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Hernán Cortés (III)

Publicado por Helena

Así empezaron las expediciones enviadas por Cortés y bajo su supervisión, para conquistar los mares del sur.
La primera de esa expediciones, tuvo lugar el 30 de junio de 1532, cuando Cortés envía a un pariente al que le tenía mucha confianza, en concreto a su primo, Diego Hurtado de Mendoza, para que explorara los nuevos mundos tanto las islas como los litorales de los mares del sur. La única condición que le puso a Hurtado de Mendoza fue, que dejara al margen los territorios del Nueva Galicia, que estaban gobernados por Nuño de Guzmán, que era un enemigo natural de Hernán Cortés. Nueva Galicia era el nombre de un territorio del virreinato de Nueva España (hoy en día Los territorios de Nueva España se corresponderían con los estados mexicanos de Nayarita, Jalisco, Colima, Aguascalientes, parte de Sinaloa, Zacatecas y San Luis Potosí) y debido a esa enemistad existente con Cortés, la intención era evitar un posible “roce” a cualquier coste.

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La expedición de Mendoza partió con rumbo al sur; fueron bordeando costas hasta llegar a las islas Marías, pero a su regreso cuando quisieron volver a tierra firme, para abastecerse de agua en los territorios de Nueva Galicia, no pudieron puesto que por orden de Nuño Guzmán se les había prohibido incluso llegar a puerto.

Los dos barcos que formaban la expedición, tuvieron dificultades: uno de ellos, al que más había castigado las inclemencias del tiempo, intentó el regreso y acabó en manos del gobernador de Nueva Galicia, quien hizo prisionera a toda la tripulación; el otro, navío el que iba capitaneado por el primo de Cortés, D. Diego Hurtado de Mendoza, decidió dirigirse al norte, y nunca más se tuvo noticia alguna del mismo. Por diversas informaciones recogidas más tarde, probablemente el barco sufriera un naufragio, en el que perecerían la tripulación y el capitán del barco.

Después del fracaso de esta expedición, partió la segunda en 1533.

Capitaneada por D. Diego de Becerra, partieron dos navíos a la conquista de los mares del sur: el Concepción y el San Lázaro. Pero a esta expedición tampoco le salieron las cosas, corriendo suerte distinta los dos barcos: a los pocos meses de salir del puerto de Manzanillo, el San Lázaro descubrió las islas de Revillagigedo, mientras que en el Concepción se había producido un motín que le costó la vida al capitán Diego de Becerra, y que hizo que tomara las riendas de la tripulación el segundo de a bordo, Fortín Jiménez.
Este, puso rumbo al noroeste hasta llegar a una bahía de lo que él consideró que era una isla. Sin embargo era una península, y aunque él nunca tuvo conocimiento de este hecho, quizás como una forma que tuvo el destino de hacerle pagar su deslealtad, había descubierto lo que hoy sabemos que es la Baja California.

En aquellas lejanas iterase encontraron con unos indígenas totalmente diferentes a los habitantes que poblaban las tierras del altiplano mexicano, los cuales estaban muy “civilizados”. Los aborígenes con los que se encontraron iban semidesnudos y hablaban una extraña lengua. Fue por esto por lo que el choque entre ambas culturas, la de los conquistadores españoles, y la de los indios aborígenes, no se hizo esperar.

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