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La Guerra Santa y el Fundamentalismo Islámico

Publicado por Hilda

Parece imposible que las religiones resulten excusas para iniciar acciones bélicas, pero la historia, desde la Edad Media (y aún antes) hasta la actualidad, ha dado muestras de que esto ha sido, y sigue siendo posible.

Las CruzadasYa las Cruzadas, ocurridas en el período comprendido entre los Siglos XI y XIII, por los cristianos contra los musulmanes, para obtener Tierra Santa, son un claro ejemplo, de este tipo de conflictos, que enfrenta a personas que profesan una fe diferente, y que se sienten amenazados o avasallados entre sí.

San Agustín, considerado uno de los Padres de la Iglesia, que vivió entre el 354 y el 430, fue uno de los primeros que defendió el concepto de lucha en sentido belicoso, para lograr que los paganos acepten la verdad revelada, con sus ideas de caridad y amor al prójimo, que ofrece el cristianismo. Esta idea, puede hallarse en su obra “La ciudad de Dios contra los Paganos”, y aunque fluye en ella una evidente contradicción entre amor y guerra, sus dichos se basaron en citas bíblicas. En el Evangelio de Lucas (Lucas 14,23), encontró el apoyo a su prédica, al interpretar que la frase que indica al hombre recorrer los caminos en busca de almas, para llenar la casa de Dios, incluso en forma obligada, permitiría el empleo de toda clase de medios.

Los musulmanes también usaron este concepto basándose en su libro sagrado, El Corán, que en realidad acepta la Guerra Santa con fines de protección y defensa, no para atacar a otros pueblos con credos diferentes. Incluso el Corán afirma expresamente que Dios no favorece a los que agreden, sino que les retira su amor, y promete una vida ultraterrena gloriosa a quienes luchen en pos del Islam, pero sostenemos que esto debe entenderse como lucha defensiva, aunque el Corán divide a la comunidad mundial entre los que habitan la casa del Islam y los que pertenecen a la casa de la guerra, siendo el fin último, lograr que todos integren la primera.

Guerra SantaEn la actualidad ha resurgido el término, para referirse al fundamentalismo islámico, que ha tomado connotaciones políticas, además de religiosas.

Las sociedades islámicas han mantenido una rigurosa observancia de modos de vida diferentes al mundo occidental, que se nota con ejemplo claro en la vida que llevan sus mujeres, sometidas y recluidas al ámbito estrictamente doméstico.

En Irán, el ayatollah Jomeini, en el año 1979, derrocó al Shá, Mohammad Reza Pahlevi, que había intentado un proceso de democratización, pero favoreciendo sólo a un sector de la población. El ayatollah, gobernó por una década, y al asumir el poder de la nueva República, implantó la ley islámica, apartándose de la política de acercamiento hacia occidente, que había iniciado su predecesor.

En 1978, antes de su asunción, expresó en un mensaje, claros y reveladores conceptos del alcance de la expresión: Fundamentalismo Islámico. En dicho comunicado expresó que quien mueve la historia es el mártir, y no el héroe. Distinguió en el Islam dos tipos de guerras. La Yihad, o Guerra santa, que se refiere a la conquista de territorios, y es impuesta por el Islam, como una obligación. La otra batalla es la defensiva.

La primera de estas luchas impone a todos los adultos musulmanes poner sus vidas al servicio de la causa islámica, para que los preceptos religiosos del Corán, se difundan por el mundo y lo conquisten. Sólo pueden exceptuarse aquellos que por razón de enfermedad o invalidez se encuentren imposibilitados. Aquellos que osaren no servir a la causa islámica serán condenados a las llamas del infierno.

Los fundamentalistas islámicos sostienen, y así se expresa en el comunicado del líder chiíta, Jomeini, que matar a los infieles, que siembran en el mundo la corrupción, les permitirá tener un castigo más aliviado del recibirían en el más allá, si muriesen de otro modo, continuando sus actividades. A esas muertes las denomina “operación quirúrgica”, y según él, son ordenadas por su Dios, Allah.

En 1980, Irak declaró la guerra a Irán, estando el primer país gobernado por el Partido Baaz, de Saddam Hussein, de tipo laico, nacionalista y socialista. Las causas fueron de índole territorial y el temor de Irak de que Irán difunda su fundamentalismo religioso por todo el mundo árabe. El Partido Baaz fue prohibido tras la invasión estadounidense a Irak, en el año 2003.

En 1989, la muerte de Jomeini, entregó el mando a Alí Akbar Hashemi Rafsanyani, quien realizó durante su gobierno una política de acercamiento hacia occidente, pero fue derrotado en el 2005, por el conservador Mahmud Ahmadineyad, quien integra actualmente uno de los países del llamado “Eje del mal” para el mundo occidental.

Puede encontrarse la razón de ser de la supervivencia actual del fundamentalismo islámico, en sus sociedades, aún aferradas a estrictos conceptos religiosos, que los ha llevado a su radicalización, poniéndolos en el centro de sus preocupaciones, y viendo como enemigas a las progresistas y capitalistas sociedades occidentales, que arrasan con valores tradicionales, relegando la importancia de la sujeción estricta a los mandatos divinos. Los fundamentalismos, no sólo el islámico, sino de cualquier religión, tratan de ver sus creencias como las únicas verdaderas, desestimando a las demás de forma irreversible, y aferrándose de modo inexorable a un pasado que les brindaba preceptos estáticos e inmutables, frente a un presente y un futuros inciertos, que los aleja cada día de su vínculo seguro y confiable con el Creador.

Osama Bin LadenLos terrorismos que actúan a nivel internacional, son caratulados como fundamentalistas, siendo la organización más temible, la red Al Qaeda, creada a fines de 1980 por Osama Bin Laden, que estremeció al mundo por sus atentados en su mayoría suicidas contra sus máximos enemigos: Estados Unidos e Israel. El más conocido de ellos por su repercusión, fue atentar contra un símbolo del capitalismo, como las Torres Gemelas, en Estados Unidos. Los miembros de esta organización no vacilan en entregar sus propias vidas para lograr sus criminales cometidos, que para ellos, son un mandato divino, obteniendo como recompensa la promesa de una vida decorosa en el paraíso.