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Reino de las Dos Sicilias

Publicado por Verónica

Se conoce como Reino de las Dos Sicilias a los territorios de la Italia meridional que pertenecieron, entre 1816 y 1861 a la casa real de Borbón en España.

Los territorios comprendían Nápoles y la Isla de Sicilia, ligados a la corona española desde el siglo XIII, sumándose como conquista al reino aragonés en el siglo XV y definitivamente reintegrados a Italia durante la unificación que es país llevó a cabo durante el siglo XIX.

Escudo de armas de las Dos Sicilias

El Reino de las Dos Sicilias, entonces reino de Nápoles-Sicilia, estuvo dominado por España hasta la firma del Tratado de Utrech en 1713 donde pasa al dominio austriaco; en 1734 se conformó como un estado independiente bajo el poder de Carlos de Borbón quien tras vencer a los austriacos recuperó el dominio de ese territorio para España.

Al ascender al trono español como Carlos III, Carlos VII de Nápoles cedió la corona de los reinos de Nápoles y Sicilia a su hijo Fernando. Tras enfrentar las guerras napoleónicas, Fernando vuelve a tomar posesión del trono napolitano-siciliano, cambiando su denominación por el de Reino de las Dos Sicilias. El reino , bajo el poder de su nieto Francisco II, se perdería definitivamente tras la expedición de Garibaldi en 1860.

Carlos III fue el gran reformador del reino, que para el siglo XVIII arrastraba serios problemas económicos. Influenciado por las ideas de la Ilustración, Carlos III lucho en contra de los fueros eclesiásticos controlando fiscalmente sus bienes, redujo también los derechos de inmunidad y asilo.

En los más de cincuenta años del gobierno de Carlos III , la producción agrícola y ganadera tuvo un notable progreso, dando empuje a las actividades comerciales. En 1755 se inauguran en la Universidad de Nápoles las cátedras de Economía y Astronomía, únicas en su momento.

Entre las obras que emprendió el monarca estuvieron la construcción del Palacio de Caserta, el Museo de Capodimonte, el Palacio Portici, la Capilla de San Severo y el Teatro de San Carlo, además de construir refugios para pobres e iniciar el proceso de las excavaciones en los sitios de Pompeya y Herculano.

Carlos marcha a coronarse a España en 1759, dejando en su lugar a su hijo de 8 años, Fernando IV bajo la regencia de el conde Domenico Cattaneo de San Nicandro y el marqués Bernardo Tanucci.

Con apenas diecisiete años, contrae matrimonio con María Carolina de Austria en 1768, hija de María Teresa de Austria. Fernando estuvo más preocupado por restablecer las relaciones con la iglesia y el embellecimiento del reino. Fue María Carolina quien tomó las riendas del poder.

Durante el inicio de su reinado, los monarcas de las Dos Sicilias estuvieron al margen de los movimientos de liberación, pero tras la caída y decapitación de Luis XVI y María Antonieta, hermana de María Carolina, se unieron a la Primera Coalición de Estados europeos contra Francia, persiguiendo a los simpatizantes de la Revolución francesa.

En 1796 tras la invasión napoleónica de Italia, Fernando IV tuvo una serie de enfrentamientos con las fuerzas francesas, primero para recuperar Roma y después para evitar el dominio francés sobre Nápoles. Los franceses apoyaron a los movimientos emancipadores y antimonárquicos italianos sin gran éxito pues Fernando era apoyado por el grueso del pueblo.

Las luchas entre franceses y napolitanos dejaron cerca de diez mil muertos en cada bando. Con el apoyo de la Iglesia, Fernando logró reinstaurar la monarquía borbónica en junio de 1799, deponiendo al gobierno antimonárquico jacobino apoyado por los franceses.
Sin embargo, Napoleón tras ganar la batalla de Austerlitz en 1805, controla Italia y pone al frente del reino de Nápoles a su hermano José. Fernando se refugia en Sicilia. En 1808 abdican los últimos borbones en el trono español; José Bonaparte queda al frente del reino español dejando a Joaquín Murat como gobernante de Nápoles.

Tras la celebración del Congreso de Viena al cabo de veinte años de lucha napoleónica, Italia tuvo una serie de reacomodos territoriales, perdiendo reinos o sumando territorios a los existentes. Fernando IV, para recuperar Nápoles, tuvo que ceder la Isla de Malta a los ingleses.

Fernando IV de Nápoles firma un acuerdo con Austria y decreta la unificación de los reinos de Nápoles y Sicilia en el de las Dos Sicilias, asumiendo su reinado como Fernando I. Mientras el resto de Italia sufría el deterioro económico producto de las guerras, el reino de Fernando vive un proceso modernizador y de buenas relaciones diplomáticas, incluso con la iglesia católica romana.

Bajo el reinado de Fernando I, el reino de las Dos Sicilias se embelleció con nuevas contrucciones, escuelas gratuitas, universidades, mejoras a puertos y puentes, saneamiento de canales y ríos. Redujo impuestos, apoyó a los nuevos comercios y la vida intelectual y artística.

Tras la muerte de Fernando I, le sucedió en el poder su hijo Francisco I, quien tuvo un gobierno caracterizado por la fuerte presión de Austria e Inglaterra. Su hijo, Fernando II, tuvo mayor fuerza que Francisco pese a la corta edad con la que asumió el poder en 1830. Fernando II abolió privilegios, bajo impuestos, envió a los mendigos a instruirse, construyó calles y vías para ferrocarril, firmó gran cantidad de acuerdos comerciales con numerosos países.

Tras aceptar la instauración de una nueva Constitución, sufre los ataques de diputados revolucionarios que no están conformes con ella pese a los intentos de Fernando II por conciliar intereses. La opinión pública ahora en su contra, deseaba la emancipación.

Fernando II suspendió el experimento constitucional justo cuando Austria volvía a atacar Italia, dejando el gobierno en manos de Francisco II, su hijo. La guerra se volvió un problema dinástico justo cuando el rey Carlos Alberto del Piamonte dejaba en poder en manos de su hijo Víctor Manuel II, quien apoyado por el Conde de Cavour y de revolucionarios como Mazzini y Garibaldi lograría la unificación de Italia y la consecuente desaparición del Reino de las Dos Sicilias en 1861 tras las revueltas garibaldianas.

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