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El Segundo Gobierno de Rosas

Publicado por Hilda

ANTECEDENTES

El 12 de diciembre de 1832, fue designado el Brigadier General Juan Ramón Balcarce, como Gobernador y Capitán General de la provincia de Buenos Aires, luego del primer gobierno de Rosas. Durante su gobierno se pretendió formar un estado fuerte, que evitara la concesión de las facultades extraordinarias. Se intentó ejercer un control por parte de los poderes legislativo y judicial, sobre el ejecutivo. Este grupo federal, defensor de las libertades públicas y privadas, deseosos de una organización constitucional para Buenos Aires y el país, tolerantes en materia de libertad de cultos, fueron llamados lomos negros o cismáticos, en oposición a los lomos colorados o apostólicos partidarios de Rosas, quien no consideraba aún el momento oportuno para dictar una constitución. Rosas era conservador, religiosamente ortodoxo y partidario del orden y de una férrea disciplina, defensor de los terratenientes ganaderos y de los humildes campesinos. Al renovarse la Legislatura, triunfaron los primeros.

Juan Manuel de Rosas

Rosas se hallaba ausente en la campaña por la conquista de territorios en poder de los indios, pero esta derrota en las elecciones legislativas impulsó a su gente, las clases humildes, sobre todo el campesinado, a realizar la “Revolución de los Restauradores”.

Mediante ella lograron que el 3 de noviembre de 1833, Balcarce quedara depuesto de su cargo. Esta revolución tuvo como causa la defensa del diario rosista “El Restaurador de Las Leyes” que había sido sometido a proceso al ser calificado de injurioso contra el gobierno. Al día siguiente, el mando como Gobernador y Capitán de la Provincia de Buenos Aires, fue asumido por tres años, por el Coronel Mayor, Juan José Viamonte. Comenzó una atroz persecución de los cismáticos que debieron exiliarse en Montevideo.

Durante el gobierno de Viamonte culminó con éxito la campaña del desierto a cargo de Rosas, quien recibió por ello concesiones materiales y honores.

Data de este período la formación de la Mazorca o Sociedad Popular Restauradora, organismo que basado en la política del terror persiguió implacablemente a los enemigos de Rosas.

Viamonte renunció el 27 de junio de 1834, y en esa oportunidad se designó como su sucesor a Juan Manuel de Rosas.

En esa primera designación no se le otorgaron las facultades extraordinarias, y Rosas por ese motivo, rechazó el nombramiento, por cuatro veces consecutivas. Luego de este cuarto rechazo fue nombrado para el cargo Tomás Manuel de Anchorena, el 14 de agosto de 1834, pero renunció muy pocos días después. Lo mismo hicieron sus sucesores, Nicolás Anchorena, Terrero, y Ángel Pacheco. Ante esta situación compleja el mando fue concedido, como gobernador interino, al presidente de la Sala de Representantes, Manuel Vicente Maza. Esta etapa de tantos cambios políticos se conoce con el nombre de interregnos.

LA LLEGADA AL PODER

La Sala de Representantes, designó a Juan Manuel de Rosas, el 7 de marzo de 1835, como Gobernador y Capitán General de la Provincia, con la “suma del poder público”, por el término de cinco años.

El caudillo porteño había logrado su cometido, no sólo se le habían otorgado las facultades extraordinarias que aspiraba, sino que estas nuevas atribuciones implicaban la concentración de todos los poderes en su persona. Los únicos límites que se le imponían era la defensa de la religión cristiana, cosa muy fácil para Rosas, pues esa era parte su ideología, y la causa nacional de la Federación, a la que Rosas adhería, aunque con características particulares (Ver primer mandato de Rosas).

Para lograr el consenso popular, el día 23 de marzo, por decreto, se consultó la opinión de los habitantes de la ciudad (los de la campañas ya era evidente que eran sus fieles partidarios), sobre si estaban de acuerdo con su designación y atribuciones. Sólo 4 de 9720 personas, estuvieron en contra.

POLÍTICA INTERNA

El sistema económico impuesto por Rosas, sólo beneficiaba a Buenos Aires en detrimento del reto del país. En Buenos Aires eran partidarios del sistema del librecambio. El resto de las provincias, deseaban un aumento de los impuestos a las importaciones para proteger a las industrias locales.

Ante la oposición del interior, Rosas dictó una ley, la Ley de Aduanas, el 18 de diciembre de 1835, por la cual aumentó el impuesto a las importaciones, liberó de contribuciones a los productos porteños, y prohibió la importación de productos producidos en el país, como trigo y harina. Así logró calmar la resistencia de las provincias. Esto terminó con el bloqueo francés, que impidió el cumplimiento de dicha norma legal. En 1848, terminados los conflictos externos no pudo pensarse en restablecer el proteccionismo, pues la economía argentina estaba arruinada. El librecambio, además, beneficiaba el comercio con Inglaterra.

Perfeccionó el régimen aduanero y recurrió para sanear las finanzas, no al aumento de impuestos, que perjudicaría a los terratenientes, sino a la venta de tierras públicas, para lo cual suprimió el sistema de enfiteusis. Las puertas de la universidad se cerraron y los asilos y orfanatos dejaron de recibir fondos del gobierno. Sin embargo, no dudó en asignar grandes sumas del presupuesto para gastos policiales y militares.

CONFLICTOS EXTERNOS

LA GUERRA CON BOLIVIA

Andrés Santa CruzEn el año 1837, se planteó un conflicto con Bolivia, presidida por el dictador Andrés Santa Cruz. Éste se había mostrado partidario de los unitarios argentinos, lo que Rosas corroboró con una carta que llegó sus manos, enviada por Lavalle a Santa Cruz. Éste último había intervenido en cuestiones internas que afectaron a las provincias de Salta, Jujuy. Catamarca, La Rioja y Tucumán, lo que hizo crecer la sospecha de que Bolivia deseaba extender sus fronteras sobre dichos territorios, sobre todo en los dos primeros.
Otra fuente de tensiones fue el rechazo, dos años antes, de la Legación argentina, acreditada en Bolivia, para establecer vínculos comerciales, fijar límites y solicitar la devolución de la provincia de Tarija.

Santa Cruz se negó a dar explicaciones sobre sus acciones, esgrimiendo el argumento de que Argentina no contaba con una autoridad nacional, lo que si bien era cierto, no justificaba la actitud, ya que Buenos Aires, había recibido por delegación de las provincias, el manejo de las relaciones exteriores.

El presidente boliviano, confirmó las sospechas cuando ocupó algunas ciudades de Salta y Jujuy. Rosas, primero cerró la frontera con Bolivia, y luego le declaró la guerra, el 19 de mayo de 1837. El mando de las tropas estuvo a cargo del gobernador de Tucumán, el general Alejandro Heredia.

Chile y Perú se unieron a la causa argentina, ya que ellos también estaban en conflicto con Bolivia. Chile le había declarado ya la guerra el 24 de diciembre de 1836, por el sometimiento en que se hallaba Perú con respecto a Bolivia, unidas ambas en Confederación.

El 23 de marzo de 1839, luego de un sangriento año de lucha, se estableció la paz, resultando vencida Bolivia.

Al iniciar la guerra, Rosas había declarado que el fin era la defensa de la soberanía territorial, y no su expansión, principio que respetó, ya que no reclamó al finalizar la contienda, la incorporación de Tarija.

EL CONFLICTO CON FRANCIA

Los ingleses habían conseguido varias prerrogativas en el territorio nacional, como la libertad de cultos y la posibilidad de eximirse del servicio militar, imposición que establecía la ley 1821, para los extranjeros con residencia de más de dos años en el país. Los franceses en 1829, solicitaron iguales derechos para sus nacionales., además de peticionar ventajas comerciales. Esto fue denegado por Anchorena, ministro de Relaciones Exteriores, quien alegó que no había tratados de reciprocidad entre Argentina y Francia.

En 1837, se renovó la cuestión por gestión del vice-cónsul francés, Roger, quien solicitó la liberación del francés César Hipólito Bacle, detenido en Santa Fe, acusado de conspirar contra el gobierno, a favor del dictador boliviano Santa Cruz y del grupo unitario. También pidió la baja para agunos ciudadanos franceses que se hallaban cumpliendo el servicio militar. Las tratativas prosiguieron en términos cada vez más agresivos, hasta que el 24 de marzo de 1838, Rosas fue intimado a cumplir con lo peticionado por parte del Jefe de la Escuadra francesa, Almirante Leblanc, que se encontraba en el Río de la Plata. Al no reconocérsele investidura diplomática para tratar el tema, Leblanc, con consentimiento del estado francés, bloqueó el puerto de Buenos Aires y el Litoral, con graves perjuicios económicos, sobre todo para la Aduana porteña.

Argentina solicitó la mediación de Inglaterra, quien deseaba solucionar la cuestión para no perder sus privilegios comerciales en el Río de la Plata. Argentina dejó clara la posibilidad de conceder la exención del servicio militar a los franceses, pero no en el pedido concreto del detenido, que ya había muerto, y de los soldados que estaban bajo bandera, cuya baja había sido solicitada, ya que cinco eran voluntarios y dos, estaban acusados penalmente.

Sin embargo, Francia no aceptó la mediación, estimulados por los unitarios de Montevideo, que veían la posibilidad de derrocar a Rosas, y le ofrecieron unir sus fuerzas, prometiéndoles a cambio grandes ventajas comerciales, si los unitarios llegaban al poder.

El ultimatum de Leblanc, no fue contestado por el gobierno argentino, y los franceses atacaron y ocuparon la isla de Martín García.

En agosto de 1840, la mediación británica fue aceptada, y se firmó el 29 de octubre de ese año, el tratado de Arana-Mackau, por el nombre de los representantes de ambos países en conflicto, a bordo de la cañonera francesa “Le Boulonnaise”.

Se disponía el pago de una indemnización a Francia, el levantamiento del bloqueo y la restitución de la isla Martín García, más los armamentos y buques de guerra capturados.

Se concedió una amnistía, salvo para los jefes y comandantes de cuerpos, a todos aquellos que se hallaran proscriptos desde los hechos del 1 de diciembre de 1828, contra Dorrego, siempre que depusieran su actitud hostil.

Buenos aires tenía la obligación de respetar la independencia del Uruguay y se establecía el trato de súbditos de las naciones más favorecidas a los franceses y argentinos residentes en el territorio del otro país.

EL BLOQUEO ANGLO-FRANCÉS

En la República Oriental del Uruguay se había desatado la guerra entre Oribe y Rivera. El primero era apoyado por Rosas y sus partidarios, y el segundo por los unitarios y los federales contrarios a Rosas. El gobernador de Corrientes, Berón de Astrada, realizó una alianza con Rivera.

El 31 de marzo de 1839 se produjo un ataque contra Berón de Astrada, que se había sublevado, terminando con su vida.

El Club de los Cinco, formado por algunos miembros de la Asociación de Mayo, jóvenes de ideas liberales, realizaron un complot, dirigido por el coronel Ramón Maza, hijo del presidente de la Legislatura, pero fue descubierto, y Maza fue fusilado el 28 de junio.

En Montevideo, se había constituido la Comisión Argentina, armada por los franceses en apoyo del presidente oriental. Oribe había derrotado en suelo argentino a lavalle, que luego de haber estado exiliado en Montevideo, intentó derrocar a Rosas.

Posteriormente, Oribe regresó a Uruguay y estableció un gobierno opositor al oficial de Rivera en el cerrito. Rosas apoyó a Oribe iniciando, en febrero de 1843, el sitio de Montevideo y las costas uruguayas.

Esto explica que la guerra trascendía la frontera para mezclar ideologías de ambos países, que se asemejaban en sus problemáticas, sobre todo en el tema de la navegación de los ríos, tema que también les preocupaba a Francia e Inglaterra, quienes decidieron intervenir en el conflicto.

También se sumó Brasil, bajo el pretexto de que era necesario abrir la navegación de los ríos interiores para evitar el aislamiento de Paraguay. Francia aceptó participar para proteger a Uruguay frente a la intervención argentina, violando el tratado de Arana –Mackau por el cual se había obligado a respetar la independencia de Uruguay. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado por franceses e ingleses a partir de abril de 1845. La isla de Martín García fue nuevamente ocupada.

Rosas intentó fortificar el Paraná, pero el 18 de noviembre se produjo un encuentro armado en la Vuelta de Obligado, logrando abrirse paso la escuadra anglo-francesa.

En 1845-1846, se redujeron drásticamente las exportaciones inglesas a causa del conflicto. El canciller inglés Aberdeen renunció y el cargo volvió a ser ocupado por Palmerston que ordenó el retiro de las tropas inglesas del sitio de Montevideo.

El conflicto terminó con Inglaterra en 1849, con el Tratado Arana-Southern-Leprédour, pero éste último, en nombre de Francia, recién firmó una paz definitiva con Rosas en 1850.

Por esos acuerdos, Oribe fue reconocido como presidente uruguayo, se desarmó a los extranjeros en Montevideo, y las divisiones argentinas emprenderían el regreso. Fue devuelta la isla de Martín García y la navegación del río Paraná quedó como una cuestión a resolver por Argentina.

LA CAÍDA DE ROSAS

A partir de 1850, se produjo un renacimiento en la economía argentina. Aumentó la inmigración y se amplió la actividad industrial.

Pero ahora el problema provenía de Urquiza, el gobernador de Entre Ríos, antiguo aliado pero que ahora manifestaba autonomía en sus decisiones.

El 1 de mayo de 1851, se dio a conocer el “Pronunciamiento de Urquiza”, donde se declaraba que las condiciones físicas de Rosas le impedían continuar en el desempeño de sus cargos (de gobernador y de representación exterior del estado).

Brasil, Uruguay, Entre Ríos y Corrientes, firmaron en noviembre de 1851, un acuerdo para eliminar a Rosas de la escena política, a efectos de lograr la organización constitucional del país. La idea era liberar al pueblo de la tiranía de Rosas. El mando del ejército quedó a cargo de Urquiza, quien se comprometió a influir para que el nuevo gobierno estableciera la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay.

Bandera de la Batalla de Caseros
En la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, Rosas fue vencido por Urquiza, exiliándose en Gran Bretaña, donde vivió junto a su hija Manuela, hasta el 14 de marzo de 1877, fecha de su deceso.

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