Historia
Inicio El Mundo Los Amish

Los Amish

Publicado por Hilda

Los AmishForman parte del movimiento religioso menonita, al igual que otros grupos, como los huteritas, y los hermanos de Cristo, que tomaron la doctrina anabaptista (del griego: bautizar de nuevo) sector cristiano, que recibió este nombre pues sostenían que el bautismo debía hacerse en personas adultas y no en bebés y niños, que aún no eran poseedores de fe. Ya existieron desde la antigüedad y la Edad Media, antes de la prédica de Lutero, perseguidos por los católicos y el resto de las religiones protestantes, a partir de la Edad Moderna.

Nuevos anabaptistas, surgieron luego de la Reforma Protestante, en Suiza. Alemania, Holanda y Austria, siendo pacifistas, antiesclavistas ,cristianos ortodoxos, aunque respetan la libertad religiosa, y no combaten a nadie por sus ideas.

En 1536, el sacerdote holandés Menno Simons, abandonó la iglesia católica y tomó las ideas anabaptistas, y de su nombre deriva la denominación de menonitas de sus seguidores, que perseguidos, debieron abandonar el continente europeo, en el siglo XVII, buscando un exilio para vivir en paz y libertad, en América del Norte. En Estados Unidos se produjo lo que los menonitas llamaron “El gran despertar” en el siglo XIX, con importantes obras misioneras. Luego de la Primera Guerra Mundial, en 1917, arribaron a la República Argentina J.W.Shank y t.K. Hershey, junto a sus familias, comenzando sus actividades religiosas en la ciudad de Pehuajó (provincia de Buenos Aires). Otro grupo perseguido, partió desde la Unión Soviética y emigró en el siglo XX, a Paraguay y Brasil.

Dentro del movimiento menonita, los Amish, son un grupo de ideas radicales, o sea, muy aferrados a sus creencias bíblicas, que aplican hasta límites insospechados, aferrándose al pasado, las costumbres y tradiciones, y en contra del progreso. El creador de este sector dentro de los menonitas, fue el obispo menonita suizo Jacobo Ammann, que impulsó la creación de la Iglesia de la Vieja Orden Amish, en el siglo XVIII. Se asentaron especialmente en Estados Unidos (en Ohio y Pensilvania) Y Canadá (en Ontario), reuniendo un total de 200.000 personas repartidas en 22 colonias.

Viven en granjas sin tecnología ni luz eléctrica, siendo su vida esencialmente agrícola. Por supuesto no poseen ni automóviles ni computadoras, ni teléfonos, vestidos como los campesinos del siglo XVII europeo, y no aceptan que sus hijos reciban la escolaridad de la escuela media, comenzando desde muy pequeños a trabajar en tareas agrícolas, algunas muy exigentes para su corta edad. No les está permitido integrar el ejército, ya que condenan la guerra, e incluso algunos grupos Amish no permiten a sus integrantes, colocar botones en las prendas, pues hacen alusión a las ropas militares. Lo mismo ocurre con el uso de bigotes que está prohibido por su simbología militar. La barba, sin embargo es símbolo de madurez, y se usa para los ya bautizados, en algunas comunidades, y en otras para los casados. Las mujeres usan faldas, cubiertas con un delantal, el cabello largo recogido, generalmente cubierta la cabeza con una cofia de color blanco, y ninguna joya. Utilizan como fuentes energéticas el agua, el viento y el gasoil.

Tienen una organización propia, social y política, liderados por la Ordnung, que impone las reglas de cada comunidad Amish, formada por familias que tienen una amplia descendencia, al no realizar control de la natalidad, por preceptos bíblicos, hablando entre ellos en un dialecto alemán, dentro del estado que integran. Sus líderes son los mayores, y lo que los une, es la práctica y los valores religiosos. Pagan impuestos, pero no seguro social, y tampoco lo utilizan.

La película “Testigo en peligro” narra la odisea de un niño Amish, testigo de un crimen, que es ayudado por un policía, que al resultar herido, es socorrido por el pequeño y su madre, que lo llevan a vivir en su comunidad, mostrando los problemas de adaptación de un hombre que vive en la contemporaneidad, en ese viaje al pasado.

Los Amish poseen la ciudadanía del estado al que pertenecen, y por lo tanto deben respetar las normas jurídicas, lo que los lleva a enfrentarse muchas veces con la legalidad, cuando no concurren a conformar el ejército, o a la escuela, en el nivel medio.

Recurren a los hospitales públicos solo por necesidad extrema, derecho que les corresponde, pues como todo ciudadano, abonan impuestos.

Son extraños a nuestras costumbres capitalistas, consumistas, laicas, progresistas, pero tal vez lo adecuado sería que comprendamos que lo malo siempre está en los extremos. Ya lo decía Aristóteles, “la virtud, es el justo medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto”. Es interesante observar esta cultura tan natural y pacífica, que puede parecernos curiosa, simpática y llena de ejemplos éticos. No preconizamos la vuelta al pasado. El progreso científico y tecnológico trajo aparejado muchos avances para la humanidad que son innegables, sobre todo en materia de salud y confort, pero tal vez no estaría mal, hacer un repaso a los valores morales, que tan olvidados están, para llegar a hacer una síntesis entre desarrollo económico, productividad contemporánea, con su respeto a la naturaleza, y un legado muy importante de los Amish: su lucha por la paz.