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La Batalla de Covadonga

Publicado por Pedro

A partir del año 630 cuando Mahoma conquista La Meca, el Islam se expande vertiginosamente por Asia, el norte de África y la Península Ibérica. Una vez depuesta la monarquía visigoda, el avance de los mahometanos se ve frenado en Europa en la año 732 en la batalla de Poitiers, reino Franco, siendo este el punto de máxima expansión del Islam en Occidente.

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En el año 711 los musulmanes aprovechando las rivalidades internas del reino visigodo penetran por el sur de la península Ibérica y en menos de una década se hacen con el control de prácticamente todo el territorio de los actuales países de España y Portugal.

La batalla de Guadalete, ese mismo año, supone el fin al reino godo. Sin embargo, un núcleo de exiliados, que logra escapar del domino musulmán, huye hacia el norte del territorio para cobijarse en los angostos y escarpados montes de la Cordillera Cantábrica para integrarse junto a las poblaciones autóctonas. De este componente humano nacerá el reino de Asturias en el año 718. Entre los acontecimientos primordiales de este período está la conocida Batalla de Covadonga.

La Batalla de Covadonga librada en el año 722, ha sido objeto de diversas interpretaciones. En el siglo XIX una corriente hipercrítica llegó a negar la existencia del combate. La pluralidad de interpretaciones se ve favorecida por las escasas fuentes históricas disponibles y por las premisas ideológicas de los historiadores. Estamos en un período histórico, la Alta Edad Media, en el cual las fuentes no abundan y por tanto muchos hechos son objeto de controversias.

Desde la vertiente cristiana las referencias a la batalla están descritas en la crónica de Alfonso III el Magno y la crónica Albendense. Ambas fueron redactadas a finales del siglo IX y por tanto no son contemporáneas a los acontecimientos narrados. Estos documentos se ven adornados en algunos casos con descripciones inverosímiles. Por otro lado, un cronista musulmán como Al-Maqqari califica a Pelayo de “asno salvaje” pero no hace mención a la pérdida de una batalla como la de Covadonga.

Pese a todo, la historicidad de la batalla es aceptada independientemente de su intensidad por los medievalistas actuales. El “casus belli” fue la negativa de los dirigentes astures a pagar impuestos como la yizia. La yizia era el tributo que debían pagar “las gentes del libro”, expresión que engloba a cristianos y judíos, para practicar su fe dentro del territorio dominado por los musulmanes.

Después de algunas escaramuzas el gobernador musulmán del norte de la península, Munuza, solicitó ayuda a Córdoba para sofocar a los belicosos astures. El contingente de soldados islámicos liderados por el general Al Qama es motivo de controversia. Las fuentes cristianas apuntan que llegó un ejército de 180.000 hombres, la gran mayoría de los cuales perecieron en la batalla. Autorizados medievalistas como Claudio Sánchez Albornoz rechazan esa cifra y aceptan solo a algunos miles de combatientes.

El bando astur estuvo comandado por el noble godo Don Pelayo (699-737) el cual fue según las crónicas el fundador del reino de Asturias y posteriormente figura emblemática y símbolo de la reconquista.
Don pelayoRespecto a la táctica militar empleada contra el invasor es similar a la utilizada por las poblaciones ubicadas en el norte de la península desde la invasión romana. Estos grupos humanos aislados geográficamente, por estar situados en parajes montañosos, abruptos y por tanto de difícil acceso, eran hábiles en la realización de emboscadas y en acciones de guerrilla. Divididos en pequeños grupos bien organizados y con el factor sorpresa a su favor hicieron fracasar, con un armamento tan rudimentario como las piedras, a la expedición musulmana de castigo poco dada a desenvolverse con soltura en este tipo de espacios.

Sea cual fuere la magnitud del enfrentamiento y el número de implicados lo cierto es que la Batalla de Covadonga marca un hito en la historia de España e históricamente es el punto de partida de la llamada Reconquista. Aún así, este término todavía es motivo de disputa entre los historiadores, en primer lugar porque es posterior a la famosa batalla, aparece en el siglo IX en tiempos de Alfonso III, y en segundo lugar porque los reinos cristianos implicados en este extenso proceso histórico no existían antes de la llegada del Islam con lo cual, y siguiendo este razonamiento, sus pretensiones sobre el territorio carecerían de legitimidad.

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