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La Religión Persa: El Mazdeísmo

Publicado por Hilda

Al comenzar el segundo milenio antes de Cristo, los arios ingresaron a las mesetas ubicadas entre el mar Caspio y el golfo Pérsico. La moral y disciplina de este pueblo fue admirada por los griegos, como Heródoto y Ctesias, y de sus escritos aprendemos parte de su religión. También de su libro sagrado: El Avesta, que aparentemente es sólo un fragmento del pensamiento de Zarathustra, ya que muchos escritos se quemaron en el incendio de Alejandro a Persépolis, la capital persa. Fue en el siglo XVII cuando se conoció el contenido del Avesta, gracias a la labor del francés, A. du Person, quien el al año 1771, lo tradujo al francés. El Avesta, posiblemente obra de Zarathustra, estaría compuesto de 21 obras diferentes, que abarca las distintas etapas de la historia persa. La última parte, relata la historia de Zarathustra y realiza una profecía sobre el fin del mundo.

La religion persa

Cuando los arios se asentaron en Persia, según el Zend-Avesta, su libro sagrado, había pocos animales domesticados. Entre ellos, estaban el perro y la vaca. El primero fue considerado parecido al humano, sólo de un rango inferior, castigándose al que lo maltratara. También se los hace responsables de sus actos. Por ejemplo, se condena a los perros que muerdan por primera vez a que se les corten las orejan. Si reinciden se le corta una pierna. Así, tras sucesivas veces se les agrava la condena.

Gracias a su profeta Zarathustra, abandonaron el nomadismo, y se hicieron sedentarios, para tener un lugar donde levantar un hogar y rendir culto a la divinidad. Este profeta, llamado Zoroastro por los griegos, y cuyo nombre real era Spitama Zarathustra, , predicó en el siglo VII a. C. Fue siempre una persona caritativa, capaz de compartir su alimento con los necesitados o de ayudar a quienes estaban en desgracia. Viajó por el mundo para averiguar donde existía el hombre más justo. Se dedicó a la meditación, informando los griegos que se mantuvo en silencio por siete años, buscando, muchas veces infructuosamente, llegar a la verdad, tratado de lograr que su pueblo, abandone las supersticiones irracionales. Recibió del señor del conocimiento, Ahura Mazda, las revelaciones que fundaron su doctrina.

Aceptó del viejo culto, el fuego sagrado, que purifica, transformando en humo y vapor lo impuro. A esto se añadió la santidad del agua, personificada en la diosa Anahitis, diosa secundaria con respecto al fuego, personificado en Ahura Mazda, ya que el agua no elimina como el fuego las impurezas sino que las clarifica. Más adelante, ya desaparecido Zarathustra, formarán una pareja, ambos dioses.

Zarathustra distinguió dos fuerzas en esta nueva religión llamada mazdeísmo: el Ahura Mazda que edifica y une, o sea el espíritu bondadoso, y el espíritu maligno, surgido como uno de los hijos de Ahura Mazda que se transformó en demonio, por su propia decisión, que desintegra y destruye, al que llamó Angra-Mainyu o Ahrimán. Esas dos fuerzas están en lucha permanente. Para ahuyentar al espíritu maligno no deben hacerse exorcismos, que agravarían el problema. El medio de luchar contra el mal y ayudar al bien, es aumentar la acción y las buenas obras, la fe y la verdad. El reclamo hacia los fieles es: Pensar bien, hablar bien y obrar bien. Entre los espíritus del bien y el del mal se ubican otros menores: seis espíritus de la luz, con cualidades morales, identificados con fuerzas naturales, a los que se le contraponen otros tantos de las tinieblas o del mal.

Uno de los cultos más difundidos fue el de Mithra, sobre todo a partir del siglo IV a. C., personificación del Sol, que se difundiría más tarde en Oriente y Occidente, sobre todo por la acción de las legiones romanas.

Zarathustra fue perseguido, y en esos momentos de hondo sufrimiento se encomendó a su Dios Ahura Mazda. Tardó aproximadamente 10 años en ser escuchado, y finalmente lo logró. Su primo Maidiomaná, fue el primero que adhirió a su fe. Transcurridos dos años, logró la adhesión del jefe Histaspes, con su corte íntegra, que realizó campañas para propagar la nueva religión entre los pueblos nómades vecinos, contra quienes peleó con el fin de desterrar su adoración hacia los espíritus malignos, que los alejaban de la vida sedentaria. Sobre todo mantuvo una lucha encarnizada contra los turanios, a quienes propuso pero sin éxito que le entregue cien adolescentes de ambos sexos para educarlos en la nueva fe, para que pudiera apreciar sus ventajas.

Heródoto relata algunos de los aspectos fundamentales del culto persa, de manera elogiosa y mostrando hacia ellos gran admiración. Nos dice que no tienen ni templos ni altares. Tampoco imágenes. Refiriéndose al culto de los magos, luego de la muerte de Zarathustra, nos cuenta que en las altas montañas ofrecen sacrificios a sus dioses: el del firmamento, al fuego, al Sol, a la Luna, al agua. En la mayoría de los casos, los rituales consistían en la entonación de himnos. Ameretat es protectora de las plantas y simboliza la inmortalidad. Se le contrapone Zarich, espíritu de la vejez. Anahita es el espíritu de la fecundidad y protectora de los guerreros, Apausha, es signo de sequía, en constante lucha con Tistrya, etc.

A pesar de la existencia de muchos dioses la adoración es hacia el dios principal, Ahura Mazda, por lo que puede calificarse su religión como monoteísta, ya que ese dios es el único creador del universo.

También nos relata Heródoto, la importancia entre los persas de las familias numerosas, donde el que más hijos ha procreado recibe un reconocimiento del Rey. Desde los cinco hasta los veinte años, los jóvenes son educados en montar a caballo, tirar al blanco y decir la verdad. La cosa más infamante es la mentira. Le sigue el hecho de contraer deudas.

Como cosa negativa relata Heródoto la costumbre persa de embriagarse, costumbre que Zarathustra no se atrevió a condenar por estar arraigada a sus costumbres. Lo hacían con una bebida sagrada llamada haoma.

Zarathustra murió asesinado, aunque surgieron numerosas leyendas que coronaron su trágico fin, envuelto en conjeturas divinas. Así se relataba que se disolvió en un rayo que envió el cielo para liberarlo de su agonía. Estuvo divinizado aún en el Libro Sagrado, poniéndolo como objeto de adoración en el mismo nivel que a Mazda. Estaba representado con alas y portando un cetro. Sin embargo más tarde se lo identificó con sus peores enemigos: Los Magos, seguramente sucesores de de los curanderos brujos a quienes Zarathustra trató de erradicar. Estos magos, viendo que no podían luchar contra la nueva fe, la adoptaron pero deformándola al combinarla con sus prácticas rituales.

Así el Avesta sufrió cambios, que le incorporaron ceremonias rituales como las de purificación para los que tocaran el cadáver de un ser humano o de un perro, ya que estas partes muertas son contaminantes. Si un hombre se corta el cabello, deberá enterrarlo. Lo mismo deberá hacer con las uñas. Para no contaminar con pelos y uñas, se deberá peinar o cortarse las uñas a una distancia de diez pasos del resto de las personas, para que no toquen los restos al caer.

El mazdeísnmo ejerció gran influencia en las religiones del Cercano y Medio Oriente. Los maniqueos en su doctrina dualista reconocen esta influencia. Las sectas de los paulicianos, cátaros y albigenses de la Edad media, sintieron también la impronta del mazdeísmo.

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