dogma Socialista, se volvía a recalcar el carácter irreconciliable de las facciones unitaria y federal, agregándose que el sufragio no debía ser universal, para evitar que votaran quienes no conocieran su verdadero sentido y alcance.

“LA ASOCIACIÓN DE MAYO”

En 1846, en Montevideo, la “Joven Argentina”, tomó el nombre de “Asociación de Mayo”.

Sus ideas no fueron comprendidas por los unitarios, ya que los consideraron muy revolucionarios y románticos, mientras que Rosas los llamó “salvajes unitarios”.

No supieron comprender que la revolución que estos jóvenes querían conseguir, era fundamentalmente moral, terminando con el despotismo sin derramamiento de sangre.

18
May

La batalla de Trafalgar

Publicado por Pablo el 18 de Mayo de 2007

La batalla de TrafalgarEl 21 de Octubre de 1805, una flota británica comandada por Horacio Nelson venció a una escuadra combinada franco-española, frente al cabo de Trafalgar –lugar que dio su nombre a la batalla- entre Cádiz y Tarifa. El comandante británico Nelson murió, a bordo de su buque insignia HMS Victory, a consecuencia de las heridas recibidas en los albores del combate, lo que convirtió en triste a aquel día para ambas marinas: para la franco-española, por la muerte de muchos de sus almirantes, y por su propia destrucción; para la inglesa porque, a pesar de lograr una fabulosa victoria, perdía a uno de sus líderes militares más carismáticos y respetados de toda su historia.

Desde un principio, todo estuvo mal planteado del lado franco-español. Villeneuve –comandante de las fuerzas franco-españolas- decidió salir de Cádiz, donde estaba refugiada –y a salvo- la flota, en contra de los consejos de los almirantes españoles, que eran conscientes del peligro que suponía Nelson. Las noticias de que su sustituto al frente de la flota, enviado por un Napoleón que estaba harto de su inactividad, se dirigía a Cádiz, le hicieron salir del puerto de esta forma arriesgada, contra el consejo de sus expertos, buscando una última hazaña que le asegurara en el puesto. Una vez encontradas ambas flotas, la manera de presentar batalla planteada por Villeneuve tampoco fue la más apropiada. Nelson atacó por la retaguardia, y desarboló rápidamente la flota rival, que equivocó también las maniobras de giro. Cuando la batalla alcanzaba su momento trascendental, el francés Dumanoir decidió abandonar, junto con otras cuatro naves, lo que terminó de decantar la balanza y precipitar el desastre. Al final de la contienda sólo se salvaron cinco navíos españoles, y en un estado verdaderamente precario. Las bajas fueron cuantiosas: la flota franco-española perdió a dos mil ochocientos hombres, más de dos mil de ellos españoles, mientras que los ingleses sólo tuvieron que lamentar cuatrocientas bajas. Otros muchos, sin duda alguna, murieron poco después en los hospitales, y muchos de ellos hubieron de perecer en los naufragios posteriores. Porque el destino de muchos barcos fue más triste aún: casi todos los barcos españoles capturados por los ingleses se hundieron por una tormenta desencadenada poco después de la batalla.

Para los españoles la derrota significó que todos los esfuerzos de Godoy, encaminados a dotar a España de una poderosa marina de guerra, se iban al traste. Para Francia, la derrota significó una pérdida incalculable: su renuncia, definitiva y explícita, a una eventual invasión del Reino Unido. Para los británicos, en cambio, supuso el triunfo la consolidación de su dominio de los océanos, sustituyendo definitivamente a España en esa posición.

18
May

La campaña rusa y la derrota de Napoleón

Publicado por Pablo el 18 de Mayo de 2007

NapoleónLas tropas del emperador Napoleón se disponían, en Noviembre de 1812, a derribar la última puerta de la Europa Oriental: pretendían hacerse con el Imperio de Rusia, y asomaban ya a las puertas de Moscú. Sin embargo, la Grande Armée sufrió una derrota decisiva que pocos se habían atrevido a pronosticar. Ya diezmada por los combates, el frío, el hambre y las deserciones, sufrió muchas pérdidas cuando, en plena retirada, hubo de cruzar de nuevo el río Beresina. Miles de soldados murieron allí ahogados, víctimas de los cañones rusos y del constante hostigamientos al que los sometían los cosacos y los cuerpos de campesinos. Alarmado por las preocupantes noticias del golpe de estado que planeaba el general Malet, Napoleón se vio obligado a regresar apresuradamente a París, y el ejército quedó, a fecha del 30 de Noviembre de 1812, al mando de Murat. Pero le quedan solamente diez mil hombres.

La campaña napoleónica contra el imperio zarista había comenzado varios meses antes, en Junio, a causa de las graves discrepancias políticas entre Alejandro I y Napoleón. Desde el punto de vista francés, el incumplimiento, por parte de los rusos, de los acuerdos de Erfurt que permitían a los británicos vender sus mercancías en territorio ruso, eran hechos que justificaban sobradamente una acción bélica. De manera que Napoleón organizo un enorme ejército de seiscientos diez mil hombres, de los que sólo la mitad eran franceses; los demás eran tropas auxiliares procedentes de estados vasallos ya conquistados: había allí veinte mil prusianos, treinta mil austríacos, y cien mil polacos. Cuando cruzaron el Niemen sin previa declaración de guerra, Napoleón ocupó Vilno y poco después Vitebsk, pero no cumplió su principal objetivo de obligar al ejército ruso a enfrentarse abiertamente a sus tropas. La estrategia rusa, para desesperación de Napoleón, quedó clara desde el principio: retirarse continuamente para desgastar al enemigo y conservar intactas las fuerzas propias.

Esta política militar fue objeto de enconados debates entre los generales rusos, pues muchos de ellos proponían –como habría deseado Napoleón- un enfrentamiento abierto con los franceses. Finalmente se impuso la lógica de Mijail I. Kutuzov y las tropas rusas aplicaron la estrategia de la retirada, lo que obligó a la Grande Armée a adentrarse profundamente en territorio ruso ante la amenaza de quedarse sin avituallamiento para el invierno. Napoleón no quiso perder tiempo y dirigió a sus tropas a Moscú, con la esperanza de presionar al zar Alejandro I. Por primera vez, los franceses encontraron resistencia en Borodinó (el 7 de Septiembre), frente al Moscova, aunque las tropas rusas volvieron luego a replegarse. Napoleón, cuando entró en la ciudad, descubrió la trampa: acaban de conquistar gloriosamente una ciudad cuyos habitantes habían quemado y abandonado. Estaban aislados en una ciudad reducida a cenizas, y sus vías de abastecimiento hacia el oeste podían ser cortadas con suma facilidad por el ejército ruso, que además estaba intacto. Tras pensarlo mucho, Napoleón se vio obligado a ordenar la retirada el 19 de Octubre, pero ese fue el momento que Kutuzov escogió para asestar su ofensiva. En su larga marcha a través de un país desolado, los soldados napoleónicos sufrieron el ataque intermitente de la caballería de los cosacos, y las emboscadas de los campesinos, al mismo tiempo que se veían obligados a lidiar con dos enemigos casi peores: el hambre y el frío. Al final, las tropas napoleónicas se vieron obligadas a tomar la ruta más ardua: la de Smolensk, rodeadas por varios ejércitos rusos. Cuando finalmente consiguieron llegar al Beresina, la Grande Armée, que había parecido imbatible, se reducía a un conjunto de diez mil hombres hambrientos, abatidos y enfermos.

El único sesgo positivo que Napoleón pudo extraer de tan terrible campaña fue el ascenso a héroe nacional de su mariscal Ney, que se convirtió, liderando las fuerzas de la retaguardia, en el verdadero azote de los rusos. Sin él, la debacle francesa habría sido aún más grave.

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