5
Abr

José Félix Uriburu

Publicado por Hilda el 5 de Abril de 2008 a las 10:35 am

José Félix UriburuNació en Salta, República Argentina, el 20 de julio de 1868, siendo sobrino de José Evaristo Uriburu. Ingresó en el Colegio Militar, como cadete, en 1885. Ya era Alférez en 1888. Dos años después, participó de la frustrada Revolución del Parque, que tendría como corolario positivo, la renuncia de Miguel Juárez Celman, Presidente de la Nación. La Revolución había nacido de reuniones de una logia secreta, que se llevaban a cabo en el domicilio de Uriburu. Junto a él, militaba con el mismo ideario, quien luego sería su víctima: Hipólto Yrigóyen.

Al asumir José Evaristo Uriburu, tras la renuncia de Luis Sáenz Peña, de quien era Vicepresidente en el año 1895, su sobrino José Félix, actuó como colaborador, siendo edecán de las fuerzas militares, cargo que venía desempeñando desde la presidencia de Sáenz Peña.

En 1905, los radicales organizaron una revolución para poner fin al sistema de fraude electoral, contra el gobierno de Quintana. Este levantamiento fue controlado, y entre los que apoyaron al oficialismo se encontraba el para ese entonces Mayor, José Félix Uriburu, que formaba parte de la escolta del Primer Mandatario, y era Jefe de Guardia.

Asumió como Director de la Escuela Superior de Guerra en el año 1907, y viajó a países europeos para interiorizarse de la práctica militar en ese continente, lugar al retornó en 1913, particularmente a Inglaterra y Alemania, donde se desempeñó como agregado militar. Un año después retornó a su patria, donde obtuvo una banca en el Congreso, como diputado nacional (30 -7-1913 - 30 - 4 -1914).

En el mes de diciembre de 1914, contribuyó al nacimiento del Partido Demócrata Progresista, liderado por Lisandro de la Torre, del que pronto se distanció políticamente pero no como amigo.

Fue ascendido a general de división en 1921, y en 1922, el entonces presidente, Marcelo T. de Alvear lo nombró en el ejército, como inspector general. No pudo concretar las reformas que se había propuesto en esa institución y cuatro años más tarde renunció para integrar el Consejo Supremo de Guerra. El Ministro de Guerra de Alvear, fue Agustín P. Justo.

Admirador del fascismo, Uriburu, quería reemplazar el sistema representativo del Congreso por uno corporativista, donde los legisladores no representen las ideologías partidarias, sino a los grupos de poder (ejército, sindicatos, iglesia, empresas). De ideas conservadoras, y contrario al sufragio universal, pues consideraba que la mayoría popular no estaba capacitada para votar, se preparó para dirigir, los destinos de la patria, desde el uso de la violencia.

En 1928, Hipólito Yrigóyen asumió la segunda presidencia, que se frustró el 6 de septiembre de 1930, a causa de un golpe militar encabezado por el teniente general José Félix Uriburu (también participó Agustín P. Justo), comandando fuerzas del Colegio Militar, del Regimiento Primero de la Caballería y demás unidades, apoyados por una cantidad estimable de civiles, que logró la renuncia del vicepresidente Enrique Martínez, que estaba a cargo del Poder Ejecutivo, por delegación presidencial desde el día anterior. Así comenzó una etapa conocida como “Década Infame” que con sucesivos presidentes dictatoriales, corrompieron el sistema de la legalidad en el país. Asumió el día 8. La Corte Suprema de Justicia, por medio de una Acordada, reconoció a Uriburu como Presidente de facto (de hecho, no de derecho).

Dentro de las dos facciones que lideraron el derrocamiento de Yrigóyen, Agustín P.Justo era partidario de un gobierno breve, de transición hacia la democracia, retrotrayendo al país al período anterior a los gobiernos radicales. En cambio Uriburu pretendía prolongar la situación de facto, en el tiempo.

Si bien en teoría defendía la vigencia de la constitución, declaró el estado de sitio, mecanismo constitucional que permite suspender las garantías acordadas a los ciudadanos en casos de peligro extremo. Intervino las provincias (Córdoba, Corrientes y la Capital Federal, se levantaron contra el gobierno, aunque sin éxito) los sindicatos y las universidades, disolvió el Congreso y estableció la censura. Sus enemigos políticos fueron perseguidos, y torturados, creando dentro de la Policía Federal una sección especial, destinada al efecto.

En un gesto de apariencia democrático, convocó, en la provincia de Buenos Aires, a elecciones para gobernador en el año 1931, donde se presentaron radicales, socialistas y conservadores, pero cuando el ganador fue Honorio Pueyrredón, de la Unión Cívica Radical, se limitó a anularlas, y preparar un sistema eleccionario fraudulento, que excluía la participación de ese partido que se consagrara vencedor. En estos nuevos comicios esta vez para presidente “arreglados” el triunfo le correspondió a Agustín P. Justo. Su candidato para sucederle, según su deseo, habría sido Lisandro de la Torre, pero éste se presentó como candidato de la oposición, que obviamente, ante el fraude, perdió.

Ya un cáncer estaba minando su organismo, y al entregar el poder a su sucesor, el 20 de febrero de 1932, viajó a Francia, para someterse a una intervención quirúrgica. Falleció en París, el 29 de abril de 1932.

4
Abr

Saddam Hussein y su gobierno en Irak

Publicado por Joaquín el 4 de Abril de 2008 a las 11:57 am

Saddam Hussein durante su juicioHablar del gobierno en Irak en las últimas décadas es, inevitablemente, hacerlo de la trayectoria de su líder, Saddam Hussein, quien estuvo en el poder desde 1979 hasta la invasión del país árabe por los Estados Unidos y sus aliados.

Saddam, nacido en Tikrit al igual que el hombre con el que quería compararse, Saladino, héroe de los musulmanes durante las cruzadas, fue a vivir a Bagdad en plena efervescencia anticolonial, cuando los estudiantes y diversas organizaciones civiles y paramilitares se enfrentaban abiertamente al dominio británico.

Pronto, con apenas 20 años, se afilió al Parido Baas, un partido que se autodenominaba laico, socialista y panárabe (a pesar de que pronto se enemistó con su homónimo en Siria).

Sus actividades políticas comenzaron a tornarse más activas en 1959. Ese año él junto a otros compañeros del partido participan en un atentado contra el Primer Ministro Kassem, que había llegado al poder mediante un golpe de estado contra el Rey Faisal II.

El fracaso de esta intentona provocó el exilio del joven Hussein, que marchó a Egipto donde estudio, cuentan que bajo la protección del Presidente Nasser.

No fue hasta 1963 cuando pudo volver a Irak. Allí se había producido otro golpe militar, esta vez a manos del partido de Saddam, junto con otros grupos de parecida ideología, que había tomado el poder.

Saddam consigue entrar en la cúpula del nuevo gobierno y, desde allí, comenzó a manejar los hilos que lo llevarían hasta la presidencia. Los primeros años fueron duros para los baasistas, ya que fueron purgados de los puestos de poder y Saddam acabó en la cárcel. Sin embargo desde prisión su posición en el seno del partido se fue reforzando y cuando en el 68 el Baas, militarmente, consigue hacerse con el poder, él es nombrado vicepresidente de la nación.

Su sangrienta manera de hacer política no tarda mucho en aparecer: contra los disidentes, con purgas políticas que afectan a todos los que están en contra del régimen, y dentro del mismo partido, en el que coloca a gente de confianza, de su mismo clan, en los puestos claves. En poco tiempo se convierte en el hombre fuerte del país, aunque la Presidencia la ejerza, nominalmente, Ahmed Hassan al-Bakr.

En 1979 Hussein culmina su escalada. La dimisión de al-Bakr le abre las puertas para autonombrarse Presidente de Irak, además de acumular el resto de los cargos disponibles, como Jefe del Ejercito o Secretario General del Partido.

El régimen que instaura Saddam Hussein se basa en un liderazgo personalista al máximo, con un gran culto a su personalidad. Aunque laico, no duda en apelar al factor sunnita, rama del Islam a la que pertenecía, que en Irak es una minoría frente al chiismo. Así favorece a los sunnitas creando una auténtica red de lealtades, fortalecidas por el miedo y por la fortaleza de su clan de Tikrit.

Las purgas en sus primeras semanas en el poder son constantes. Afectan tanto a opositores como a miembros del partido o del ejercito, a los que sustituye por sus propios partidarios.

En el aspecto exterior, Saddam supo jugar perfectamente, en sus primeros años, con la geopolítica mundial de la guerra fría. Así, aunque pierde el favor de Moscú al perseguir al Partido Comunista, empieza a ganar apoyos de las potencias occidentales. La Revolución iraní jugó en este aspecto a favor del dictador, ya que pudo presentarse como el dique frente al islamismo chii que representaban los ayatolah.

En 1980 Saddam lanza su primer órdago militar: invade Irán, no sin antes haber desatado una oleada de represión contra sus conciudadanos chiies (si bien es verdad que estos estaban siendo armados por Irán de cara a enfrentarse con el gobierno iraquí).

La guerra, cruenta e interminable (8 largos años), deja bien a las claras la crueldad con la que podía actuar Saddam, así como la hipocresía de occidente. El ejercito iraquí, pertrechado por las potencias occidentales, sobre todo por los Estados Unidos y Francia, intentó una guerra relámpago contra su vecino, pero la demografía de la antigua Persia, con una población muy superior, la hizo imposible.

Ni siquiera los bombardeos con armas química, vendidas por los EE.UU a “su hombre en la zona, consiguió la rendición del gobierno de Jomeini. Aún así, demostró ser un maestro de las relaciones públicas. Por una parte consigue el apoyo de los países árabes moderados, ante los que se presenta como el representante del sunnismo ante el chiismo. Por otra parte, consigue que los Estados Unidos lo saquen de la lista de naciones que apoyaban el terrorismo y restablece las relaciones diplomáticas rotas hacía años.

Particularmente comprometida fue la visita que, en 1983, realiza Donald Rumsfeld a Bagdad, para entrevistarse con el dictador que, años después se empeñaría en derrocar y al que entonces le vendía armas químicas. Estás, además, no fueron solo utilizadas contra Irán, sino que formaron parte de la campaña contra los kurdos que emprende Saddam en 1988 y que culmina con el bombardeo con gases mostaza, sarín y otros de la localidad de Halabaj, que provocó unas 4000 bajas civiles.

A pesar de todo, Irán resiste, y se establece una especie de empate técnico: ni occidente iba a dejar de apoyar a Irak ante los Ayatolah, ni Irán caía en sus manos. Así, en 1988, agotados ambos pueblos la guerra termina, oficialmente sin vencedores ni vencidos pero con centenares de miles de muertos.

Aún así, el régimen iraquí se declaró vencedor de la contienda, un vencedor que había sufrido enormes perdidas económicas y se había endeudado hasta límites insostenibles para cualquier economía.

Por esto, Saddam volvió la mirada hacia otro lugar, Kuwait, un lugar que los iraquíes siempre habían considerado su novena provincia (no les faltaba parte de razón, ya que el emirato no era más que un ente artificial creado por las potencias coloniales y su territorio había formado parte del mismo ente durante mucho tiempo) y, por si fuera poco, un lugar repleto de lo que un pensador llamó “la maldición de los países árabes”, el petróleo.

Como antes con Irán, el dictador iraquí comenzó a preparar el terreno. Hay que tener en cuenta que Saddam pensaba, ya que hasta entonces así había sido, que los Estados Unidos no iban a enfrentarse a él (más bien al contrario) y menos por un pequeño país sin demasiada importancia.

Kuwait (que, por otra parte, había financiado generosamente la guerra contra Irán), junto con la OPEP, estaba entonces abaratando el precio del barril de petróleo a base de subir la producción. Esto le venía muy mal a los iraquíes, que sufrían, como hemos comentado, una tremenda crisis.

En 1990, Bagdad denuncia que Kuwait está sustrayendo de forma ilegal petróleo de unos pozos que amos países compartían. Más adelante, continuó con una escalada de reivindicaciones territoriales: al principio una pequeñas islas, después el emirato al completo.

Finalmente, como es bien sabido, el ejercito iraquí invade Kuwait en Agosto de 1990, logrando una rápida penetración en su territorio, hasta llegar a la capital, Kuwait City.

Sin embargo, el órdago de Saddam está vez iba a salirle muy mal. Estados Unidos enseguida exige la retirada del ejercito. Los motivos de los movimientos internacionales de esos meses se confunden en un muestrario de lo que Churchill definió como política internacional: “Gran Bretaña no tiene amigos, tiene intereses”.

Lo que parece seguro, y fue publicado por la prensa norteamericana, es que Saddam pensaba que EE.UU no iba a intervenir. De hecho, una entrevista que mantuvo con la embajadora en Bagdad, le hizo pensar que esta postura era l oficial del gobierno de Washington. La verdad sobre esa entrevista quedará oculta durante mucho tiempo, si alguna vez se conoce, pero el resultado fue que Irak se lanza a la invasión sin pensar en encontrar oposición internacional.

Como hemos señalado, el Presidente estadounidense, George Bush padre, exige de inmediato la retirada y, al no ser atendida la exigencia, comienza a aglutinar un heterogéneo grupo de países aliados. Entre ellos, y quizás sea parte de la clave en la postura de los Estados Unidos dada las relaciones entre ambos estados y entre los Bush y los Saud, Arabia Saudí, que teme que la invasión sea la antesala de un ataque a su país.

Así, pocos meses después, la Operación Escudo del Desierto se pone en marcha. La impresionante maquinaria bélica que se puso en marcha desaloja en pocas jornadas al sobrevalorado ejercito iraquí y penetra en suelo de Irak. Ninguna de las bravatas de Saddam, incluido el lanzamiento de misiles contra Israel (destruidos en su gran mayoría antes de tocar el suelo), logran que su posición en Kuwait sea más fuerte.

Los ejercitos de la coalición llegan hasta las puertas de Bagdad. Sin embargo, no llegan a entrar en la capital. Por razones poco claras, el régimen de Saddam no es derrocado. Lo único que hace Estados Unidos es alentar la rebelión de los kurdos y de los chiies, esperando que sea la oposición interior la que haga el trabajo.

Ambas facciones se quejaron más tarde amargamente de haber sido manipulados. Efectivamente, cuando se produce el levantamiento en algunas provincias y esperan apoyo desde EE.UU, estos no hacen movimiento alguno, a pesar de la reacción desproporcionada del aparato represor iraquí.

A partir de ese momento, el poderío de Saddam queda muy debilitado. Durante años, y merced a una resolución de la ONU que establece zonas de exclusión aérea para los iraquíes, los gobiernos británicos y estadounidense (que habían aprovechado para instalar bases militares permanentes en los países limítrofes a Irak, como el propio Kuwait y Arabia Saudí), bombardean regularmente posiciones militares iraquíes, debilitando aún más su ejercito. De hecho podemos considerar que la zona kurda del norte del país vivía en una cuasi-independencia desde entonces.

La situación permanece en un status quo durante años. El desarme iraquí, vigilado por la ONU, va dando pasos atrás y adelante durante toda una década. Saddam continúa con sus bravatas ocasionales y trata de darle un barniz religioso a su gobierno, recuperando incluso en su bandera el lema “Ala es el más grande”, con la esperanza de ganar el apoyo de las naciones árabes.

No fue hasta la llegada de George Bush hijo, cuando la situación dio un giro. El 11S había dejado traumatizada a la potencia mundial y después de la invasión de Afganistán, los ojos de Washington se vuelven hacia el viejo enemigo.

Las causas de la fijación en esta ocasión contra Saddam son demasiado variadas para poder ser analizadas aquí. Se ha hablado de la famosa frase de Bush afirmando “es el hombre que intentó matar a mi papa” para hacer ver que la enemistad personal había influido. Igualmente parece claro el interés de los Estados Unidos por controlar el petróleo iraquí, en una época en la que dudaba del aliado saudí.

En definitiva, sabemos lo que Estados Unidos alegó para dar su ultimátum a Saddam. En un primer momento fue su posible simpatía por los movimientos islamistas internacionales, pero esto se demostró incierto en todo momento. Igualmente, esta la famosa cuestión de las armas de destrucción masiva que supuestamente Saddam atesoraba y que lo convertían en un peligro. Como sabemos, las famosas armas no solo no aparecieron, sino que algunas de las pruebas que se presentaron eran falsas y, además, la ONU (a la que se encomendó Saddam en el último momento, destruyendo incluso los pocos misiles que le quedaban) estaba inspeccionado la zona si hallar nada.

Por último, y quizás la única realidad de lo que entonces se dijo, era la cuestión de los derechos humanos. El gobierno de Saddam fue sangriento en ese tema, las minorías (y la mayoría, esto es, los chiies) fueron aplastadas y sus ataque con armas químicas durante años fueron auténticas matanzas. Sin embargo, no parece que fuera este el motivo del ataque: al fin y al cabo, Estados Unidos apoya regímenes igualmente poco recomendables y no hay que olvidar que las armas químicas que empleó Saddam contra Irán y en sus primeros ataques a los kurdos venían de Washington.

Sea como fuera, lo cierto es que Estados Unidos, apoyado por otros países, sobre todo Gran Bretaña, invadió Irak en 2003. De nuevo, a pesar de las bravatas de Saddam, el ejercito estadounidense tardó poco en llegar a Bagdad. En pocas horas, el gobierno de Saddam Hussein había sido derrocado.

Después de eso, Saddam logra huir y se esconde en el último reducto que le queda: Tikrit, el feudo de su familia. No aparece, a pesar de la intensa búsqueda, hasta diciembre de ese mismo año. Dos años después, tras un juicio en el que la pena ya se conocía de antemano, Saddam Hussein es condenado a muerte. El dictador, con las manos ensangrentadas después de décadas, es ahorcado el 30 de Diciembre de 2006, no sin antes intentar defenderse.

Había muerto el hombre que se creyó Saladino.

3
Abr

Alejo I Comneno, Emperador de Bizancio

Publicado por Joaquín el 3 de Abril de 2008 a las 01:07 pm

mosaico de Alejo I ComnenoAlejo I, perteneciente a la familia Comneno, emperadores de Bizancio a principios del S. IX, accedió al trono mediante el uso de las armas. Hijo del sobrino del emperador vio como su padre rechazó la corona tras la abdicación del monarca y como otras dinastías, hasta cuatro, ocuparon el puesto de su familia durante 22 años.

Alejo se dedicó a la carrera militar y fue ganando galones en la guerra contra los selyúcidas y otros enemigos del imperio. Sin embargo, su éxito, que compartía con su hermano Isaac (mayor que él) hizo que Nicéforo III, de la dinastía Botaniates y que reinaba en esos momentos, empezara a ver con recelo su figura, temiendo que pretendiera el trono.

Los temores del gobernante se hicieron realidad, aunque también es verdad es que su hostilidad hacia los Comneno ayudo bastante, cuando Alejo e Isaac se levantan en armas contra su autoridad y toman la capital, Constantinopla. Nicéforo se ve obligado a abdicar y, ante la renuncia del mayor de los hermanos, es Alejo el que devuelve la corona a la familia. Es el 4 de Abril de 1081.

Su reinado estuvo repleto de problemas. Al acceder al trono ya tuvo que enfrentarse con, paradójicamente, ya que más tarde solicitó su ayuda, con los normandos. Roberto Guiscardo y Bohemundo, su hijo, habían realizado una campaña de conquista por las zonas occidentales del Imperio, conquistando Corfú y asediando Larissa. Comneno consiguió recuperar estas tierras, ayudado en buena parte por el fallecimiento de Guiscardo.

Igualmente se vio obligado a defender la Tracia. Allí, pechenegos, cumanos y bogomilos habían emprendido una invasión, aunque debieron retroceder ante el empuje de las tropas bizantinas.

Pero el principal problema que debería afrontar Alejo fue el continuo asedio que sus vecinos musulmanes hacían a su Imperio. Se ve obligado, incluso, a llegar a acuerdos que considera humillantes con los turcos selyúcidas. Alejo se da cuenta pronto que solo con sus fuerzas no conseguiría defender sus fronteras y entonces hace algo que cambiaría la historia (además de traerle muchos más problemas). Así, en 1095, solicita la ayuda de Roma para defender la cristiandad de oriente.

Hay que tener en cuenta que el Oriente y el Occidente cristiano habían estado enfrentados desde medio siglo antes. Sin embargo Alejo necesita de las fuerzas que pudiera enviarle Europa para defender Bizancio y no tiene más remedio que solicitar la ayuda del Papa Urbano II.

Lo que no esperaba el emperador en que su petición fuera atendida de la manera que lo fue. Tan solo esperaba la llegada de mercenarios que le apoyaran en su lucha y que no discutieran su mandato. Sin embargo, el Papa declara que toda la cristiandad debe ponerse en marcha. Y no solo para ayudar a Alejo (de hecho, eso casi ni se menciona), sino para recuperar los Sanos Lugares: ha empezado la Primera Cruzada.

La primera oleada que llega a Constantinopla, desarrapados, campesinos sin formación militar, niños…, esta capitaneada por Pedro el Ermitaño. Alejo, sabedor de los desastres que ha causado por el camino (saqueos, violencia…) se lo quita de encima como puede y se dispone a esperar a los soldados.

Sin embargo, tampoco la llegada de estos, conducidos por Godofredo de Bouillon, va a alegrar al emperador. Según su hija, la historiadora Ana Comnena, se produce un autentico choque de culturas entre los embrutecidos cruzados europeos y los más refinados y orientales bizantinos.

Alejo intenta, como buen oriental, jugar la baza de la diplomacia, elogios, dinero, comodidades, para conseguir cierta lealtad entre los caballeros francos. Pero, a pesar de que, finalmente, consiguió que le juraran lealtad (que luego no lo cumplieran es otra cosa), no le fue nada fácil.

De hecho, los cruzados fueron expulsados de la ciudad una buena temporada. A decir verdad, hay que señalar que se lo habían buscado ya que se dedicaron a saquear a placer. Aún hoy en día, en cualquier guía de Estambul, se puede ver que fueron más dañinos para la ciudad y sus monumentos que los propios conquistadores musulmanes.

En respuesta, Godofredo y los suyos se levantaron en armas un par de veces contra Comneno, hasta que al final recobraron la compostura y recordaron que su enemigo no era Bizancio, sino los musulmanes.

Alejo era, sin duda, un hábil político. Algunas veces con no demasiados escrúpulos. Durante la cruzada jugó muchas veces a dos bandas, negociando con los musulmanes a espalda de los cruzados (ya que las barbaridades de estos hacían preferible una dominación de Bizancio para los habitantes de muchas ciudades musulmanas o judías). Un ejemplo lo vemos en Nicea. Tras semanas de asedio cruzado, cuando la ciudad parecía rendida, los atacantes ven con sorpresa que, en sus almenas, comienzan a aparecer banderas bizantinas: Alejo había negociado la entrega de la ciudad directamente, antes de que entraran las tropas. En su favor conviene decir que los jefes cruzados tenían sus propias ambiciones territoriales y no estaban muy dispuestos a dejar sus conquistas en manos del emperador, sino que preferían gobernarlas ellos mismos.

Más tarde, en Antioquía, Alejo tuvo que enfrentarse a las ira de Bohemundo, uno de los jefes cruzados. Este pensó que Alejo lo había traicionado durante la toma de la batalla y le declaró la guerra. Por suerte todo quedo en unas cuantas escaramuzas, más verbales que otra cosa.

Los últimos años de vida del emperador fueron bastante más grises. Se convirtió en un auténtico perseguidor de herejes, sobre todo paulicianos y bogomilos. Por otra parte, continuó en guerra contra los turcos, una guerra que, como era habitual en la zona, estaba plagada de engaños, alianzas con los que habían sido enemigos para pasar a ser amigos y después de nuevo enemigos…

Igualmente vivió en sus carnes como era la política bizantina, ya que se entabló una auténtica batalla sucesoria. Su esposa y su hija Ana intentaban que el heredero fuera el esposo de esta última, mientras que su madre luchaba directamente por sus propios intereses.

Alejo muere en Agosto de 1118, con 70 años. Su largo reinado dejó al Imperio con sus posesiones en la Anatolia intactas pero no pudo impedir perder zonas de Siria y Palestina a manos de los cruzados.

2
Abr

Chiang Kai-shek

Publicado por Hilda el 2 de Abril de 2008 a las 04:43 pm

Chiang Kai-shekTambién conocido como Jiang Jieshi, nació el 31 de octubre de 1887 enXikou, provincia de Zhejiang. Ingresó a la vida militar en 1906, estudios que continuó en Japón a partir del año siguiente. El 10 de octubre de 1911 se produjo el levantamiento de Wuchang, que permitió el establecimiento de la República China, acabando con la dinastía Qing. Wuchang era un centro militar donde Sut Yat-sen encontró buen suelo para cultivar sus ideas revolucionarias. Éste se encontraba en Estados Unidos cuando por un caso fortuito, el estallido de una bomba accidentalmente, motivó que los rebeldes descubiertos reaccionaran con violencia, para no ser arrestados, y al ver que sus fuerzas podían dominar la situación, prosiguieron la lucha. Entre esos revolucionarios estaba Chiang Kai-shek, que había regresado a China.

El 12 de febrero de 1912 se logró que el emperador Puyi, abdicara de su mando. En 1917, se alistó en las filas del Kuomintang, partido popular nacional chino, de ideología moderada, nacionalista, socialista y democrático, quien le adjudicó la misión de estudiar los métodos de organización del régimen soviético. En 1924 fue puesto a cargo de la nueva academia militar establecida en Whampao.

En 1925, se produjo el deceso de Sun Yat-sen, que había logrado dominar el sur del territorio y Chiang Kai-shek, extendió su influencia al centro y norte de China, ayudado por los comunistas, derrotando a las fuerzas militares de ideología independiente.

Al frente del Kuomitang, lo transformó en un partido conservador, que se opuso violentamente a los comunistas, antes sus aliados, liderados por Mao Zedong o Mao Tsé-tung quien debió refugiarse en las montañas. La capital se erigió en Nankín, iniciando una guerra civil a partir de 1930, donde los campesinos, privados de las reformas agrarias prometidas, se unieron a los comunistas, que fueron obligados a emprender “La larga marcha” en 1934, hacia Yenan, provincia en la cual crearon una República Comunista, y que terminó en 1936, cuando la expansión japonesa obligó a conservadores y comunistas a unirse contra los japoneses, contra quienes libraron una guerra en 1937, para expulsarlos de su territorio.

En 1942, fue puesto al frente de las tropas chinas, y en noviembre de 1943, como presidente del Kuomintang, fue invitado a la Conferencia de El Cairo, para definir la actitud de los aliados contra el gobierno japonés. Por Estados Unidos, participó Franklin Roosevelt, y por Gran Bretaña, el primer ministro Winston Churchill.

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, ya ha terminado la ocupación japonesa y la isla de Taiwan volvió a manos de los chinos, pero se reanudó la lucha entre nacionalistas y comunistas.

Derrotado por los comunistas al mando de MaoTsé-tung, trasladó la capital a Chung-Kin (Taiwan) y allí instaló un gobierno paralelo protegido por Estados Unidos, llamado República Nacionalista China, de la que fue presidente a partir de 1950, hasta su fallecimiento que se produjo el 5 de abril de 1975, en Taipei (Taiwán), soñando siempre con recuperar el control de la China continental, mientras gobernaba Taiwan de manera autoritaria sin aceptar oposición, pero con altos índices de desarrollo económico. Lo sucedió su hijo Chiang Ching-kuo.

2
Abr

Mao Tsé-Tung

Publicado por Hilda el 2 de Abril de 2008 a las 02:12 pm

Mao Tse-TungNació en Hunan (China) el 26 de diciembre de 1893. Estudió hasta la edad de 13 años, dedicándose a partir de entonces a las tareas rurales como toda su familia. Pero el joven era muy inquieto y sus ansias de saber lo llevaron a Changsha, donde estudió magisterio, siendo luego director de un colegio de esa ciudad, luego de servir temporalmente en el ejército. Fue ayudante de bibliotecario en la Universidad de Pekín donde obtuvo acceso a autores como Bakunin, Kropotkin, Li Dazhao y Chen Duxiu, creando dentro de la universidad una célula marxista.

Participó en la revolución contra Japón, que se produjo en Pekín, en mayo de 1919, y un año después, comenzó a rever el pensamiento comunista soviético para adaptarlo a la cultura china. Reemplazó a los obreros industriales como motor de la revolución, que en su país no eran muchos, por los campesinos, que eran los oprimidos en su terruño, a quienes consideraba que la dirigencia política debía acercarles y aclararles la ideología del partido.

Tuvo participación en los tres primeros congresos del Partido Comunista, celebrados en 1921, 1922 y 1923, y fue integrante del comité central.

En 1923 el Partido comunista se alió con los nacionalistas, aunque luego se distanciaron, y Mao junto a sus seguidores campesinos debió refugiarse, perseguido por las fuerzas de Jiang Jieshi, o Chang Kai-shek en las montañas de Jiangxi, donde se organizaron en guerrillas, llamadas el ejército rojo. En estas luchas pereció la primera esposa de Mao, y éste se casó nuevamente con He Zizhen. En 1931, creó en Kiang-si, la Primera República Comunista China. Reprimido en 1934 por las fuerzas de Chang Kai-Chek, comenzó a luchar con el sistema de guerra de guerrillas. La invasión japonesa al norte chino, obligó a unirse a ambos bandos para luchar contra el peligro exterior.

El triunfo de Mao se produjo cuando tras la guerra civil (iniciada luego de la Segunda Guerra Mundial) que se extendió entre 1946 y 1949, fue elegido presidente de la República Popular China, por él instaurada, el 1 de octubre de 1949.

En un principio se mostró tolerante con las diferentes ideologías, a través de lo que se dio en llamar el “Movimiento de las Cien Flores”, pero luego ante las crecientes críticas al comunismo estableció la persecución a sus oponentes, políticos e ideológicos.

En 1950, China inició el camino hacia el despegue industrial, con el apoyo soviético, lo que les acarreaba a los chinos una deuda cuantiosa. Los capitalistas fueron expropiados de sus bienes.

Acusó al líder soviético Kruschef, de “revisionista”, distanciándose cada vez más del comunismo ruso, imponiendo una política de desarrollo, que denominó “Gran Salto Adelante”, impulsando sobre todo la industria del acero, mediante el trabajo colectivo, para ser autosuficientes en la industria pesada. El producto no fue tan bueno como habían proyectado, lo que sumado a las malas cosechas, provocó una hambruna generalizada.

Como consecuencia del fracaso del “Gran Salto”, en diciembre de 1958, la presidencia de la República pasó a manos de Liu Shaoqi, quien recibió el apoyo de Deng Xiaoping, constituido en secretario general del partido. Si bien Mao seguía siendo el líder revolucionario, y presidente del partido.

Durante una reunión de jefes del partido, Mao fue objeto de acusación por su política económica, por parte del ministro de defensa, mariscal Peng Dehuai, que inmediatamente fue destituido.

A pesar de estas demostraciones que confirmaban que aún poseía poder, Mao necesitaba recuperar el dominio total, para lo cual, lanzó en 1965, la denominada “Revolución Cultural”, con el propósito encubierto de alejar del poder a quienes lo habían relegado, Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, pero con la idea manifiesta, de fortalecer el socialismo.

Creó comités revolucionarios, y los guardias rojos, jóvenes que con extrema violencia, atacaban a quienes se mostraran contrarios al sistema. Esta revolución cultural, que sembró gran terror en China, se extendió hasta 1969.

Fue un gran poeta, y sus ideas están contenidas en el “Libro Rojo”. Su nueva concepción del comunismo fue conocida a nivel mundial, con el nombre de “maoísmo”.

Falleció en Pekín, el 9 de septiembre del año 1976, tras sufrir de problemas pulmonares por ser un gran fumador, agravado por el mal de Parkinson.

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