21
Oct

El arte medieval

Publicado por Hilda el 21 de Octubre de 2006 a las 04:57 pm

Arte medievalA partir del siglo IV, se desarrolló en la ciudad de Bizancio, el llamado arte bizantino, que se expandió a todo el Imperio Romano de Oriente, a partir del siglo VI.

Esencialmente religioso, sus retratos aparecen inmutables y estáticos, con reproducciones bíblicas exactas, según el control de la iglesia. En la arquitectura, se destacaron en el uso de arcos, donde lograron acoplar, bajo la influencia asiática, una cúpula circular, a un edificio cuadrado.

Se destacan en este período, los mosaicos de la iglesia de Santa Sofía, en Constantinopla y en la de San Vital, en Rávena.

En 1453, los turcos ponen fin al Imperio Romano de Oriente, pero la influencia de su arte se extenderá más allá de sus fronteras, alcanzando Italia del Sur, Sicilia, Servia, Bulgaria y Rusia.

Durante el imperio carolingio, Carlomagno, a partir del Siglo VIII, dio lugar a un período conocido como arte medieval temprano o renacimiento carolingio, que se extendió hasta el siglo XI. Tomando los modelos bizantinos, construyó iglesias, con cuerpo central en forma octogonal y cubiertas por amplias bóvedas.

En escultura, se observa la influencia germánica en sus miniaturas y orfebrería.

En España, se confundieron el arte carolingio con el visigodo, dando lugar al arte asturiano, expresado en iglesias como San Pedro de la Nave (Zamora) y Santa María del Naranco.

En el arte de la Edad Media, debemos reconocer la gran influencia religiosa, de una Iglesia detentadora de un inmenso poder, que lograda la anhelada paz y la prosperidad económica, a partir del siglo XI y hasta el siglo XIV pugnó por la construcción de iglesias y monasterios. Aunque en menor medida, se construyeron también edificios civiles.

Debemos reconocer dos estilos diferentes, en esta etapa de florecimiento: el románico y el gótico, pudiendo señalar en común, que los arquitectos medievales construían para la eternidad. La calidad de sus obras, perduran como legado histórico.

El primero surgió, impulsado por la orden religiosa de Cluny, caracterizada por su austeridad moral, en el siglo XI, en Francia y Alemania, y se expandió con características comunes a toda Europa.

Su denominación alude a la similitud de estilo de sus arcos y bóvedas con las romanas.

Son ejemplos de este estilo, la Catedral de Works (Alemania), la catedral de Durham (Inglaterra) y la Iglesia de Saint-Sernin de Toulouse (Francia).

Son construcciones sólidas y colosales, aunque sobrias, donde se destacan los arcos de medio punto, semicírculos ubicados sobre todo en los arcos y las bóvedas. Estas eran generalmente de piedra y cubrían las naves de las iglesias. Debido a su peso, los muros que las sostenían eran gruesos y con escasas aberturas, para lograr su solidez.

Las fachadas tenían torres, generalmente doble. En el interior, el pilar de base en forma de cruz sustituye a la columna.

El campanario, generalmente se ubicaba en la fachada principal.

Los portales de acceso y los capiteles de las columnas, poseían imágenes esculpidas y las pinturas mostraban pasajes bíblicos con fines didácticos. Son sus temas: las luchas entre el bien y el mal y el juicio final. Las figuras son representadas simbólicamente. Por ejemplo, Cristo, con los ojos muy abiertos, clavado rígido en la cruz. Las esculturas románicas se subordinaban a las exigencias arquitectónicas.

Desde Francia, en el siglo XIII, se expandió por Europa el arte gótico, llamado así, por el historiador renacentista, Giorgio Vasari, por considerarlo como creación de los godos, también religioso, pero que coincide con el florecimiento de la vida urbana.

Liberadas las ciudades del poder feudal, muchos edificios civiles exponen esta forma artística, como los castillos y las lonjas, sitio donde se reunían los mercaderes.

Pero sin duda, son las catedrales la que lo llevan a su máxima expresión, construidas en el centro de la ciudad. Por ejemplo, se destacan en Francia, Nôtre Dame de París, Chartres, Reims y Amiens, aunque se considera como su primera expresión la abadía de Saint Denis, cerca de París, bajo la dirección del abad Suger. Servían no sólo a fines religiosos, sino como sitio de reunión de las corporaciones y para celebrar fiestas de carácter popular.

La rigidez del arte románico, deja paso a un arte más humanístico.

La altura de las iglesias al principio no fue tan elevada, ya que las pesadas bóvedas no descansaban más que en las paredes laterales.

Con la aparición de la bóveda de crucería, sostenida por pilares, y apuntaladas por arbotantes y contrafuertes, las naves comenzaron a ser cada vez más altas, provistas de grandes ventanales, que transformaban a los edificios en sitios luminosos, además de sumamente bellos, ya que sus ventanas, en las que se utilizaba el arco apuntado u ojival, fueron decoradas con vitrales, vidrios de colores que otorgaban a la luz natural un matiz especial y mágico.

Las paredes, se transformaron en meros elementos de separación de ambientes, ya que no debieron soportar el peso del tejado.

Pueden distinguirse tres etapas en el arte gótico:

La primera, el gótico primitivo, con construcciones sólidas y macizas.
La segunda, el gótico radiante, elegante, delicado y luminoso.
La tercera, el gótico tardío o flamígero, donde hay sobreabundancia de decoración y falta de armonía.

21
Oct

La Guerra de los Cien Años

Publicado por Hilda el 21 de Octubre de 2006 a las 02:31 pm

La guerra de los cien añosSe produjo a fines de la Edad Media, entre los años 1337 y 1453, exactamente, 116 años, entre Francia e Inglaterra.

Los normandos que se habían establecido en Inglaterra, habían coronado a su descendencia como monarcas ingleses, quienes poseían en Francia grandes extensiones de tierra.

Al extinguirse en Francia la dinastía de los Capetos, nombraron sucesor, al rey Felipe de Valois.

El rey Eduardo III de Inglaterra, pretendía el trono de Francia, alegando ser descendiente de los Capeto por línea materna, ya que su madre, Isabel, sería hermana de Luis, Felipe y Carlos, hijos de Felipe el Hermoso, y se sintió traicionado con la asunción de Felipe de Valois, quien asumió como Felipe VI. Los franceses habían alegado la imposibilidad de coronar a Eduardo III, fundados en la ley Sálica, que impedía la sucesión real por vía femenina.

Además Francia, pretendió adquirir bajo su dominio a la provincia de Flandes, por razones de vasallaje.

Eduardo, como venganza, acogió en su Corte a un pariente de Felipe, Roberto de Artois, que se había rebelado contra su autoridad. Ante esta situación Felipe invadió y se apoderó de Gascuña, propiedad francesa.

El ejército francés estaba integrado por nobles, el inglés por todas las categorías sociales.

En la batalla naval de Sluys y en Crécy y Poitiers, los franceses sufrieron la derrota. Solamente París resistió a los años de miseria y opresión.

El rey Juan de Francia fue hecho prisionero junto a su Corte, y esto obligó a negociar el Tratado de Brétigny-Calais, firmado en el año 1360, por el cual Eduardo III recuperaba todas sus posesiones originales, con excepción de Normandía. Los ingleses obtuvieron a perpetuidad Guines, Marck y Calais.

Unos años de paz sobrevinieron al Tratado de Calais, y al reanudarse el conflicto, Francia recuperó algunos territorios, gracias a la acción de Bertrand du Guesclin.
La batalla de Agincourt significó una nueva derrota para Francia, y expuso a ese estado a la posibilidad de contar con un rey inglés: Enrique V.

Destacada fue la actuación de Juana de Arco, otorgando a las fuerzas francesas gran valor espiritual. Era una joven analfabeta, convencida de que una fuerza divina la impulsaría a liberar a su país de los ingleses. Consiguió liberar a Orleáns en 1429, obteniendo luego victorias en Troyes, Chálons y Reims, donde logró la coronación de Carlos VII.

Luego de varias derrotas fue capturada por el duque Felipe de Borgoña, en 1430, donde fue acusada por hechicería ante los tribunales de la Inquisición y condenada a muerte en la hoguera, en 1431.

En Francia, coexistían dos reyes: Carlos VII, que había sido coronado en Reims y Enrique VI, impuesto por Inglaterra, y, particularmente, por Felipe de Borgoña. Por la Paz de Arrás, firmada en 1435, un año más tarde Borgoña se reconcilió con Francia.

El triunfo definitivo de Francia se produjo en el año 1453, donde recuperaron todos sus territorios, con excepción de la ciudad de Calais.

Luego de esta guerra, Inglaterra se vio sacudida por una guerra civil, la Guerra de las Dos Rosas, por las disputas que se originaron en torno a la sucesión al trono, que dividieron al estado en dos facciones. Finalmente, la dinastía Tudor, representada por Enrique VII, asumió el trono (1485).

20
Oct

La sociedad y la economía del período feudal

Publicado por Hilda el 20 de Octubre de 2006 a las 06:18 pm

Sociedad feudalLa jerarquizada sociedad medieval podría representarse por una pirámide, cuya cúspide la ocupaba el rey, que era señor de todos y vasallo de nadie.

En un peldaño más abajo se ubicaban los grandes vasallos: duques, condes y marqueses, con feudos extensos.

Luego se situaban los vasallos menores, poseedores de pequeños feudos.

Por último, los campesinos, entre los cuáles había que diferenciar los siervos y los campesinos libres, y dentro de estos últimos, los colonos y villanos.

Los siervos no eran esclavos, eran arrendatarios de pequeñas porciones de tierras del señor, llamadas mansos, por las cuales debían abonar dinero, o trabajos personales en las tierras del señor, llamadas reservas, o parte de las cosechas. Su situación era la de mayor sometimiento. Estaban atados a la tierra, y se vendían con ella. Cumplían tareas domésticas y agrícolas para su señor y pagaban pesados tributos.

Los colonos también arrendaban mansos, y tenían obligaciones hacia su señor, pero podían abandonar el manso cuando quisieran, al igual que los villanos. En el caso de éstos eran propietarios de pequeños terrenos llamados alodios.

La iglesia también poseía tierras, y era común que un abad o un obispo, fuera un señor feudal.

Tenemos que distinguir etapas dentro del mundo medieval, en cuanto al desarrollo económico.

Ente los siglos V y X, el poder económico estaba simbolizado por la tierra, al constituirse la agricultura en el pilar de una economía de subsistencia, con escasísima actividad comercial.

La vida urbana era insignificante. El grueso de la población se dedicaba a tareas rurales.

La fe cristiana y la miseria eran el común denominador de los distintos reinos, asolados por las inclemencias naturales (lluvias excesivas, pocas posibilidades de almacenamiento), lo que traía como lógica consecuencia, pobladores mal alimentados susceptibles de contraer enfermedades, que pronto se convertían en epidemias, diezmando a los habitantes, que atribuían el origen de sus males a castigos divinos, lo que imposibilitaba el avance de la ciencia médica. La mortalidad infantil y de personas jóvenes era lo habitual, siendo de treinta y cinco años, el promedio de vida.

Esta vida sacrificada contrastaba con la ociosa que llevaban los señores, dedicados a la actividad guerrera, pero con largos períodos de paz, donde transcurrían sus días en la monotonía del castillo, organizando cacerías y torneos.

Cuando en el siglo X, cesaron las invasiones, la situación mejoró en forma considerable. Paralelamente la naturaleza comenzó a otorgar condiciones más positivas para el cultivo, como aumentos de temperatura y menos inundaciones, lo que permitió la expansión agrícola.

A partir del siglo XI, se produjeron adelantos técnicos, como el arado de ruedas pesadas, con piezas de hierro, que reemplazaban a las anteriores de madera, mucho menos potentes.
Comenzó a utilizarse las fuerzas hidráulica y eólica como fuentes de energía, por ejemplo, los molinos de agua y de viento.

Para facilitar la siembra se utilizó la rastra, que rompía los terrones de tierra después que pasaba el arado.

El veloz caballo, reemplazó al parsimonioso buey, ya que al aumentarse la producción de avena, aquellos pudieron ser alimentados.

Se introdujeron técnicas de cultivo para evitar el agotamiento de los suelos, como la rotación trienal en sustitución de la bienal.

Este éxito en la producción agrícola, permitió el mejoramiento de las condiciones de vida, la disminución de las enfermedades y el desarrollo del comercio, motivado en la existencia de excedentes de producción.

Se produjo un período de expansión territorial pacífica en busca de nuevos territorios aptos para el cultivo, se desecaron pantanos, se talaron bosques y se utilizaron con ese fin las laderas de las montañas.

Al existir mayor seguridad en las rutas, se incrementaron las comunicaciones, fomentándose las peregrinaciones, sobre todo, a Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela.

Las ciudades, cuya actividad era restringida hasta entonces, comenzaron a cobrar prestigio, y sus habitantes fueron llamados burgueses por vivir en los burgos, denominación con la cual también se conocían a las ciudades.

Las ciudades surgieron en los lugares en que se reunía mucha gente: en un puerto, en el cruce de algún río, en un paso entre montañas, en un cruce de caminos, en una feria o en un santuario famoso.

Los monarcas otorgaron a las ciudades cartas de libertades, por las cuáles, si bien dependían del rey, sus habitantes eran hombres libres, sin sujeción de dependencia feudal, pudieron establecer gobiernos comunales y administrar justicia. Las ciudades fueron los primeros gérmenes en la lucha por la libertad, ya que los habitantes se unían y ofrecían a un señor una buena suma de dinero para prescindir de su dominio.

Dentro de la vida urbana, se distinguían sectores que basaban su poder, ya no en la tierra, sino en el dinero, que lograban merced a la actividad comercial.

Los ricos mercaderes fundaron iglesias, hospitales, escuelas y patrocinaron obras comunitarias.

También estaban los artesanos, agrupados en gremios, por rama de actividad, que controlaban estrictamente el trabajo de sus miembros.

La calidad de la mercancía y de la mano de obra estaba garantizada y se fijaba un justo precio.
El maestre era el conocedor del oficio y lo enseñaba a los aprendices, que cuando lo aprendían se transformaban en jornaleros.

Tampoco faltaban los marginados, aquellos carentes de trabajo fijo.

El comercio internacional comenzó a desarrollarse a partir del siglo XIII, destacándose Italia, como el país de mayor tráfico de moneda internacional y su banca, sobre todo la de Florencia, alcanzando su punto culminante con la familia de los Médicis, que dirigía los negocios del papado. A fines de la Edad Media, la casa de Fugger, en Alemania, adquirió inmenso prestigio. Con el surgimiento de los Bancos, sus dueños, los banqueros, pronto se transformaron en prestamistas, obteniendo con esta actividad grandes fortunas.

Se conformaron uniones de ciudades, como la Liga Hanseática, integrada por ciudades del norte de Europa, que controlaba el comercio desde Inglaterra a Rusia.

Todo este proceso de apogeo, tuvo su fin, cuando nuevas guerras, ahora surgidas entre señores, reticentes a devolver sus concesiones, y reyes, ansiosos de recobrar su poderío y unificar sus reinos, devastaron los campos cultivados y arrasaron con numerosos pobladores, lo que diezmó la población europea. Fue particularmente importante la guerra de los Cien Años, principalmente, entre Francia e Inglaterra, sobre la sucesión monárquica francesa.

A las nefastas consecuencias aportadas por los conflictos bélicos, se sumaron las hambrunas, por una seguidilla de malas cosechas, debidas a lluvias excesivas y agotamiento de los suelos. Como resultado de la falta de alimentos la gente comenzó a padecer enfermedades, y a morir por esas causas.

La peste negra o bubónica, coronó la sucesión de desgracias, a partir del año 1348, dejando como saldo la muerte de un tercio de la población.

La situación de miseria, y el aumento de impuestos establecidos para enfrentar la grave situación y las grandes diferencias entre ricos y pobres originaron levantamientos populares.

18
Oct

El Sacro Imperio Romano Germánico

Publicado por Hilda el 18 de Octubre de 2006 a las 08:30 am

El Sacro Imperio Romano GermanicoEl Tratado de Verdún (843) había dividido el Imperio Carolingio en tres zonas: Germania o Francia Oriental, Francia Occidental (actual Francia) y Lotaringia, zona situada entre las anteriores.

Los invasores nórdicos (vikingos) aprovecharon la debilidad en que se encontraba Europa, tras la muerte de Carlomagno, y atacaron desde varios flancos. Los daneses comenzaron a controlar las rutas del mar del Norte, los noruegos invadían el norte de Escocia e Irlanda, incluyendo las costas occidentales inglesas.

La Francia Oriental o Germania, ubicada al este del río Rhin, debió soportar los ataques de los húngaros y los eslavos, con lo que el poder del rey fue perdiendo prestigio y fortaleza, contrariamente a los nobles, sobre todo, los duques, que poco a poco fueron controlando el gobierno, eligiendo a los reyes, cargo que comenzó a transformarse en electivo, luego de la desaparición de la dinastía carolingia. Esto motivó la fragmentación entre un poder central y varias autoridades locales.

Con la aparición de Otón I, rey perteneciente a la dinastía de Sajonia, cuyo prestigio fue adquirido al derrotar a los húngaros y a los eslavos, renace la idea de la autoridad imperial.

Al igual que Carlomagno, realizó una alianza con el Papa y se coronó emperador en el año 962, dando nacimiento a un nuevo imperio: el Sacro Imperio Romano Germánico, denominación que adquirió Germania, a partir de entonces. La denominación de sacro o sagrado provenía de la ceremonia consagratoria de la autoridad imperial a cargo del Papa, representante de Dios en la Tierra.

Mapa del Sacro Imperio Romano Germánico

Mapa del Sacro Imperio Romano Germánico

El inmenso poder alcanzado por la Iglesia no se limitaba a lo religioso, ya que era propietaria de grandes extensiones de tierra y cuantiosas riquezas. En la abadía de Cluny se habían realizado favorables reformas y habían nacido dos nuevas órdenes, los Cartujos y los Cistercienses, que crearon numerosos monasterios en Europa.

La buena relación entre el poder temporal y el religioso se quebrantó, cuando en el siglo XI, el Papa Hildebrando, denominado Gregorio VII, impulsó una reforma religiosa, basada fundamentalmente en establecer la jerarquía eclesiástica, cuyo máximo exponente era el Papa, que iba a ser elegido por un colegio cardenalicio, la prohibición del matrimonio eclesiástico, para que los sacerdotes estuvieran sólo dedicados a Dios, la adopción de un cuerpo normativo propio, el Derecho Canónico, basado en el Derecho romano y la superioridad del poder papal sobre cualquier otro, incluido el imperial.

Esta última pretensión desató el conflicto, conocido como Querella de las Investiduras, que se extendió entre 1073 y 1122. Enrique IV, siguió designando obispos, ante lo cual el Papa lo intimó a la obediencia, amenazándolo con la excomunión y la deposición, lo que finalmente se concretó.

Amenazado su poder, Enrique IV, pidió la absolución papal, lo que logró, pero al regresar a Alemania, había sido nombrado emperador su cuñado, Rodolfo de Suabia.

Ante la negativa al pedido realizado por parte de Enrique IV a Gregorio VII, para que excomulgara al nuevo emperador, el primero convocó a un concilio de prelados que depuso al Papa y nombró en su lugar a uno nuevo, Clemente III, obispo de Rábena.
Ante esto el Papa depuesto, reunió un concilio en Roma en el año 1080, excomulgó a Enrique IV, lo depuso y reconoció como emperador a su cuñado.

Sin embargo, Clemente III, coronó emperador a Enrique IV, quien envió tropas contra Roma. Gregorio VII debió huir. Esta larga lucha tuvo su fin en el siglo XII, con el Concordato de Worms, firmado el 23 de septiembre de 1122, por el cual la Iglesia conservaba la facultad de investir a los clérigos y al poder imperial se le reservaban los demás poderes feudales y demás facultades temporales.

Fue en el siglo XIII, cuando nuevamente se suscitó la polémica, cuando ocupó el mando el emperador Federico Barbarroja, perteneciente a la dinastía de los Hohenstaufen, quien pretendió imponer su mando sobre el Papado.

Paulatinamente el emperador comenzó a perder su poder, al compartir sus decisiones con otro organismo, la Dieta, que debía aprobarlas y fiscalizar sus actos. Era un organismo constituido por representantes de los príncipes y de algunas ciudades del Sacro Imperio.

A partir del siglo XV gobernaron los duques de Austria, de la dinastía de los Habsburgo. En su máximo esplendor llegó a estar integrado por los actuales países de: Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, República Checa y Eslovenia, el este de Francia, el norte de Italia y el oeste de Polonia. Fue disuelto en 1806 por Napoleón I.

17
Oct

Carlomagno y el Imperio Carolingio

Publicado por Hilda el 17 de Octubre de 2006 a las 02:50 pm

CarlomagnoHijo de Pepino el breve, y de Bertrada de Laon, quien lo educó como ferviente cristiano, gobernó luego de la muerte de su padre, en el año 768, junto a su hermano Carlomán, quien falleció al poco tiempo, el reino de los francos, siendo su principal objetivo, lograr restaurar el Imperio Romano de Occidente.

Con ese objetivo, inició la conquista de los territorios vecinos, extendiendo sus dominios desde el Océano Atlántico hasta el río Elba y desde el mar Báltico hasta los Pirineos, evangelizando los pueblos conquistados, con el fin de concretar el ideal de una Europa unida bajo un solo poder y una sola fe: la cristiana.

Bajo su espada, se replegaron los sajones, situados en el norte de Alemania, los ávaros, que fueron exterminados, los lombardos, pueblo germánico, que habitaba el norte de Italia, desde el año 568, en un lugar que el Papa Adriano I ansiaba recuperar, a cuyo fin solicitó la ayuda de Carlomagno, quien fue coronado tras vencerlos, como rey de los lombardos. Estos territorios lombardos fueron concedidos al papado, lo que originó los Estados Pontificios, que recién se unificarían con el resto de Italia en el año 1870.

Ocupó, cerca de los Pirineos, un territorio fronterizo, al que denominó Marca Hispánica, pero no logró cruzar los Pirineos para ocupar la España musulmana. A causa de una gran derrota, sufrida en Roncesvalles (norte de España), donde Roldán, al frente de su ejército, fue derrotado por los vascos.

La relación con el Imperio Bizantino fue de discordia, hasta que el emperador bizantino Miguel I Rangabé firmó un tratado por el cual reconoció en 812 a Carlomagno como emperador de Occidente.

Estableció una alianza con el Papa, quien lo consagró emperador, el día de navidad, en el año 800, siendo la ciudad de Aquisgrán, la capital del imperio, que dividió para su mejor administración en provincias o condados, gobernadas por un conde, en ducados, a cargo de los duques, ubicados en lugares cercanos a las fronteras y las marcas, dirigidas por marqueses, que eran provincias fronterizas con finalidad de protección exterior.

Otros funcionarios eran el canciller, que se ocupaba de temas civiles y eclesiásticos, el chambelán, que trataba asuntos domésticos del emperador y los missi dominici, dos funcionarios con poderes administrativos y fiscales.

La sociedad, estaba organizada, de acuerdo a la función que cada grupo cumplía, en el sector de los que rezaban, integrado por el clero, el de los guerreros, con la misión de defensa y conquista y por último los que trabajaban, conformado en general, por los campesinos, actividad a la que se dedicaba la mayor parte de la población, que constituían el último peldaño, y sin embargo, merced a su esfuerzo lograban subsistir no sólo ellos mismos, sino el resto de las clases, consideradas privilegiadas.

Preocupado por el escaso nivel de instrucción, aunque él era prácticamente analfabeto, Carlomagno fundó escuelas, destinadas al clero y la nobleza, en las catedrales, monasterios e incluso en el palacio. Esta última, la Escuela Platina, dirigida por Alcuino de York, profesor proveniente de Inglaterra, estuvo destinada a los futuros funcionarios. El principal libro de textos fue la Biblia, aunque también se estudiaron los clásicos latinos. Este florecimiento cultural hizo prosperar la denominación de Renacimiento Carolingio, a este período histórico.

Luego de la muerte de Carlomagno, le sucedió su hijo Luis, en el año 814, un monarca débil, apodado Ludovico Pío o Luis el piadoso, que debió soportar conflictos internos con la nobleza y por su propia sucesión, por la que rivalizaban sus hijos. En el orden externo, el imperio sufrió, entre los siglos IX y X, nuevas invasiones, de pueblos normandos o vikingos sarracenos, húngaros y eslavos, lo que tornó en sumamente inseguro el mundo medieval, comenzando a sentarse las bases de la nueva organización feudal, con poderes locales fuertes, a cargo de señores feudales y un territorio dividido en pequeños reinos o señoríos.

Muerto Luis, en el año 840, y luego de varios años de conflictos internos, se firmó el Tratado de Verdún (843) que dividió el imperio en tres partes, formándose en forma incipiente las bases de lo que serían en el futuro, Alemania, Francia e Italia.

La Francia Oriental o Germania, le correspondió a Luis el germánico.
La Francia Occidental (actual Francia) fue asignada a Carlos el Calvo.
La zona situada entre las anteriores, extendida desde Italia hasta el Mar del norte, y que comprendía las dos capitales: Roma y Aquisgrán, le fue otorgada a Lotario, conociéndose por ese motivo, ese territorio, a partir de entonces, como Lotaringia.

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