8
Abr

José Manuel Balmaceda

Publicado por Hilda el 8 de Abril de 2008 a las 07:01 pm

José Manuel BalmacedaNació en Bucalemu, al norte de Chile, el 19 de julio de 1840. Perteneciente a una familia tradicional chilena, siendo hijo del senador Manuel José Balmaceda y de María Encarnación Fernández. Se recibió de abogado y militó en el partido liberal, integrando “El Club de la Reforma” que había iniciado sus actividades en 1849. Manuel Montt Torres, fue electo presidente entre1851 y 1861, y ya concluido su mandato, en 1865, Balmaceda lo acompañó como secretario en el Congreso Americano de Lima. Fue diputado durante la presidencia de Aníbal Pinto (1876-1881). En 1879, Chile le declaró la guerra a Bolivia y a Perú, y temiendo la intervención de Argentina en el conflicto apoyando a estos países, Balmaceda fue enviado en el mes de marzo para negociar la neutralidad argentina, como Ministro Plenipotenciario. Su misión fue un rotundo éxito.

En la presidencia de Domingo Santa María (1881-1886) ocupó varios ministerios sucesivamente: Relaciones Exteriores, Defensa e Interior. El 18 de septiembre de 1886 ocupó la presidencia como sucesor de Santa María.

Inició su mandato con el propósito de unir a los liberales, que se hallaban fragmentados entre los partidarios del gobierno, los opositores y los radicales. También se impuso llegar a un entendimiento con la iglesia, ya que durante el gobierno de Santa María se habían roto las relaciones con la Santa Sede, por conflictos de competencias en la designación de Arzobispos (El conflicto se solucionó con la designación de Mariano Casanova, como Arzobispo de Santiago), desarrollar el país tanto en materia cultural, construyendo numerosas instituciones de enseñanza, como en obras públicas (extendió las vías ferroviarias, construyó caminos y puentes) y lograr más rédito económico con el salitre, aumentando su exportación, lo que motivó un descenso de su precio, y el odio de los aristócratas que lucraban con sus beneficios.

Su gabinete estuvo integrado por los siguientes ministros: Eusebio Lillo (Interior), Joaquín Godoy (Relaciones Exteriores) Pedro Montt (Justicia, Culto e Instrucción pública) Evaristo Sánchez (Guerra y marina) y Agustín Ross (Hacienda).

Los liberales disidentes obligaron a renunciar al Ministro del Interior, que fue reemplazado por Carlos Antúnez. En este período se creó el Ministerio de Obras Públicas.

Los liberales disidentes presionaron al presidente para expulsar a los nacionales del gabinete, para estar integrado solo por liberales, lo que frustró la tan ansiada unidad propuesta en sus inicios.
Los opositores al gobierno, formaron una fuerza política “Cuadrilátero” propiciando el parlamentarismo y la libre acción de los partidos políticos, interviniendo éstos en la elección de los presidentes, y no aceptándose unilateralmente los candidatos oficiales.

Tratando de conciliar sus intereses de dotar al ejecutivo de un poder amplio, con el de los parlamentaristas, deseosos de poner coto a la omnipotencia presidencial, nombró gabinetes mixtos, para lograr que el Congreso no pusiera trabas a la aprobación de las llamadas leyes periódicas. En 1890, habiendo votado el Congreso esas leyes, Balmaceda decidió conformar su ministerio con sus afines, y aún más; reemplazó al Ministro del Interior por Sanfuentes, cosa prohibida por la Constitución, lo que acrecentó la oposición que se negó a votar la Ley de Presupuestos para 1891.

El presidente Balmaceda trató de realizar un autogolpe, eliminando el Congreso y concentrar en su persona todos los poderes (dictadura). El Arzobispo de Santiago, Mariano Casanova, realizó una mediación que evitó el golpe, a cambio de una nueva conformación de un gabinete que complaciera a los parlamentarios, quienes aprobarían la ley de presupuesto. Esto no funcionó pues pronto surgieron discrepancias entre Balmaceda y el nuevo ministro del Interior, Belisario Prats. Balmaceda puso fin a las sesiones de tipo extraordinario de la Cámara Legislativa, y designó un nuevo gabinete adicto, lo que enardeció a los congresistas, que aún no habían votado la ley de presupuesto, lo que fue solucionado por decreto presidencial, habilitando la ley del año anterior.

La prensa inició una campaña de desprestigio contra Balmaceda, a quien calificaban de tirano, de vengativo, de afeminado y de sufrir desequilibrios psíquicos.

Viéndose acorralado, Balmaceda impuso una dictadura, mientras los parlamentarios, desde Iquique. organizaban la resistencia designando una Junta revolucionaria al frente del gobierno, que desconocía al nuevo dictador, quien delegó sus funciones en su ministro, Domingo Godoy.

Así se desató la guerra civil de 1891 entre presidencialistas y parlamentaristas.

Godoy solo sembró enemigos en su gestión por la extrema crueldad con la que actuó en la represión de sus opositores, y fue reemplazado en nuevas elecciones por Claudio Vicuña.

El 16 de agosto de 1891, los revolucionarios, para impedir la concentración de fuerzas dictatoriales, cuyo número resultaría imposible de vencer, elaboraron a través del Comité de Santiago, una estrategia, que consistía en cortar los puentes de Angostura y Maipo. Para ello, en pequeños grupos, los insurgentes se desplazaron hasta el este de Santiago, al fundo de Lo Cañas, cuyo dueño era Carlos Walker Martínez, senador, de ideas conservadoras. Pero la suerte no estaba de su lado ya que el ejército del presidente los rodeó siendo torturados y ejecutados, por orden del coronel Orozimbo Barbosa.

La guerra civil, sin embargo, terminó con la derrota de las fuerzas de Balmaceda, quien entregó el poder al general Manuel Baquedano. La familia del ex presidente se refugió en la embajada estadounidense mientras él lo hacía en la argentina.

Los revolucionarios vencedores no tuvieron contemplaciones con los vencidos, y predominó el saqueo y la destrucción de las propiedades enemigas. Solo tres días estuvo en el mando Baquedano, para entregarlo a la Junta Revolucionaria.

El 19 de septiembre de 1891, el suicidio de Balmaceda, quien se disparó en la sien derecha, terminó con la vida de un hombre polémico, lleno de buenas intenciones, como las de engrandecer a su patria, que chocó en la práctica con sus propias ambiciones y las de sus íntimos colaboradores. Dejó un testamento político, donde demuestra su convencimiento en el fracaso del régimen parlamentarista, que terminará con la libertad electoral y política y con la paz en el seno del Congreso.

Expresa su convicción en la creencia en el sistema republicano de división de poderes, cuando en los hechos su gobierno cayó en una feroz dictadura, vaticinando una nueva guerra civil, por la división de las facciones en pugna, aunque también mantiene la confianza de que finalmente triunfará la causa por la que peleó, de la defensa de las instituciones.

A pesar de su cuestionada existencia y la contradicción de sus pensamientos con la realidad, tuvo razón: el régimen parlamentario no duraría demasiado. El año 1920 marcaría el fin de esa etapa.

8
Abr

La Guerra Civil de 1891

Publicado por Hilda el 8 de Abril de 2008 a las 09:36 am

Junta de gobierno de IquiqueLa Constitución Chilena de 1833, dotaba al Presidente de la República de muy amplias potestades. Sin embargo había tres normas, de cuya interpretación, podía hallarse un límite a esos poderes, haciendo crecer los del Parlamento. Existían leyes denominadas “periódicas”, pues debían ser sometidas a discusión cada año o año y medio, como la ley presupuestaria, la que establecía contribuciones, y la de la vigencia de las fuerzas armadas. La postergación del tratamiento de estas cuestiones era un arma de presión sobre el ejecutivo, que comenzó a usarse a partir de 1870, para limitar las atribuciones del Presidente, aumentando las del Parlamento. Así en 1871, una reforma constitucional, impidió la reelección presidencial inmediata, en 1874 se dispuso la elección directa de los senadores por las provincias y el Poder Ejecutivo recibió un plazo para usar de su poder de restricción sobre las libertades personal y de imprenta, de hasta un año.

El presidente José Manuel Balmaceda, que había asumido en 1886, que años antes había sido parlamentarista y defensor de poner límites a las atribuciones del ejecutivo, se encontró defendiendo desde su nuevo rol, la concentración de poderes en el cargo que detentaba, desarrollando una política educativa amplia y de ambiciosas obras públicas, que demandaban egresos considerables del erario público, que no gozaban de la conformidad parlamentaria. Además, el intento de nacionalizar las oficinas de salitre, encendió aún más los roces, que ya se habían iniciado con ese sector oligárquico, afín al Congreso, que veían reducidos sus ingresos, al incrementarse las exportaciones, y disminuir el precio del producto.

En 1890, Balmaceda intentó poner freno a estos avances de los parlamentaristas sobre su autoridad. Esto enfrentó sangrientamente a las dos facciones rivales (los partidarios de Balmaceda y los del Congreso). Otro sector que mostró rechazo a la política liberal presidencial fue la iglesia, de fuerte tendencia conservadora.

Aún dentro de los mismos liberales había dos sectores, opositores a Balmaceda, el Mocetón y el Doctrinario y a estos se sumaban dos partidos políticos más, el Radical y el Nacional, que integraron el denominado cuadrilátero, en defensa de la libertad electoral, y en contra de la imposición del nuevo Presidente por el ejecutivo. En el caso particular que sucedía en 1889, el candidato del Presidente era el Ministro de Industria y Obras Públicas, Enrique Salvador Sanfuentes, quien debió desistir ante la gran presión en su contra. El Parlamento le negó aprobación a la presentación de sucesivos ministros, lo que le impedía al Presidente conformar un gabinete estable, si no transigía y colocaba a alguien que simpatizara al cuerpo legislativo En general, Balmaceda quería renovar el gabinete, excluyendo a tradicionales miembros oligárquicos que presionaban para no ser excluidos, además de proseguir con la política de no aprobación de las “leyes periódicas” lo que hacía la gestión presidencial inmanejable.

La negativa de los legisladores se fundaba en la provocación que ellos consideraron de parte del presidente, que a principios de 1890, nombró un gabinete totalmente opuesto al Parlamento, cuyo jefe de gabinete era Adolfo Ibáñez Gutiérrez. El Ministro de Guerra, era el general José Velásquez, integrando por primera vez un militar a la vida política. Pero lo que más enardeció los ánimos fue que posteriormente, y contrariando abiertamente la letra constitucional que impedía el reemplazo de ministros, fue nombrado el ex candidato a Presidente, Sanfuentes, en el Ministerio del Interior.

La crisis, que costaría más de 4.000 vidas, estalló cuando a finales del año 1890 se debía aprobar la ley de presupuesto para el año siguiente, y ante la negativa parlamentaria a su ratificación, el Presidente, el primer día del año 1891, luego de fracasar los intentos conciliadores del arzobispo Mariano Casanova, determinó por decreto, la vigencia de la ley presupuestaria del año anterior.

Ante la inconstitucional y desesperada medida, los parlamentarios, contando con el respaldo de la Armada y de un sector del ejército, ya que la mayoría de este último cuerpo apoyaba a Balmaceda, destituyeron al Presidente y lo reemplazaron por una Junta de Gobierno.

El norte quedaba en manos de los revolucionarios, mientras que en el resto del país, Balmaceda instauraba una dictadura y se preparaba para repeler al nuevo gobierno. La prensa ocupó también un rol importante denigrando la imagen presidencial.
Desde la ciudad de Iquique, constituida en centro de sus operaciones, los legisladores prepararon sus fuerzas, que enfrentaron a las presidenciales en Zapiga, el 21 de enero del año 1891. Las fuerzas parlamentarias comandadas por el Cnel. Estanislao del Canto, con poco más de mil hombres fueron vencidas por fuerzas similares a cargo de Eulogio Robles Pinochet, en Huara, ubicada a mitad de camino entre Iquique y Pisagua, el 17 de febrero del mismo año. El 6 de marzo de 1891, se produje otro choque en la batalla de Pozo Almonte, donde Robles Pinochet fue vencido y luego asesinado.Los nueve mil hombres que luchaban a favor del Parlamento, cruzaron el Aconcagua a mediados de agosto, y en la batalla de Concón (21 de agosto) vencieron a los siete mil presidenciales, a cargo de los generales Alcérrega y Orozimbo Barbosa. Siete días más tarde, la batalla de Placilla, determinaría el definitivo triunfo de los hombres de la revolución.

Balmaceda, conciente de su derrota, buscó refugio en la legación de la República Argentina, delegando la presidencia en el General Manuel Baquedano. El 30 de agosto, los parlamentaristas, triunfantes, ocuparon Santiago. Balmaceda, terminó voluntariamente con su vida, el 18 de septiembre de 1891, ante el convencimiento de que si era capturado por sus enemigos sería humillado y fusilado.

Hasta 1925, el sistema conocido como parlamentarismo fue el que tuvo vigencia en Chile.

7
Abr

David Ben Gurion, político israelí

Publicado por Joaquín el 7 de Abril de 2008 a las 11:46 am

David Ben GurionDavid Ben Gurion forma parte de la estirpe de políticos y activistas israelíes que desempeñaron un papel fundamental en la creación del Estado de Israel, la mayoría de ellos provenientes de la diáspora exterior. Llegó a ser Primer Ministro y le correspondió la tarea de anunciar oficialmente el nacimiento del nuevo país.

Ben Gurion nació en Polonia en 1886, aunque en esa época su localidad natal de Plonks se encontraba dentro de Rusia. Desde muy joven fue educado en el sionismo, fortalecido por el ambiente antisemita, con continuos progomos, que corría en la época en esa parte de Europa.

Ya en su juventud demostró su madera de líder al fundar en su ciudad el movimiento “Ezra”. Este movimiento judío propugnaba la emigración a Palestina. Poco después, con solo 18 años, marchó a vivir a Varsovia, donde de nuevo fundó otra asociación, de ideología socialista.

Por fin, con 20 años, se decide a dar el gran paso de emigrar a lo que consideraba la tierra de los judíos. Corría el año 1906, cuando se produjo un importante movimiento migratorio por parte de los hebreos hacia Palestina que fue conocido como “Segunda Aliyá”.

Palestina se encontraba entonces bajo el gobierno otomano y Ben Gurion continuó con su trabajo político, a la vez que comenzaba a trabajar la tierra. Esto formaba parte del ideario sionista de la época, con un contenido más bien socializante basado en el trabajo agrícola en explotaciones comunitarias.

Fue entonces cuando se afilió al germen de lo que sería posteriormente el Partido Laborista de Israel, que defendía la creación de un Estado hebreo. Igualmente su lucha se radicalizó, siendo uno de los fundadores de uno de los grupos armados que se desarrollarían en la zona en los siguientes años, el “Hashomer”.

Ben Gurion marchó en 1912 a Constantinopla a aprender turco. La razón de este viaje se encuentra en la revolución protagonizada por los Jóvenes Turcos. Sus aires de cambio y su promesa de aperturismo político frente al anquilosamiento del Sultán, provocó que el joven líder político los viera como una oportunidad para su proyecto. Incluso trató de llegar a Parlamento otomano, con el fin de conseguir que se permitiera desde allí la libre emigración de los judíos. Sin embargo, el estallido de la Gran Guerra abortó todos sus intentos y fue expulsado del país. Así, Ben Gurion debe exiliarse a Estados Unidos.

Sus tres años en EE.UU, hasta 1918, no significaron un alejamiento de su causa. De hecho, volvió a erigirse como uno de los líderes de los sionistas allí. Igualmente, tras el la Declaración Balfour que apoyaba la creación de Israel, promovió (y participó) la llamada “Legión Judía”, que luchó junto con los británicos en la guerra.

Así, consiguió regresar a Palestina junto a las tropas inglesas. Allí redobló su actividad política con la creación de la “Histadrut”, una confederación sindical. Llegó a ser su secretario general, convirtiendo la organización en un importante referente económico. De hecho, la Histadrut fue ampliando sus actividades, convirtiendo en dueña de fabricas e incluso de un banco. Hay quien apunta que la estructura económica creada sirvió como columna vertebral del futuro Estado de Israel durante bastantes años.

En 1933 da otro paso para dotar de herramientas a los suyos para la lucha política: la creación del Partido Laborista como tal, al promover la fusión de los diversos grupos que existían y que compartían la misma ideología, sionista y socialista.
Dos años después se convierte en presidente de la Agencia Judía, una especie de gobierno a la sombra dentro del mandato británico que gobernaba Palestina.

Hay que destacar que, dentro de lo que fue el liderazgo judío, Ben Gurion mostró una visión bastante tolerante con sus vecinos-rivales árabes. De hecho, en el periodo bastante convulso que se vivió entre 1936 y 1939, siempre propugnó la moderación en la lucha contra los árabes, chocando con nuevas organizaciones armadas como el Irgún y con dirigentes como Golda Meir. Ben Gurion aceptaba incluso que el nuevo Estado no fuera demasiado grande, tan solo un 20% de lo que se consideraba la Israel bíblica.

Su postura, no obstante, se endureció a partir del 39. Pero, más que contra los árabes, su radicalización se orientó en contra de los británicos. El endurecimiento de los requisitos para que los hebreos emigraran, así como que compraran nuevas tierras, provocó que endureciera su postura. Hay que hacer la salvedad de que, durante la Segunda Guerra Mundial, olvidó sus diferencias con los colonizadores y apoyó y colaboró en su lucha contra los nazis.

Tras la guerra, volvió a su oposición frontal a los ingleses, organizando redes de inmigración, así como consiguiendo armas provenientes de países amigos.

Por fin y tras la declaración correspondiente de la ONU, en 1948 nace el Estado de Israel. Como ya señalamos, fue al propio Ben Gurion al que le correspondió leer la declaración que lo establecía. EL nacimiento, como sabemos, no fue pacífico. Poco después estalla la primera guerra árabe-israelí, al ser atacado el nuevo estado por una coalición de países árabes que no aceptaron la partición.

Ben Gurion, unificó entonces a todas las milicias armadas existentes, creando el Ejercito de Israel. Para ello tuvo que enfrentarse con alguno de los líderes de estos grupos, como Menahem Beguin. De hecho, llegó a mandar hundir a un buque con Beguin a bordo, ya que este se negaba a que su milicia se englobara en el Ejercito. Ben Gurion sabía que la existencia de milicias armadas independientes solo podría traer la desunión y la lucha interna por el poder.

Aunque ya actuaba como Primer Ministro, no en vano seguía siendo el líder de la Junta Judía, no fue hasta 1949 (aún en guerra) cuando se celebran las primeras elecciones. Como era de esperar las gana, asumiendo también el ministerio de Defensa.

Al terminar la guerra con victoria israelí, Ben Gurion emprende la labor de crear el nuevo Estado. Consciente de la desproporción demográfica existente (no en vano, el número de judíos que allí vivían antes de las emigraciones, y aún después, era muy reducido, sobre todo al compararlo con los árabes) promovió la emigración de cualquier judío de todo el mundo.

Un paso, simbólico (y económico), importante fue el acuerdo firmado con Alemania en 1952. Ben Gurion fue criticado por las indemnizaciones conseguidas mediante este acuerdo. El motivo: que tan solo hacían referencia a los bienes confiscados, pero no a las víctimas del Holocausto.

Fue uno de sus último actos públicos como político. En 1953 dimite de todos sus puestos y marcha al sur de Israel, al desierto de Néguev. Allí cumple uno de sus sueños: trabajas y vivir en un Kibutz junto con su esposa. Sin embargo, muchos criticaban que continuara ejerciendo su influencia en el gobierno.

Pero el gusanillo de la política pudo más que el de su deseo de tranquilidad. Tan solo un año después retornaba a Jerusalén y recobraba el puesto de Ministro de Defensa. Fue solo por unos meses, ya que apenas de vuelta a la política, se presenta de nuevo a las elecciones y vuelve a ser elegido Primer Ministro.
Aparte de la Campaña del Sinaí y de su acercamiento a las potencias europeas, Francia e Inglaterra, este segundo periodo vino marcado por las luchas internas en el partido. Esto y ciertas decisiones bastante impopulares (desde siempre tuvo fama de ser bastante despótico al manejar las organizaciones que lideraba), provocaron que su popularidad bajara bastante. Por fin, en 1963, deja el cargo, a los 77 años.

No sería este su último movimiento. Incapaz de apartarse del todo de la vida pública, protagonizó sonoras disputas con miembros de su partido, hasta el punto de abandonarlo y crear otro nuevo, “La Lista de Trabajadores de Israel”, junto a otros dos nombres que forman parte de la leyenda de este Estado, Shimon Peres y Moshe Dayán. Sin embargo, las elecciones a las que se presentó no ofrecieron el resultado que esperaba, tan solo diez escaños y los miembros del nuevo partido volvieron con los laboristas. Todos…menos él, que prefirió la soledad como único parlamentario del partido.

Y, de nuevo, volvería a intentarlo con otro Partido, el Institucional. El nuevo fracaso, 4 escaños, ya lo convencieron de volver a Néguev y dedicarse a escribir y a actuar como conciencia nacional. Tras la Guerra de los Seis Días volvió a dar muestra de su pragmatismo, pidiendo a su país que devolviera todos los territorios ocupados a cambio de la paz.

Ben Gurion murió en 1973, sin poder llegar a ver esa paz.

6
Abr

Las luchas entre Mario y Sila

Publicado por Hilda el 6 de Abril de 2008 a las 05:46 pm

MarioLa etapa republicana en la Roma de la antigüedad (509 a.C-27 a.C) significó la expansión territorial, las conquistas jurídico-político-sociales de la plebe, el desarrollo económico y comercial, que sin embargo, benefició a unos pocos. Éstos ricos, que en su mayoría eran los que tenían acceso a las magistraturas, dejaron de lado los valores tradicionales, incluso los religiosos, tan respetados en la época monárquica, para hacer gala del lujo, el derroche y la ostentación. Mientras esta clase social de adinerados vivía en la opulencia, los campesinos y proletarios, se sumían en una miseria, de la que les era difícil salir, por el abandono que hacían de sus campos para ir a las campañas militares, y los pesados tributos que recaían sobre sus tierras.

Las reformas que trataron de impulsar los hermanos Graco (130 a. C) fracasaron ante la oposición de las clases poderosas.

Esta situación interna conflictiva, que dividió a Roma aristócratas y populares, condujeron a una guerra civil, liderada por inescrupulosos que usaron al pueblo para consolidarse en el poder. A estos problemas se sumaba el peligro exterior, que viendo una Roma debilitada, tentaba a los pueblos sometidos a recuperar sus antiguos territorios.

Surgieron dos partidos que reflejaban esos idearios opuestos. El de los optimates, nobles aristocráticos defensores del poder senatorial, y contrarios a las asambleas populares, a la concesión de la ciudadanía a territorios no solo fuera de Italia, sino dentro de la misma península, pero fuera de Roma.

Los populares, seguidores de las ideas de los Gracos, se apoyaban en el poder de las asambleas populares contra el poderoso senado, querían extender la ciudadanía aún fuera de Italia, y realizar reformas agrícola que favorecieran al campesinado.

Cuando en el año 108 a. C. llegó Cayo Mario al consulado, cargo que ocuparía en siete oportunidades, la plebe vio en él, el símbolo de sus reivindicaciones de clase, ya que se mostraba partidario de la plebe, siendo líder del partido popular. No solo fue elegido cónsul, sino también fue puesto al mando de las fuerzas que lucharían contra Yugurta, en el norte africano Luego de luchar contra Yugurta, rey de Numidia, guerra que terminó con la captura del rey enemigo, en el año 105 a. C., gracias a la gestión de Sila, que en ese momento desempeñaba el cargo de cuestor, y contra los cimbros y teutones, Mario cambió su política y dejó de lado al pueblo empobrecido para gobernar en favor de la nobleza aristocrática.

A partir de estas campañas militares ya se despertaban los recelos entre el jefe Mario, y su subordinado Sila, que reclamaba para sí los honores de las victorias. En el año 104 a. C., Mario fue elegido cónsul por segunda vez. Así siguieron sus reelecciones, y sus triunfos, derrotando a los teutones en año 102 a. C y a los cimbrios en el 101 a. C. Al retornar a Roma lo eligieron cónsul por sexta vez en el año 100 a. C.

Los ejércitos cambiaron su composición, se profesionalizaron, y quedaron a cargo no de los campesinos sino de aquellos sin tierras que recibían una paga por sus servicios, que pronto exigieron tierras en pago de sus servicios, demandas que no pudieron ser satisfechas, incrementando la tensión social.

Los pueblos itálicos deciden unirse contra Mario, conformando la confederación itálica, cuya capital erigieron en Corfinio, e iniciaron una guerra con objetivos sociales.

SilaEn el año 94 a. C. la pretura es ocupado por Lucio Cornelio Sila, perteneciente a la clase patricia, que como dijimos, había sido destacado lugarteniente de Mario. Fue acusado por Mario de corrupción y soborno durante su misión contra partos y capadocios. En el año 88 a. C., accedió al Consulado tras derrotar a los rebeldes italianos. Durante su ausencia, Mario aprovechó para tratar de reconquistar su poder, con la ayuda del tribuno de la plebe, Publio Sulpicio Rufo, que de colaborador de Sila y de los optimates, se pasó al bando de los populares.

Desde su cargo logró sancionar un decreto por el cual ponía el mando de las legiones a cargo de Mario, relevando a Sila, que enterado de esto, convenció a sus hombres de atacar Roma. Sila, victorioso, limitó las facultades de los tribunos de la plebe. En el 87 a. C dirigió una campaña contra el rey del Ponto, Mitrídates, momento que aprovecharon los populares para vengarse, estallando una nueva revuelta, al mando de Cinna, que había sido puesto al mando del Consulado, que unido a Mario, y a su hijo del mismo nombre, que había armado un ejército en su exilio en África, atacaron a los optimates dirigidos por Octavio. El senado quedó en poder de los populares que ordenaron el exilio de Sila. Mario tenía ya 71 años cuando asumió el consulado por séptima vez. Solo lo hizo por 17 días, al cabo de los cuales falleció.

Sila regresó victorioso de su campaña militar. Mario ya había muerto, Cinna también, y luego de vencer al ejército de Mario el joven (hijo de Mario) y de Papirio Carbón, a cuyos hombres reprimió con extrema dureza, fue proclamado por el senado, en el año 82 a. C como dictador, con funciones legislativas y de organizar la Constitución. Su cargo de dictador perpetuo era ilegal (la dictadura romana no podía durar más de seis meses) y omnipotente, pero intentó dar visos republicanos a ese período, dando mayor poder al senado, cuyo número elevó de 300 a 600, y limitando las potestades de los magistrados, estableciendo edades mínimas para el desempeño de los cargos, y sobre todo el de los tribunos de la plebe, que solo podían presentar proyectos legislativos con autorización senatorial, y cercenando su capacidad de veto.

Ejerció un gobierno de terror y proscripciones contra sus enemigos políticos, a quienes se les confiscaban y vendían sus bienes.

En el año 80 a. C, Sila abdicó en Cneo Pompeyo, que era además de su lugarteniente, su yerno.

5
Abr

José Evaristo Uriburu

Publicado por Hilda el 5 de Abril de 2008 a las 03:56 pm

José Evaristo UriburuNació en la aristocrática provincia argentina de Salta, el 19 de noviembre de 1831, en el seno de una familia distinguida. Su padre, el militar Evaristo Uriburu y Hoyos, había participado en las luchas por la independencia.

Ferviente anti-rosista, emigró del país, para cursar sus estudios en la Universidad de Chuquisaca (Bolivia). Regresó a su país, una vez vencido Rosas en la batalla de Caseros, y se desempeñó en los ministerios de guerra y de gobierno, mientras continuaba su preparación en Buenos Aires, doctorándose en Derecho, en el año 1854.

Integró el Congreso Constituyente de su provincia natal, y la Legislatura. Fundó el diario “El Comercio” en el año 1855, y en 1856, fue designado Secretario en Bolivia, de la embajada argentina. En 1861 abandonó Bolivia, para regresar a Salta y ocupar el ministerio de gobierno, hasta el año siguiente.

Una vez reunidas las provincias argentinas, luego de la separación entre Buenos Aires y la Confederación, fue designado por Salta, representante al Primer Congreso Nacional, celebrado en 1862.

En 1867, fue nombrado Ministro de Justicia e Instrucción Pública, por el presidente Marcos Paz, en ejercicio ante la ausencia del presidente Mitre, en Paraguay. Durante la presidencia de Sarmiento, en 1871, ocupó el cargo de Procurador del Tesoro nacional. Entre 1872 y 1874 fue Juez Federal en la provincia de Salta. En ese último año, realizó una misión diplomática en Bolivia, y en diciembre de 1876, participó en representación de Argentina, de un Congreso Americano de hombres de Derecho. En 1881, retornó a Buenos Aires. En 1882, intervino en la mediación para solucionar la Guerra del Pacífico, y junto a representantes de otros países, entre ellos, Bolivia y Chile, que lo invitaron a participar, actuó como árbitro en la contienda.

En 1890, se produjo la Revolución del Parque que terminó con el gobierno de Juárez Celman, haciéndose cargo del gobierno el vicepresidente, Carlos Pellegrini.

Cuando se desató en Chile la guerra civil en 1891, apoyó, como embajador de argentina en ese país, al presidente Balmaceda, a escapar, ante el triunfo de los revolucionarios, liderados por Carlos Walker Martínez, ocultándose en la legación argentina. Balmaceda se suicidó, considerando que sería humillado si caía en poder de sus enemigos políticos, que seguramente lo fusilarían.

En 1892 se realizaron las elecciones generales, presentándose como candidatos originariamente, por la Unión Cívica Nacional (unión de un sector de la Unión Cívica con el Partido Nacional) Mitre en la presidencia, y Bernardo de Irigóyen en la vicepresidencia. Éste fue reemplazado por José Evaristo Uriburu.

Otro sector de la Unión Cívica no toleró la alianza, y separándose creó la Unión Cívica Radical.

Mitre renunció a su postulación, siendo ocupado su lugar, por Luis Sáenz Peña.

Así, Uriburu llegó al Poder Ejecutivo de la República Argentina en el año 1892, como vicepresidente de Luis Sáenz Peña. El 22 de enero de 1895, tras la renuncia de Luis Sáenz Peña, que no resistió los continuos ataques de la Unión Cívica Radical, asumió la presidencia de la nación.

Durante su mandato, pacífico y ordenado, dictó una amnistía general, que permitió traer nuevamente la calma al convulsionado mundo político. Se logró llegar a un acuerdo fronterizo con Chile, que otorgó la decisión al laudo arbitral de Gran Bretaña, inauguró en la ciudad bonaerense de Bahía Blanca, un puerto militar, profesionalizó el ejército y la marina, en Buenos Aires fundó la Escuela Industrial, la de Comercio, el Museo de Bellas Artes, la Facultad de Filosofía y Letras y la Lotería Nacional, con fines benéficos. Se efectuó en este período el segundo censo a nivel nacional, que mostró una población de alrededor de 4.000.000 de habitantes, y se realizaron estudios marítimos y de recursos naturales patagónicos. La economía creció, arrojando las exportaciones saldos positivos. En 1894, se sancionó un nuevo Código Rural. Elevó el número de ministerios a ocho, a través de una Convención Nacional Constituyente, reunida en 1898.

Al terminar de completar el período que le correspondiera a Luis Sáenz Peña, se realizaron las elecciones presidenciales, en 1898, y Julio Argentino Roca, asumió por segunda vez el poder. José Evaristo Uriburu, integró el Senado como presidente, desde 1901, e interinamente el Poder Ejecutivo Nacional en el año 1903, ante la ausencia de las autoridades nacionales. En 1904, fue derrotado en las urnas por Quintana, cuando se presentó como candidato por el Partido Republicano. En 1910 dejó el ejercicio de la función pública. Falleció en Buenos Aires, el 23 de octubre de 1914.

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