Historia

Carlos IV

Publicado por Víctor

Carlos IV nació en Nápoles (noviembre 1748) y murió en Roma (enero de 1819). Era el hijo mayor de Carlos III, rey de España entre 1759 y 1788, y María Amalia de Sajonia. Tuvo otro hermano mayor que quedó excluido de la sucesión por sus condiciones mentales desfavorables (Felipe Antonio, 1744-1801). El reinado de Carlos IV tuvo por principal escenario la agitación revolucionaria en Francia, que afectaba directamente a su familia borbónica en el país vecino, y que por todos los medios intentó evitar que se extendiese a España, y también las guerras napoleónicas en su primera fase, hasta 1808, cuando abdicó en su hijo Fernando.

Rey Carlos IV

Desde su infancia, Carlos IV mostró una sencillez de carácter a la par que escasas inquietudes intelectuales. Su padre desconfiaba de sus aptitudes como gobernante, que había ejercitado largos años antes de llegar a ser rey de España (Carlos IV se convirtió en rey con cuarenta años). En 1765 casó con María Luisa de Borbón, que le daría catorce hijos, aunque sólo la mitad llegaron a adultos.

Los comienzos de su reinado en 1788 fueron esperanzadores, en la medida que se prolongaban las políticas reformistas ilustradas de las que su padre fue partidario. La desginación de Floridablanca como primer ministro respondía a estos propósitos. Se llevaron a cabo políticas constructivas que pretendían mejorar la vida ciudadana y potenciar la economía. Pero pronto surgieron problemas notorios, como el empeoramiento de la Hacienda o el desorden de la administración, que empezaron a enturbiar el panorama. Lo más grave, no obstante, fue el estallido revolucionario en Francia en 1789, que inmediatamente transmitió el pánico a su difusión en la Corte de Madrid. La política de Floridablanca en este punto será la del aislamiento, la vigilancia estrecha de las fronteras para evitar el contagio revolucionario y la revitalización de medios represivos que llevaban mucho tiempo retirados, merced a los progresos ilustrados: por ejemplo, la Inquisición. Con ella comienzan detenciones y encierros de notables intelectuales.

La mayor preocupación de Carlos IV es el futuro de su pariente Luis XVI, así como la influencia revolucionaria en su propio reino. Caído en desgracia Floridablanca, en 1792 el conde Aranda, de ideas más abiertas, intenta entablar negociaciones con los revolucionarios para rescatar a Luis XVI. De nada sirvió, no obstante, pues la Primera República despoja a Luis XVI de sus poderes y proclama una Constitución liberal para Francia sin mediaciones monárquicas. El fracaso de la política de Aranda provoca su destitución y la llegada al poder de Manuel Godoy.

Hombre ilustrado y astuto, se decía que había llegado tan alto en la Corte por ser amante de la reina. Fracasó en intentar liberar a Luis XVI de los revolucionarios, que en 1793 lo guillotinaron. La actitud del rey ante todos estos sucesos fue por lo general pasiva, dejando actuar a sus subordinados que, como Godoy, gozaban de poderes plenos. La Convención declaró la guerra a España poco después de la ejecución de Luis XVI, y a pesar de los éxitos iniciales en el Rosellón de las tropas del general Ricardos, la guerra terminó convirtiéndose en un desastre. Las tropas revolucionarias entraron en Guipuzcoa, Vizcaya, Álava y hasta Miranda del Ebro, viéndose forzado Godoy a acordar una paz (Paz de Bayona, 1795) por la que entregaba a los franceses la isla de Santo Domingo y, lo que era más importante, la renovada amistad con Francia, esta vez como estado revolucionario. El resultado fue que, en 1796, Godoy declaraba la guerra a Gran Bretaña. Una guerra desastrosa contra los ingleses provocó la caída de Godoy en 1798. Pero la llegada al poder de Napoleón en 1799 hizo presión en España para restablecer relaciones cordiales con Francia, y eso suponía el retorno de Godoy. El rey contemplaba estos cambios casi como un espectador.

Napoleón, necesitado de la escuadra española para enfrentarse a Gran Bretaña, se congratuló con los borbones españoles, y Godoy, para satisfacerle declaró la guerra a los portugueses, aliados de Gran Bretaña, en 1802. Pero los éxitos de la guerra de las Naranjas se frustraron de golpe cuando la escuadra hispano-francesa fue destruida por los ingleses en Trafalgar (1805) dando al traste con el proyecto napoleónico de invadir Inglaterra. El bloqueo continental proyectado a continuación por Bonaparte requería la conquista de Portugal. El tratado de Fontainebleu (1807) repartía Portugal entre los franceses, la corona española y el propio Godoy, y además concedía derecho de paso al ejército francés por España. En la práctica, supuso la ocupación de España por el ejército napoleónico.

El príncipe de Asturias, Fernando, conspiró contra su padre y Godoy para ganarse el trono español, pero fue descubierto y capturado. Poco después, el motín popular de Aranjuez, provocado por la delicada situación económico-política del país, forzó a Carlos IV a abdicar en su hijo.

Preocupado por el carácter de la situación, Napoleón convocó a la familia real española a Bayona, en mayo de 1808. Allí, forzó a Fernando VII a devolverle el trono a su padre, lo que hizo. Pero Carlos IV había pactado previamente abdicar en José, hermano de Napoleón, lo que supuso el momentáneo alejamiento del trono español de la familia borbónica, y el fin del reinado de Carlos IV.

El rey y su esposa morirían en el exilio en la Corte papal, en 1819, después de haber sido prisioneros de Napoleón hasta 1814.

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