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22
Oct

La hominización

Publicado por Hilda el 22 de Octubre de 2006

La hominizacionSegún la teoría de la evolución, formulada por el científico inglés Charles Darwin, naturalista británico, autor del libro “Origen de las especies”, escrito en 1859, todas las especies, incluido el hombre, han sufrido transformaciones, desde su forma original, cuando aparecieron por primera vez sobre la Tierra.

Hace aproximadamente tres mil millones de años, el planeta refugió a la vida en su seno. A partir de allí, algunas especies se extinguieron, y otras lograron adaptarse al medio para lograr sobrevivir, éstas son las especies más aptas. A esto lo denominó selección natural.

Los primates, mamíferos dotados de cinco dedos en las manos y los pies, con un pulgar oponible y un cerebro desarrollado, surgieron hace setenta millones de años.

Del tronco común de los primates, surgieron dos ramas: la de los grandes simios, como el gorila, el chimpancé y el orangután y la de los homínidos. De la evolución de esta última especie, es producto el ser humano actual.

Los primeros homínidos, datan de hace casi cuatro millones de años, y pueden situarse, en el sur y en el este de África, donde aparecieron los Australopithecus (“monos del sur”) con una antigüedad de cuatro millones de años. El más antiguo esqueleto de Austrolopithecus, pertenece a una mujer y fue hallado en Etiopía. Fue llamada Lucy por los arqueólogos que en ese momento escuchaban una canción de los Beatles, “Lucy in the sky with diamonds”.

Algunos de ellos evolucionaron dando nacimiento a los Homo habilis, hace 2 millones de años, que significa “hombre habilidoso”. De estos hombres, se hallaron fósiles en la garganta de Olduvai, junto con los primeros utensillos.

En ese momento debieron adoptar la posición erguida, porque la variación de las condiciones climáticas, que habían hecho crecer los pastizales, los obligaron a pararse sobre sus dos pies y elevarse, para divisar la presencia de animales hostiles por encima de la espesa vegetación, y al tener las manos libres, pudieron tomar con ellas los objetos, para defensa o alimento.

El tamaño de su cerebro era mayor que el de los Austrolopithecus, pero más pequeño que el del humano actual. Era de estatura pequeña, con brazos largos, y dos dedos curvados, lo que hace suponer que trepaba, tal vez para refugiarse de animales feroces, como el smilodon, un felino con dientes de sable, de 15 cm. de longitud.

Los Homo habilis crearon herramientas de piedra, que usaban para hacer hoyos en la tierra, romper los huesos o la carne de los animales, pero no para cazar. Su alimentación era omnívora, consumiendo semillas, raíces, insectos y despojos de animales.

Al crear elementos de defensa, sus dientes dejaron de cumplir esa función, la mandíbula se contrajo, los dientes perdieron fuerza, y el cráneo comenzó a alojar a un cerebro cada vez más complejo, que les permitió transformar a los elementos de la naturaleza, convirtiéndolos en recursos, comenzando poco a poco a articular un lenguaje que les permitió la comunicación y la integración social.

El Homo erectus, “hombre que se mantiene de pie”, también es originario de África, pero desde allí se trasladó a Asia y Europa.

Fue cazador, al lograr dotar a las piedras de filo, talladas en ambas caras, por eso se llamaron bifaciales, haciendo hachas de mano como herramienta de caza, picos y hendidores. Descubrió el fuego, seguramente por los incendios producidos por los rayos o erupciones volcánicas, sobre las ramas de los árboles. Luego él mismo lo produjo, frotando piedras o maderas. En las cuevas de Zhoukoudian, en China, se han hallado piedras y huesos quemados, espesas capas de ceniza y carbón, lo que prueba que hace quinientos mil años, ya se usaba el fuego, seguramente para cocinar y ahuyentar a las fieras.

El cráneo del Homo erectus era alargado, con espesas cejas, un cerebro más grande que el de sus predecesores, de mayor altura, piernas largas y gran musculatura.

En reemplazo del Homo erectus, surgió el Homo sapiens (“hombre racional”), hace alrededor de ciento cincuenta mil años, época de glaciaciones, en Europa, Asia y África. Un representante de este grupo, es el hombre de Neanderthal, nombre que proviene del lugar donde fueron hallados, en un valle de Alemania, en el año 1856.

Eran especialmente cazadores de grandes animales como el mamut, el bisonte, el oso y el rinoceronte, lo que lograron al trabajar la piedra con mayor especialización. Del pedernal, extraído de las rocas, tallaban agudas lascas, o sea finas capas de piedra filosas, para usarlas como utensilios o armas.

Con estos hombres se comenzó a rendir culto a los muertos (en ocasiones dejaban junto a la tumba, carne cocinada) y surgió la magia. Brindaban asistencia a sus enfermos y ancianos, tal como lo demuestra el hallazgo de un hombre de Neanderthal que sobrevivió con la cuenca del ojo y un brazo aplastados, merced a la ayuda de sus compañeros de grupo.

Eran fuertes y musculosos y habitaban en cuevas, Se supone que ya usaban algún tipo de lenguaje.

El hombre actual, denominado Homo sapiens sapiens, surgió hace aproximadamente treinta y cinco mil años.

22
Oct

La Iglesia en la Edad Media

Publicado por Hilda el 22 de Octubre de 2006

La Iglesia en la Edad MediaCon la invasión bárbara en el Imperio Romano de Occidente, convivieron distintas creencias religiosas. El paganismo imperaba entre los anglosajones, los francos y los suevos. El arrianismo, opuesto al cristianismo, ya que negaba la identidad de naturaleza entre Dios Padre y su hijo Jesucristo, era la fe que abrazaron los vándalos, los burgundios, los visigodos y los ostrogodos.

Sin embargo, la Iglesia cristiana se impuso como factor unificador y poco a poco, los reinos se convirtieron al cristianismo. Los francos, durante la monarquía de Clodoveo, adoptaron el cristianismo, a fines del siglo V, y los visigodos lo hicieron a fines del siglo VI, bajo el reinado de Recaredo.

En el siglo VIII, Pepino el Breve, hijo de Carlos Martel, considerado defensor de la cristiandad, por impedir el avance de los pueblos musulmanes sobre el reino de los francos, obtuvo la corona, e inauguró la dinastía carolingia, con el apoyo del Papa, a quien los francos se comprometieron a ayudar para repeler a los lombardos.

Con la asunción de Carlomagno, en el año 800, como Emperador, coronado por el Papa, y la construcción de un nuevo imperio en Occidente, se estableció un mutuo acuerdo de sendas autoridades entre el papa y el Emperador, transformándose el último en el brazo armado de la Iglesia.

Luego de la muerte de Carlomagno y de su hijo, Luis el Piadoso, en el año 843, por el Tratado de Verdún, el imperio se dividió en tres partes, desintegrándose el imperio carolingio, pero no la autoridad del Papa, que la ejerció sobre todo el territorio.

Tomando como modelo la organización administrativa romana, la Iglesia se dividió en provincias y diócesis. Los Papas, considerados sucesores del apóstol San Pedro, y cabezas de la Iglesia, fijaron su residencia en Roma.

La autoridad religiosa contaba para asegurar su autoridad, con dos instrumentos: la Excomunión, por la cual podía excluir de su seno a quienes no la obedecieran, y la Inquisición, cuyos tristemente famosos tribunales, realizaban juicios a los sospechosos de herejías que eran condenados a penas crueles, como la muerte en la hoguera.

El clero se dividía en secular y regular. El primero, formado en su mayoría por la aristocracia romana, dependía de un obispo. Inserta en un sistema feudal, la Iglesia misma recibía feudos de nobles o del emperador, a los que debían rendir juramento de fidelidad, y permitírseles el nombramiento de obispos y párrocos.

El segundo estaba formado por monjes, que vivían de acuerdo al monacato, forma de vida espiritual que los recluía en los monasterios, alejados de la vida mundana, bajo normas estrictas. Un ejemplo, fueron las impuestas por San Benito de Nursia, en Italia, a los monjes de Monte Casino, que imponía entre cosas, comer en silencio, reglas que fueron rápidamente imitadas.

En el siglo XI, el Papa Gregorio VII, realizó una reforma religiosa para fortalecerla, e imponer la autoridad del Papa sobre cualquier otro poder, además de dotar a la iglesia de un cuerpo legal propio, que originó el Derecho Canónico. Esto enfrentó a la autoridad eclesiástica con el Emperador por el poder, en la Querella de las Investiduras, hasta la firma del Concordato de Worms, en el siglo XII, donde se definieron las atribuciones de ambos poderes.

Nacieron en este período dos órdenes religiosas con gran influencia en Europa: la de Cluny y la de Císter.

La de Cluny fue organizada bajo el estricto cumplimiento de la regla de San Benito, que se basaba en la confesión pública de los pecados, el silencio, la oración, combinada con el trabajo manual y la repetición de los salmos. Nació en el año 910, cuando el duque de Aquitania, conocido como Guillermo el Piadoso, fundó un monasterio en la localidad de Cluny, bajo la protección directa del Papa, con el fin de evitar que cayera bajo la autoridad del obispo local, ya que consideraban al poder temporal subordinado al espiritual. Como ejemplo de este movimiento religioso podemos mencionar a Hlldebrando, que luego fuera, el Papa Gregorio VII.

La de Císter, surgió en el siglo XI, merced a la labor del abad Roberto, instalado en Cister, bosque de Francia, donde estableció un monasterio, donde inspirados también en la regla de San Benito, luego tomaron el nombre de bernardos, en honor a San Bernardo, uno de sus mayores exponentes.

Posteriormente surgieron nuevas órdenes, llamadas mendicantes, como los franciscanos y los dominicos, que a diferencia de otros religiosos no debían establecer su residencia en un lugar fijo, actuando como predicadores, misioneros, inquisidores, canonistas, teólogos o intelectuales.

Ambas datan de comienzos del siglo XIII. La primera se debe a la obra de San Francisco de Asís, basada en las virtudes de la fe y la caridad. La segunda, a Santo Domingo de Guzmán, quienes renunciaron a los bienes terrenales, combatieron la herejía y privilegiaron el conocimiento como medio de lograr sus aspiraciones religiosas.

A partir del siglo XI y hasta fines del Siglo XIII, se produjeron las Cruzadas, con el fin de recuperar la ciudad de Jerusalén, en poder de los turcos, con nefastas consecuencias, salvo la reactivación del comercio.

Entre los siglos XI y XIII, se produjo la reconquista española, sobre el territorio ocupado por los musulmanes, formándose cuatro reinos cristianos: Navarra, Aragón, Portugal y Castilla.

En el siglo XIII, la Iglesia estableció una nómina de oficios o profesiones consideradas deshonrosas, entre las que incluía a los mercaderes y banqueros, pues la finalidad de ganancia de sus actividades, los alejaba del fin de un buen cristiano. Condenaba la usura, el crédito y el préstamo.

Como tenían la posibilidad de arrepentimiento, tras una larga vida al frente de sus negocios, ya al final de sus días, los que ejercían estas profesiones indignas, las abandonaban, expresando su arrepentimiento, haciendo donaciones, o ingresando a órdenes religiosas, para lograr su salvación eterna.

Para evitar esta disociación entre el nuevo orden urbano que implicaba la existencia de personas dedicadas al comercio, la iglesia estableció que esa actividad, no sería considerada prohibida si se realizaba con la finalidad del bien común.

En el siglo XIV, la Corona francesa protagonizó una disputa con la Iglesia, donde la primera logró establecer su predominio, trasladando a Aviñón (Francia), el lugar de residencia del Papa y nombrando como sucesores a Papas franceses.

Una parte de la Iglesia, desconoció la autoridad francesa, y otro Papa, se instaló en Roma coexistiendo con el de Aviñón. Esta situación se prolongó hasta el año 1417, y es conocida como el Cisma de Occidente.

Mientras tanto, luego de la caída del Imperio Romano de Occidente, en Oriente, hubo grandes enfrentamientos religiosos, conocidos como querellas, donde estaban implicados los patriarcas orientales, que eran los obispos de Constantinopla, que querían establecer una iglesia diferente a la de Roma.

En el siglo VIII, sucedió la crisis iconoclasta, que dividió el mundo cristiano entre los que veneraban las imágenes religiosas (íconos) y los que se oponían a ellos. Prohibido el culto a los íconos por el emperador León III, fue restituido a fines del siglo VIII, por presión de los fieles, que entregando ofrendas a las imágenes encontraban un modo de canalizar su fe y por los propios religiosos, que habían perdido una fuente de ingresos.

En el año 1054, se produjo la definitiva división de ambas iglesias cristianas: la de Roma, cuya fe adoptó la denominación de católica apostólica romana, profesada en Europa Occidental, y la bizantina, con sede en Constantinopla, cuya religión se denominó católica ortodoxa griega, que tuvo adeptos en Europa Oriental, el Imperio Bizantino y Rusia, y que no le disputó jamás el poder al imperio.

21
Oct

El arte medieval

Publicado por Hilda el 21 de Octubre de 2006

Arte medievalA partir del siglo IV, se desarrolló en la ciudad de Bizancio, el llamado arte bizantino, que se expandió a todo el Imperio Romano de Oriente, a partir del siglo VI.

Esencialmente religioso, sus retratos aparecen inmutables y estáticos, con reproducciones bíblicas exactas, según el control de la iglesia. En la arquitectura, se destacaron en el uso de arcos, donde lograron acoplar, bajo la influencia asiática, una cúpula circular, a un edificio cuadrado.

Se destacan en este período, los mosaicos de la iglesia de Santa Sofía, en Constantinopla y en la de San Vital, en Rávena.

En 1453, los turcos ponen fin al Imperio Romano de Oriente, pero la influencia de su arte se extenderá más allá de sus fronteras, alcanzando Italia del Sur, Sicilia, Servia, Bulgaria y Rusia.

Durante el imperio carolingio, Carlomagno, a partir del Siglo VIII, dio lugar a un período conocido como arte medieval temprano o renacimiento carolingio, que se extendió hasta el siglo XI. Tomando los modelos bizantinos, construyó iglesias, con cuerpo central en forma octogonal y cubiertas por amplias bóvedas.

En escultura, se observa la influencia germánica en sus miniaturas y orfebrería.

En España, se confundieron el arte carolingio con el visigodo, dando lugar al arte asturiano, expresado en iglesias como San Pedro de la Nave (Zamora) y Santa María del Naranco.

En el arte de la Edad Media, debemos reconocer la gran influencia religiosa, de una Iglesia detentadora de un inmenso poder, que lograda la anhelada paz y la prosperidad económica, a partir del siglo XI y hasta el siglo XIV pugnó por la construcción de iglesias y monasterios. Aunque en menor medida, se construyeron también edificios civiles.

Debemos reconocer dos estilos diferentes, en esta etapa de florecimiento: el románico y el gótico, pudiendo señalar en común, que los arquitectos medievales construían para la eternidad. La calidad de sus obras, perduran como legado histórico.

El primero surgió, impulsado por la orden religiosa de Cluny, caracterizada por su austeridad moral, en el siglo XI, en Francia y Alemania, y se expandió con características comunes a toda Europa.

Su denominación alude a la similitud de estilo de sus arcos y bóvedas con las romanas.

Son ejemplos de este estilo, la Catedral de Works (Alemania), la catedral de Durham (Inglaterra) y la Iglesia de Saint-Sernin de Toulouse (Francia).

Son construcciones sólidas y colosales, aunque sobrias, donde se destacan los arcos de medio punto, semicírculos ubicados sobre todo en los arcos y las bóvedas. Estas eran generalmente de piedra y cubrían las naves de las iglesias. Debido a su peso, los muros que las sostenían eran gruesos y con escasas aberturas, para lograr su solidez.

Las fachadas tenían torres, generalmente doble. En el interior, el pilar de base en forma de cruz sustituye a la columna.

El campanario, generalmente se ubicaba en la fachada principal.

Los portales de acceso y los capiteles de las columnas, poseían imágenes esculpidas y las pinturas mostraban pasajes bíblicos con fines didácticos. Son sus temas: las luchas entre el bien y el mal y el juicio final. Las figuras son representadas simbólicamente. Por ejemplo, Cristo, con los ojos muy abiertos, clavado rígido en la cruz. Las esculturas románicas se subordinaban a las exigencias arquitectónicas.

Desde Francia, en el siglo XIII, se expandió por Europa el arte gótico, llamado así, por el historiador renacentista, Giorgio Vasari, por considerarlo como creación de los godos, también religioso, pero que coincide con el florecimiento de la vida urbana.

Liberadas las ciudades del poder feudal, muchos edificios civiles exponen esta forma artística, como los castillos y las lonjas, sitio donde se reunían los mercaderes.

Pero sin duda, son las catedrales la que lo llevan a su máxima expresión, construidas en el centro de la ciudad. Por ejemplo, se destacan en Francia, Nôtre Dame de París, Chartres, Reims y Amiens, aunque se considera como su primera expresión la abadía de Saint Denis, cerca de París, bajo la dirección del abad Suger. Servían no sólo a fines religiosos, sino como sitio de reunión de las corporaciones y para celebrar fiestas de carácter popular.

La rigidez del arte románico, deja paso a un arte más humanístico.

La altura de las iglesias al principio no fue tan elevada, ya que las pesadas bóvedas no descansaban más que en las paredes laterales.

Con la aparición de la bóveda de crucería, sostenida por pilares, y apuntaladas por arbotantes y contrafuertes, las naves comenzaron a ser cada vez más altas, provistas de grandes ventanales, que transformaban a los edificios en sitios luminosos, además de sumamente bellos, ya que sus ventanas, en las que se utilizaba el arco apuntado u ojival, fueron decoradas con vitrales, vidrios de colores que otorgaban a la luz natural un matiz especial y mágico.

Las paredes, se transformaron en meros elementos de separación de ambientes, ya que no debieron soportar el peso del tejado.

Pueden distinguirse tres etapas en el arte gótico:

La primera, el gótico primitivo, con construcciones sólidas y macizas.
La segunda, el gótico radiante, elegante, delicado y luminoso.
La tercera, el gótico tardío o flamígero, donde hay sobreabundancia de decoración y falta de armonía.

21
Oct

La Guerra de los Cien Años

Publicado por Hilda el 21 de Octubre de 2006

La guerra de los cien añosSe produjo a fines de la Edad Media, entre los años 1337 y 1453, exactamente, 116 años, entre Francia e Inglaterra.

Los normandos que se habían establecido en Inglaterra, habían coronado a su descendencia como monarcas ingleses, quienes poseían en Francia grandes extensiones de tierra.

Al extinguirse en Francia la dinastía de los Capetos, nombraron sucesor, al rey Felipe de Valois.

El rey Eduardo III de Inglaterra, pretendía el trono de Francia, alegando ser descendiente de los Capeto por línea materna, ya que su madre, Isabel, sería hermana de Luis, Felipe y Carlos, hijos de Felipe el Hermoso, y se sintió traicionado con la asunción de Felipe de Valois, quien asumió como Felipe VI. Los franceses habían alegado la imposibilidad de coronar a Eduardo III, fundados en la ley Sálica, que impedía la sucesión real por vía femenina.

Además Francia, pretendió adquirir bajo su dominio a la provincia de Flandes, por razones de vasallaje.

Eduardo, como venganza, acogió en su Corte a un pariente de Felipe, Roberto de Artois, que se había rebelado contra su autoridad. Ante esta situación Felipe invadió y se apoderó de Gascuña, propiedad francesa.

El ejército francés estaba integrado por nobles, el inglés por todas las categorías sociales.

En la batalla naval de Sluys y en Crécy y Poitiers, los franceses sufrieron la derrota. Solamente París resistió a los años de miseria y opresión.

El rey Juan de Francia fue hecho prisionero junto a su Corte, y esto obligó a negociar el Tratado de Brétigny-Calais, firmado en el año 1360, por el cual Eduardo III recuperaba todas sus posesiones originales, con excepción de Normandía. Los ingleses obtuvieron a perpetuidad Guines, Marck y Calais.

Unos años de paz sobrevinieron al Tratado de Calais, y al reanudarse el conflicto, Francia recuperó algunos territorios, gracias a la acción de Bertrand du Guesclin.
La batalla de Agincourt significó una nueva derrota para Francia, y expuso a ese estado a la posibilidad de contar con un rey inglés: Enrique V.

Destacada fue la actuación de Juana de Arco, otorgando a las fuerzas francesas gran valor espiritual. Era una joven analfabeta, convencida de que una fuerza divina la impulsaría a liberar a su país de los ingleses. Consiguió liberar a Orleáns en 1429, obteniendo luego victorias en Troyes, Chálons y Reims, donde logró la coronación de Carlos VII.

Luego de varias derrotas fue capturada por el duque Felipe de Borgoña, en 1430, donde fue acusada por hechicería ante los tribunales de la Inquisición y condenada a muerte en la hoguera, en 1431.

En Francia, coexistían dos reyes: Carlos VII, que había sido coronado en Reims y Enrique VI, impuesto por Inglaterra, y, particularmente, por Felipe de Borgoña. Por la Paz de Arrás, firmada en 1435, un año más tarde Borgoña se reconcilió con Francia.

El triunfo definitivo de Francia se produjo en el año 1453, donde recuperaron todos sus territorios, con excepción de la ciudad de Calais.

Luego de esta guerra, Inglaterra se vio sacudida por una guerra civil, la Guerra de las Dos Rosas, por las disputas que se originaron en torno a la sucesión al trono, que dividieron al estado en dos facciones. Finalmente, la dinastía Tudor, representada por Enrique VII, asumió el trono (1485).

20
Oct

La sociedad y la economía del período feudal

Publicado por Hilda el 20 de Octubre de 2006

Sociedad feudalLa jerarquizada sociedad medieval podría representarse por una pirámide, cuya cúspide la ocupaba el rey, que era señor de todos y vasallo de nadie.

En un peldaño más abajo se ubicaban los grandes vasallos: duques, condes y marqueses, con feudos extensos.

Luego se situaban los vasallos menores, poseedores de pequeños feudos.

Por último, los campesinos, entre los cuáles había que diferenciar los siervos y los campesinos libres, y dentro de estos últimos, los colonos y villanos.

Los siervos no eran esclavos, eran arrendatarios de pequeñas porciones de tierras del señor, llamadas mansos, por las cuales debían abonar dinero, o trabajos personales en las tierras del señor, llamadas reservas, o parte de las cosechas. Su situación era la de mayor sometimiento. Estaban atados a la tierra, y se vendían con ella. Cumplían tareas domésticas y agrícolas para su señor y pagaban pesados tributos.

Los colonos también arrendaban mansos, y tenían obligaciones hacia su señor, pero podían abandonar el manso cuando quisieran, al igual que los villanos. En el caso de éstos eran propietarios de pequeños terrenos llamados alodios.

La iglesia también poseía tierras, y era común que un abad o un obispo, fuera un señor feudal.

Tenemos que distinguir etapas dentro del mundo medieval, en cuanto al desarrollo económico.

Ente los siglos V y X, el poder económico estaba simbolizado por la tierra, al constituirse la agricultura en el pilar de una economía de subsistencia, con escasísima actividad comercial.

La vida urbana era insignificante. El grueso de la población se dedicaba a tareas rurales.

La fe cristiana y la miseria eran el común denominador de los distintos reinos, asolados por las inclemencias naturales (lluvias excesivas, pocas posibilidades de almacenamiento), lo que traía como lógica consecuencia, pobladores mal alimentados susceptibles de contraer enfermedades, que pronto se convertían en epidemias, diezmando a los habitantes, que atribuían el origen de sus males a castigos divinos, lo que imposibilitaba el avance de la ciencia médica. La mortalidad infantil y de personas jóvenes era lo habitual, siendo de treinta y cinco años, el promedio de vida.

Esta vida sacrificada contrastaba con la ociosa que llevaban los señores, dedicados a la actividad guerrera, pero con largos períodos de paz, donde transcurrían sus días en la monotonía del castillo, organizando cacerías y torneos.

Cuando en el siglo X, cesaron las invasiones, la situación mejoró en forma considerable. Paralelamente la naturaleza comenzó a otorgar condiciones más positivas para el cultivo, como aumentos de temperatura y menos inundaciones, lo que permitió la expansión agrícola.

A partir del siglo XI, se produjeron adelantos técnicos, como el arado de ruedas pesadas, con piezas de hierro, que reemplazaban a las anteriores de madera, mucho menos potentes.
Comenzó a utilizarse las fuerzas hidráulica y eólica como fuentes de energía, por ejemplo, los molinos de agua y de viento.

Para facilitar la siembra se utilizó la rastra, que rompía los terrones de tierra después que pasaba el arado.

El veloz caballo, reemplazó al parsimonioso buey, ya que al aumentarse la producción de avena, aquellos pudieron ser alimentados.

Se introdujeron técnicas de cultivo para evitar el agotamiento de los suelos, como la rotación trienal en sustitución de la bienal.

Este éxito en la producción agrícola, permitió el mejoramiento de las condiciones de vida, la disminución de las enfermedades y el desarrollo del comercio, motivado en la existencia de excedentes de producción.

Se produjo un período de expansión territorial pacífica en busca de nuevos territorios aptos para el cultivo, se desecaron pantanos, se talaron bosques y se utilizaron con ese fin las laderas de las montañas.

Al existir mayor seguridad en las rutas, se incrementaron las comunicaciones, fomentándose las peregrinaciones, sobre todo, a Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela.

Las ciudades, cuya actividad era restringida hasta entonces, comenzaron a cobrar prestigio, y sus habitantes fueron llamados burgueses por vivir en los burgos, denominación con la cual también se conocían a las ciudades.

Las ciudades surgieron en los lugares en que se reunía mucha gente: en un puerto, en el cruce de algún río, en un paso entre montañas, en un cruce de caminos, en una feria o en un santuario famoso.

Los monarcas otorgaron a las ciudades cartas de libertades, por las cuáles, si bien dependían del rey, sus habitantes eran hombres libres, sin sujeción de dependencia feudal, pudieron establecer gobiernos comunales y administrar justicia. Las ciudades fueron los primeros gérmenes en la lucha por la libertad, ya que los habitantes se unían y ofrecían a un señor una buena suma de dinero para prescindir de su dominio.

Dentro de la vida urbana, se distinguían sectores que basaban su poder, ya no en la tierra, sino en el dinero, que lograban merced a la actividad comercial.

Los ricos mercaderes fundaron iglesias, hospitales, escuelas y patrocinaron obras comunitarias.

También estaban los artesanos, agrupados en gremios, por rama de actividad, que controlaban estrictamente el trabajo de sus miembros.

La calidad de la mercancía y de la mano de obra estaba garantizada y se fijaba un justo precio.
El maestre era el conocedor del oficio y lo enseñaba a los aprendices, que cuando lo aprendían se transformaban en jornaleros.

Tampoco faltaban los marginados, aquellos carentes de trabajo fijo.

El comercio internacional comenzó a desarrollarse a partir del siglo XIII, destacándose Italia, como el país de mayor tráfico de moneda internacional y su banca, sobre todo la de Florencia, alcanzando su punto culminante con la familia de los Médicis, que dirigía los negocios del papado. A fines de la Edad Media, la casa de Fugger, en Alemania, adquirió inmenso prestigio. Con el surgimiento de los Bancos, sus dueños, los banqueros, pronto se transformaron en prestamistas, obteniendo con esta actividad grandes fortunas.

Se conformaron uniones de ciudades, como la Liga Hanseática, integrada por ciudades del norte de Europa, que controlaba el comercio desde Inglaterra a Rusia.

Todo este proceso de apogeo, tuvo su fin, cuando nuevas guerras, ahora surgidas entre señores, reticentes a devolver sus concesiones, y reyes, ansiosos de recobrar su poderío y unificar sus reinos, devastaron los campos cultivados y arrasaron con numerosos pobladores, lo que diezmó la población europea. Fue particularmente importante la guerra de los Cien Años, principalmente, entre Francia e Inglaterra, sobre la sucesión monárquica francesa.

A las nefastas consecuencias aportadas por los conflictos bélicos, se sumaron las hambrunas, por una seguidilla de malas cosechas, debidas a lluvias excesivas y agotamiento de los suelos. Como resultado de la falta de alimentos la gente comenzó a padecer enfermedades, y a morir por esas causas.

La peste negra o bubónica, coronó la sucesión de desgracias, a partir del año 1348, dejando como saldo la muerte de un tercio de la población.

La situación de miseria, y el aumento de impuestos establecidos para enfrentar la grave situación y las grandes diferencias entre ricos y pobres originaron levantamientos populares.

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