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Pipino el Breve

Publicado por Víctor

pipino-el-breve.jpgPipino el Breve (715-768 d. C.) fue el primer rey de la dinastía carolingia en el reino franco (751-768 d. C.). Descendía por rama paterna de la alta nobleza austrasiana, concretamente de la familia de Pipino el Viejo, que fue mayordomo de Palacio hasta la entronización de Dagoberto I (629-639 d. C.), recuperando su posición después de la muerte de este rey. Sus descendientes ocuparon las mayordomías de los reinos francos en adelante. Pipino III, o el Breve logró hacerse, además, con la corona real, paso determinante en la evolución política de la familia carolingia y de la Historia de Francia. Al parecer, el sobrenombre de “el Breve” le viene de su baja estatura.

Su padre, Carlos Martel (686-741 d. C.) había sido mayordomo de Palacio después de superar los obstáculos que contra él se levantaron con motivo de su origen ilegítimo, y ejerció su cargo desde 715 hasta su muerte. Carlos logró reunir bajo su mando todos los reinos francos, que se desintegraban ante las ambiciones de la nobleza y la debilidad del poder de los reyes merovingios, y tras décadas de batallas en el seno del propio reino (contra los árabes en Poitiers, 732 d. C.), depuso a Childerico II (año 737), quedando el trono vacante (aunque Carlos nunca se proclamó rey), y consiguió legar a sus hijos, Carlomán y Pipino, sus cargos como mayordomo de palacio. A Carlomán le dejó la mayordomía de Austrasia; a Pipino, la de Neustria.

Carlomán fue mayordomo del palacio de Austrasia hasta que en 747 abdicó en Pipino, por motivo de sus fuertes convicciones religiosas, muy patentes en sus seis años como mayordomo. Al convertirse en monje, su hermano tomó el cargo de Austrasia, que llevaba desempeñando en Neustria desde el 741.

La actividad política de Pipino lo llevó a enfrentarse a su hermanastro Grifón, conflicto que precipitó duros enfrentamientos con las áreas más orientales del reino, en Alemania, y que el mayordomo de Palacio superó con el acto simbólico de restablecer en el trono a Chilperico (año 743), que había sido enclaustrado por su padre en 737.

No obstante, ante la ineptitud del rey merovingio, Pipino desplegó una estrategia encaminada a elevarle como rey de los francos, y envió a Roma una delegación encargada de recibir el apoyo papal a sus pretensiones. El papa Zacarías consintió en el destronamiento de Childerico, que fue tonsurado y encerrado nuevamente en un monasterio. Pipino fue en 751 coronado y ungido con oleos santos por San Bonifacio, en una ceremonia que ya estilaban los godos (la unción regia) y que imita la unción del rey David descrita en la Biblia. Con este acto simbólico, el rey se convertía en un “enviado divino”, cabeza del pueblo cristiano que le había tocado regir por deseo de Dios. Tal acto venía asimismo a reforzar su figura como rey, después de una más que sospechosa e ilegítima usurpación contra los detentadores del poder real, los merovingios.

Todavía fue Pipino consagrado de nuevo, cuando en 754, el papa Esteban II, huido de Roma a causa de la amenaza que representaban los lombardos, acudió a la Corte instalada en Champaña para solicitar el apoyo del rey franco contra aquéllos. Como nuevo rey cristiano “por derecho divino”, Pipino se vio obligado a auxiliar al Papa y declarar la guerra a los lombardos, después de que estos rechazaran sus reivindicaciones diplomáticas. Entre 756 y 758, Pipino acaudilló tres expediciones que arrebataron a los lombardos grandes espacios de territorio de la Italia central, entregados por el rey franco a la Santa Sede como área de “seguridad” frente a sus enemigos, conocidos como los Estados Papales.

La lucha contra los lombardos no fue la única que Pipino debió enfrentar. Al este del reino, en Alemania, los francos se mantenían en una situación de inestabilidad, especialmente en Baviera. Esto no impidió que el rey recuperara la provincia Aquitana a su levantisco duque Gaifier (768 d. C.), al que hizo ejecutar, y logrará expulsar a los árabes de Septimania tras una serie de campañas entre los años 759 y 768.

Contrajo nupcias con Bertrada de Laón en 744, matrimonio del que nacieron Carlomán y Carlos, este último, futuro emperador de Occidente. Murió en septiembre del año 768, no sin antes haber dividido el reino entre sus dos hijos, cuando contaba cincuenta y tres años de edad. Fue sepultado en la abadía de Saint Denis, cerca de París.

Además de sus logros militares y políticos, Pipino el Breve también es recordado por su contribución a la consolidación del poder real y la estructura administrativa del reino franco. Durante su reinado, Pipino implementó reformas que fortalecieron la autoridad central y mejoraron la eficiencia del gobierno. Estas reformas incluyeron la reorganización de la administración local, la centralización del poder judicial y la implementación de un sistema de impuestos más efectivo.

Pipino también fomentó el desarrollo cultural y religioso del reino. Apoyó la reforma de la Iglesia y promovió la educación y la alfabetización, lo que sentó las bases para el renacimiento carolingio que florecería bajo el reinado de su hijo, Carlomagno. La relación estrecha entre el trono y la Iglesia durante el reinado de Pipino ayudó a consolidar la influencia del cristianismo en la sociedad franca y a fortalecer la legitimidad de la dinastía carolingia.

El legado de Pipino el Breve se extiende más allá de su muerte. Su reinado marcó el comienzo de una nueva era en la historia de Europa occidental, caracterizada por la consolidación del poder real, la expansión territorial y el florecimiento cultural. La dinastía carolingia, fundada por Pipino, continuaría desempeñando un papel crucial en la configuración del continente europeo durante los siglos siguientes.