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Fernando II de Aragón, «el Católico»

Publicado por Víctor

Fernando II de Aragón (Sos del Rey Católico, 1452-Madrigalejo, 1516) fue uno de los más importantes monarcas de la Historia de España, y junto a su esposa Isabel la Católica es conocido comunmente como “el Católico”. Hijo de Juan II de Aragón (1398-1479) y Juana Enríquez (1425-1468), fue designado sucesor del trono aragonés a la muerte de su hermanastro Carlos de Viana, en 1461, dignidad que no alcanzó hasta 1479, y que retuvo hasta su muerte en 1516. También fue rey consorte de Castilla hasta 1504, cuando murió su esposa Isabel, y desde 1507, con la muerte de su yerno Felipe el Hermoso y a causa de la enfermedad de su hija Juana, fue regente del mismo reino hasta 1516.

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Hijo de la segunda esposa de Juan II, Fernando tuvo muy pronto contacto con las intrigas cortesanas de la familia Trastámara. Por aquel entonces, la Corona Aragonesa incluía no sólo Aragón, Cataluña, Valencia y las Islas Baleares, sino también el Rosellón, Sicilia y Cerdeña. Desempeñó diversos cargos y dignidades durante su juventud, como la de Rey de Sicilia desde 1468. Siendo aún muy joven, tomó parte activa en la guerra civil catalana que enfrentó a la nobleza y al campesinado durante los años desde 1462 hasta 1472 (Guerra de los Remensas). En el escenario catalán, el heredero de Juan II tuvo contacto con la guerra y se habituó a sus usos, lo que en el futuro le sería muy ventajoso.

Interesado Juan II en una unión entre los herederos de Castilla y Aragón, movió los hilos para casar a Fernando con su prima Isabel de Castilla (unión que se realizó en 1469), que, no obstante, no era la heredera de Enrique IV, aunque sostenía derechos por ser su hermanastra. La heredera real de Castilla era Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV, sobre la que recaía la duda de la paternidad, pues Enrique IV era impotente. Alfonso V de Portugal casó con Juana en la intención de unir Castilla y Portugal, pero a la muerte de Enrique IV, Isabel denunció la ilegitimidad de Juana y la guerra entre isabelinos y aragoneses por un lado, y partidarios de Juana y portugueses por otro, estalló y duró entre los años 1474 y 1479. Si bien el conflicto no fue favorable a Isabel en un primer momento, la intervención de Fernando al frente de su ejército en la batalla de Toro en 1476 marcó el principio del triunfo de Isabel la Católica y su marido. El tratado de Alcaçovas (1479) determinó una paz duradera con Portugal en la que además se repartían áreas de influencia en el Atlántico y norte de África.

Tras finalizar la guerra, Fernando y su esposa se sumergen en una ardua tarea de reorganización interior de sus reinos, de la cual ambas coronas saldrán convertidas en monarquías estrechamente controladas por el rey (más Castilla que Aragón) al estilo moderno. Estas medidas incluyeron una reorganización de la Hacienda, la institucionalización de los corregidores, figuras que suplantaban al rey allí donde él no podía estar, y la introducción de la Inquisición en Castilla (1481), que ya existía en Aragón desde el siglo XIII. Fernando también alcanza un acuerdo en la convulsa Cataluña aboliendo los malos usos de la nobleza (1486). Todo ello se orientaba a lograr un mayor control regio de sus vasallos y a consumar la unidad religiosa (expulsión de los judíos en 1492, y de los moriscos en 1503).

No pasa demasiado tiempo cuando Fernando e Isabel emprenden la empresa por la que serán más conocidos, y que más prestigio les reportará, especialmente a nivel europeo en su época, como fue la Guerra de Granada (1482-1492), en la que nuevamente Fernando destaca por sus habilidades militares. Tras un largo y costoso asedio, Granada capitula en enero de 1492, y se completa la Reconquista. También en ese año, los Reyes Católicos financian la expedición de Cristóbal Colón a las Indias, aunque la participación en la empresa fue exclusivamente castellana.

Las preocupaciones de Fernando, más que en las Indias, estaban en el Mediterráneo, escenario de expansión de la Corona Aragonesa. Las ambiciones de Francia en la década de los 90 del siglo XV motivó una muy activa diplomacia por parte del rey Católico, que esperaba poder aislar al reino francés. El matrimonio de su hija Juana con el heredero austríaco Felipe, o de su hija Catalina con el príncipe de Gales y más tarde con Enrique VIII, son reflejos de esa política de alianzas destinada a debilitar a Francia. La guerra se desarrolló en Nápoles entre los años 1495 y 1504, y gracias a la habilidad diplomática de Fernando y a la reforma del ejército y excepcional pericia militar de Gonzalo Fernández de Córdoba, “el Gran Capitán”, lograron arrebatarle el reino napolitano a los franceses y sumarlo a las posesiones aragonesas.

Todavía tuvo Fernando en el siglo XVI oportunidades de ampliar sus estados a costa de Francia. La guerra civil de Navarra, reino controlado desde París, le sirvió como pretexto para reclamar sus derechos al trono, y en 1512 envió al duque de Alba al mando de sus tropas, conquistando el reino. Desde 1515, el reino de Navarra fue anexionado a Castilla, aunque los descendientes de Fernando todavía tuvieron que luchar contra los franceses para mantenerlo.

A la muerte de su yerno Felipe el Hermoso (1506) y tras encerrar a su hija en Tordesillas por su estado mental, Fernando fue en solitario regente de Castilla y rey de Aragón, hasta su muerte en 1516. Se abría entonces otro período de regencia bajo el control del cardenal Cisneros, hasta la mayoría de edad del nieto del rey Católico, Carlos de Gante, que llegó a España en 1520.

Fernando el Católico, por motivo de sus intrigas, habilidad militar y pericia diplomática, fue considerado por Maquiavelo en su obra “El Príncipe”, como modelo del gobernante renacentista.

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