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La Guerra Civil Catalana

Publicado por Raquel

Juan II de AragónCon este nombre se conoce un enfrentamiento bélico que tuvo lugar en Cataluña en el siglo XV, en los años finales de la Edad Media. Los bandos beligerantes fueron, por un lado, el rey junto a las clases medias y populares, y, por otro, la oligarquía catalana. La causa más directa de este conflicto fue la actitud de la monarquía frente a las pretensiones de la Generalitat (el gobierno catalán), pero debemos retroceder ciertos años para conocer los verdaderos motivos.

A mediados del siglo XV gobernaba en la Corona de Aragón el rey Alfonso V el Magnánimo, que había establecido su corte en la ciudad italiana de Nápoles. En esos momentos, se habían formado en Cataluña dos importantes secciones políticas, que aglutinaban a diversos grupos sociales. Por un lado, se encontraba la “Busca”, formado por las clases modestas catalanas. Por otro, la “Biga”, en la que se encontraba representada la oligarquía de la región. Alfonso V había favorecido enormemente a los miembros de la “Busca”, en detrimento de los más poderosos de Cataluña, que no tardaron en manifestar su malestar.

La lejanía de la corte de Alfonso V hizo que el monarca delegara el gobierno de Cataluña en su hermano, el futuro Juan II de Aragón, que por entonces reinaba en Navarra por una alianza matrimonial. En 1458 falleció el Magnánimo, que fue sucedido por su hermano. En estos momentos, comenzará un primer enfrentamiento con Navarra, por la cuestión sucesoria.

El trono de Pamplona debía pasar por herencia al hijo mayor de Juan II, el príncipe Carlos de Viana. El rey se negará a delegar la corona navarra a su hijo, con lo que estallaría una guerra interna en el reino que terminaría con la huída de Carlos a los territorios aragoneses en Italia. Con el tiempo, el príncipe volvería a la Península perdonado por su padre, aunque pronto le caería una nueva acusación de traición.

Es entonces cuando entra en juego Cataluña. La “Biga” apoyó al Príncipe de Viana en su lucha contra Juan II. De hecho, ante la amenaza de una inminente guerra, el rey se verá obligado a firmar las “Capitulaciones de Villafranca del Penedés”. En el texto, se recoge la autorización que necesitará Juan II para entrar en Cataluña, además de nombrar un lugarteniente perpetuo de la región, que debía caer sobre el príncipe Carlos.

De esta manera, las cosas parecían calmarse cuando en 1461, el Príncipe de Viana fallecía por causa de una enfermedad. El sucesor a lugarteniente fue su hermanastro Fernando (el futuro Rey Católico), administrado por su madre Juana Enríquez. La dura actitud de la reina provocó, de nuevo, el malestar de la Generalitat catalana, hasta el punto de que le declararon la guerra al rey, en 1462.

Comenzaba de esta manera la Guerra Civil Catalana, que se prolongaría por diez años. Los dos bandos beligerantes era, como ya se ha comentado, el Rey junto a la “Busca” frente a la “Biga”, que ejercía su poder desde la Generalitat. Este conflicto hay que enmarcarlo junto a otros de tipo social que ya se estaba produciendo en Cataluña por entonces: las “Guerras de Remensa”. Éstas enfrentaban a los campesinos frente a los señores oligarcas. De esta manera, Juan II se alió con estas clases más modestas para hacer frente común a la “Biga”.

Además, el rey aragonés contó también con un fuerte apoyo externo, como fue Castilla. Ésta alianza se afianzó mediante el matrimonio entre el príncipe Fernando e Isabel, hermanastra del rey Enrique IV. Así, las fuerzas castellanas contribuyeron fuertemente al final triunfo de la monarquía sobre la Generalitat catalana.

En 1472, tras una larga década de enfrentamientos, Juan II entraba en Barcelona y se firmaban las “Capitulaciones de Pedralbes”. Cataluña se rendía a la Corona y se declaraba la amnistía para los combatientes. Las consecuencias de este conflicto fueron numerosas, sobre todo desde el punto de vista económico, que dejaban a la región en una situación desastrosa.

La cuestión social todavía quedaría pendiente en décadas, ya que el resultado final de las “Guerras de Remensa” tampoco clarificó las diferencias entre los grupos. De hecho, en ello estuvo el germen de ambos conflictos, en un siglo caracterizado, en toda la Península, por las luchas sociales a todos los niveles.