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La Batalla de Tucumán

Publicado por Hilda

Antecedentes

Por orden de la Primera Junta de Gobierno, del 14 de junio de 1810, fue creado el Ejército del Norte, encomendándose esa misión al vocal Juan José Castelli, para aplastar una rebelión contra-revolucionaria en Córdoba.

Batalla de Tucumán

En el Alto Perú, decidieron no aceptar a las nuevas autoridades porteñas, y alinearse a la política del virrey del Perú, Abascal. Luego de ser vencidos en Cotagaita (27 de octubre de 1810), las fuerzas revolucionarias al mando de Balcarce, obtuvieron un triunfo en Suipacha, el 7 de noviembre de ese año.

El 20 de junio de 1811 se había producido la batalla de Huaqui con una aplastante derrota de las fuerzas independentistas, al mando de Antonio González Balcarce, por lo que perdieron la posibilidad de liberar el Alto Perú (hoy Bolivia). Los despojos de ese ejército fueron concentrados cerca de Jujuy, en la Quebrada de Humahuaca. Para elevar el ánimo de las tropas, fue enviado Cornelio Saavedra, por parte de la Junta de Mayo. El mando de las tropas pasó a manos poco después, de Juan Martín de Pueyrredón, que presentó su renuncia, al no sentirse capaz de levantar la moral de su gente.

El 27 de febrero de 1812, el general Manuel Belgrano, que se hallaba en Rosario, fue puesto al mando del Ejército del Norte, por parte del Primer Triunvirato, instalando en San Salvador de Jujuy, su cuartel general. Viendo que no podía defender el territorio jujeño, ante el avance realista, que había partido con 1.200 jinetes y diez piezas de artillería, al mando del general Pío Tristán, para tomar la intendencia de Salta del Tucumán, el 23 de agosto una multitud, formada por militares y civiles abandonaron la provincia con rumbo a Tucumán, para buscar ayuda, incendiando todas sus pertenencias, para que los realistas no pudieran aprovecharse de ellas. Esto fue el “Éxodo jujeño” acaecido el 23 de agosto.

El pueblo de Tucumán se mostró partidario de la causa revolucionaria, y hacia allí se dirigió Belgrano desconociendo la orden del Triunvirato de ir a Córdoba, para acercar a las distintas fuerzas patrióticas, pues también se cernía la amenaza portuguesa, que pretendía ingresar desde la Banda Oriental.

El 3 de septiembre tuvo lugar el Combate de Las piedras, cerca del río de ese nombre, con un triunfo patriótico, donde Eustaquio Díaz Vélez, a cargo de la retaguardia, venció a la vanguardia de Tristán, que lo había atacado, apoyado por Belgrano, que inclinó la batalla que parecía perdida, a un resultado favorable.

Preparación del ejército

Juan Ramón Balcarce se dirigió hacia la ciudad para formar una división de caballería, pidiendo la colaboración de la familia Aráoz, uno de cuyos miembros, Gregorio, era Teniente del ejército. Tucumán le brindó su ayuda, y el Cabildo comisionó tres delegados para peticionarle a Belgrano, que se enfrentara a los realistas en Tucumán.

El 13 de septiembre, Belgrano ingresó en Tucumán, donde encontró el ejército organizado por Balcarce, que había reunido alrededor de 400 hombres, cuyas armas consistían en lanzas, y carecían de uniforme, pero el espíritu de lucha y la valentía de la población lo impresionaron, al punto tal, que decidió no hacer caso a la intimación del Triunvirato de tomar rumbo a Córdoba.

La ciudadanía tucumana aceptó duplicar la suma que había solicitado Belgrano de 20.000 pesos en plata y concedió la integración de 1.500 hombres más en la caballería.

Las tropas realistas dirigidas por Tristán marcharon hacia Tucumán en una travesía complicada, tratando de avanzar por la izquierda patriota para impedirles su retirada hacia el sur (a Santiago del Estero). Se establecieron en Los Nogales, cerca del norte tucumano.

El encuentro

Belgrano cambió, el día 24 de septiembre de 1812, la orientación de sus hombres, del norte hacia el oeste, dividiendo la caballería en dos flancos (derecho e izquierdo, el primero al mando de Balcarce) apoyada por una sección de Dragones. La infantería estaba organizada en tres columnas: la izquierda, dirigida por el Coronel José Superí, la central por el Capitán Ignacio Warnes, y la derecha por el Capitán Carlos Forest. El Teniente Coronel Manuel Dorrego, estaba a cargo de la Reserva y la artillería, del Barón Eduardo Kaunitz de Holmberg, que fue la encargada de comenzar las hostilidades, para luego proseguir con la infantería. Balcarce arremetió contra el flanco izquierdo enemigo.

Mientras el centro patriota se mantenía firme y decidido, no sucedía lo mismo con el flanco izquierdo, siendo el Coronel José Superí, hecho prisionero. Esto creó gran confusión, a pesar de que Superí pudo ser rescatado, agravada por una gran cantidad de langostas que impedían la visión, en un lugar de geografía complicada “El Campo de Carreras”. La lucha se hizo confusa, en medio de pajonales incendiados, mientras crecía la cantidad de muertos de ambos bandos, que trataban de reorganizarse.

Tristán avanzó hacia Tucumán y amenazó con prenderla fuego, en caso de que no se rindiera, pero los patriotas replicaron con matar a los prisioneros, si eso sucedía.

Nada ocurrió hasta la mañana, en que Belgrano desde la retaguardia, a través del coronel Moldes, intentó forzar la rendición de Tristán, que se opuso a ello, dirigiéndose, perseguido por Díaz Vélez, hacia Salta, mientras 700 de sus hombres permanecían prisioneros, y 450, yacían muertos en el fragor de la lucha. Entre los patriotas los muertos se contaron en 65 y unas dos centenas de heridos. Las armas y provisiones del enemigo sirvieron para reabastecer al ejército de Belgrano.

El triunfo de Tucumán fue ofrendado por Belgrano, a la Virgen de las Mercedes, por ser su día, el que se libró la batalla, convirtiéndose en la “Generala” de su Ejército.

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