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Benjamin Disraeli

Publicado por Pablo

Benjamin DisraeliBenjamin Disraeli fue un novelista y político conservador británico nacido en Londes, en 1804. Miembro de una familia cristiana, pero de origen judío, de la clase media-alta londinense, su padre se había distinguido por ser un por ser un eminente hombre de letras. Ya en su juventud, Benjamin daba muestras de tener un gran concepto de sí mismo, y supo combinar su carácter temerario en asuntos financieros –y sexuales- con un excepcional talento para superar barreras y desafíos. Ayudado, en sus inicios, por su patrón Lyndhurst, Disraeli se convirtió en miembro del Parlamento, con el Partido Conservador, en 1837.

Su carrera política se vio congelada cuando, a pesar de sus nada velados deseos por obtener un puesto en el gobierno, Peel decidió ignorarlo al formar el suyo en 1841. Ganó en aquella época más fama y prestigio por sus novelas, que escribía en parte por dinero, pero que le permitieron desarrollar tranquilamente algunas de las ideas sociales y políticas más en boga en el momento.

Su creciente, y cada vez más aguijonada, oposición a Peel le hizo merecedor de una fama cada vez mayor. Hasta tal punto fue así que, cuando su gran enemigo cayó en desgracia, fue elegido como líder en la Cámara de los Comunes. En ese desempeño ganó una formidable experiencia y peso político, lo que se pronunció aún más tras su matrimonio con la rica Mary Anne, vida de un distinguido parlamentario conservador.

En su largo currículum político, Disraeli sirvió en algunos importantes cargos que le fueron dando aún más recorrido y visión de los acontecimientos y de las tomas de decisiones. Fue durante unos años Ministro de Hacienda, y sus enfrentamientos con su enemigo liberal, Gladstone, hicieron historia. Para 1974, Disraeli había tomado totalmente el mando de los tories, y por fin pudo ganar unas elecciones liderando a su propio partido, algo para lo que llevaba toda su vida preparándose.

Sus años como Primer Ministro, que fueron desde 1874 hasta 1880, estuvieron marcados por sus reformas democráticas y su legislación social, algo que sorprendió incluso a viejos compañeros de generación, pues eran estos temas que nunca habían estado en el ideario conservador. Su desempeño se vio muy influido, en cualquier caso, por los asuntos exteriores y coloniales. Su intervencionismo en la India, en Egipto –con su interés en el Canal de Suez-, en los Balcanes, y en Turquía, le dejaron muy poco tiempo para desarrollar una política interior con demasiada profundidad.

Su inquebrantable lealtad hacia el Partido Conservador, su energía a prueba de bombas, su afilada retórica, y su patriótico intervencionismo en el exterior, siempre para hacer crecer el Imperio Británico, fueron los elementos que hicieron de Disraeli un líder para la posteridad entre sus seguidores conservadores. En efecto, Randolph Churchill y quienes hubieron de suceder al carismático líder, no dejarían de construir una mitología disraeliana que, si bien dejaba al margen muchas partes de su política, ensalzarían una figura que pasó a la historia en todos los sentidos. Disraeli, podría decirse, cumplió su sueño de acaparar fama, poder y prestigio.