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18
Oct

El Sacro Imperio Romano Germánico

Publicado por Hilda el 18 de Octubre de 2006

El Sacro Imperio Romano GermanicoEl Tratado de Verdún (843) había dividido el Imperio Carolingio en tres zonas: Germania o Francia Oriental, Francia Occidental (actual Francia) y Lotaringia, zona situada entre las anteriores.

Los invasores nórdicos (vikingos) aprovecharon la debilidad en que se encontraba Europa, tras la muerte de Carlomagno, y atacaron desde varios flancos. Los daneses comenzaron a controlar las rutas del mar del Norte, los noruegos invadían el norte de Escocia e Irlanda, incluyendo las costas occidentales inglesas.

La Francia Oriental o Germania, ubicada al este del río Rhin, debió soportar los ataques de los húngaros y los eslavos, con lo que el poder del rey fue perdiendo prestigio y fortaleza, contrariamente a los nobles, sobre todo, los duques, que poco a poco fueron controlando el gobierno, eligiendo a los reyes, cargo que comenzó a transformarse en electivo, luego de la desaparición de la dinastía carolingia. Esto motivó la fragmentación entre un poder central y varias autoridades locales.

Con la aparición de Otón I, rey perteneciente a la dinastía de Sajonia, cuyo prestigio fue adquirido al derrotar a los húngaros y a los eslavos, renace la idea de la autoridad imperial.

Al igual que Carlomagno, realizó una alianza con el Papa y se coronó emperador en el año 962, dando nacimiento a un nuevo imperio: el Sacro Imperio Romano Germánico, denominación que adquirió Germania, a partir de entonces. La denominación de sacro o sagrado provenía de la ceremonia consagratoria de la autoridad imperial a cargo del Papa, representante de Dios en la Tierra.

Mapa del Sacro Imperio Romano Germánico

Mapa del Sacro Imperio Romano Germánico

El inmenso poder alcanzado por la Iglesia no se limitaba a lo religioso, ya que era propietaria de grandes extensiones de tierra y cuantiosas riquezas. En la abadía de Cluny se habían realizado favorables reformas y habían nacido dos nuevas órdenes, los Cartujos y los Cistercienses, que crearon numerosos monasterios en Europa.

La buena relación entre el poder temporal y el religioso se quebrantó, cuando en el siglo XI, el Papa Hildebrando, denominado Gregorio VII, impulsó una reforma religiosa, basada fundamentalmente en establecer la jerarquía eclesiástica, cuyo máximo exponente era el Papa, que iba a ser elegido por un colegio cardenalicio, la prohibición del matrimonio eclesiástico, para que los sacerdotes estuvieran sólo dedicados a Dios, la adopción de un cuerpo normativo propio, el Derecho Canónico, basado en el Derecho romano y la superioridad del poder papal sobre cualquier otro, incluido el imperial.

Esta última pretensión desató el conflicto, conocido como Querella de las Investiduras, que se extendió entre 1073 y 1122. Enrique IV, siguió designando obispos, ante lo cual el Papa lo intimó a la obediencia, amenazándolo con la excomunión y la deposición, lo que finalmente se concretó.

Amenazado su poder, Enrique IV, pidió la absolución papal, lo que logró, pero al regresar a Alemania, había sido nombrado emperador su cuñado, Rodolfo de Suabia.

Ante la negativa al pedido realizado por parte de Enrique IV a Gregorio VII, para que excomulgara al nuevo emperador, el primero convocó a un concilio de prelados que depuso al Papa y nombró en su lugar a uno nuevo, Clemente III, obispo de Rábena.
Ante esto el Papa depuesto, reunió un concilio en Roma en el año 1080, excomulgó a Enrique IV, lo depuso y reconoció como emperador a su cuñado.

Sin embargo, Clemente III, coronó emperador a Enrique IV, quien envió tropas contra Roma. Gregorio VII debió huir. Esta larga lucha tuvo su fin en el siglo XII, con el Concordato de Worms, firmado el 23 de septiembre de 1122, por el cual la Iglesia conservaba la facultad de investir a los clérigos y al poder imperial se le reservaban los demás poderes feudales y demás facultades temporales.

Fue en el siglo XIII, cuando nuevamente se suscitó la polémica, cuando ocupó el mando el emperador Federico Barbarroja, perteneciente a la dinastía de los Hohenstaufen, quien pretendió imponer su mando sobre el Papado.

Paulatinamente el emperador comenzó a perder su poder, al compartir sus decisiones con otro organismo, la Dieta, que debía aprobarlas y fiscalizar sus actos. Era un organismo constituido por representantes de los príncipes y de algunas ciudades del Sacro Imperio.

A partir del siglo XV gobernaron los duques de Austria, de la dinastía de los Habsburgo. En su máximo esplendor llegó a estar integrado por los actuales países de: Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, República Checa y Eslovenia, el este de Francia, el norte de Italia y el oeste de Polonia. Fue disuelto en 1806 por Napoleón I.

17
Oct

Carlomagno y el Imperio Carolingio

Publicado por Hilda el 17 de Octubre de 2006

CarlomagnoHijo de Pipino el breve, y de Bertrada de Laon, quien lo educó como ferviente cristiano, gobernó luego de la muerte de su padre, en el año 768, junto a su hermano Carlomán, quien falleció al poco tiempo, el reino de los francos, siendo su principal objetivo, lograr restaurar el Imperio Romano de Occidente.

Con ese objetivo, inició la conquista de los territorios vecinos, extendiendo sus dominios desde el Océano Atlántico hasta el río Elba y desde el mar Báltico hasta los Pirineos, evangelizando los pueblos conquistados, con el fin de concretar el ideal de una Europa unida bajo un solo poder y una sola fe: la cristiana.

Bajo su espada, se replegaron los sajones, situados en el norte de Alemania, los ávaros, que fueron exterminados, los lombardos, pueblo germánico, que habitaba el norte de Italia, desde el año 568, en un lugar que el Papa Adriano I ansiaba recuperar, a cuyo fin solicitó la ayuda de Carlomagno, quien fue coronado tras vencerlos, como rey de los lombardos. Estos territorios lombardos fueron concedidos al papado, lo que originó los Estados Pontificios, que recién se unificarían con el resto de Italia en el año 1870.

Ocupó, cerca de los Pirineos, un territorio fronterizo, al que denominó Marca Hispánica, pero no logró cruzar los Pirineos para ocupar la España musulmana. A causa de una gran derrota, sufrida en Roncesvalles (norte de España), donde Roldán, al frente de su ejército, fue derrotado por los vascos.

La relación con el Imperio Bizantino fue de discordia, hasta que el emperador bizantino Miguel I Rangabé firmó un tratado por el cual reconoció en 812 a Carlomagno como emperador de Occidente.

Estableció una alianza con el Papa, quien lo consagró emperador, el día de navidad, en el año 800, siendo la ciudad de Aquisgrán, la capital del imperio, que dividió para su mejor administración en provincias o condados, gobernadas por un conde, en ducados, a cargo de los duques, ubicados en lugares cercanos a las fronteras y las marcas, dirigidas por marqueses, que eran provincias fronterizas con finalidad de protección exterior.

Otros funcionarios eran el canciller, que se ocupaba de temas civiles y eclesiásticos, el chambelán, que trataba asuntos domésticos del emperador y los missi dominici, dos funcionarios con poderes administrativos y fiscales.

La sociedad, estaba organizada, de acuerdo a la función que cada grupo cumplía, en el sector de los que rezaban, integrado por el clero, el de los guerreros, con la misión de defensa y conquista y por último los que trabajaban, conformado en general, por los campesinos, actividad a la que se dedicaba la mayor parte de la población, que constituían el último peldaño, y sin embargo, merced a su esfuerzo lograban subsistir no sólo ellos mismos, sino el resto de las clases, consideradas privilegiadas.

Preocupado por el escaso nivel de instrucción, aunque él era prácticamente analfabeto, Carlomagno fundó escuelas, destinadas al clero y la nobleza, en las catedrales, monasterios e incluso en el palacio. Esta última, la Escuela Platina, dirigida por Alcuino de York, profesor proveniente de Inglaterra, estuvo destinada a los futuros funcionarios. El principal libro de textos fue la Biblia, aunque también se estudiaron los clásicos latinos. Este florecimiento cultural hizo prosperar la denominación de Renacimiento Carolingio, a este período histórico.

Luego de la muerte de Carlomagno, le sucedió su hijo Luis, en el año 814, un monarca débil, apodado Ludovico Pío o Luis el piadoso, que debió soportar conflictos internos con la nobleza y por su propia sucesión, por la que rivalizaban sus hijos. En el orden externo, el imperio sufrió, entre los siglos IX y X, nuevas invasiones, de pueblos normandos o vikingos sarracenos, húngaros y eslavos, lo que tornó en sumamente inseguro el mundo medieval, comenzando a sentarse las bases de la nueva organización feudal, con poderes locales fuertes, a cargo de señores feudales y un territorio dividido en pequeños reinos o señoríos.

Muerto Luis, en el año 840, y luego de varios años de conflictos internos, se firmó el Tratado de Verdún (843) que dividió el imperio en tres partes, formándose en forma incipiente las bases de lo que serían en el futuro, Alemania, Francia e Italia.

La Francia Oriental o Germania, le correspondió a Luis el germánico.
La Francia Occidental (actual Francia) fue asignada a Carlos el Calvo.
La zona situada entre las anteriores, extendida desde Italia hasta el Mar del norte, y que comprendía las dos capitales: Roma y Aquisgrán, le fue otorgada a Lotario, conociéndose por ese motivo, ese territorio, a partir de entonces, como Lotaringia.

12
Oct

Mahoma y el islam

Publicado por Hilda el 12 de Octubre de 2006

IslamLos árabes eran un pueblo semita, que habitaba la península arábiga, ubicada al suroeste de Asia, entre el mar Rojo y el Golfo Pérsico.

En ese lugar pobre y desértico, florecían pocas ciudades, destacándose, Yatrib (Medina) y La Meca.

Los pobladores, a causa del suelo infértil, se dedicaban fundamentalmente al pastoreo, siendo en su mayoría nómadas, organizados en tribus independientes, tanto en su economía como en su religión.

En cuanto a sus creencias, muchas tribus eran politeístas (creían en muchos dioses) como la mayoría de los pueblos de la antigüedad y otras eran fetichistas, adorándose a algún objeto o ser humano milagroso. El objeto al que la mayoría rendía adoración era la Piedra Negra, que habría adquirido ese color, tras haber sido originariamente blanca por los pecados humanos. Se encontraba en La Meca, en el santuario de Cava (Casa Cuadrada).

En esa ciudad misteriosa, La Meca, nació en el año 570, quien sería el creador de una nueva religión monoteísta, el islam. Nos referimos a Mahoma, un comerciante de caravanas, que a causa de sus continuos viajes había podido vivenciar las dos religiones monoteístas del Cercano Oriente: la judía y la cristiana. Estaba casado con Jadicha, una rica viuda, veinte años mayor que él, que se convertiría en su primera discípula.

El arcángel Gabriel se le reveló a Mahoma en un sueño, en el monte Hira, cuando tenía cuarenta años, confiándole el secreto de la que sería para él y sus seguidores, a partir de ese momento la verdadera religión, el islam, que significa “sumisión”, cuyo dios era Alláh, ordenándole que predicara, convirtiéndolo en su profeta.

Así lo hizo, abandonando para siempre su profesión de comerciante, para transmitir el mensaje divino, pero debió exiliarse a partir del año 622 en Medina, conociéndose como Hégira este período, por el rechazo de los habitantes de la Meca, a la nueva religión. En esa fecha, comienza el año cero del calendario lunar musulmán.

Desatada una lucha entre La Meca y Medina, en ese entonces aún llamada Yathrib, resultaron victoriosos los seguidores de Mahoma, lo que le permitió imponer sus ideas.

Los musulmanes desconocen la idea cristiana del pecado, siendo lo importante la fe. El verdadero creyente será bendito en el paraíso, mientras que el tormento será el destino final del malvado.

Para ser un verdadero creyente, debe orarse cinco veces por día mirando hacia La Meca, entregar obligatoriamente limosna al necesitado, no beber alcohol, ayunar entre la salida y la puesta del sol en el mes de Ramadán, y procurar ir aunque sea una vez en su vida, en peregrinación a La Meca.

Al ser aceptada, esta nueva fe, sirvió de unión a las disgregadas tribus árabes que ahora poseían una religión común, que se difundió por toda Arabia. Esto permitió además un proceso de expansión, permitido por sus propias creencias.

El Corán, su libro sagrado, escrito por los sucesores de Mahoma, ya que éste era analfabeto, y había confiado los preceptos oralmente, para su conservación, a los memoriones, quienes los repetían constantemente, contiene las reglas básicas a las que deben someterse sus seguidores, llamados musulmanes, que significa “Sometidos a la voluntad de Dios”. Estos deben observarlas a través de una lucha interior contra toda creencia que se oponga a las reveladas y contra todo pueblo que intente combatirlas. El medio de lucha es conocido como Guerra Santa.

En el año 632, se produjo el deceso de Mahoma, y sus cuatro primeros sucesores, llamados califas, fueron parientes de aquél. En este período el mundo musulmán se extendió por el noreste de África, Persia, Siria y Palestina.

El califa Omar conquistó entre los años 634 y 643, Egipto, Siria y Persia lográndose el control del Oriente Medio.

Con el fin de reorganizar las conquistas y sofocar conflictos internos, no se produjeron nuevos intentos de avanzar sobre otros territorios por espacio de cincuenta años.

Muerto Omar, el mundo árabe comenzó a dividirse en dos bandos, que perduran hasta la actualidad: los chiitas y los sunitas.

Siendo electo sucesor, Alí, yerno de Mahoma, se agudizaron los conflictos internos, y el nuevo califa falleció asesinado.

Con el proceso de conquista, además de intensificarse la agricultura con la implementación de nuevas técnicas, como acequias y represas, floreció el comercio, logrando controlar las rutas marítimas del Mediterráneo y del Índico, utilizando el dinar de oro, una moneda propia, y crearon el cheque y la letra de cambio.

Cuando el califato quedó en poder de la familia de los Omeyas, la conquista se extendió a Marruecos y a la Península Ibérica. La capital fue trasladada a Damasco (Siria).

La invasión musulmana fue repelida en Francia, donde fueron derrotados en la batalla de Martel, por las tropas a cargo de Carlos Martel. El este tampoco pudo ser invadido gracias a la resistencia de León el Isáurico, emperador de Bizancio.

Al ocupar el poder la familia de los Abásidas, a mediados del siglo VIII, la capital fue establecida en Bagdad, donde recibieron la influencia cultural persa, y continuó el proceso expansionista por el Mediterráneo, que halló un freno en Constantinopla, ciudad que intentaron tomar en tres oportunidades con resultado negativo, ya que fueron derrotados por “el fuego griego”, compuesto químico extraído del petróleo que ardía al contacto con el agua, y que fue arrojado sobre sus barcos.

Los árabes asimilaron la cultura de los pueblos conquistados, a las que imprimieron su propio sello, unificadas bajo una lengua común: la árabe.

Cultivaron las letras, destacándose en su creación literaria “Las Mil y una noches”; las ciencias, con grandes avances en medicina, geografía, astronomía y matemática; las artes, sobre todo en la arquitectura, siendo famosas sus mezquitas (templos), los palacios donde residían las autoridades y los mercados (zoco).

Mahoma había prohibido representar artísticamente a ningún ser vivo, y por ello la decoración de los edificios estaba realizada con bonitos y complicados diseños. Hubo una gran inquietud por los conocimientos filosóficos, sobre todo por el pensamiento de Aristóteles.

Con la fragmentación de la autoridad política, ya que existían tres grandes estados árabes: España, Egipto y Persia ocurrida a partir de la aparición de jefes regionales, en un territorio difícil de controlar por su extensión, ocurrió la invasión de los turcos, conocidos como bereberes, poco después del año 1000, también seguidores del islam, pero de raza mongol, pasando estos a controlar las tierras orientales islámicas.

11
Oct

El Imperio Bizantino

Publicado por Hilda el 11 de Octubre de 2006

El Imperio BizantinoA la muerte de Teodosio I, en el año 395, el Imperio Romano, por razones administrativas, dada la enorme extensión de su territorio que lo convertía en ingobernable, fue definitivamente dividido en dos partes, la oriental y la occidental.

El Imperio Romano de Oriente o bizantino, que comprendía la península balcánica, Asia Menor, Siria, Palestina y Egipto, único sobreviviente tras la caída Occidental del imperio en manos de los bárbaros en el año 476, a través de sus gobernantes, se propuso reconquistar la grandeza perdida, con la recuperación del territorio occidental.

El oriente pudo sobrevivir, merced a la posición estratégica y privilegiada de Constantinopla, su capital, poderosa y amurallada, fundada sobre la colonia griega de Bizancio, por el emperador Constantino. Su majestuosidad y su imponencia mostraban grandes palacios y edificios públicos, iglesias colosales, teatros, acueductos, anchas avenidas y baños públicos, lo que la convertían en centro de admiración y codicia entre los pueblos medievales.

El nombre de bizantino simboliza el triunfo de la cultura griega, sobre todo a través del idioma griego, que se impuso sobre el latín, y por ese motivo Bizancio no pudo ser totalmente reemplazada.

Esa ciudad era el centro comercial de valiosos productos que circulaban entre el Mar Negro y el mediterráneo, posibilitando el intercambio entre Europa, Asia y África.

Se importaban sedas, perlas y especias de China, Mesopotamia e India. De Siria y Persia ingresaban telas y tapices, de África, oro y marfil y de Rusia, pieles y miel. Se exportaban artesanías y fundamentalmente sedas. Como moneda utilizaban el besante o bizantino, hecha de oro.

Culturalmente era notable la inflencia helenística, aunque con aportes romanos, cristianos y orientales.

Constantino elegido por sus tropas para ocupar el poder, adoptó poco antes de su muerte la religión cristiana como religión oficial del Imperio Romano para lograr su unidad.

El mundo cristiano se dividía entre los arrianos, considerados herejes por la iglesia y los seguidores de ésta. Sus diferencias trataron de resolverse en el concilio de Nicea (año 325).

En el año 527, asumió el poder el que sería el más brillante de sus emperadores: Justiniano, quien se propuso reunificar el imperio bajo su autoridad.

Dada la carencia de uniformidad legislativa, ordenó su compilación, culminando la obra codificadora iniciada en el siglo IV.

La sanción del Corpus Iuris Civilis, obra ciclópea que recopilaba el derecho vigente, lo coloca como el padre del derecho de numerosos estados europeos, sobre los que ejerció su influencia. Comprendía el Código, recopilación de leyes, el Digesto o Pandectas, recopilación de Iura, que eran las opiniones de juristas romanos, las Institutas, manual de Derecho destinada a estudiantes y las Novelas, con normas posteriores a la sanción del Código.

Reorganizó el Estado, y creó un sistema eficiente tributario y militar. Colocó la iglesia bajo su dominio (cesaropapismo) y se convirtió en un monarca teocrático.

Construyó en Constantinopla la imponente iglesia de Santa Sofía y los mosaicos de Rabena, en Italia.

Con el objetivo de reconquistar el imperio occidental, selló la paz con Persia, cuyo general, Belisario, tomó el norte de África, Córcega, Cerdeña y las Islas Baleares, ocupado por los vándalos, arrebató Italia a los ostrogodos y despojó a los visigodos del suroeste de España.

A la muerte de Justiniano, todas las posesiones readquiridas fueron nuevamente perdidas, a manos de los lombardos, los visigodos, los eslavos y posteriormente de los árabes, los ávaros, los búlgaros, para culminar con la invasión de los turcos que pusieron fin al Imperio Bizantino en el año 1453.

11
Oct

Los pueblos bárbaros

Publicado por Hilda el 11 de Octubre de 2006

Pueblos bárbarosLa presencia de los bárbaros (extranjeros) en el imperio romano no fue intempestiva sino gradual. Comenzaron a infiltrarse a partir del siglo III, dedicándose a tareas agrícolas o participando del ejército. Ya en el siglo V, se produjo su ingreso masivo.

Los germanos provenían del norte y del este de Europa, de zonas no aptas para el cultivo, y fueron denominados bárbaros por los romanos por sus costumbres rústicas y primitivas.

Estos pueblos germanos, se regían por sus propias leyes, de acuerdo al derecho de gentes (Los romanos poseían un derecho civil para sus ciudadanos y uno de gentes, para los extranjeros). Tenían sus propios jefes y conservaban sus costumbres, no hablaban latín y eran paganos.

En el siglo V, los hunos, pueblo asiático de origen mongol, caracterizados por su espíritu violento, liderados por Atila, irrumpieron en el imperio romano y junto a ellos se incorporaron los germanos, que escapando de los hunos, aprovecharon la debilidad del Imperio Romano de Occidente para desplazar a sus autoridades y asumir el poder.

Los germanos, sobre todo los godos, obtuvieron permiso para ingresar al imperio, con el fin de actuar como barrera contra la invasión de los hunos. Así probaron la superioridad de sus fuerzas por sobre las romanas, lo que alentó la toma del mando.

En el año 476, Odoacro, rey visigodo, fue proclamado rey de Roma, lo que significó la disolución definitiva del imperio romano de occidente.

Cada uno de estos pueblos se estableció en sectores diferentes del imperio romano de occidente, formando pequeños reinos, llamados Reinos Romano Germánicos.

Entre los pueblos germanos invasores encontramos a los godos, divididos en visigodos, en occidente y los ostrogodos, en oriente. Los francos, los suevos, los burgundios, los anglos, los sajones y los jutos, los vándalos, los alanos y los alamanes, constituían el resto de los pueblos.

Los vándalos arrasaron las Galias, pasaron por Hispania, se dirigieron al norte de África, conquistaron Cartago, y desde su puerto se dedicaron a la piratería, asolando el Mediterráneo.

Los ostrogodos detentaron el poder, con la asunción de Teodorico, que mató a Odoacro.

Los visigodos debieron retirarse de Italia, dirigiéndose al oeste, estableciendo su gobierno en el sur de la región y en casi toda Hispania.

Los francos su ubicaron en el norte de las Galias, adoptando la fe católica tradicional, convirtiéndose en los defensores radicales de la cristiandad.

Los sajones, aliados con los anglos y los jutos se instalaron en Britania, con costumbres muy diferentes a las romanas.

Salvo estos casos aislados, la mayoría eran respetuosos de la cultura romana, y produjeron la fusión de las costumbres romanas con las propias. La aristocracia germana comenzó a utilizar como su idioma el latín, que luego modificado, dio lugar a las lenguas romances.

La religión que hubiera podido ser un elemento conflictivo en la relación de los invasores con los pueblos autóctonos, se transformó en un factor de unidad al aceptar la mayoría de los reinos la religión católica.

Los visigodos abandonaron el arrianismo, religión cristiana no reconocida por la iglesia católica, para aceptar esta última en el siglo VI, bajo el reinado de Recaredo y los francos rechazaron el paganismo a fines del siglo V, durante el reinado Clodoveo. Así la iglesia católica, lejos de debilitarse cobró un inmenso poder.

Se produjo la ruralización de la economía, la monarquía se transformó en hereditaria y se cambió el concepto de ciudadano por el de fidelidad personal, que significaba, un acuerdo personal de ayuda mutua y una relación de mando y obediencia entre quienes la establecían, por ejemplo: entre el jefe y sus guerreros o entre propietarios y campesinos. Esto originó el sistema feudal.

Adoptaron la ley escrita, según la modalidad romana, ya que ellos se regían por el derecho consuetudinario (costumbres).

Los germanos aceptaron el sistema de la personalidad de la ley, por la cual cada uno debía ser juzgado por sus propias leyes. Los romanos, carecían de normas, ya que Roma ya no existía y por eso, tuvieron que redactarse las que los regirían en lo sucesivo.

Teodorico, rey de los ostrogodos, redactó la primera colección de leyes, en el año 500, conocida como el Edicto de Teodorico, para godos y romanos, siendo una excepción al referido principio de personalidad de las leyes. Estaba compuesta de ciento cincuenta y cuatro artículos basados en resúmenes de fuentes romanas.

Los burgundios, establecidos en la Francia oriental, promulgaron a principios del siglo VI, bajo el reinado de Gundebardo, la Ley Romana de los Burgundios, destinadas sólo a los romanos, basándose también en las normas romanas. Fue reemplazada en el año 534 por el Breviario de Alarico.

El Breviario de Alarico o Lex Romana Visigothorum, fue obra del rey visigodo Alarico II, es la más perfecta de las leyes romano-bárbaras, y data del año 506, redactada directamente por juristas romanos.

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