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Los aqueos

Publicado por Verónica

Los aqueos tuvieron su período de esplendor en el 1600 A.C. y su caída probablemente sucedió alrededor del 1100 A. C. Esta civilización de la Edad de Bronce también fue conocida como cultura micénica por tener en Micenas, la capital aquea, su centro de actividades políticas y culturales más importante. La progresiva presencia de los aqueos en Grecia tuvo lugar durante el período Heládico Medio (2300- 1600 A.C.)

Máscara de Agammenón

Los aqueos tardan alrededor de mil años en moverse desde la Europa Central hasta las islas del Egeo. Se les puede considerar los primeros “griegos” de la historia; al llegar a la península se enfrascaron en largas guerras con los pueblos autóctonos, de larga tradición en la guerra, a los que terminaron por vencer e imponérseles.

La caída de la civilización aquea es atribuida comúnmente a la invasion doria, aunque existen muchas otras hipótesis en torno a su desaparición, como las que señalan la posibilidad de haber sufrido cambios climáticos violentos o desastres naturales como maremotos e inhundaciones. Las ciudades aqueas más importantes fueron Micenas y Tirinto en la Argólide, Pilos en Mesenia, Atenas en el Ática, Tebas y Orcómeno en Beocia, Yolcos en la Tesalia. Su influencia llegó hasta la floreciente Creta en donde ocuparon las ruinas de Knosos.

Además de estas ciudades, los aqueos conquistaron emplazamientos importantes en Epiro y Macedonia así como varias islas del Egeo. Artefactos aqueos, con muestras de su escritura conocida como Lineal B, fueron encontrados en territorio de la actual Alemania y espadas micénicas aparecieron en excavaciones realizadas en Europa oriental, lo que da muestra del enorme radio de influencia que tuvieron los aguerridos aqueos.

La civilización micénica fue dominada por una clase aristocrática guerrera. Alrededor del 1400 A.C. extendieron su control a Creta, centro de la civilización minoica y adoptaron la forma de escritura de esta civilización isleña: el alfabeto conocido como Lineal A, la forma de escritura más antigua de Grecia.

Pero los aqueos no sólo emprendieron la guerra contra los minoicos, según algunos mitos y leyendas, dos veces atacaron Troya, una poderosa ciudad estado que rivalizaba con Micenas en poder y riqueza. Sólo existe evidencia de sus ataques en La Ilíada de Homero y en algunos fragmentos mitológicos, pero tanto la guerra como la existencia de Troya se consideran inciertas. En 1876, el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann descubrió restos en Asia Menor de lo que podría ser la antigua Troya, sin embargo, desde su descubrimiento a la fecha, el asentamiento ha sido causa de controversia.

No existen fuente directas para conocer el modo en el que este pueblo estaba organizado, Parece ser que no había una clase sacerdotal influyente como en otras civilizaciones de la zona, aunque hay presencia de abundantes imágenes de suplicantes en sellos y anillos, lo que hace pensar en que existía un sistema religioso y grupos de devotos de diferentes deidades. Las fuentes indirectas, como una crónica hitita, mencionan la presencia de un “rey de los ahhiyawa” que podría referirse al más famoso de los gobernantes aqueos: Agammenón, pero nada puede comprobar que ahhiyawa sea la traducción de acayo o aqueo. Sin embargo, muchas investigaciones que tienen sus fuentes en textos hititas y en Homero, sostienen que existió una confederación de estados griegos micénicos gobernada por un rey «primus inter pares».

La sociedad micénica aparece divida en dos grupos de hombres libres: el séquito real con cargos administrativos dentro del palacio y el pueblo (demos) quienes estaban obligados a pagar impuestos. Algunas inscripciones revelan la práctica del esclavismo, mismo que estaba destinado al servicio en palacio o al culto de algunas deidades.

Los aqueos inhumaban a sus nobles en tumbas en forma de panal de abeja (tholoi) mismas que tenían enormes cámaras interiores de trazo circular a las que se llegaba por un pasaje construido en medio de dos impresionantes muros de piedra. La clase guerrera era sepultada con sus armas y equipo de guerra. En sepulcros destinados a aristócratas se encontraron ofrendas como máscaras de oro, tiaras, armaduras y armas recubiertas de joyas. Los aqueos eran sepultados sentados y, debido a la consistencia del suelo de la Argólide, algunos cuerpos se momificaron. Los héroes no eran inhumados sino cremados y sus urnas recubiertas con máscaras de oro.

En el 1100 A.C. Micenas, último bastión de los aqueos, se colapsó. Otras ciudades fueron saqueadas y la región entera vivió tiempos aciagos, lo que se considero como una “Edad oscura” para la península griega. Algunos aqueos huyeron rumbo a Chipre y otras islas griegas, llegando hasta la Anatolia. Numerosos desastres ocurrieron en diferentes partes de la Argólide y las islas del Egeo, lo que preparó el terreno para el golpe final: la invasión de los dorios.

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