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Juana de Arco

Publicado por Víctor

Juana de Arco (1412-1431) nació en Domremy, en el este de Francia, en una familia humilde de campesinos. Su corta vida estuvo marcada por los acontecimientos que acompañaron al largo conflicto anglo-francés que fue la Guerra de los Cien Años, que duró entre 1337 y 1453, con períodos de paz intermitente.

La extraordinaria situación política francesa favoreció que Juana se convirtiese en heroína de su pueblo, en una época en la que el papel de la mujer no excedía por lo general el ámbito doméstico. Venerada como Santa en amplias regiones de Francia, Juana fue considerada mártir por su muerte en la hoguera (decía escuchar la voz de Dios) después de un proceso injusto, beatificada en 1909, y canonizada como Santa Juana de Arco en 1920. Es, junto con la Virgen de la Asunción, la patrona de Francia.

Juana de Arco

El imperio angevino de Enrique II había sufrido graves asaltos por parte de la monarquía francesa desde principios del siglo XIII. Los conflictos dinásticos entre la casa de los Plantagenet y los Capeto franceses habían sido tónica común desde el siglo XII. El motivo principal era que, el rey de Inglaterra, como sucesor de Guillermo de Normandía, era señor de amplios territorios en Francia (Aquitania, Normandía…) lo que lo convertía al mismo tiempo en vasallo del rey francés. Pero los reyes ingleses eran reacios a aceptar la injerencia de los Capeto en sus asuntos feudales, y los conflictos se sucedían.

La Guerra de los Cien Años, en la que Juana tuvo un papel protagonista (sobre todo en su recta final) estalló con motivo de las diferencias que Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia sostenían sobre Gascuña. Los pactos firmados fueron papel mojado cuando pequeños conflictos alteraron el entendimiento entre ambos soberanos: la guerra con Escocia, la sucesión en Artois, y sobre todo la alianza del conde de Flandes con los franceses, que precipitó la guerra abierta.

Entre los años 1337 y 1415 la guerra tiene treguas ocasionales que ven la preponderancia de unos y otros alterarse. Se suceden reyes y conflictos en el propio seno de la realeza francesa. Los ingleses querían unir las coronas inglesa y francesa en Enrique V (con muchos partidarios franceses en el norte del país), apartando al príncipe Carlos VII (el Delfín) de la sucesión.

En ese contexto, una muchacha campesina, que decía haber recibido revelaciones de Dios, y acompañada de un grupo de soldados, acude a la Corte de Chinon para entrevistarse con el Delfín, que, sorprendido por su firmeza, le concede una audiencia privada. Conocedora de un envío de tropas a Orleans, que de hecho estaba siendo asediada por fuerzas de los ingleses en 1428, Juana solicita acompañar a la hueste y poder vestir armas. Una vez allí, sólo su determinación en atacar a los sitiadores sin titubear salva la situación, y aunque Juana fue herida en el cuello, no cejó en su empeño. Poco tiempo después, durante la batalla de Patay, en la que Juana era codirigente junto al duque de Alençon, la gran derrota sufrida por los ingleses motivó a Carlos VII a coronarse rey de Francia, y a retomar toda una escalada bélica dirigida a liberar París de manos de los ingleses.

La suerte se volvió contra ella en mayo de 1430, durante unas operaciones militares cerca de Compiegne, donde sus fuerzas fueron sorprendidas y rodeadas por los borgoñones, aliados de los ingleses. Juana fue capturada, y el Delfín, sorprendentemente, no pagó su rescate, algo que estaba muy lejos del alcance de su familia campesina. De tal modo, lo hicieron los ingleses, a los que fue entregada la joven de diecinueve años por los borgoñones.

Conducida a Rouen en 1431, sede del gobierno inglés en Francia, sus revelaciones divinas serán tomadas como pretexto para juzgarla por hereje. Un proceso muy irregular de tres meses, en el que Juana demostró lucidez y entereza, convino en que estaba inspirada por el demonio y que era bruja, y la quemó en la hoguera el 30 de mayo de 1431.

En 1453 terminaba la Guerra de los Cien años con la toma de Burdeos por parte de Carlos VII el Victorioso. Calais sería en adelante el último reducto inglés en el continente, perdido en 1558.

Décadas después, entre los años 1452 y 1456, el caso de Juana de Arco fue reabierto, y un equipo de expertos juristas y teólogos, autorizados por el Papa Calixto XII, y por petición de la madre de Juana y del inquisidor Jean Brehal, analizaron las pruebas, condenaron el veredicto y con carácter póstumo, a Pierre Cauchon (obispo de Beauvais, principal responsable del caso contra Juana). El obispo, ya muerto, fue condenado por hereje, y Juana, elevada a la categoría de Mártir.

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Un comentario para “Juana de Arco”


  • Juana de Arco siempre será un icono histórico e inspirador para las mujeres valientes y decididas. Me gusta leer sobre ella porque creo que la historia de su corta vida es un gran modelo a imitar. Para mí, siempre será una de las mujeres más destacadas de la historia, y por eso celebro que esté tan presente en los circuitos culturales de entretenimiento, como, en este caso, en la blogosfera, y, muchas veces hasta hoy, en el cine, por citar dos ejemplos.