Historia

El Ludismo

Publicado por Hilda

La Revolucion IndustrialLa aparición de las fábricas, en el siglo XVIII, como consecuencia de la Revolución Industrial, cambió la vida de los trabajadores que se convirtieron en rehenes de esas máquinas, que los obligaban a permanecer interminables jornadas de labor, en lugares insalubres por una paga miserable, y habitando en barrios sucios y contaminados.

Buscaron, a partir de la segunda década del siglo XIX, un culpable para sus desgracias y hallaron dos responsables: los patrones y las máquinas. Los que encontraron en la nueva tecnología aplicada a la producción la causa de sus males, se llamaron ludistas, por basarse en la ideología del inglés Nedd Ludd, de dudosa existencia real, quien sería el precursor de esta ideología de defensa obrera, dirigida a la destrucción de las máquinas, cuando, según la leyenda popular, en 1779, se deshizo de un telar mecánico que representaba para él, la fuente de sus desgracias.

Amparados por la oscuridad nocturna, y ocultos tras máscaras, los obreros comprendieron que sólo luchando unidos, podrían conseguir ser tenidos en cuenta como seres humanos, y no como simples operarios generadores de ganancias, para los patrones capitalistas. Estos debieron soportar pérdidas que ascendieron aproximadamente a 100.000 libras, en Inglaterra.

El enigmático Capitán Ludd, era quien firmaba las proclamas y petitorios hacia el gobierno para lograr reivindicaciones laborales, en una época en que la expresión “Derechos laborales”, era aún utópica.

El progreso y la rapidez que significaba el trabajo industrial, representaba para los humildes asalariados, una marcha también veloz, hacia su propia destrucción, moral y material.

Los gremios de artesanos de la Edad Media habían permitido a los trabajadores, a través de una rigurosa reglamentación, organizar sus trabajos evitando la competencia y estableciendo jornadas de labor iguales y equilibradas, en ambiente familiares.

El movimiento ludista nació en Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial, pero pronto se extendió por toda Europa, como los sucesos de Cataluña o la destrucción de los telares de Arcoy, en España, ocurrido en 1820.

En Nottingham, ciudad del Reino Unido, una manifestación obrera, iniciada el 12 de abril de 1811, fue violentamente reprimida, y más de cincuenta máquinas, pertenecientes a William Cartwright, destinadas al tejido de medias, fueron destruidas por los trabajadores como represalia a la brutal acción contra su reclamo de trabajo, y de hacerlo en dignas condiciones. En Lancashire, Yorkshire, Leicester, Cheshire, y Derby se vivieron situaciones similares. Más de diez mil soldados ingleses, al mando de Thomas Maitland, fueron destinados a impedir la rebelión obrera.

En 1813, dieciocho miembros del ludismo fueron ejecutados en la horca por el gobierno, acusados de ser peligrosos para el estado, por aplicación de una ley promulgada por el Parlamento, a la que solo se opuso Lord Byron. Dicha norma legal había establecido pena de muerte para los que destruyeran las fábricas, o elementos de trabajo contenidas en ellas.

El 16 de agosto de 1819, las fuerzas obreras celebraron un mitín en el campo de San Pedro. Las fuerzas de caballería pusieron fin a la vida de once personas y cuatrocientas resultaron heridas, pero lograron un éxito: derogar la ley que impedía las coaliciones obreras.

Por ese entonces, surgieron los movimientos sindicales (Trade Unions) y los Partidos Socialdemócratas, que redujeron hasta casi hacer desaparecer el ludismo, que en realidad, no atacaba las causas reales del problema. La lucha estaría dirigida a partir de entonces, contra los dueños de las fábricas.

En 1836 se fundó la Asociación Obrera de Londres, que inició una lucha llamada cartismo, realizando peticiones al gobierno que fueron rechazadas.

Actualmente se ha puesto en boga el término ludista, designando a quienes se oponen al gran crecimiento tecnológico, acusado de deshumanizar a la población, contaminar el ambiente y alejarnos de la vida natural.

A medida que avanzaba el siglo XIX, la industrialización no solo se limitó a Inglaterra, sino que se expandió rápidamente a otras regiones de Europa y América del Norte. Este fenómeno globalizó las tensiones laborales y las luchas por mejores condiciones de trabajo. En Francia, por ejemplo, los trabajadores también se levantaron contra las máquinas y los patrones, en eventos como la revuelta de los canuts en Lyon en 1831 y 1834, donde los tejedores de seda protestaron violentamente contra la reducción de sus salarios y las malas condiciones laborales.

En Alemania, los movimientos obreros comenzaron a organizarse de manera más estructurada, influenciados por el pensamiento socialista y las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels. La Liga de los Comunistas, fundada en 1847, jugó un papel crucial en la difusión de estas ideas y en la organización de los trabajadores para luchar por sus derechos.

En Estados Unidos, la industrialización también trajo consigo una serie de conflictos laborales. La huelga de los ferroviarios de 1877, conocida como la Gran Huelga Ferroviaria, fue uno de los primeros grandes conflictos laborales en el país. Los trabajadores protestaron contra los recortes salariales y las largas jornadas laborales, y aunque la huelga fue reprimida violentamente, marcó un punto de inflexión en la historia del movimiento obrero estadounidense.

El impacto del ludismo y los movimientos obreros de la época también se reflejó en la literatura y el arte. Escritores como Charles Dickens y Elizabeth Gaskell retrataron en sus obras las duras condiciones de vida de los trabajadores industriales y las injusticias sociales de la época. En la pintura, artistas como Vincent van Gogh y Gustave Courbet capturaron la realidad de la vida laboral en sus obras, mostrando la dureza y la dignidad de los trabajadores.

A lo largo del siglo XX, las luchas laborales continuaron evolucionando, y aunque el ludismo como movimiento desapareció, su legado perduró en la forma de leyes laborales más justas y en la continua lucha por los derechos de los trabajadores. Hoy en día, el término «ludismo» se utiliza a menudo para describir la resistencia a la automatización y la inteligencia artificial, reflejando las preocupaciones contemporáneas sobre el impacto de la tecnología en el empleo y la sociedad.