Historia
Inicio Inglaterra, Siglo XVII La colonización de Virginia

La colonización de Virginia

Publicado por Pablo

JamestownEn el año 1606, Jacobo I concedió una cédula para emprender una aventura colonial a dos poderosas compañías mercantiles: la Compañía de Londres y la Compañía de Plymouth. Advertidas de los fracasos de los emprendimientos individuales del siglo anterior, ambas compañías decidieron unir esfuerzos y emprender una colonización bien planeada y con visos de convertirse en un éxito.

La cédula otorgada les concedía el derecho a colonizar las tierras norteamericanas situadas entre los paralelos 34 y 35, es decir, lo que más adelante se convertiría, aproximadamente, en el Estado de Virginia.

La intención de quienes emprendieron la aventura no era, ni mucho menos, la de establecer allí un asentamiento agrícola duradero, sino más bien establecer factorías en las que reunir pieles, madera, pescado, alquitrán, brea, potasio y, según las mejores previsiones, metales preciosos. La primera colonia, asentada por la Compañía de Plymouth en la costa de Maine, duró tan sólo unos meses, echando al traste todo el esfuerzo hecho antes. La aventura de la Compañía de Londres, más al sur, fue más exitosa, aunque no se libró de sufrir verdaderos desastres en sus inicios.

En mayo de 1607, tras varios meses desde su partida –fueron fletados en diciembre de 1606-, tres barcos –el Susan Constant, el Goodspeed y el Discovery- que portaban 104 hombres entraron en la Bahía de Chesapeake y fundaron, en la ribera del río James, la ciudad de Jamestown. Dado su éxito inicial, en los años siguientes cientos de colonos arribaron a la recién creada ciudad, la mayoría proveniente de la clase terrateniente o agricultores acomodados, o también hijos de comerciantes de éxito. Todos venían en busca de una riqueza rápida en el Nuevo Mundo, para regresar a Inglaterra con los bolsillos llenos.

Sin embargo, no todo fue como se prometía. La colonia tuvo graves problemas que afrontar desde sus inicios, y estuvo durante más de una década al borde de su extinción. Ubicada en una zona de ciénagas, vio pronto cómo sus colonos disputaban entre ellos y mostraban –y esto era más preocupante- tanto una escasa inclinación hacia el trabajo físico como unos inexistentes conocimientos agrícolas. Su intención era buscar oro y hacerse –aún más- ricos, más que producir alimentos e impulsar la colonia.

Si pudo sobrevivir fue por el talento y la disciplina para la dirección de dos hombres capaces: el capitán John Smith, primero, y sir Thomas Dale, después; así como por el continuo apoyo de los promotores originales, reorganizados ya, a fecha de 1609, como la Compañía de Virginia. Desde Londres se siguieron enviando refuerzos y suministros y, sobre todo, se incentivaba la participación de nuevos colonos de una forma ya más inteligentes: prometiéndoles acciones de la compañía y la posibilidad de cultivar sus propias tierras, en vez de trabajar –como se había hecho hasta entonces- de forma comunal.

Además, pronto se descubrió que el cultivo del tabaco podía ser sumamente rentable, y los objetivos económicos cambiaron de forma vertiginosa. En 1618 se exportaban ya 22 toneladas de tabaco anuales, y sólo ocho años más tarde esa cantidad se había multiplicado por dieciséis. El tabaco se convirtió en la base de la economía de Virginia.

La Compañía de Virginia, segura ya de su éxito, quiso consolidar la colonia fletando barcos de mujeres que ataran a los colonos a sus nuevos territorios, a través de la formación de familias que dieran ya hijos nacidos en las nuevas tierras, solidificando un proyecto de futuro. A la vez se introducía el autogobierno, distinción fundamental de las colonias inglesas con respecto al resto, y en 1619 la ciudad de Jamestown celebró su primera asamblea electiva.

Sin embargo, no todo fueron éxito desde entonces. En 1620 la colonia se había quedado en doscientos pobladores, y casi fue destruida por completo tras un ataque indio. Con mucho trabajo logró superar la crisis y a la altura de 1624 ya daba claros síntomas de recuperación y bonanza. Desde entonces, prácticamente, no volvió a sufrir males tan graves, y poco después –por la quiebra de la Compañía de Virginia- se convirtió en colonia real.