27
Jul

La Contrareforma

Publicado por Hilda el 27 de Julio de 2008 a las 07:49 pm

La ContrareformaLas críticas a la iglesia, que desde la primera década del siglo XVI, significaron una drástica pérdida de unidad al escindirse el cristianismo en católicos y protestantes, no cesaron, y los partidarios del protestantismo ganaban rápidamente terreno. Esto alarmó incluso a las autoridades políticas como Carlos V, que intuyó la desmembración de su imperio por la adhesión que ganaba la nueva fe entre los príncipes alemanes.

La crítica protestante primero se abocó a la mala conducta de los sacerdotes, a su acumulación de riquezas, y a la búsqueda de beneficios terrenales, pero luego también se dedicó a impulsar una profunda reforma del dogma y de la fe, desconociendo la jerarquía eclesiástica, y la autoridad del papa, considerando válidos solo dos de los sacramentos, pretendiendo que el hombre se salvaba por la fe y no por las obras, y promoviendo la libre interpretación de la Biblia. Si bien la iglesia reconoció la necesidad de cambios en cuanto a su conducta moral, de ninguna manera estaba dispuesta a transigir en sus ideales religiosos.

Esta circunstancia obligó a la iglesia católica a mirarse interiormente, para realizar su propia auto-evaluación crítica y realizar reformas en su seno, con el fin de hacer frente a los luteranos, y recobrar la unidad cristiana, mediante refutaciones a las ideas de Calvino y Lutero, y no buscando acuerdos, y el restablecimiento de la disciplina eclesiástica. En 1524 se creó la orden religiosa de los teatinos, por Cayetano de Thiene y Juan Pedro Carafa, renovando la espiritualidad y la fe. En síntesis, la contrareforma, si bien intentaba acallar las voces en contra de la corrupción eclesiástica, no intentaba acercarse al nuevo dogma luterano, sino luchar contra esas creencias, e imponer las del catolicismo.

Durante el mandato del Papa Paulo III (1534-1549) se decidió convocar a un Concilio ecuménico, que venía siendo reclamado desde hacía mucho tiempo, y que había fracasado en1530. Este Papa contó con el apoyo de las universidades españolas de Salamanca y Alcalá, siendo muy importante la labor de los jesuitas, organización jerarquizada y activa, verdaderos soldados, sujetos a la autoridad del papa, como ideólogos del movimiento.

Oponiéndose al concepto de la predestinación protestante, Francisco Suárez (1548-1617) postuló la libertad de conciencia, que sin embargo no se expandía a la interpretación bíblica.

Entre 1545 y1563, se desarrolló el Concilio de Trento, que proporcionó la doctrina impulsora del movimiento de la Contrareforma, que no logró la unidad religiosa, ya que eran demasiado notorias e irreconciliables las posiciones de ambos movimientos religiosos.

El concilio reafirmó su oposición a la libre interpretación de la Biblia, considerando como texto bíblico oficial a la Vulgata, obra de traducción correspondiente a San Jerónimo que se remontaba al siglo IV. Reconoció y reivindicó la autoridad del Papa, la salvación del hombre por la fe, como predicaban los protestantes, pero también por las obras, ya que su naturaleza no se halla destruida por el pecado original, aunque se realizaban con la mediación de la gracia divina. Se reconocieron los siete sacramentos y el valor de la misa, la existencia del purgatorio y la jerarquía eclesiástica. Además se impusieron normas de conducta a los sacerdotes.

Estas prédicas se convirtieron en un movimiento beligerante que utilizó la inquisición como medio de disuasión, a través de los monjes dominicos y se redactó el índice de libros prohibidos, por ser opuestos a la doctrina católica. Las guerras se extendieron por Francia y en el centro europeo. La unidad religiosa jamás fue lograda, aunque para 1560, solo el norte europeo continuaba bajo la influencia de la reforma.

27
Jul

María Tudor

Publicado por Hilda el 27 de Julio de 2008 a las 08:31 am

María TudorNació el 18 de febrero de 1516, en Greenwich, Inglaterra. Fue hija del matrimonio del rey Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón.

No debe confundirse a esta María Tudor, con su tía paterna, del mismo nombre (1496-1533) en cuyo homenaje fue llamada así, por el cariño que unía a ambos hermanos.

A pesar de que el rey ansiaba un hijo varón, las atenciones en los primeros años con su hija fueron buenas, educándola con el mayor esmero. Además de su idioma nativo, el inglés; aprendió latín, italiano, francés y castellano. Se preparó una alianza matrimonial entre la princesa que aún era una niña de 7 años, y el emperador Carlos V, su primo, 15 años mayor, quien en 1526 rompió el compromiso para casarse con Isabel de Portugal.

En 1533, cuando el soberano comprendió que su esposa ya no le daría al heredero, contrajo enlace secreto con Ana Bolena. Ante la negativa del Papa de anular su anterior matrimonio, por los argumentos de impedimento de parentesco, ya que Catalina era la viuda del hermano del rey, se separó de la influencia del Papa de Roma, con la ayuda del Arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, y logró su propósito, casándose por segunda vez, quedando recluida Catalina de Aragón en el castillo de Kimbolton.

María se convirtió en hija ilegítima y debió abandonar la corte real, lo que la llevó a crecer resentida contra su familia paterna, y la nueva religión por ellos adoptada.

Enrique VIII tuvo otra hija con Ana Bolena, que corrió suerte parecida, o peor, ya que al no por no haber podido engendrar esta segunda esposa tampoco un hijo varón. Ana Bolena pereció ejecutada, por supuestos cargos de adulterio, y la pequeña Isabel, además de pasar a ser ilegítima como su medio hermana mayor, quedó huérfana de madre.

El rey pudo al fin concretar su sueño de ser padre de un hijo varón con el nacimiento de Eduardo, hijo de su anteúltima esposa, que falleció poco después de darlo a luz. La última esposa del rey, Catalina Parr, logró restablecer la relación entre el padre y las hijas, que adquirieron derechos sucesorios en grado posterior a su hermano varón.

Muerto enrique VIII, le sucedió su hijo Eduardo VI, en 1547, período en el cual María sufrió la prisión acusada de revolucionaria. El joven rey falleció a los 15 años, dejando otra vez vigente el problema sucesorio, sobre todo por el gran conflicto religioso entre la nueva religión vigente en Inglaterra desde el reinado de estos dos reyes (el anglicanismo) y la que profesaba María, ferviente católica, siguiente en el orden de sucesión. Se coronó a Jane Grey, pariente en grado número cuatro en la lista de aspirantes al trono, para evitar reimplantar el catolicismo, pero esta reina solo detentó la corona nueve días, asumiendo María I, con el apoyo de los católicos, en el año 1553.

Su madre, Catalina de Aragón, fue vuelta a reconocer como esposa legítima de Enrique VIII y en su carácter de reina.

Al anunciar su enlace por motivos políticos con un pariente suyo, el futuro Felipe II, de España, país ultra-católico, se produjo una rebelión protestante en Kent, liderada por Thomas Wyatt, duramente sofocada. Sobre todo luego de esta rebelión se intensificó cruelmente la persecución a los protestantes dejando un saldo de aproximadamente 300 ejecuciones entre las que se hallaron las de Jane Grey, su padre y su esposo, y la del obispo de Canterbury, Thomas Cranmer.

Finalmente se casó el 25 de julio de 1554, para aliarse contra Francia y para que un hijo de ambos fuera a la vez rey de Inglaterra y de Flandes.

Contando con la colaboración del cardenal Reginald Pole, logró reconvertir a Inglaterra al catolicismo, el 30 de noviembre de 1554.

El 29 de agosto de 1555 Felipe se dirigió a Flandes donde permaneció dos años. Allí se convirtió en rey de España y sus posesiones de ultramar, sucediendo a su padre, regresando a Inglaterra dos años más tarde. La guerra contra Francia a partir de 1555, determinó la pérdida de Calais, el 7 de enero de 1558, lo que enfureció al pueblo inglés.

Falleció el 17 de noviembre de 1558, a la edad de 42 años, sin haber tenido hijos. Sus restos descansan en la abadía de Westminster. Le sucedió su hermana Isabel I, a quien no pudo convencer de continuar con el catolicismo en Inglaterra, ya que tras una primera declaración en el sentido de continuar con la religión de su hermana, para lograr salir de su encierro en la Torre de Londres y tomar el poder, Isabel I, impuso el protestantismo en su patria.

Se recuerda a María como una reina cruel y sangrienta (bloody Mary) aunque no hay que olvidar que estas actitudes fueron sin duda la consecuencia de la triste historia de abandono y discriminación de la que la hizo objeto su propio padre.

26
Jul

Jane Grey

Publicado por Hilda el 26 de Julio de 2008 a las 04:04 pm

Jane GreyNació el 12 de octubre de 1537, en Bradgate Park, en el condado de Leicestershire, en el corazón de Inglaterra. Era bisnieta del rey inglés Enrique VII, que fue padre de su abuela María Tudor, a su vez, madre de su madre, Frances Brandon. Fue su padre, el tercer marqués de Dorset, Enrique Grey.

Recibió una esmerada educación, siendo su tutor John Aylmer, que también era tutor de Isabel I, su pariente, hija de Enrique VIII, hermano de su abuela. La última esposa de Enrique VIII, Catalina Parr, se ocupó de su educación y cuidado, desde los 9 años, hasta 1548 en que Catalina falleció.

El rey Enrique VIII, había tenido tres hijos vivos de tres diferentes matrimonios: María Tudor, hija de Catalina de Aragón, Isabel, hija de Ana Bolena, y Eduardo VI, heredero al trono por ser el único varón. A la edad de 9 años Eduardo VI, sucedió a su padre, pero a los 15 años, su débil salud se resquebrajó más aún.. Este rey, implantó en Inglaterra la iglesia anglicana, siguiendo el lineamiento de su padre, que ya había roto su relación con el Papa. Su hermana mayor, María, era católica y eso hacía que la corte rechazara su candidatura. Le seguían en orden sucesorio, Isabel, Frances Bradon, y luego Jane Grey.

Edward Seymour, duque de Somerset, tío de Eduardo VI, que también aspiraba acceder al trono, se casó con la hermana menor de Jane, Catherine Grey, que estaba aún después en la línea sucesoria. Edward Seymour fue acusado de traición por querer obtener el trono por medios ilícitos, siendo ejecutado el 22 de enero de 1552.

El duque de Northumberland, John Dudley, preparó el matrimonio de Jane Grey, que según algunas fuentes estaba enamorada de Eduardo VI, con el menor de sus hijos, llamado Guiford Dudley, para que se transformara en rey, pues apoyaba como sucesora al trono de Inglaterra, a Jane, intentando saltear a las otras tres candidatas que le antecedían en orden legal. El casamiento se celebró el 12 de mayo de 1553, sin consultar la voluntad de los contrayentes, por arreglo entre los padres.

El 6 de julio de 1553, la tuberculosis acabó con la vida de Eduardo VI, y con el apoyo cortesano, y el testamento real, Jane Grey, aún careciendo de derechos legítimos, asumió el mando real, cuatro días después. En contra de las aspiraciones del duque de Northumberland, su hijo no fue coronado por voluntad de la nueva reina. Tan solo nueve días pudo Jane Grey reinar, ya que María logró asumir el 19 de ese mes y año, solicitando a la reina derrocada que abjurara del protestantismo, sin lograr respuesta positiva.. La reina María I, tenía la aprobación de los católicos, pero el rechazo de los protestantes, que enterados de que la reina planeaba su matrimonio con el rey español Felipe II, organizaron una rebelión, liderada por Thomas Wyatt, que estalló en el mes de febrero de 1554. El líder revolucionario fue encarcelado. Jane Grey, de 16 años, aún cuando no pudo probarse su vinculación con el hecho, fue ejecutada junto a su esposo, cinco días más tarde en la Torre de Londres, ella en la Torre Verde y él en la Torre Hill.

Enrique Grey, su padre, fue ejecutado once días después. La represión contra sus adversarios religiosos alcanzó en este período tal magnitud que María I fue conocida como “bloody Mary” (la sangrienta María). Paul Delaroche (1797-1859) pintó la ejecución de Jane Grey, inmortalizando el hecho. En 1986, Helena Bonham, protagonizó a Lady Jane Grey, en el cine.

24
Jul

Carlos VIII

Publicado por Víctor el 24 de Julio de 2008 a las 11:15 am

Carlos VIIICarlos VIII (1470-1498) fue el último descendiente directo de la casa de Valois, y reinó en Francia entre los años 1483 y 1498. Nació del matrimonio entre Luis XI de Francia y Carlota de Saboya, siendo el único hijo varón que sobrevivió a su padre. Nació en Chateau d’Ambroise, un castillo situado en el valle del Loira; los contemporáneos hablan de él como un niño débil, enfermizo, algo lento y poco dispuesto a las labores de Estado, a pesar de su buena voluntad.

Muy distinta era su hermana Ana de Beaujeu, que se ocupó, junto a su marido Pedro de Borbón, de la regencia abierta en 1483 a la muerte de Luis XI, merced a la situación de minoría de edad del heredero Carlos. Esta regencia, que se extendió hasta 1491, hubo de afrontar graves dificultades, especialmente por parte de la nobleza que había sido hábilmente sometida por Luis XI, y que resurgía envalentonada por su muerte. Los regentes se vieron obligados a sacrificar buena parte de los avances centralizadores de Luis XI haciendo concesiones a la nobleza, entre ellos el duque de Orleans, futuro Luis XII. Su jugada maestra será la de conseguir que Ana de Bretaña se casara con el futuro Carlos VIII, contra la radical oposición de la duquesa, a pesar de provocar un enfrentamiento con Austria e Inglaterra. Carlos estaba prometido a la hija de Maximiliano de Austria, Margarita de Austria, que venía acompañada de una dota consistente en Artois y Borgoña, pero que finalmente la Corte francesa cambió por anexionarse Bretaña.

La invasión francesa de Bretaña tuvo lugar en un momento en que los austriacos no podían ayudar, y habiendo convenientemente neutralizado a Inglaterra mediante la paz de Etaples (1491), en la que el rey inglés aceptaba el control francés de Bretaña a cambio del pago de una gran suma de dinero y la retirada del apoyo francés al pretendiente Perkin Warbeck de la corona inglesa. La resistencia de la duquesa Ana de Bretaña resultará inútil, y después de ser capturada, será forzada a casarse con Carlos VIII, boda a la que acudió con dos camas (Ana tenía entonces catorce años). La duquesa, a lo largo de su vida, intentará mantener la autonomía de su ducado bretón, lo que podrá hacer en mayor medida a partir de la muerte de su primer marido.

Casado con Ana en 1491, Carlos VIII inicia su breve reinado con rumores de guerra en Italia. No en vano, el Papa Inocencio VIII, con motivo de los altercados provocados por las ambiciones de Fernando I de Nápoles en Italia, solicitará a Carlos que haga valer sus derechos sobre el trono napolitano, expulsando a su detentador en ese momento. También el duque Ludovico Sforza envió a sus emisarios para invitar a Carlos sobre Italia, este en 1493.

Tomándose muy en serio la amenaza, Fernando I intentó entrar en negociaciones con sus rivales italianos, pero fue en vano, y la invasión francesa siguió inmediata. Poco después moría Fernando I, siendo su hijo Alfonso II quien enfrentaría a los franceses.

Habiendo asegurado su retaguardia firmando pactos con Inglaterra y Austria, Carlos VIII entró en Nápoles con un gran ejército, en buena parte mercenarios suizos, atravesando Italia y poniendo sitio a Nápoles en 1495. Alfonso II fue obligado a huir y Carlos se coronó rey de Nápoles. No obstante, los excesos de los franceses en Italia y el rápido y aplastante avance de Carlos asustaron a los señores italianos y al propio Papa, que inmediatamente empezaron a conspirar contra el nuevo rey de Nápoles. Formaron la Liga de Venecia, que se enfrentará a Carlos en Fornovo, cerca de Parma, donde los franceses fueron derrotados por una coalición respaldada por el Papado, Venecia, Milán, España, Inglaterra y Austria, y dirigida por el condottiero Francesco de Gonzaga, duque de Mantua. Derrotados los franceses, los aragoneses de Fernando el Católico aprovecharon para tomar posiciones en Nápoles.

Malherido anímicamente por la derrota, Carlos VIII se retiró para rehacer sus fuerzas y planear el contraataque. Las campañas se retrasaron a causa de los problemas económicos que atravesaba el tesoro francés, especialmente en los años 1494 y 1495. En los años siguientes fue incapaz de dar una respuesta proporcional a la liga que lo había expulsado de Nápoles.

En abril del año 1498 murió, como consecuencia de un fuerte golpe en la cabeza. Tenía veintiocho años, y ninguno de sus siete hijos con Ana de Bretaña superó la infancia, yendo el trono a parar a otra rama de la familia Valois, los Orleans, en la figura de su primo Luis XII.

24
Jul

Carlos el Temerario

Publicado por Víctor el 24 de Julio de 2008 a las 08:35 am

Carlos el TemerarioCarlos el Temerario (1433-1477) fue quizás el más célebre de los duques de Borgoña, su personalidad fuerte y su amplia obra política han contribuido a su especial trascendencia, aunque no menos lo ha hecho su trágica muerte y el fin, tras ella, de su sueño borgoñón en centroeuropa. Hombre de grandes contradicciones, Carlos fue educado tanto en el uso de las armas como en el conocimiento de los clásicos, y fueron las historias de los grandes conquistadores de la antigüedad las que moldearon su personalidad agresiva y audaz.

Carlos nació en Dijon en 1433, hijo de Felipe el Bueno de Borgoña (duque entre 1419-1467) e Isabel de Portugal, hija de Juan I de Portugal. Desde muy niño, mientras duró su infancia en los Países Bajos, Carlos recibió una educación marcial y fue estrecho colaborador de su padre Felipe III, pero sus diferencias se fueron acentuando a medida que Carlos crecía. El joven conde de Charolais, dignidad que ostentó en tanto vivió su padre, veía en la política de Felipe el Bueno una sumisión a los intereses franceses, desde que se reconciliara con Carlos VII en 1435. Este rey francés, de hecho, estaba detrás del asesinato del padre de Felipe y abuelo de Carlos, Juan Sin Miedo. Orientado por la familia cortesana de los Croy, Felipe el Bueno mantenía buenas relaciones con los franceses, algo que Carlos detestaba.

Carlos, de hecho, tenía ambiciosos planes para Borgoña que no pasaban por la rendición a sus enemigos franceses. Inteligente y cultivado, Carlos había crecido con las historias de los caudillos de la antigüedad. Era, a la par de instruido, impulsivo, violento y prepotente. Odiaba recibir consejos y su coraje en el combate y a la hora de tomar decisiones rozaban lo temerario. Carlos soñaba con una Borgoña que uniese los Países Bajos y la Borgoña propiamente dicha, que en aquel entonces estaban separadas por Lorena (parte del Imperio) y la Champaña, del rey francés. Renacía así la posibilidad de que un gran reino mediase entre Francia y Alemania, una nueva Lotaringia en pleno Renacimiento, algo que el duque Carlos estuvo cerca de conseguir.

En 1452 ya daba señales de su agresiva actividad. En ese año, aplastaba una rebelión flamenca, pero no fue hasta el año 1465 cuando, por razón de las concesiones que su padre Felipe III realizaba al rey francés Luis XI, se hizo mediante la fuerza del poder en el ducado. Todavía faltaban dos años hasta que se convirtiera oficialmente en Duque de Borgoña, a la muerte de su padre, pero regía efectivamente el ducado. Recuperó los condados cedidos por su padre a Luis XI, la Picardía y Bolougne, después de los tratados que impone a Luis XI tras la batalla de Monthlery (1465), en la que había derrotado al francés.

Lieja se volvió contra él tras la muerte de Felipe el Bueno en 1467, con el apoyo de Luis XI, pero Carlos marchó contra el principado con sus tropas, derrotó a los resistentes y tomó Lieja. A su sometimiento acudió Luis XI como parte de los pactos de paz firmados con Carlos, en los que además de la humillación de contemplar el sometimiento de sus aliados, el rey francés se comprometía a entregar a Carlos la Champaña, entre otros territorios. Pero Luis XI faltó a su palabra y no hizo entrega de lo acordado, acusando al duque de traición, a lo que Carlos respondió atacando Beauvais sin éxito.

En adelante, la política de Carlos irá dirigida a conseguir ser coronado rey. Se había convertido a la sazón en uno de los nobles más poderosos de Europa, lo que quizás inquietó al Emperador Federico III, que había acordado coronarlo en Trier. El emperador no acudió a la cita en 1470, y Carlos no alcanzó el título real.

Esto no le impidió tener papel destacable en todas las querellas dinásticas y nobiliarias de la región centroeuropea. Su ambición terminó con el agotamiento de sus aliados, y un enemigo en cada señorío. Se negó a restablecer al archiduque de Austria, Segismundo, sus posesiones en Alsacia, por la devolución de una suma de dinero por la que le había sido cedida. Intervino en los asuntos internos de la confederación suiza, que luchaba contra Yolanda de Saboya (aliada de Carlos), y desafía al duque de Lorena por la sucesión del ducado, donde ocupó Nancy.

Con Eduardo IV colaboró para su invasión de Francia y proyectada coronación como rey francés (1475), pero por el tratado de Picquigny, Luis XI compraba la paz al inglés y conseguía su renuncia al trono de Francia. En 1476, el desposeido duque de Lorena y sus aliados suizos lograron arrebatarle Nancy, a lo que Carlos reaccionó atacando con su ejército, siendo derrotado y muerto el 5 de enero de 1477.

Su ambicioso programa político, orientado a convertir Borgoña en un poderoso reino que abarcase un amplio territorio entre los Países Bajos, Champaña, Borgoña, Alsacia y Lorena, se vino inmediatamente abajo cuando uno de sus más estrechos aliados lo traicionó en Nancy, dándole muerte y abandonando su cadáver en el campo. Había casado en segundas nupcias con Isabel de Borbón, que le dio a su única descendiente, María (esposa de Maximiliano de Austria). En 1468 volvió a casar, esta vez con Margarita de York, sin hijos.

Su cadáver mutilado fue encontrado en las cercanías de Nancy, devorado por las fieras, y trasladado a la cripta de la familia hasta que en 1550, su bisnieto Carlos I de España y V de Alemania, lo trasladó a Brujas, donde fue sepultado junto a su hija María.

A imagen de los caballeros de antaño, Carlos, como buen militar, tenía por divisa de batalla Me atrevo.

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