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Japón luego de su rendición

Publicado por Hilda


Al final de la Primera Guerra Mundial, Japón, al igual que Estados Unidos salió muy favorecido. Su industria se había consolidado a fines del siglo XIX, pero luego de la Primera Gran Guerra (entre 1914 y 1918) las fábricas se cuadruplicaron y se triplicaron sus exportaciones. El terremoto sufrido en Tokio en el año 1923 frenó este proceso expansivo ya que se debió invertir mucho dinero en obras de reconstrucción, esto se agravó en 1927 con la crisis bancaria y en 1929, su principal producto de exportación, la seda bajó su precio drásticamente.

Japón luego de su rendición

La democracia japonesa que había originado su denominación “Gran Bretaña del Lejano Oriente” pasó a dejar lugar a una política militarizada, sin llegar a los extremos del fascismo o el nazismo ni crear un partido único. Se desestimó la democracia parlamentaria y se creó la convicción de un nacionalismo extremo. Así fue como Japón firmó con la Alemania nazi una alianza en 1936 y entró luego en la Segunda Guerra Mundial, siendo la última potencia que sucumbió en el conflicto, cuando el presidente norteamericano Harry Truman utilizó la bomba atómica contra los japoneses. La rendición se hizo esperar, ya que destruida Hiroshima, Japón se negaba a capitular, lo que recién aceptó tras el estallido y la destrucción de Nagasaki. Eso ocurrió el 15 de agosto de 1945, y fue expresada por el emperador Hirohito de modo incondicional.

Luego de esta catástrofe, Japón quedó ocupada militarmente por Estados Unidos, de acuerdo a la declaración de Potsdam, siendo el poder ejercido por el general Douglas McArthur, quien como primera medida creó una red para distribuir los alimentos básicos. Se restablecieron las libertades públicas y se juzgaron a los responsables por los crímenes de guerra, manteniendo una relación de colaboración con el emperador Hirohito. El país estaba destruido, su población diezmada, su agricultura escasa, sus industria transportes y caminos devastados. La ocupación de Estados Unidos se prolongó hasta abril de 1952, luego de que firmaran la desocupación por el Tratado de San Francisco en 1951.

Una nueva Constitución para el desaparecido imperio de Japón fue sancionada en 1946 y el país adoptó como forma de gobierno una monarquía parlamentaria, quedando el emperador como figura simbólica, prohibiéndose la fuerza armada. Se dictó un documento que preveía pasos para la reconstrucción económica de acuerdo a un capitalismo atenuado con tintes socialistas, lo que incluyó una reforma agraria. Desde 1955 su crecimiento económico fue ejemplar.

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