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29
nov

Los hebreos

Publicado por Hilda el 29 de noviembre de 2006

Los hebreosOriginarios de la Baja Mesopotamia, se dirigieron, conducidos por Abraham, hacia el siglo XIX a. C. hacia Palestina, llamada Canaán, una región cálida, situada entre el desierto de Arabia y el mar, donde sólo llueve en invierno, y por lo tanto hay grandes extensiones de tierras áridas, distinguiéndose cuatro regiones: las costas del mar Mediterráneo, las montañas de Galilea, Samaria y Judea, los valles y el desierto.

Los hebreos, pueblo de origen semita y conformado por pastores nómades, estaban organizados en 12 tribus.

Por medio de la violencia o fusionándose con otros pueblos fueron ocupando el territorio palestino, tomando cada una de las tribus territorios bajo su dominio.

Cada tribu estaba gobernada posiblemente por un consejo de ancianos y ante conflictos de gravedad extrema como una guerra o crisis interna, se elegía un Juez o líder. Uno de sos líderes fue Moisés, quien logró liberar a su pueblo del cautiverio egipcio al que se vieron sometidos y recibió de dios, las Tablas de la Ley, en el monte Sinaí. Su lugarteniente, Josué, que había dirigido la conquista del territorio, fue quien dividió la tierra entre las familias.

Este primer período de su historia se conoce con el nombre de período de los jueces y comprende, entre los años 1250 a 1030 a. C.

Sin embargo los jueces no ofrecían la seguridad adecuada al pueblo hebreo que se veía amenazado por los filisteos, pueblo proveniente de Creta, y fue necesario establecer un gobierno más poderoso para asegurar la defensa del territorio.

Por esa razón los jueces fueron reemplazados por reyes, originándose a partir del siglo XI a. C. una monarquía, que controlaba a todas las tribus.

El primer rey hebreo fue Saúl que pereció en la lucha con los filisteos. Su sucesor, David, tras conquistar Jerusalén y convertirla en capital del reino realizó la expansión territorial. Su hijo Salomón, continuó la política progresista incrementando el comercio, firmando alianzas con los egipcios y fenicios, e incentivando la actividad militar. Sin embargo su obra pública, que incluyó la construcción de grandes templos, como el de Jerusalén, dedicado a Yahvé, su Dios, demandó fuertes costos sociales que incluían el trabajo obligatorio y altos impuestos.

Al morir Salomón, las tribus se dividieron conformando dos reinos: las diez tribus del norte fundaron el reino de Israel, estableciendo la capital en Samaria y las tribus de Sur, fieles a la dinastía de David, el reino de Judea, conservando como capital a Jerusalén.

Los asirios, en el año 722 a. C conquistaron el reino de Israel, subsistiendo el de Judea hasta el año 586 a. C. cuando fue conquistado por el Imperio Neobabilónico. El Templo de Jerusalén fue destruido y algunos habitantes se radicaron en Babilonia, donde residieron por espacio de 70 años, donde los judíos profundizaron su fe, como única garantía de supervivencia de su pueblo, hasta la conquista persa del territorio babilónico en el año 538 a.C. donde fueron autorizados a volver a Palestina y pudieron reconstruir el Templo.

Alejandro Magno, de Macedonia, impuso su dominio sobre los hebreos, convirtiéndose Judá en centro de batalla entre Siria y Egipto, y muchos judíos se rebelaron contra su sometimiento, entre ellos, los Macabeos, Judas y su hermano, pero murieron asesinados. En el año 60 a. C. sufrieron la conquista del Imperio Romano, quienes destruyeron el segundo Templo de Jerusalén, en el año 70, bajo el reinado del emperador Tito, al reprimir una rebelión. Así se originó la diáspora, que significa dispersión, aludiendo a la vida, que a partir de entonces llevaron los hebreos, fuera de Palestina, ya que los que sobrevivieron a esta matanza fueron vendidos como esclavos en todo el Imperio.

La particularidad de los hebreos, fue la de elaborar una religión monoteísta, erigiendo como único Dios, a Yahvé, cuya representación estaba prohibida y que había establecido una alianza con el pueblo de Israel, para realizar sus propósitos mediante las acciones humanas de este pueblo favorecido por la divinidad. Esta les había otorgado la Torá o Pentateuco, donde contaban los mandamientos de Yahvé que debían respetarse. Este pensamiento ha llegado hasta nosotros, a través de la Biblia, texto santo de casi toda la humanidad.

Creían en un mundo justo en el que los humanos debían seguir las reglas establecidas para no corromperlo. Dios enviaría un salvador a la Tierra (Mesías) que aún para los hebreos no ha llegado. Entre los cristianos ese Mesías llegó encarnado en Jesús.



26
nov

El Código de Hammurabi

Publicado por Hilda el 26 de noviembre de 2006

El Código de HammurabiHammurabi gobernó Babilonia, entre los años 1792 a. C. y 1750 a.C. siendo el sexto rey de la dinastía babilónica, realizando una tarea unificadora del reino, entre la que se destacó su obra legislativa.

El Código de Hammurabi fue el primer código legal de la historia. Su contenido es posible conocerlo, merced al hallazgo, por parte de arqueólogos franceses en 1902, de una losa de basalto (estela), donde están escritas las normas con caracteres cuneiformes, en lengua acadia. El descubrimiento fue realizado en Susa, Persia, lugar al que fue conducido como trofeo de guerra por los elamitas en el siglo XII a.C., y se conserva actualmente en el Museo del Louvre, en París. Mide casi 2,40 m. de altura y posee 3.600 líneas.

Su importancia radica en establecer la aplicación de sanciones por parte de un organismo estatal específico, reemplazando la venganza privada y compilando las costumbres de los sumerios.

La imagen de un rey erguido, recibiendo del dios Ashmash, dios del Sol y la justicia, las reglas a cumplir, consta en la parte superior, seguida de un prólogo, 282 leyes y un epílogo, donde se regula la vida social y económica en todos sus aspectos, estableciendo un riguroso e implacable sistema penal.

El prólogo explica los motivos que lo inspiran a la redacción de este sistema de leyes, y comienza así:

“Cuando Anu y Enlil, señores del cielo y de la tierra, que determinan los destinos del mundo, entregaron a Marduck, hijo de Ea, el dominio de la humanidad; cuando ellos lanzaron el nombre de Babilonia y lo hicieron grande hasta los cuatro ángulos de la tierra…, me llamaron a mí, Hammurabi, el príncipe excelso, el que honra a los dioses y hace prevalecer la justicia sobre el suelo para destruir el mal, para que el fuerte no abuse del débil, y para que yo pueda, como Ashmash, levantarme sobre los hombres de cabeza negra, para mejorar la tierra y llevar la bendición a los humanos…”

Los castigos eran muy crueles, estableciéndose, por lo general la conocida “Ley del Talión” que significaba “ojo por ojo, diente por diente”, o sea que quien cometía un delito sería sancionado con un padecimiento similar al daño ocasionado. Por ejemplo: “Si un hombre destruye el ojo a otro hombre, se le destruirá el ojo”, “Si un hombre destruye el hueso a otro hombre, se le romperá un hueso a él”, “Si un hombre hace un agujero delante de una casa para entrar a robar, se le matará y enterrará delante del agujero”, “Un falso testimonio sobre grano o moneda se castigará con pagar la cantidad que él ha acusado a otro” La pena de muerte era frecuente aún para delitos menores, como la vagancia. Sin embargo, llegó a distinguir entre el homicidio intencional y el accidental.

Había igualdad ante la ley relativa, atento a la existencia de una sociedad profundamente jerarquizada, donde la protección legal no alcanzaba en modo alguno al último escalón, compuesto por los esclavos (wardum), cuya posición provenía de las guerras o por deudas impagas. Establecía por ejemplo: “Si un hombre encarcela a otro por deuda, y éste muere en casa del acreedor, no hay razón de más disputa”.

Sin embargo, siendo los esclavos propiedad de un dueño, el atentado contra su físico ocasionaba un daño susceptible de ser reparado aunque con valor menor. Así se establecía: “Si un hombre destruye o rompe un hueso de un esclavo, pagará media mina de plata”. El mismo daño, ocasionado a un liberto (esclavo que ha recuperado su libertad) determinaba una condena de una mina de plata.

Con respecto a la familia, si bien las normas eran sumamente estrictas y establecían la superioridad del hombre, existió respeto hacia la figura femenina. Se disponía en algunas de las setenta disposiciones sobre este tema: “Si un hombre toma esposa, y no ha hecho contrato, el matrimonio no es legal”, “Si se sorprende a la esposa de un hombre acostada con otro hombre, se atará a los dos adúlteros y se los echará al río. El marido tiene derecho a perdonar a la esposa y el rey puede también salvar al hombre”, “Si un hombre ha abusado de una virgen que vive con su padre, él será condenado a muerte y ella quedará libre”, “Si un hombre acusa sin pruebas mujer de haber dormido con otro hombre, ella puede justificar su inocencia con un juramento e irse a casa de su padre…”.

Un poco más protegidos estaban los trabajadores, que dependían del Templo o del Palacio (mushkenum) y por encima de ambas categorías estaba la de los awilum constituida por la burocracia real, los oficiales del ejército y los propietarios de tierras.



26
nov

Sumerios y Acadios

Publicado por Hilda el 26 de noviembre de 2006

Sumerios y acadiosLa palabra mesopotamia proviene del griego y significa “entre ríos”, aludiendo a su ubicación geográfica entre los ríos Eufrates y Tigres, que nacen en las montañas de lo que en la actualidad es Turquía y desembocan en el golfo Pérsico. Los dos ríos corren paralelos, y crecen regularmente cada primavera, pero su crecida no dura tanto como la del Nilo, en Egipto. El territorio mesopotámico es actualmente ocupado por la República de Iraq.

En un clima cálido y seco, bañada por dos ríos impredecibles en sus crecidas, creció esta civilización, que no contando con fronteras naturales permitió que las poblaciones de distinto origen étnico, se incorporaran o emigraran en forma continua, reconociéndose tres zonas:

La alta Mesopotamia, ubicada al norte, a ambas márgenes del curso superior del Tigres, conocida antiguamente como Asiria.

La baja Mesopotamia, situada en la desembocadura de los ríos, que conforman un delta, constituyendo una zona pantanosa que se conoció con el nombre de Súmer

La Mesopotamia media, era una planicie fértil, denominada Akkad o Babilonia.

En este informe nos referiremos a las dos últimas zonas.

La constante incorporación de pueblos diferentes, dio lugar a culturas simbióticas aunque muchas veces los encuentros originaron enfrentamientos violentos.

La organización política fue en forma de ciudades-estados en un principio, para luego centralizar el poder y unificar el territorio, originándose el Primer Reino Babilónico.

Las primeras ciudades-estados, establecidas cerca de algún curso de agua y fuertemente amuralladas, fueron fundadas por los sumerios, alrededor del año 3000 a. C, como entidades independientes en sus aspectos político, económico y religioso.

Los sumerios, provenían probablemente de las colinas de Asia central e ingresaron a la Mesopotamia a través del Golfo Pérsico, llamando Súmer al territorio por ellos ocupado (Baja Mesopotamia).

La vida cultural giraba en torno al Templo, denominados ziggurat (montaña sagrada) construidos en forma de pirámide escalonada, lugar donde moraba el dios principal de la ciudad, que era el patrón de una actividad determinada. Por eso todas las tareas se hacían en su nombre. Pero, además en el Templo se realizaban actividades pedagógicas, como enseñar a leer y escribir o sociales, como la ayuda a los necesitados. También servía como almacén de granos y en lo judicial, se tomaban los juramentos correspondientes a los procesos. Los templos eran dueños de tierras que los campesinos trabajaban.

Cerca de los ziggurat estaba el Palacio, donde residía el gobernante, al principio, un rey-sacerdote elegido por el pueblo, que luego, al convertirse el cargo en hereditario, recibió el título de Ensi, siendo considerado representante del dios de la ciudad, lo que le confería inmensos poderes. Ejercía funciones militares, como la defensa de la ciudad, y religiosas, organizando el culto. Era quien otorgaba trabajo y distribuía las tierras, que estaban ubicadas fuera de la ciudad amurallada, en una sociedad jerarquizada. El Ensi se transformó en Iugal cuando por razones de dominio de una ciudad sobre otra, extendieron sus territorios y el rey-sacerdote debió asumir funciones militares.

Los dueños de las tierras eran el Templo, el Palacio y algunos particulares, que se habían convertido en terratenientes y controlaban el comercio fluvial y de caravanas. Todos ellos residían en la ciudad, al igual que los sacerdotes y la burocracia real, que vivían merced a los excedentes de la producción agrícola. También en la ciudad vivían los artesanos.

Los campesinos residían en los campos, fuera de la ciudad, dedicándose a la actividad principal, que era la agricultura. Sus cultivos principales eran el trigo, la cebada, el sésamo y los dátiles. Aprendieron a controlar los desbordes del río Eufrates, desecando la ciénaga que se formaba tras las inundaciones e irrigaron los desiertos, creando verdaderas técnicas de riego.

También se dedicaban a la cría de ganado caprino, ovino, porcino y en menor medida, al vacuno, utilizando al asno como medio de carga.

Practicaron el comercio, importando maderas, metales, y piedras preciosas. La exportación hacia Egipto, el valle del río Indo y el oeste de Asia, comprendía lana, objetos de bronce, dátiles y granos.

Las principales ciudades súmeras eran Eridu, Lagash, Nippur, Kish y Ur, que al enfrentarse entre sí, se debilitaron, permitiendo su dominación por un pueblo de origen semita y nómade, los acadios, originarios de la península arábiga.

Los acadios, que hablaban una lengua semejante al hebreo y al árabe, con gran poderío militar, ocuparon el centro de la Mesopotamia, para dominar a los súmeros, en el año 2350 a. C. liderados por Sargón.

La invasión acadia, produjo una asimilación cultural de ambos pueblos ya que los conquistadores adoptaron la religión de los súmeros y muchas de sus costumbres, pero difundieron su propia lengua y en lo comercial, introdujeron piezas de metal como medio de pago. Establecieron la capital en Kish, y tras conquistar las ciudades súmeras, se expandieron trasponiendo el Éufrates, conquistando Elam, al este, Assur al norte, y por el oeste llegaron hasta las costas mediterráneas.

Las ciudades súmeras si bien conservaron la posibilidad de autogobernarse, estaban subordinadas al rey acadio, lo que les restaba autonomía. Sin embargo, aprovechando los ataques de los guti, un pueblo montañés, las ciudades súmeras lograron rebelarse y obtener su independencia, aunque no pudo impedirse que algunas ciudades ejercieran supremacía sobre las demás, y desembocaran en problemas internos que permitió en el año 1900 a. C. el dominio de los amorreos.

Los amorreos eran un pueblo de origen semita, originarios de Siria, que paulatinamente fueron conquistando la Mesopotamia, controlando el poder a través de sus reyes, estableciendo la capital en Babilonia, ciudad a orillas del Éufrates. Uno de ellos, Hammurabi, que ejerció el poder entre 1792 a. c y 1750 a .C., produjo la unificación del territorio, fundando el Primer Reino Babilónico, reconociéndose al rey como Dios.

Este rey divinizado, dotado de inmenso poder, gobernaba desde el palacio, todo el reino, a quienes les impuso el Dios principal Marduk, la lengua acadia y un sistema legal único. Todos los funcionarios de las distintas ciudades eran designados y controlados por el rey.

Sin embargo, con la muerte de Hammurabi el reino babilónico se debilitó, permitiendo la invasión de indoeuropeos y hacia el año 1600 a. C., fue destruido por los hititas, que se radicaron en la meseta de Anatolia (actual Turquía), construyendo un imperio.

Esta invasión permitió que otros pueblos del mismo origen invadieran la Mesopotamia. En la zona norte, los hurritas fundaron el reino de Mittani, y Babilonia fue dominada por los cassitas, procedentes de las tierras altas de Elam, al noroeste de Babilonia, utilizando tal vez por primera vez el caballo en los campos de batalla. Su poder duró 500 años.

Estas primeras oleadas invasoras, siguieron repitiéndose por parte de otros pueblos que desplazaron a los primeros hacia el año 1200 a. C. Se trataba de otros indoeuropeos, conocidos como “pueblos del mar”.



22
nov

Las guerras púnicas

Publicado por Hilda el 22 de noviembre de 2006

Las guerras púnicasTras la anexión por parte de Roma, de la Magna Grecia, ocurrida a principios del siglo III a. C., surgió la rivalidad entre Roma y Cartago, por el dominio del Mediterráneo occidental.

Los inicios del conflicto se remontan a cuando la ciudad de Mesina, originariamente una ciudad griega, luego tomada por los oscos, llamados mamertinos, fueron atacados por Hierón II de Siracusa. Los griegos de Sicilia, se resistieron a ayudarlos, y entonces, los oscos, decidieron pedir ayuda a los romanos.

Los cartagineses se unieron a Hierón II, y juntos cercaron la ciudad de Mesina, pero fueron atacados por los romanos. A pesar de que Hierón abandonó la alianza con Cartago y negoció con Roma, la lucha entre Roma y Cartago prosiguió y se recrudeció.

La base cartaginesa de Agrigentum fue tomada por los romanos, en el año 261 a. C. y en el año 260 a. C. los vencieron en Mylae.

Los romanos habían logrado crear una poderosa flota, lo que les confirió un gran predominio naval. Sin embargo no todas fueron victorias para ellos, ya que sufrieron una importante derrota cuando atacaron Cartago en forma directa. Luego de vencer en Palermo (251 a. C.) fueron derrotados en Dreana (249 a. C.).

Los romanos reconstruyeron su flota, víctima de las derrotas y de las tempestades, y en el año 241 a. C. lograron el triunfo definitivo en la costa occidental de Sicilia, en las islas Aegates, tras lo cual se firmó el Tratado de Lutacio, llamado así por ser Lutacio Catulo, quien lo ofreció, por el cual los cartagineses sufrieron duras consecuencias: devolver los prisioneros, evacuar la isla de Sicilia y abonar una cuantiosa indemnización. Así terminó la primera guerra púnica.

Aprovechando los romanos una revuelta entre los propios cartagineses, en el año 238 a. C., se apoderaron de Cerdeña y luego de Córcega.

Para hacer frente a sus pérdidas, los cartagineses, intentaron extender sus dominios hacia Hispania, estableciéndose un acuerdo con Roma para realizar sus conquistas al sur del río Ebro. Se sucedieron en el mando de las tropas cartaginesas, Amílcar Barca, Asdrúbal y finalmente Aníbal, en el año 221 a. C., quien atacó la ciudad de Sagunto, ubicada en la zona acordada, pero aliada de Roma. Tras rechazar a los emisarios romanos, que pedían su rendición, los cartagineses y romanos, se enfrentaron nuevamente.

Aníbal se dirigió hacia Italia, cruzó los Alpes, logrando el apoyo de los galos, que habitaban la llanura del Po, logrando vencer a los romanos en las márgenes de los ríos Ticius y Trebia, y en el año 216 a. C. la batalla de Cannas (Apulia), consagró a los cartagineses como triunfantes de una Roma que perdió aproximadamente 30.000 hombres.

Sin embargo, y a pesar del apoyo que Aníbal recibiera de Filipo V de Macedonia y del rey de Siracusa, el estratega romano, Fabio Máximo, ideó el plan de una guerra de desgaste, evitando las batallas abiertas.

Poco tiempo después los romanos vencieron en Capua y luego en Siracusa y en Hispania, los hermanos Escipiones derrotaron a Asdrúbal, y luego recuperaron Sagunto (214 a. C.), aunque fueron derrotados los Escipiones y muertos en el año 211 a. C. En el año 209, Publio Escisión (h), tomó Cartagena y en el 210 a. C. triunfó en Baecula.

Asdrúbal fue definitivamente derrotado por Claudio Nerón, cuando se dirigía a Umbría para unirse a Aníbal, quien se retiró a África, lugar que abandonó para dirigirse a Cartago, donde el ejército a cargo de Publio Escisión, intentaba imponerse.

La batalla de Zama, en el año 202, a. C. significó la victoria definitiva de Roma, donde Cartago fue condenada económicamente, viéndose privada de su flota y confinada a un área restringida. Este es el fin de la segunda guerra púnica.

La tercera guerra púnica fue realizada por motivos económicos, ya que Cartago, a pesar de su derrota, era una gran competencia en el comercio del Mediterráneo.

Aprovechando que los cartagineses habían respondido ante el asalto de Horóscopo, en su defensa, pero no podían hacerlo, sin el permiso romano, decidieron atacar. Los cartagineses trataron de descomprimir el conflicto condenando a muerte al jefe militar Asdrúbal y sus hombres, y brindando a Roma sus excusas, pero fue inútil, tras lo cual decidieron rendirse.

Cartago recibió la orden de ser destruida, pero los habitantes se reorganizaron a las órdenes de Asdrúbal a quien se le había concedido un armisticio a su condena a muerte, y lograron resistir el sitio romano, hasta que el nieto adoptivo de Escipión el Africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano, en el año 147 a. c. logró rodear completamente la ciudad, que comenzó a sufrir el desabastecimiento.

En el año 146 a. C. los romanos lograron entrar a la ciudad, entablándose una lucha encarnizada de seis días, donde vencieron los romanos y la ciudad fue destruida.

Al término de las guerras púnicas llamadas así por ser la denominación que los romanos daban a los cartagineses, pueblo de origen fenicio, las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega, el norte de África, y el sur y el este de España, se convirtieron en provincias romanas.



22
nov

La religión en la Antigua Roma

Publicado por Hilda el 22 de noviembre de 2006

Dioses romanosLos romanos tenían dioses para toda la comunidad, que representaban el culto oficial y dioses privados, pertenecientes a cada familia en particular, ya que cada una de ellas era una unidad política, económica y religiosa.

La tríada oficial estaba integrada por tres dioses de origen indoeuropeo: Júpiter, Marte, dios de la guerra y Quirino, que era el rey Rómulo divinizado. Esta tríada fue reemplazada, bajo la influencia etrusca, por Júpiter, Juno y Minerva, representados con forma humana (antropomorfismo).

Había dioses que representaban a las fuerzas de la naturaleza, llamados númenes a quienes se les rendía culto en los campos, cuevas y bosques.

El personaje dominante de la religión estatal, era el Pontífice Máximo, que ejercía autoridad sobre el resto de los sacerdotes, que no se dedicaban sólo a la función religiosa sino que eran aristócratas que además desempeñaban las magistraturas o cargos militares.

Entre los más destacados sacerdotes, pueden mencionarse, a los Pontífices, organizados en un colegio de quince miembros. Probablemente su nombre signifique “hacedores de puentes”, al ser esa su función en los orígenes. Su función era fundamentalmente jurídica, brindando asesoramiento legal y supervisando las fiestas estatales y el calendario.

Los augures se encargaban de consultar la voluntad de los dioses, para saber si un día era apto o no, para realizar alguna acción (fasto o nefasto). Para comprender esta situación observaban ciertos signos de los animales, como el apetito de los pollos sagrados o el vuelo de las aves.

Los auríspices, cumplían la misma función de adivinación que los augures, pero la consulta a los dioses la hacían a través de las entrañas de los animales sacrificados, costumbre heredada de los etruscos.

Las vestales eran sacerdotisas consagradas al culto de la diosa Vesta, siendo inviolables al igual que el templo. Ingresaban a los 16 años, y durante 10 años se desempeñaban como aprendices, luego ejercían la función de cuidar el fuego sagrado durante 10 años y luego pasaban otros 10, enseñando a las novicias. Durante su desempeño realizaban voto de castidad, que si no era cumplido, eran quemadas vivas. Debían limpiar el templo de Vesta los días 24 de marzo, 24 de mayo y 16 de junio de cada año.

Dentro de los dioses familiares estaban los lares o dioses del hogar que lo custodiaban y estaban siempre en él. Cuando la mujer, extraña a la familia se incorporaba, por justas nupcias, y antes de realizar el ritual de tomar los dioses del marido ante el fuego sagrado, el reciente esposo la cargaba en sus brazos para atravesar el umbral, para que los dioses que allí moraban no se enojaran, ya que ella aún conservaba sus propios dioses familiares. Las habitaciones de la casa daban a un patio, llamado atrio, donde en una capilla se les rendía homenaje. El fuego sagrado, siempre encendido, era símbolo de devoción y respeto. A cargo de la religión familiar se hallaba el paterfamilias.

Los penates, representados por dos jóvenes que sostenían el cuerno de la abundancia, protegían las pertenencias materiales de los miembros del grupo familiar.

Los manes eran los antepasados muertos, a quienes cada familia ofrecía rituales particulares.

Cuando se produjo la conquista de Grecia, los romanos tomaron como propios los dioses griegos a quienes cambiaron la denominación, a excepción de Apolo que continuó con el mismo nombre.

La equivalencia entre dioses griegos y romanos fue la siguiente:

Griegos-Romanos

Zeus-Júpiter (Dios principal, del cielo y del trueno)

Hera-Juno (Dios de la fertilidad)

Atenea-Minerva (Diosa de la sabiduría)

Ares-Marte (Dios de la guerra)

Artemisa-Diana (Diosa de la caza)

Hermes-Mercurio (Dios del comercio)

Hefesto-Vulcano (Dios del fuego)

Hestia-Vesta (Diosa del hogar)

Apolo-Apolo (Dios de la belleza, de las artes
y de la profecía)

Afrodita-Venus (Diosa del amor)

Deméter-Ceres (Diosa de a fertilidad)

Poseidón-Neptuno(Dios de los mares)

Dionisio-Baco (Dios del vino y de las
fiestas)

Eros-Cupido (Dios del amor)

Cuando Roma conquistó Oriente, su culto influye decididamente en los conquistadores, tiñendo su religión de un contenido moral, que hasta entonces carecía, ya que la religión romana se componía de una mezcla de ceremonias y ritos que intentaban solamente lograr el favor de los dioses. La religión oriental ofrecía la oportunidad de redención, otorgándole suma importancia a las comidas rituales, al sufrimiento como modo de perdón de los pecados y a las ceremonias de purificación.

Dentro de las ceremonias de purificación, se destacó la de taurobolium, primero dedicada al culto de Cibeles y que luego se extendió a otros dioses. En este ritual de purificación, el devoto era colocado en un hoyo y bañado con la sangre de un toro sacrificado.

El culto a la Magna Mater o Cibeles, diosa de la tierra y protectora de su pueblo, a quienes les otorgaba frutos y mieses; salud y protección, tuvo su origen en Frigia (Asia Menor), y fue adoptado por los romanos en el año 204 a. C., como resultado de una profecía que vaticinaba que esta diosa los ayudaría a vencer a Aníbal. Durante las conmemoraciones en su honor se recordaba a su esposo Attis.

Attis era el Dios de la vegetación, que había muerto y resucitado, manifestándose eso en las estaciones, realizándose en su honor, ritos frenéticos.

El culto de la muerte y de la resurrección también se ofrecía en honor al dios egipcio, Osiris, víctima de la maldad de su hermano Seth.

El culto a Mitra, dios iranio, estaba reservado a los hombres, sobre todo para los soldados, representándolo como un muchacho que está matando un toro. De la sangre del toro surgiría la vida vegetal y animal.

En el año 313 se adoptó el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano.



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