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El reino de Tartessos

Publicado por Raquel

Tesoro del CaramboloDos son las palabras que pueden definir a la perfección el antiguo reino de Tartessos. Por un lado, misterio, ya que muy poco se sabe de esta civilización perdida. Por otro, fascinación, pues han dejado para la posteridad fabulosos tesoros, dignos de toda admiración. Lo cierto es que el reino de Tartessos, a medio camino entre la Mitología y la Historia, nos abre las puertas a un mundo todavía por descubrir.

Cuando se habla de Tartessos, que podríamos situar en la Andalucía Occidental, existe una fortísima contradicción entre las fuentes escritas que nos hablan de ello (es el caso, por ejemplo, de los textos de Estrabón) y las fuentes arqueológicas. De hecho, la característica principal del estudio de este reino es que todavía no se ha encontrado la que pudiera ser su principal ciudad; es decir, la capital, de su mismo nombre. Ello ha dado pie a todo tipo de hipótesis.

Uno de los arqueólogos pioneros en la búsqueda de Tartessos fue el profesor alemán Adolph Schulten. Siguiendo la estela de su paisano Schliemann (el descubridor de Troya), Schulten lanzó su tesis sobre la presencia de Tartessos en algún punto del Coto de Doñana, en la provincia de Huelva. En la Antigüedad, este territorio estaba anegado por un lago, formado en la desembocadura del río Guadalquivir, a cuya orilla se suponía la presencia de la capital del reino. Sin embargo, sus trabajos resultaron infructuosos.

El hecho de que las antiguas fuentes escritas situaran la capital de Tartessos a orillas de este río ha hecho lanzar a muchos estudiosos otras hipótesis. Por ejemplo, que fueran Gadir (la actual Cádiz) u Onuba (Huelva) las ciudades que estaban buscando. Otra tesis nos sitúa Tartessos en Mesas de Asta, una localidad a medio camino entre Jerez de la Frontera y Trebujena, en la provincia de Cádiz. La razón para pensar en ello nos lleva a su nombre antiguo: Hasta Regia. Es esta cuestión, la palabra Regia nos puede transmitir que esta antigua ciudad tuviera relación con un reino. Quizá fuera Tartessos, quizá fuera su capital. Lo cierto es que, a día de hoy, no se puede afirmar nada al respecto.

La forma de gobierno de Tartessos era la monarquía. Más mitológicos que históricos son reyes como Gerión (guardián de un ganado sagrado, al que venció Hércules en uno de sus doce trabajos), Habis y Gargoris, que llevaron la apicultura y la agricultura a este territorio. Por otro lado, ya en los siglos VIII-VII a.n.e. aparece en las fuentes el nombre de Argantonio. Símbolo de longevidad, pues se cuenta que reinó durante ochenta años, este monarca tartésico también es objeto de un profundo debate. La razón es que se piensa que el nombre de Argantonio podría corresponder a un título real (equivalente, por ejemplo, al de Faraón en Egipto). De ahí, la presunta longevidad del monarca, que podría resultar ser el gobierno de una dinastía durante esos años. Estrabón recoge en su obra la visita que el griego Kolaios de Samos realizó al reino de Tartessos, siendo recibido por el rey Argantonio. Pudo ser el primer extranjero en poner el pie en este territorio, que resultaba tremendamente lejano y misterioso en el Oriente Mediterráneo.

Las principales fuentes de riqueza en Tartessos eran la agricultura, la ganadería y, sobre todo, la metalurgia. Rica en estaño, lo alearon con el cobre para crear bronce, con el que realizaron armas y utensilios agrícolas. Su fama, en este sentido, atrajo a fenicios y griegos hasta las costas andaluzas, estableciéndose en ellas.

El final de Tartessos se produjo tras la muerte de Argantonio, cuando, poco a poco, los cartagineses se hicieron con el monopolio del comercio y la navegación en el Mediterráneo. Pero para la posteridad nos dejaron un magnífico legado cultural; es el caso del tesoro del Carambolo (Sevilla), en el que demostraron su maestría como orfebres.

En definitiva, el mundo tartésico, tal y como se comentó al principio, nos deja abiertas muchas puertas en cuanto al futuro de su investigación. Quizá deba tratarse de una mera cuestión de tiempo para que salga a la luz la verdadera historia de este pueblo, que algunos, incluso, han querido ver como la mítica y perdida Atlántida.