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María Tudor
Hilda el 27 de Julio de 2008 a las 08:31 am
Nació el 18 de febrero de 1516, en Greenwich, Inglaterra. Fue hija del matrimonio del rey Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón.
No debe confundirse a esta María Tudor, con su tía paterna, del mismo nombre (1496-1533) en cuyo homenaje fue llamada así, por el cariño que unía a ambos hermanos.
A pesar de que el rey ansiaba un hijo varón, las atenciones en los primeros años con su hija fueron buenas, educándola con el mayor esmero. Además de su idioma nativo, el inglés; aprendió latín, italiano, francés y castellano. Se preparó una alianza matrimonial entre la princesa que aún era una niña de 7 años, y el emperador Carlos V, su primo, 15 años mayor, quien en 1526 rompió el compromiso para casarse con Isabel de Portugal.
En 1533, cuando el soberano comprendió que su esposa ya no le daría al heredero, contrajo enlace secreto con Ana Bolena. Ante la negativa del Papa de anular su anterior matrimonio, por los argumentos de impedimento de parentesco, ya que Catalina era la viuda del hermano del rey, se separó de la influencia del Papa de Roma, con la ayuda del Arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, y logró su propósito, casándose por segunda vez, quedando recluida Catalina de Aragón en el castillo de Kimbolton.
María se convirtió en hija ilegítima y debió abandonar la corte real, lo que la llevó a crecer resentida contra su familia paterna, y la nueva religión por ellos adoptada.
Enrique VIII tuvo otra hija con Ana Bolena, que corrió suerte parecida, o peor, ya que al no por no haber podido engendrar esta segunda esposa tampoco un hijo varón. Ana Bolena pereció ejecutada, por supuestos cargos de adulterio, y la pequeña Isabel, además de pasar a ser ilegítima como su medio hermana mayor, quedó huérfana de madre.
El rey pudo al fin concretar su sueño de ser padre de un hijo varón con el nacimiento de Eduardo, hijo de su anteúltima esposa, que falleció poco después de darlo a luz. La última esposa del rey, Catalina Parr, logró restablecer la relación entre el padre y las hijas, que adquirieron derechos sucesorios en grado posterior a su hermano varón.
Muerto enrique VIII, le sucedió su hijo Eduardo VI, en 1547, período en el cual María sufrió la prisión acusada de revolucionaria. El joven rey falleció a los 15 años, dejando otra vez vigente el problema sucesorio, sobre todo por el gran conflicto religioso entre la nueva religión vigente en Inglaterra desde el reinado de estos dos reyes (el anglicanismo) y la que profesaba María, ferviente católica, siguiente en el orden de sucesión. Se coronó a Jane Grey, pariente en grado número cuatro en la lista de aspirantes al trono, para evitar reimplantar el catolicismo, pero esta reina solo detentó la corona nueve días, asumiendo María I, con el apoyo de los católicos, en el año 1553.
Su madre, Catalina de Aragón, fue vuelta a reconocer como esposa legítima de Enrique VIII y en su carácter de reina.
Al anunciar su enlace por motivos políticos con un pariente suyo, el futuro Felipe II, de España, país ultra-católico, se produjo una rebelión protestante en Kent, liderada por Thomas Wyatt, duramente sofocada. Sobre todo luego de esta rebelión se intensificó cruelmente la persecución a los protestantes dejando un saldo de aproximadamente 300 ejecuciones entre las que se hallaron las de Jane Grey, su padre y su esposo, y la del obispo de Canterbury, Thomas Cranmer.
Finalmente se casó el 25 de julio de 1554, para aliarse contra Francia y para que un hijo de ambos fuera a la vez rey de Inglaterra y de Flandes.
Contando con la colaboración del cardenal Reginald Pole, logró reconvertir a Inglaterra al catolicismo, el 30 de noviembre de 1554.
El 29 de agosto de 1555 Felipe se dirigió a Flandes donde permaneció dos años. Allí se convirtió en rey de España y sus posesiones de ultramar, sucediendo a su padre, regresando a Inglaterra dos años más tarde. La guerra contra Francia a partir de 1555, determinó la pérdida de Calais, el 7 de enero de 1558, lo que enfureció al pueblo inglés.
Falleció el 17 de noviembre de 1558, a la edad de 42 años, sin haber tenido hijos. Sus restos descansan en la abadía de Westminster. Le sucedió su hermana Isabel I, a quien no pudo convencer de continuar con el catolicismo en Inglaterra, ya que tras una primera declaración en el sentido de continuar con la religión de su hermana, para lograr salir de su encierro en la Torre de Londres y tomar el poder, Isabel I, impuso el protestantismo en su patria.
Se recuerda a María como una reina cruel y sangrienta (bloody Mary) aunque no hay que olvidar que estas actitudes fueron sin duda la consecuencia de la triste historia de abandono y discriminación de la que la hizo objeto su propio padre.

Nació el 12 de octubre de 1537, en Bradgate Park, en el condado de Leicestershire, en el corazón de Inglaterra. Era bisnieta del rey inglés Enrique VII, que fue padre de su abuela
Carlos VIII (1470-1498) fue el último descendiente directo de la casa de Valois, y reinó en Francia entre los años 1483 y 1498. Nació del matrimonio entre Luis XI de Francia y Carlota de Saboya, siendo el único hijo varón que sobrevivió a su padre. Nació en Chateau d’Ambroise, un castillo situado en el valle del Loira; los contemporáneos hablan de él como un niño débil, enfermizo, algo lento y poco dispuesto a las labores de Estado, a pesar de su buena voluntad.
Carlos el Temerario (1433-1477) fue quizás el más célebre de los duques de Borgoña, su personalidad fuerte y su amplia obra política han contribuido a su especial trascendencia, aunque no menos lo ha hecho su trágica muerte y el fin, tras ella, de su sueño borgoñón en centroeuropa. Hombre de grandes contradicciones, Carlos fue educado tanto en el uso de las armas como en el conocimiento de los clásicos, y fueron las historias de los grandes conquistadores de la antigüedad las que moldearon su personalidad agresiva y audaz.
Luis XI de Francia (1423-1483), de la casa de Valois, fue llamado el Prudente, pero también el Rey Araña o la Araña Universal, por su tendencia a tejer intrigas cortesanas contra sus rivales, ya fuese su padre, su hermano o sus enemigos europeos. Demostró ser un hábil político en sus veintidós años de reinado, en los que se puso fin a la Guerra de los Cien Años (1337-1453), y en los que la monarquía francesa ganó terreno a los intereses de los señores feudales, alcanzando casi por completo las fronteras de la Francia actual (salvo Bretaña y Lorena).












