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La expansión ultramarina europea

Publicado por Hilda

El siglo XV, trajo consigo una verdadera revolución, entendida como cambio, del mundo conocido. Un nuevo escenario, el continente americano, se presentaba por primera vez, ante los europeos, que por obra de la casualidad, de su espíritu aventurero y de las condiciones que hicieron posible su incursión marítima, fue por ellos hallado. Por ese motivo, podemos hablar también de expansión ultramarina, ya que Europa, al encontrar este nuevo continente, lo anexó a sus dominios, acrecentando sus territorios más allá de los mares.

La expansión ultramarina europea

Decimos hallado, y no descubierto, pues las tierras americanas no estaban deshabitadas, sino que poblaciones aborígenes, con distintos grados de civilización, las habían ocupado en forma originaria, ya hacía aproximadamente 12.000 años, de Norte a Sur.

Las nuevas ideas surgidas con el Humanismo habían colocado al hombre en el centro de las preocupaciones, y con el avance del conocimiento que había surgido, a partir de entonces, nacieron nuevos instrumentos de navegación, como la brújula, que señalando el norte permitía una orientación más precisa, al igual que el astrolabio (representaba el universo, y determinaba la posición y el movimiento de los astros) o las cartas de viaje y tratados de navegación como el de Marco Polo il Millione, que hablaban de las regiones de Cipango y Cathay, y naves sofisticadas para la época, las carabelas, que los impulsó a probarlas en el peligroso Océano.

Los navíos abiertos, de épocas anteriores se transformaron en grandes embarcaciones, provistas de velas cuadradas o rectangulares, de cuero o de lona, sostenidas por mástiles, que las impulsaban en forma veloz.

La financiación y seguridad de las campañas estuvo a cargo de las compañías comerciales, con la colaboración de la banca, que permitió la obtención de créditos y la aparición de seguros marítimos que permitían reducir el riesgo de esta gran inversión, que tenía posibilidades de terminar en fracaso.

No debemos creer que las personas que llegaron a América, eran intelectuales humanistas deseosos de comprender y aprender la extensión real de la superficie terrestre y nuevas culturas, sino que eran hombres prácticos y aventureros, que aprovecharon los avances científicos que esa corriente ideológica había producido, para hallar nuevas rutas que los condujeran por otros caminos más seguros a tierras que ya conocían.

La idea era hallar una comunicación más directa y menos riesgosa con África, primero, y luego con Asia, específicamente, con la India (las islas indonésicas, China y Japón) de dónde obtenían las especias, fundamentales para su vida cotidiana, sobre todo el clavo, que se hallaba en las Malucas y en las islas situadas al este del archipiélago malayo, ya que les permitían la conservación de alimentos, en una época que no existía la refrigeración. En Europa sólo se contaba con sal común y azafrán.

Para obtener esos productos se utilizaban hasta ese momento, las rutas terrestres, pero eran muy lentas, y los turcos, que se habían apoderado de Constantinopla, ciudad que unía comercialmente a Occidente con Oriente, comenzaron a revender los productos, que antes los occidentales compraban directamente, impidiéndoles seguir avanzando, para ganar con lo producido de la reventa, ya que se los revendían mucho más caros.

Los primeros estados en iniciar los viajes de exploración fueron España y Portugal, ya que contaban con una amplia tradición marítima, por su posición privilegiada, con salida al Océano Atlántico y estaban políticamente más estables al haber culminado la reconquista de sus territorios, que habían estado en manos de los árabes.

En la costa sur de ambos países, los comerciantes italianos, habían establecido factorías (establecimientos destinados al comercio) lo que les permitió obtener dinero para financiar las campañas.

Los portugueses habían hallado una ruta marítima que los conectaba con las Indias, como llamaban genéricamente a las zonas asiáticas, por donde comerciaban oro, esclavos y especias.

Las primeras exploraciones portuguesas se efectuaron en el año 1415 en Celuta, al norte de África, en 1425, en las islas Madeira y en 1427, en las islas Azores.

En 1488, navegaron bordeando la costa africana, llegando al cabo de Buena Esperanza, en el sur del continente, en 1488. En 1498, Vasco da Gama, completó la hazaña de viajar desde Lisboa (Portugal) a Calicut (India). Estos viajes fueron impulsados directamente por la corona portuguesa, cuyo rey Enrique el Navegante, costeó los gastos, con el aporte de la burguesía.

Ese fue el motivo por el cual, ese país rechazó la propuesta de Colón de hallar una ruta hacia las Indias, navegando hacia occidente, ya que ellos contaban ya con la ruta por África y esta campaña por lo tanto, les pareció incierta y costosa. Recién cuando los árabes dominaron el comercio del Océano Índico, se lanzaron a la conquista de los territorios americanos, que sólo hasta el momento habían explorado.

España fue la que aceptó la propuesta de Colón, pues ellos no poseían ninguna ruta hacia las especias. Por ese motivo, firmaron con él, las Capitulaciones de Santa Fe, donde se establecían sus derechos y deberes. Entre los primeros le otorgaban el título de Don, Almirante, Virrey y Capitán General de las tierras que encontrase, adjudicándole la décima parte de las ganancias del comercio y la octava parte de los beneficios, y entre los segundos, debía aportar en concepto de gastos lo mismo que se le ofrecía como ganancias y beneficios.

El 12 de octubre de 1492, Colón llegó a una isla que sus pobladores llamaban Guanahaní, ubicada en la zona de las Bahamas. El asombro del navegante fue inmenso, ya que esperaba encontrar opulencias y personas magníficamente vestidas, y sólo halló personas jóvenes desnudas, de gruesos cabellos y desprovistos de armamentos. Él creyó haber llegado a las Indias, por eso los españoles, llamaron a estos territorios, una vez conocida la realidad de que era un nuevo continente, Indias Occidentales. El nombre de América se debe a Américo Vespucio, quien dio cuenta del error de Colón, cuando comprobó que se trataba de un nuevo territorio, hasta entonces desconocido, en el año 1503, dejándolo así establecido en su obra Mundus Novis.

Colón realizó cuatro viajes a América, creyendo dirigirse a Asia. En el primero halló la actual isla de Cuba, a la que llamó Juana y el territorio que hoy conocemos como Haití, al que denominó La Española. Allí se organizó la primera extracción de oro, la conquista de las islas adyacentes y luego, el continente cercano. En el resto de los viajes, encontró Puerto rico, Jamaica, las costas del norte de América del sur y América Central.

De regreso a España, Colón fue recibido con honores, aunque esto no duró mucho. Padeció las penurias de la cárcel, y aunque luego fue liberado, y nuevamente reconocido, murió en 1506, sumido en la miseria.

En el período comprendido entre 1492 y 1520 no obtuvieron demasiadas riquezas en oro y especias. El oro era de aluvión, o sea, algunas pepitas que los ríos traían de algún yacimiento. Fue en 1520, cuando Hernán Cortés se dirigió, desde la actual Cuba hacia el continente, para realizar la conquista de la actual México, donde las riquezas eran cuantiosas. Luego se realizó la conquista de Perú y la del Río de la Plata.

Los españoles utilizaron a los aborígenes como mano de obra barata, eficiente y servil, provocando la desaparición de muchos de ellos, a causa de enfermedades transmitidas por los europeos, los trabajos forzados y la matanza de aquellos que se resistían tanto al trabajo, como a reconocer la religión cristiana, o la autoridad de la corona española.

Esta distribuyó la población indígena entre los españoles que habían participado en la conquista y la encomendó a su cuidado. Debían evangelizarlos y proporcionarles un sustento adecuado a cambio de trabajo. Sólo se cumplió el segundo aspecto ya que a través del sistema de encomiendas, los españoles encomenderos obligaban a realizar trabajos forzados a los aborígenes en la actividad agraria, ganadera y minera.

También utilizaron la mita, sistema ya empleado por los incas, aborígenes del actual territorio de Perú, como trabajo rotativo en las minas. Los españoles eliminaron el sistema de rotación para someter a los mitayos a interminables jornadas sin descanso, requiriéndoseles la extracción de 20 kg. diarios de mineral, lo que terminó diezmando la población autóctona.

Mientras tanto, en 1519, un caballero portugués, Hernando de Magallanes iniciaría un viaje trascendente que culminaría Juan Sebastián Elcano en 1522, y que fue perpetuado en la historia como la primera vuelta al mundo, con el objetivo de localizar la isla de las especias, navegando hacia occidente, a la orden de Carlos V, rey de España y Austria.

Como Portugal se había lanzado también a la conquista del nuevo mundo, fue necesario determinar a quiénes corresponderían los nuevos territorios. Esto fue decidido por el Papa, a través de una bula, medio por el cual expresaba sus decisiones, ante consultas de este tipo, y confirmada por el Tratado de Alcacovas en el año 1480, que perjudicaba a Portugal. Establecía que este país se apropiaría de las islas Madeiras, Azores, Cabo verde y la costa africana, al sur de las islas Canarias. Por la bula Intercaetera, emanada del papa Alejandro VI, de 1493, se le otorgaban a España los territorios hallados por Colón.

Ante el reclamo de Portugal, se firmó sin mediación papal, en el año 1494, el Tratado de Tordesillas, que establecía que las tierras ubicadas al este de una línea imaginaria, trazada de polo a polo, a 370 leguas de las islas de Cabo Verde, serían para Portugal, reservándose para España las ubicadas al oeste de esa línea.

Para el trabajo, los portugueses utilizaron esclavos africanos, ya que no encontraron población indígena sedentaria.

No hallaron en su territorio riquezas mineras, se dedicaron a la explotación de palo brasil, del cual se obtenía un producto apto para el teñido, para lo cual los talaron en forma indiscriminada. Se dedicaron entonces, agotado el primer recurso, al cultivo de la caña de azúcar, actividad que ya practicaban en las islas Azores y Madeira, y que comenzaron a desarrollar en Brasil.

Los holandeses emprendieron la conquista con motivos netamente comerciales, buscando nuevos mercados para sus productos. Con este fin las expediciones, a cargo de compañías comerciales, invadieron el noreste de Brasil, colonia portuguesa, ocuparon Barbados en las Antillas y las Guayanas, en el noreste de América del Sur.

El mismo propósito comercial fue el que impulsó a los franceses, quienes tomaron Haití (Antillas), Québec (Canadá) y Luisiana (Estados unidos).

La colonización inglesa estuvo también a cargo de compañías comerciales, a partir del año 1606, como la de Plymouth y la de Londres, pero fue impulsada además por otros motivos. Los religiosos, consistieron en la persecución hacia los puritanos que llegaron a ese nuevo continente para hallar un lugar donde manifestar libremente sus creencias. Económicamente, Inglaterra carecía de tierras para todos, ya que se concentraban en manos de unos pocos latifundistas (dueños de grandes extensiones de tierra), y muchos emigraron al Nuevo Mundo para encontrar tierras aptas para el cultivo.

El nuevo territorio, llamado por la corona inglesa, Nueva Inglaterra, se ubicó en la costa este del actual territorio estadounidense, salvo la península de Florida, en manos de los españoles.

En los primeros tiempos, utilizaron para el trabajo a las mismas familias europeas, ya que no contaban con población indígena estable. No hallaron yacimientos de metales preciosos y se dedicaron a la agricultura y a la ganadería.

Los ingleses establecieron 13 colonias en el siglo XVII: Massachussets, New Hampshire, Rhode Island, Connecticut, New Cork, New Jersey, Pennsylvania, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Sur y Georgia. En el siglo XVIII, se incorporaron a los dominios coloniales ingleses, algunas islas del Caribe, como Jamaica y Barbados.

El crecimiento económico y mercantil europeo, y la destrucción de la cultura aborigen, fueron las consecuencias más importantes de la conquista. Nuevos productos se incorporaron a los mercados europeos, como el maíz, la papa, el cacao y el tabaco.

Algunas de las nuevas tierras eran ricas en oro y plata, lo que estimuló la codicia de los conquistadores que realizaron un apoderamiento indiscriminado de los nuevos tesoros minerales y agrícolas, produciendo su agotamiento. La rivalidad de las naciones por la posesión de las tierras, originó frecuentes luchas, ya que el comercio no se realizó en base a la colaboración recíproca mundial, sino a sistemas monopolistas y egoístas, que pretendían el crecimiento económico de algunos estados aún en detrimento de otros.

Es tan importante este acontecimiento, el del “descubrimiento” de América, que algunos historiadores lo consideran como el inicio de la Edad Moderna, en lugar de la caída del Imperio romano de Oriente, fecha que otros toman como punto de partida.

El inicio de la producción de manufacturas, a partir de las materias primas halladas en el nuevo continente, sentó las bases de la futura revolución industrial, y por lo tanto los cimientos del sistema capitalista.

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