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La Pax Hispanica

Publicado por Raquel

El reinado de Felipe III en España se caracterizó por un imperante pacifismo, frente a la actitud muchas veces agresiva que se había ejercido en las décadas anteriores. Estamos a comienzos del siglo XVII, cuando se empiecen a manifestarán los primeros síntomas de la crisis de la monarquía hispánica. Será, precisamente, más adelante cuando el reino de los Austrias en la Península Ibérica se venga abajo. Alguna culpa de ello tuvieron los validos, altos funcionarios en el que los monarcas delegarán las funciones de gobierno.

Felipe III

Felipe III confió sus labores como rey a Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, el duque de Lerma. La política de ambos tuvo como objetivo conseguir la paz en todos los frentes. Por eso, este período vino a denominarse la “Pax Hispanica”, un tiempo en el que España ejercía la hegemonía del mundo conocido de forma no beligerante.

Un ejemplo fue el del problema turco. Si Carlos V y Felipe II habían tomado una actitud altamente beligerante contra los otomanos, el sucesor decidió buscar la paz. En este sentido, decidió no decantarse por los cristianos centroeuropeos en el avance turco hacia Hungría, a pesar de la petición pontificia. A pesar de ello, sí siguió la política precedente de combatir la piratería berberisca.

Otro frente combatido durante las décadas anteriores fue Francia. La intervención de Enrique IV en las posesiones españolas en Italia provocó la enemistad de Felipe III, que a punto estuvo de provocar una guerra, de no haber sido asesinado el monarca francés. Sin embargo, este reinado y los posteriores de Felipe IV y Carlos II se caracterizarán por un progresivo acercamiento al Francia. Esta nueva relación se materializó en una doble alianza matrimonial: la de Luis XIII de Francia con Ana de Austria, y la del futuro Felipe IV con Isabel de Borbón. De esta manera, se sellaba la amistad entre las dos potencias vecinas.

Felipe III fue el monarca que consiguió, aunque momentáneamente, pacificar las rebeldes Provincias Unidas (los actuales Países Bajos). Sublevadas bajo el reinado de Felipe II contra la dominación hispánica, habían decretado la Unión de Utrecht, liderada por Guillermo de Orange. Al subir al poder Felipe III, la necesidad de pacificar las provincias y de evitar su alianza con otros enemigos apremió a la firma de la Tregua de los Doce Años, en 1609. Durante ese tiempo, gracias además a la neutralidad inglesa, Felipe III pudo pacificar el actual territorio holandés.

La comentada Inglaterra había sido una de las mayores pesadillas de Felipe II. Su beligerancia hacia la reina Isabel I le llevó a numerosos conflictos, como el de las Provincias Unidas, así como a un intento de invasión, que acabó con el desastre de la Armada Invencible. Felipe III heredará este mismo problema para la monarquía hispánica. Así, el monarca español apoyó la rebelión irlandesa frene a la dominación de la soberana, que terminó con el fracaso de la expedición en Kinsale.

Sin embargo, el fallecimiento de Isabel I y el posterior nombramiento como rey de Inglaterra de Jacobo I suavizó la situación. Se firmará un acuerdo con Felipe III por el cual, las islas se comprometían a no intervenir en las Provincias Unidas a favor de los rebeldes, además de permitir cierta libertad religiosa. Esto favorecía los intereses de los católicos frente a los cada vez más numerosos anglicanos.

Por último, está el caso de Italia. Como ya se comentó, Enrique IV de Francia agitó algunas de las posesiones españolas en el país trasalpino. Sin embargo, su asesinato no llevó la cuestión a más. No obstante, territorios como Saboya o la República de Venecia se sublevaron a Felipe III. Fue, quizás, el mayor problema al que tuvo que hacer frente durante su pretendido reinado pacífico.

A la muerte del rey español, le sucederá su hijo, Felipe IV. Con él, se volverá a una actitud fuertemente belicista, que llevaría a España a la ruina económica y política. Este rey entrará en la Guerra de los Treinta Años, que a escala europea enfrentó a numerosas potencias. De esta manera, se ponía fin a la “Pax Hispanica” de Felipe III y el duque de Lerma.

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