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El capitalismo

Publicado por Hilda

Concepto

Es un sistema económico, que se manifestó en Europa a partir del siglo XVI, para tomar gran auge luego de la Revolución Industrial (mediados del siglo XVIII) y extenderse luego a nivel mundial. Como su propio nombre lo indica, privilegia la acumulación de bienes (como cosas susceptibles de apreciación en dinero) y su inversión productiva, como fundamental motor de la economía.

El Capitalismo

Para Werner Sombart, sociológico y economista de origen alemán (1863-1941) se caracteriza el espíritu capitalista, por su ansia aventurero, por la idea del riesgo, que lleva al hombre capitalista, a ansiar el fin de lucro, más allá de la ganancia normal.

Otros autores, consideran que una economía puede llamarse capitalista, cuando trasciende el ámbito local, utilizándose el dinero para el intercambio. Por eso no hubo capitalismo en la Edad Media, caracterizada por la ausencia de intercambio comercial entre reinos, y basada la riqueza en la propiedad de la tierra y no en el dinero, salvo hacia fines de ese período en que comienza la transición hacia el capitalismo.

Los que avalan al capitalismo como sistema económico, sostienen que en la producción de bienes, el factor más importante es el capital, ya que gracias a él, se podrán instalar las fábricas, comprar las máquinas y abonarles el salario a los obreros.

En contraposición a esta afirmación, Carlos Marx, se opuso al capitalismo, elaborando su teoría socialista. Según Marx, los capitalistas, dueños del capital, representado en la propiedad de las fábricas, sus máquinas, y el dinero acumulado, son minoría en una sociedad, y son los que obtienen las ganancias (diferencia entre los costos de producción y de venta del producto) merced a la explotación de los obreros que trabajan para ellos, considerados ese trabajo como una mercancía que puede comprarse y venderse.

Evolución histórica

Ya dijimos que el capitalismo tiene profunda conexión con el desarrollo del comercio, que comenzó en el continente europeo, a partir del siglo XIII, con el consiguiente proceso de urbanización (traslado del campo a las ciudades) y el aumento poblacional.

Durante el siglo XV, se produjo con la expansión ultramarina europea, el descubrimiento de América, lo que contribuyó a fomentar la actividad comercial, y a acrecentar a riqueza de aquellos que se dedicaban a esta tarea de intercambio, ahora favorecida por la abundante riqueza en metales preciosos, hallados en el nuevo continente.

Dejó de utilizarse el trueque para los intercambios comerciales, generalizándose a partir del siglo XVI, el uso del dinero, medida simbólica representativa de valor, que podía asignar a los productos un valor de intercambio más real, y que cada estado podía emitir, según su respaldo en oro.

Con la actividad comercial, surgió una clase social vinculada a ella, la de los burgueses, llamada así porque sus miembros residían en los burgos o ciudades, dedicándose a tareas vinculadas con el comercio, o las financieras.
Esto se vio favorecido por el auge de la teoría económica mercantilista, que sostenía que cuanto más metales acumule un estado, más rico sería.

Pero sin lugar a dudas el despegue del capitalismo, fue durante la Revolución Industrial, hacia 1750, cuando con el desarrollo tecnológico, proliferaron las fábricas, que permitían producir las manufacturas (transformación de la materia prima en un producto elaborado (por ejemplo, hacer del cuero, zapatos) en serie.

Producir en serie significa que a través de las máquinas podían fabricarse muchos más productos, y a menor costo, que con el trabajo hecho a mano, o sea, artesanalmente.

A partir de esta etapa el precio fijo, establecido por los gremios de artesanos, va a reemplazarse por el valor del mercado, establecido por las leyes de la oferta y la demanda. (A mayor demanda y poca oferta el precio sube, y a menor demanda y mucha oferta, el precio baja) sin regulación estatal en el control de precios.

En este período el capitalismo agrega entonces, un nuevo elemento entre sus características, ya que será un capitalismo liberal, entendiendo el liberalismo económico como aquella teoría elaborada por Adam Smith (1723-1790), que sostenía que el intercambio comercial debía hacerse libremente, sin intervención estatal. Para él la diferencia en la distribución de la riqueza seguía un orden natural, ya que era más importante el capital, que el trabajo obrero, porque él permitía pagar los costos de producción y generar empleo, y por eso creía lógico que los capitalistas se enriquecieran con su actividad.

A partir de 1850, ocurre la Segunda Revolución Industrial, con nuevos inventos, y la aparición de otras fuentes de energía (carbón y electricidad), donde se agregan al capitalismo nuevos medios para la producción y circulación monetaria. Las empresas debieron recurrir al uso del capital financiero, a través de préstamos en Bancos, para poder acceder a las nuevas demandas de producción, modernizando maquinarias e incorporando nuevas. En esta época comienza a notarse la concentración de industrias para controlar el mercado, limitando la competencia libre, y por lo tanto poniendo un escollo a la ley de oferta y demanda competitiva, que tendía a regular los precios. Si una misma empresa domina el mercado, será más fácil establecer el precio a su antojo, sin que tener que competir con otras del rubro.

Para lograr nuevos mercados para los productos, y obtención de materias primas, los europeos se lanzaron a la colonización de África y un sector de Asia.

Luego de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos, logró hegemonía entre los países capitalistas, por su gran poder económico, hasta que la gran crisis mundial de 1929, significó un gran revés para la economía capitalista, originada por el exceso de producción y la caída de las acciones en la bolsa.

Luego de esta crisis, surgió un nuevo capitalismo, denominado neocapitalismo, donde se dejó de lado el liberalismo, para permitir la intervención del estado en la economía, asegurando a toda la población los ingresos mínimos necesarios.

Se produjo una reactivación económica, por ejemplo, a través del plan Marshall, que permitió la reconstrucción de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, pero aseguró la cada vez más indiscutible preeminencia de Estados Unidos sobre el resto del mundo occidental capitalista.

Sobrevino el Estado de Bienestar, donde el estado se preocupó por que todos tuvieran acceso a los servicios básicos de educación, empleo, justicia, seguridad y salud.

El año 1970 deparó una nueva crisis, desencadenada por el aumento del precio del petróleo. Los estados dejaron de amparar a la población para hacer frente a las deudas que castigaban sus economías, pues la producción se había detenido, y el aumento de precios era incontenible, mientras crecía a la par, el desempleo.

Desde esa época el mundo capitalista debe enfrentar progresos y recesos, en períodos cíclicos de bonanzas y crisis, donde el estado de bienestar ya no puede hacer frente a las demandas sociales, castigado por sus presupuestos deficitarios, produciendo una polarización cada más aguda entre ricos y pobres, a nivel interno e internacional, con acceso a las nuevas tecnologías y avances científicos, solo para unos pocos, en un mundo cada vez más globalizado, pero poco solidario.

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