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Los Hititas
Hilda el 8 de Abril de 2007
Habitaron el Asia Menor y parte de Siria, formando un puente entre Asia y Europa, habiendo arribado probablemente del Cáucaso. En la ribera del río Eufrates erigieron ciudades como Alepo y Karkemish. Se constituyeron, junto a Egipto y Babilonia, en una de las grandes potencias del mundo antiguo.
Fueron denominados khettas, por los egipcios, y khatti, por los asirios. El génesis bíblico hace referencia a este pueblo como heteos, hititas o “hijos de Heth”, al hablar de tribus locales de Palestina. Los griegos los desconocieron, ya que el gran imperio que habían logrado construir se había extinguido para entonces.
Físicamente, aparecen representados con aspectos disímiles, lo que demuestra que obedecerían a una mezcla étnica, con predominio mongol. Aparecen con un calzado muy característico. Sus botas, tienen la punta doblada, para proteger el dedo mayor, característico de los pueblos que moran en zonas montañosas. Hablaban una lengua similar a la aria.
La capital de su reino era Hatussa (actual Bogazköy), en la meseta Armenia, para los hititas del Asia Menor, fundada a mediados del siglo XVII a. C., por Hattusil I. Usaban su propio idioma y para escribir sus documentos, signos cuneiformes.
Para los hititas de Siria, la capital era Karkemish, rodeada por el Éufrates. En esta zona, usaban para escribir, caracteres jeroglíficos, que aún no pudieron descifrarse, aunque se reconocen que expresaban ideas y sonidos. En esta zona hubo mezcla con los semitas, y tuvieron gran influencia sobre ellos, la cultura babilónica y fenicia.
Durante el reinado de su primer monarca, Hattusil I, se sucedieron numerosas luchas contra otros pueblos vecinos, por cuestiones territoriales, sobre todo con los hurritas del norte de Siria, y con los gasgas, del sur del mar Negro.
Algunos se dirigieron hacia Palestina y otros invadieron la Mesopotamia, durante el reinado de su segundo rey, Mursil I, y conquistaron Babilonia, hacia fines del siglo XVII a. C. Tras saquearla, la abandonaron, llevándose consigo la estatua del dios Marduk. El primer Imperio hitita duró muy poco.
El Imperio Nuevo fue fundado por Supiluliuma aproximadamente en el año 1380 a. C. contando con una importante fuerza militar. Utilizó carros de guerra y la estrategia de ataques por sorpresa, lo que le permitió apoderarse de Siria.
Poco después pelearon con Egipto. En la batalla de Kadesh, se enfrentaron Mutallú, rey de los hititas, y el Faraón Ramsés II. Es controvertido el resultado de esta batalla que significó grandes pérdidas para ambos ejércitos, pero este cuestionado resultado hitita, hizo perder el trono a Mutallú, que fue reemplazado por su hermano, Hattusil. Éste rey selló la paz con Egipto, al casar a su hija, con Ramsés II.
Durante el reinado de Hattusil III, debieron afrontar ataques por parte de los asirios, gobernados por Salmanasar I.
Hay un episodio bíblico que retrata a un hitita, llamado Urias, esposo de Betsabé, que murió en el campo de batalla, en la posición más peligrosa, puesto allí por orden de David, que codiciaba a su esposa. Se lo presenta como un hombre valeroso y leal.
En la religión tuvieron una multitud de dioses imaginarios. Poseyeron una divinidad femenina, la reina madre, Arinna, y un dios guerrero, llamado Teshub. Además contaban con muchas divinidades, prueba de ello, está en el juramento de paz con Egipto, donde se nombran dieciocho de sus dioses, con evidente carácter místico. Adoptaron muchos dioses de otros pueblos, que se mezclaron con los propios.
Produjeron abundantes cantidades de hierro y se dedicaron a la domesticación de potros, que reemplazaron a los asnos.
Tuvieron un código de leyes, encontrándose en Bogazköy dos tablillas de arcilla, en lengua hitita y caracteres cuneiformes, con alto contenido práctico, que datan del año 1500 a. C. y se refieren al derecho civil y al penal.
Por este Código podemos conocer que existían en su sociedad dos clases: los hombres libres, que poseían patrimonio, y los esclavos. Dentro de los hombres libres se distinguían, la nobleza guerrera, que mantenía el ejército real, y la clase media, integrada por comerciantes, artesanos, y guerreros combatientes. Los esclavos, en su mayoría, eran cautivos de guerra, contando con ciertos derechos y protección, sobre todo con respecto a su vida.
Las maneras de celebrarse el matrimonio, eran por rapto o por compra. En este caso, al casarse, el marido debía entregar en guarda, una dote a los padres de la mujer, que era devuelta en caso de divorcio.
El cuñado, hermano del marido, debía casarse con la mujer que quedaba viuda.
Se fijaban remuneraciones que variaban por el mismo trabajo, pagándose el doble, el que realizaba el hombre libre, con respecto al esclavo.
La vida de un hombre libre asesinado, valía cuatro hombres, la de un esclavo, solamente dos.
Fue en el año 1907, cuando se descubrió la ciudad de Hattusa, su antigua capital, por parte de arqueólogos europeos, en un lugar cercano a la ciudad turca de Bogazköy. Allí fue donde se hallaron tablillas de madera, con sus documentos históricos. Sin embargo, fue imposible determinar lo que decían por el estado de la madera, deteriorado por el tiempo. Lo que sí pudo leerse fueron los datos contenidos en las tablas de arcilla, a las que se hizo referencia.
La desaparición de los hititas se produjo a fines del siglo XIII, con la invasión de los llamados “pueblos del mar”.

Los estadounidenses, habían arribado a Pointe du Hoc, con el segundo batallón Ranger, el 5 de junio por la noche, al que se sumaron los refuerzos de la playa de Omaha, que fue la más difícil de tomar, distante a cinco kilómetros, contando con cinco cañones de artillería. El objetivo era tomar las playas de Utah (aislada de las demás por el río Douve) y Omaha, por parte de los norteamericanos, las de Sword y Gold, por los británicos y Juno por los canadienses. Así se constituirían las bases para el desembarco del resto de las fuerzas.
La ciudad de Arranches fue tomada, cuando Hitler ordenó un contraataque en sus proximidades, pero fueron derrotados el 7 de agosto por las fuerzas aliadas, que actuaron en forma combinada.
La dictadura militar argentina que gobernó durante el período comprendido entre los años 1976-1983, dejó al país sumido en una grave crisis moral, política y económica.
El sistema democrático se vio amenazado por la rebelión militar carapintada, en la Semana Santa de 1987, como represalia al juicio a los militares, y a pesar de haberse dictado para evitar tales hechos, la Ley de Punto Final.
Los japoneses comenzaron el ataque dotados de seis portaaviones, dos acorazados, dos cruceros pesados y uno liviano, dieciséis destructores y un submarino. Precedían a estas fuerzas, con fines de patrullaje, veintisiete submarinos.
Un caso particular fue el del cocinero Doris Miller que se armó de una ametralladora, sin tener entrenamiento, y combatió con gran valor, siendo premiado con la Cruz de la Marina.
Entre los años 1854 y 1856, tuvo lugar este conflicto bélico desarrollado a orillas del mar Negro, en la península de Corea, motivado por el avance imperialista ruso.












