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Monarquía Parlamentaria

Publicado por Hilda

Según la clasificación aristotélica de las formas de gobierno, la Monarquía sería una de sus formas puras, donde el gobierno se ejerce por medio de una sola persona, que detenta el poder hasta su muerte, y que en general, es transmisible por vía hereditaria.

Representó la primera forma de organización del poder, ya que desde los antiguos egipcios, que consideraron al gobernante como un ser divino, hasta los soberanos absolutos de la Edad Moderna, que justificaron que Dios les había atribuido su poder, mantuvieron una continuidad histórica, desde la antigüedad hasta el advenimiento de la Edad Contemporánea, y aún subsiste, aunque con otras características, en muchos estados europeos.

Monarquias Parlamentarias

La primera señal del poder parlamentario sobre el real, se produjo en Inglaterra, donde Carlos I, en el año 1629, decidió fortalecer su mando, disolviendo el Parlamento, olvidando que este organismo era necesario por su gran influencia y poder.

Ante la necesidad de fondos, el Rey resolvió en 1640, volver a restaurarlo para solicitarle su colaboración económica. El Parlamento se rehusó a brindar ayuda, si antes el Rey no le concedía al Cuerpo Legislativo, importantes atribuciones, como el nombramiento de altos funcionarios, el establecimiento de impuestos y la supervisión del ejército, además de negarle derecho al monarca de disolver en el futuro el Parlamento. Esto le pareció a Carlos I un atropello a su investidura, y así monárquicos y parlamentarios (dirigidos por Cromwell) se enfrentaron, en la llamada Revolución Inglesa, triunfando los últimos, y estableciendo un gobierno republicano, que aunque no duró mucho tiempo, sirvió para que la nueva monarquía que se estableció en 1660, no pudiera gobernar a su antojo, sino teniendo en cuenta los intereses de los sectores sociales más influyentes, que el Parlamento representaba: la naciente burguesía.

En 1660, Carlos II volvió a restablecer la Monarquía. Fue sucedido por Jacobo II, en 1685, quien se enfrentó al Parlamento, sobre todo, por razones religiosas, estallando la llamada “Revolución Gloriosa”, inspirada en la ideas liberales de John Locke, que obligó a Jacobo II, a exiliase en Francia. A partir de entonces, la Monarquía Parlamentaria fue adoptada en Inglaterra.

La Monarquía Parlamentaria actual, sigue este mismo lineamiento. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte tiene como forma de gobierno una Monarquía Parlamentaria, sin Constitución, y cuyas instituciones de gobierno están constituidas por: el Rey, el Parlamento, el Gabinete Ministerial, y el Consejo Privado.

El Rey es el Jefe del Estado, y su máximo representante político, pero la Jefatura de Gobierno está a cargo de un Poder Ejecutivo, y el Poder Legislativo, queda en manos del Parlamento, que limitan de manera contundente el poder del Rey, quien en muchos casos, debe someterse a las decisiones del cuerpo legislativo, real depositario de la soberanía del pueblo, en países que se consideran monárquicos, pero democráticos. Los Poderes Legislativo y Ejecutivo presentan al Monarca, sus leyes y decretos, respectivamente, para ser por él refrendados.

Debe distinguirse las Monarquías Parlamentarias, donde el poder reside en la voluntad popular, de las Monarquías Constitucionales, como las de Noruega, Suecia o Dinamarca, donde el Rey no es una figura solo representativa, sino que conserva el poder real y efectivo, delegando derechos al pueblo, a través de las normas legales, emanadas de una norma jerárquicamente suprema, que es la Constitución.

El 6 de diciembre de 1978, España adoptó constitucionalmente como forma de gobierno una Monarquía Parlamentaria, donde el Rey es el Jefe del Estado y también conserva el mando supremo de las Fuerzas Armadas. El Parlamento está integrado por las Cortes, y tanto este organismo como el de Jefe de Gobierno, son cargos electivos. La institución monárquica continúa siendo hereditaria, y el rey no responde por su accionar, lo que es cuestionado por algunos políticos y doctrinarios, como incompatible con los sistemas democráticos. Sin embargo la imposición de la figura del Rey como simbólica, y el poco margen de actuación política que posee, hacen que la ausencia de su responsabilidad se compense con la que sí poseen quienes detentan los otros poderes, que son los que realmente están encargados de la toma de decisiones.

Bélgica y Mónaco, también son monarquías parlamentarias, pero, la de Lesoto (al sur de África) y sobre todo, las constituciones de Suecia y Japón limitan aún más los poderes del rey, dando sentido real a la expresión de Adolphe Thiers: “El rey reina, pero no gobierna”.

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