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El Congreso Anfictiónico

Publicado por Hilda

Remontándonos a la Grecia clásica, era usual que un conjunto de ciudades culturalmente homogéneas se reunieran alrededor de un lugar sagrado. Por ejemplo, la anfictionía de Delfos, representaba a las 12 tribus de la región de las Termópilas, y estaba dirigida por un Consejo de 24 miembros.

La idea de este Congreso, en pleno siglo XIX, fue crear un gran estado americano, proyecto que ya antes de la independencia, estuvo en la mente de Francisco Miranda.

Congreso anfictiónico

En 1815, Simón Bolívar, había expuesto en su Carta de Jamaica, la necesidad de unificación, proponiendo como lugar de fusión el istmo de Panamá que comparó con el Istmo de Corinto, ubicado entre los grandes mares, que acercarán no sólo a los países americanos entre sí, sino que los comunicarán con Europa y Asia. En 1818, en cartas dirigidas al Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón habla con insistencia sobre el tema.

Mientras tanto, en Europa, en el año 1822, más precisamente el 22 de noviembre, los países miembros de la Santa Alianza, se reunieron en Verona, para devolver a España su régimen de gobierno absolutista. El 7 de abril de 1823, los “Cien Mil Hijos de San Luis” ejército francés, a solicitud del propio Fernando VII, entró en Cádiz y Fernando VII ocupó nuevamente el cargo de rey. Esto motivó la preocupación de los nacientes países americanos que veían una amenaza a su libertad recién estrenada, pues uno de los fines de los europeos absolutistas era reconquistar sus antiguas posesiones. Por lo tanto, además de la conveniencia interna de unir fuerzas en común para el progreso conjunto, se percibía una necesidad de alianza frente a una posible amenaza exterior.

La doctrina Monroe, propugnada por el presidente de Estados Unidos, James Monroe en 1823, brindaba apoyo paternalista a los países americanos ante cualquier intento de invasión por parte de la Santa Alianza.

La sede del Congreso, fue la ciudad de Panamá, por la importancia geográfica del istmo panameño, un lugar equidistante de todos los puntos extremos. Sin embargo, no era un lugar demasiado seguro por razones de salubridad y sumamente incómodo. La epidemia de fiebre amarilla y el clima inhóspito no fueron buenos augurios para la futura reunión integradora. El mentor, Simón Bolívar, quien cursó una misiva de invitación, fechada en Lima el 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la decisiva batalla de Ayacucho, a los gobiernos de México, Colombia, Chile, Río de la Plata y Guatemala, para reunirse en un plazo de seis meses, no tuvo en cuenta esas circunstancias.

En ella, se hace referencia a la necesidad, de que luego de 15 años de luchar por la libertad americana, se consoliden los respectivos gobiernos americanos y se fijen las relaciones entre ellos, bajo una autoridad supranacional.

Hace además, mención que dos años antes, cursó invitación como presidente de Colombia a los respectivos gobiernos de Perú, Chile, México y Buenos Aires a los efectos de unirse en confederación. El 6 de julio de 1822 entre Perú y Colombia se firmó un tratado de alianza y confederación, para unir sus esfuerzos que tenían como objetivo la reunión de un Congreso de la antigua América Hispánica. En el año 1823 Colombia celebró con México un tratado similar.

También fueron invitados, por intermedio Francisco de Paula Santander, en ejercicio del Poder Ejecutivo colombiano, Estados Unidos, cuyos delegados intervendrían sólo en los debates sobre los derechos de los neutrales, y el Imperio del Brasil. Inglaterra y Holanda enviaron observadores. Los representantes estadounidenses no pudieron participar ya que uno de ellos falleció, y el otro arribó tardíamente.

El Congreso tuvo lugar en el año 1826, con la concurrencia de los delegados de Perú, el Dr. Manuel Lorenzo Vidaurre y José María Pando, sustituido por Manuel Pérez de Tuleda. La representación de la Gran Colombia estuvo a cargo de Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez. Por Centroamérica arribaron Antonio Larrazábal y Pedro Molina y por México lo hicieron, Mariano Michelena y José Domínguez. Bolivia, estado creado luego de la batalla de Ayacucho, no llegó a enviar sus representantes a tiempo. Chile no los envió por hallarse atravesando una grave crisis interna. Las Provincias Unidas del Río de la Plata, no confiaron en esta voluntad de unión, ya que sospechaban de la creación de un predominio bolivariano. Los plenipotenciarios finalmente reunidos representaban a los estados actuales de: Colombia, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Venezuela El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Perú y México.

Las reuniones tuvieron lugar entre los días 22 de junio y 15 de julio, en el convento de San Francisco, donde fueron abordados temas que hacían a la unión y cooperación americana, a rechazar el período de la dominación hispánica, considerándolo nefasto para los intereses americanos, iniciando un plan hostil para obligar a reconocer la independencia de los confederados, decidir el futuro de aquellos pueblos que aún no habían obtenido su emancipación, como Cuba, Puerto Rico, Filipinas e Islas Canarias. También se habló de concretar la doctrina Monroe, para evitar la intromisión de Europa, con fines de imponer su política absolutista y abolir el tráfico de esclavos negros. Se discutieron los subsidios con que cada estado confederado debería contribuir y la fijación de los límites de los nuevos estados que se basarían en la teoría del uti possidetis, o sea la posesión efectiva territorial, de cada país al comienzo de la revolución libertadora.

En las sesiones, que fueron diez, se observaron las diferencias entre los representantes de cada país, que obstaculizaban de modo severo el proyecto de unión americana. Sólo se logró suscribir cuatro documentos por los cuales se trasladaba la sede del Congreso a México (villa de Tacubaya) en 1827, cuando se reanudaran sus sesiones, y se establecía la unión, Liga y Confederación Perpetua. Se imponía la reunión anual de una Asamblea General en época de guerra, y cada dos años en períodos de paz, con funciones fundamentalmente de arbitraje ante conflictos, pero cuyas decisiones no eran vinculantes. El principio del uti possidetis, no fue acatado, sino que los países representados se comprometían a realizar entre sí, tratados, respetando la integridad territorial de los demás estados. La soberanía de cada estado en sus relaciones exteriores fue preservada. Pero la decisión fundamental de establecer un organismo por sobre las autoridades estatales, formando una real Confederación, estuvo lejos de lograrse.

Los tratados a que se arribó debían ratificarse en Tabacuya, sede de las nuevas reuniones, pero no se logró tal objetivo, por lo que los fines de su creación fueron malogrados. Bolívar muy acongojado, lo calificó de una simple sombra, cuyos decretos serían solo tomados como consejos.

Sin embargo la idea de una América unida aún subsiste. Sobre la base de la idea originaria de Bolívar se llevó a cabo en Caracas, en 1997, el Segundo Congreso Anfictiónico “Por la unidad y la soberanía de nuestros pueblos”. En Panamá, dos años más tarde tuvo lugar el Tercer Congreso Anfictiónico Bolivariano, cuyo tema a tratar fue: “La soberanía y la globalización”. El Cuarto fue en 2001, en Buenos Aires, Argentina.

El 14 de junio de 2006 se realizó una Cadena Humana para conmemorar el 180 aniversario del “Congreso Anfictiónico de Panamá”, como actividad del Congreso Bolivariano de los Pueblos, formado el 27 de diciembre del 2003.

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