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La Segunda República Española. El Bienio Progresista (1931-1933)

Publicado por Raquel

El segundo intento republicano en la Historia de España nació el 14 de abril de 1931 y se prolongó una vez derrotados sus defensores en la Guerra Civil, el 1 de abril de 1939. Durante estos ocho años, se sucedieron varios períodos de diferente signo político y un conflicto armado que enfrentó a los españoles y que sepultó para siempre la República.

Alegoría de la II República Española

La derrota de los partidos monárquicos en las principales ciudades del país en las elecciones de 1931 provocó la renuncia de Alfonso XIII a la jefatura del Estado y su exilio del país. Era la consecuencia última de un fuerte sentimiento republicano que se había venido manifestando en los últimos años por medio de golpes de Estado y resultados electorales. La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) precipitó el desprestigio del rey hasta el punto que la victoria republicana en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 le hizo exiliarse del país. Dos días después, se proclamaba la II República española.

De 1931 a 1933 se desarrolló lo que se ha venido en llamar el “Bienio Progresista” o “Izquierdista”, debido al color político de sus gobernantes por aquel entonces. Niceto Alcalá Zamora asumió la presidencia de la República y Manuel Azaña, la del gobierno. Se iniciaba entonces un prolífico período de reformas a todos los niveles, que quedaron reflejadas en la Constitución de 1931. Algunos de los puntos más novedosos fueron el reconocimiento del voto femenino por primera vez en España, de los regionalismos o de la libertad de culto. Sus consecuencias no tardaron en aparecer, tanto para los votantes de uno u otro signo.

El fuerte sentimiento anticlerical que reinaba en algunas capas de la sociedad española provocó una gran oleada de ataques físicos a la Iglesia, que se tradujeron en quemas de conventos y parroquias. Alguna vez se ha confundido esta cuestión con la libertad religiosa que defendía la Constitución; pero fue una reacción popular al excesivo poder que hasta entonces ejercía la Iglesia.

Otra cuestión importante fue la reforma militar llevaba a cabo por Azaña. Entre otros puntos, se instaba al retiro de los militares que no juraran fidelidad a la República, a la motorización de la caballería o al cierre de la Academia militar de Zaragoza (en aquellos momentos, dirigida por Francisco Franco). Muchos militares no estuvieron de acuerdo con estas medidas, lo que más tarde les llevaría a actuar.

La reforma agraria fue, quizás, el punto débil de la República, pues resultó un verdadero fracaso. La intención primera fue la distribución de tierras y rentas entre los campesinos; para ello, se dictaron algunas expropiaciones a grandes terratenientes. Pero la nula colaboración de estos dio al traste con la medida. Además, con la llegada al poder de los partidos de derechas es 1933, estas expropiaciones se anularon, por lo que la reforma terminó en un intencionado intento, pero no en una realidad palpable.

La cuestión de los nacionalismos sí supuso un triunfo para aquellas regiones ávidas de ello. Fue el caso de Cataluña. En 1932 se aprobó un Estatuto de Autonomía y se restauraba la Generalitat, abolida en 1714, y cuyo gobierno presidió Francesc Macià. Su ejemplo fue seguido por otras regiones, como el País Vasco, Galicia o Andalucía, con suerte dispar, ya que en el período republicano sólo sería la primera quien disfrutara de otro Estatuto.

La reacción de los conservadores a todas las medidas de la República no tardó en llegar. En 1932, el general José Sanjurjo llevó a cabo un levantamiento en contra del sistema, que fracasó y terminó con su condena al exilio en Portugal. Sin embargo, un año después se produjo un trágico suceso que acabó con el prestigio del gobierno, precipitando la convocatoria de elecciones. En la localidad de Casas Viejas (Cádiz), un levantamiento anarquista en contra de algunas medidas de la reforma agraria fue brutalmente reprimido. Esta medida gubernamental hizo que, entre otros, Manuel Azaña fuese desprestigiado.

Las nuevas elecciones generales, celebradas en noviembre de 1933, darían un giro total a la política. Los partidos de derechas se hicieron con la mayoría, lo que provocó un cambio total en su política. Se iniciaba así el “Período Conservador” o “Derechista”, que nos llevará hasta febrero de 1936.

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